Capítulo 23
Cuando era un adolescente me gustaba tanto la lluvia. Me encantaba salir y darme duchas con la ropa puesta, pelear contra mi hermano bajo las tormentas que inevitablemente nos obligaban a parar la lucha y volver a casa o simplemente mirar las gotas cayendo desde las nubes que de a poco iban perdiendo la tonalidad gris y volvían a ser blancas y hermosas. Quizá la lluvia haya dejado de agradarme desde que empecé a vivir solo; ya no había nadie con quien pelear, nadie con quien mirar la tele mientras pasaba, nadie a quien llamar. Antes era feliz encerrándome en mi habitación para observar las gotas descendiendo pero cuando la soledad fue impuesta y no por elección todo perdió el encanto, ¡todo!
Miro a Shaka por un instante y siento que ese instante es el que va a unirnos. ¿Estamos pensando justo en lo mismo o simplemente tenemos la misma mirada medio perdida y medio tristona?, ¿habré dicho algo malo? Aprieto los labios un segundo antes de esbozar una sonrisa que se amplía conforme sus ojos azules se dirigen de nueva cuenta hacia mí y sus cejas se curvean tan sensualmente como sus labios, ¿una sonrisa o una invitación?
No debería tomarla como ninguna por mi propio bien pero me lo tomaré como ambas, por mi propio placer.
—¡Oh!, tengo que cortarme cuando estoy contigo, Shaka —sonrío a mi vez, inclinándome hacia delante—. Imagínate si no lo hago: me ruborizaría cada vez que me miraras.
Acepto de buena gana el bocado de pescado entrecerrando los ojos: ¡está delicioso!
—Exquisito —le digo—, ¡realmente maravilloso! ¿Quieres probar el mío?
Tiene que hacerlo, ¿cómo no?. Parto el mismo trozo pequeño de la carne que descansa en mi plato, emitiendo el más agradable aroma, y lo ofrezco a Shaka tal y como él lo hizo. Me pregunto si nos vemos cómicos aunque en realidad eso no es algo que me importe. Se me escapa una risita porque por alguna razón me siento tan feliz ahora que no podría describir exactamente por qué, tan de repente, la lluvia ha vuelto a gustarme.
—¿Sabes? —cuestiono, centrándome en sus pupilas brillantes—, mi día ha sido magnífico. Bueno, tuve que levantarme temprano y ducharme estando medio dormido, tuve que trabajar ocho horas y comer un almuerzo bien simple, tuve que reunirme con el jefe antes que la tarde terminara, pero... por la cena, por esta magnífica cena y por la magnífica belleza que me acompaña, únicamente por eso, puedo decir con toda certeza que no he tenido mejor día que éste.
¿Así o más directo? Cabeceo un poco, tal vez porque quiera restarle importancia a semejante pseudodeclaración. Después de todo, no quiero que se lo tome demasiado en serio y me tire el pescado a la cara y el vino a la camisa, antes de irse por donde entramos con los puños cerrados.
!No!, !no puede ser así!, Shaka no es así. Aunque tampoco estoy seguro que se sienta precisamente halagado con lo que le digo. ¿El extraño seré yo? ¿Él podría estar pensando lo mismo realmente o...?
