Capítulo 20

Tiene razón al decir que ese tipo de personas existen en todas partes, claro que yo tampoco puedo dármelas de perfecto. Sé que a veces soy demasiado meticuloso y no puedo ver el bosque porque me lo tapa un árbol, o sea, que me fijo demasiado en un detallito en particular y eso me impide ver la situación en general.
Sé que muchos me consideran insoportable por este motivo, también pierdo la paciencia fácilmente y a veces soy irritable y muy rencoroso.

"Es bueno saber que eres exigente, me encantan los retos"

¿Es así como me ve?, ¿cómo un reto?, ¿le gustaré? Las preguntas que me vienen a la cabeza son numerosísimas y no puedo evitar que una coqueta sonrisa me adorne el rostro por un instante, ¿la habrá notado?

El es un hombre atractivísimo y me siento halagado que tan siquiera se haya fijado en mí. Es algo más alto que yo y no soy exactamente un canijillo, más muscular y de manos fuertes. Esa melena azul enmarca bellamente su rostro de dios griego, sus ojos son oscuros y su mirada aunque algo altanera a primera impresión, a mí me parece cálida y firme al mismo tiempo, la mirada de un hombre que sabe lo que quiere y cómo obtenerlo. Pensándolo bien... ¿y qué si parece algo arrogante? En su caso puedo hacer la vista gorda.

El vino llegó a la mesa y se nos informó de que pronto estaría lista la cena. Saga me halagó también al decir que admiraba mi comportamiento con respecto a su familia.
—Es lo menos que podía hacer por ellos. Mis abuelos me cuidaron desde que era chiquito y mis padres murieron en un accidente; incluso en sus últimos años de vida pude recibir buenos consejos por parte suya y aunque físicamente no podían hacer faenas pesadas, cada vez que regresaba a casa siempre estaba preparada mi cena y no debo olvidar que también me ayudaron económicamente.

Saqué una pequeña foto de mi cartera y se la mostré: en ella estamos mis padres y yo. En otra imagen salen mis abuelos conmigo disfrutando de una excursión al campo en un fin de semana meses antes de que murieran.
—Ellos me incitaron a hacer el curso de universidad pues sabían que nunca está de más el tener una buena educación. Por lo que me dices de tu hermano, creo que no deberías menospreciarte; desconozco tus exactas circunstancias pero él ya es un adulto y debe aprender valerse por sí mismo.

"Son una hermosa familia, sé que estarían muy orgullosos de ti"

¡Cómo me gustaría que eso fuera verdad!, lo que dice Saga, tristemente, es algo que nunca podré saber ya que mis padres murieron cuando yo apenas empezaba a caminar. Su coche se despeñó por unos acantilados, yo sólo me libré de esa suerte porque aquel día estaba malito y mis abuelos ofrecieron cuidarme. Me entran escalofríos sólo de pensar el que por una gracia del destino yo tampoco estaría aquí ahora para contarlo.
En cuanto a mis abuelos, aunque nunca me lo dijeron con palabras puesto que no era algo que formara parte de su cultura, su manera firme y disciplinada a la hora de hacer que encarara mis estudios, por ejemplo, recordándome que hiciera los deberes y regañándome si hacía alguna travesura, todas esas cosas me hablaban volúmenes. Pues las hacían porque se preocupaban por mí y su cariño nunca me fue negado, siempre estaba presente.
Aún recuerdo las historias que me contaban, los dulcecitos que mi abuela a veces me preparaba a escondidas del abuelo aunque muy seguramente él estaba más que al corriente y hacía la vista gorda.

Saga me devuelve las fotos y comienza a hablar de su hermano.

Siempre me ha parecido curioso que las personas que tienen hermanos o hermanas los definan como "son un dolor de cabeza", "son muy pesados" o cualquier otro epíteto despectivo. Yo no lo sé puesto que soy hijo único y nunca tuve tal oportunidad aunque anhelaba tener uno, pues sobretodo cuando los abuelos me regañaban hubiera sido más llevadero el compartir la experiencia con otro. También quizás me habría sido más fácil relacionarme con otros niños si hubiera tenido uno... ¿quién sabe?
—¿Tú y tu hermano sois gemelos idénticos o fraternales?

Espero que no piense que soy un chafardero pero la mención de su hermano acaba de despertar mi curiosidad.
—Estoy seguro que no es un mal chico o al menos no debería serlo teniendo tan buen ejemplo a seguir —le dije mirándolo fijamente.
Justo entonces llega el camarero con los platos que pedimos. Saga recibió su ternera y yo mi plato de pescado.
—Tienen una pinta deliciosa.

Menos mal que Saga no es telépata que sino se reiría de mí por las cursiladas que se me están ocurriendo mientras comparo las delicias del plato con las de su compañía.
El chico nos sirve también más vino de la botella. Le pido que sólo pusiera una pequeña cantidad en mi copa pues sólo había aceptado beberlo para acompañar a Saga.
—¡Buen provecho! —exclamo mirando la deliciosa comida y levanto mi copa a modo de brindis.