Capítulo 24
Se acerca lentamente con los ojos entrecerrados para tomar el bocadito de pescado que le ofrezco y se lo lleva a su boca para degustarlo; pronuncia lo delicioso que es el plato y me incita a que yo hiciera igual con la pequeña porción de carne proveniente del suyo que él ha cargado en su propio tenedor, la cual, al igual que mi pescado es auténticamente deliciosa y no pierdo tiempo en hacérselo saber.
Sonrío al oír las palabras de admiración que me dedica y una de mis cejas se eleva en una expresión interrogante pues aunque ciertamente la primera parte del discursito es un poco sarcástica o, al menos eso me parece, la segunda parte es harina de otro costal. ¿Aquellas palabras las dice en serio o son parte de la misma tonada? En fin, decido no leer demasiado en ello aunque no pude evitar sentirme halagado cuando se refirió a mí como "magnífica belleza" porque supongo que hablaría de mí... ¿o no?; supongo que mi afectación es sólo parte de la naturaleza humana y a todos que nos guste que se nos masajee un poco el ego por muy modestos que seamos. Yo no soy ninguna excepción.
—Gracias, tampoco yo puedo quejarme. La verdad es que mi día no fue muy diferente de cualquier otro antes de salir del trabajo. Como de costumbre tuve que tomar el autobús después de desayunar y vestirme; en la oficina, ¡ya te puedes imaginar!, papeles y trabajo por doquier con jefecillos pesados (presente compañía excluída) y mequetrefes que no tienen ni la más mínima idea de lo que hacen pero que se creen la octava maravilla del mundo. Al salir del trabajo... el día mejoró enormemente pues después de tomarme un refresco en un local en el que estuve a punto de asfixiarme, vino por fin mi apuesto aunque impuntual (recalco un poco esta palabra de modo sardónico) príncipe azul que me rescató y con el que estoy en excelente compañía disfrutando de esta deliciosa cena.
Vuelvo a probar otro bocado para reponer fuerzas tras esa larga aserción... ¡pobre Saga! espero que no se tomara a mal mi comentario acerca de su impuntualidad. En realidad no me molestó demasiado en esta ocasión pues sé que no me hizo esperar a propósito.
Creo que unos pocos comensales de las mesas vecinas nos miraron por un momento cuando intercambiamos bocaditos. Me divierte pensar en las diferentes razones que habrían tenido para hacerlo: envidia, compresión, desprecio... o simplemente extrañeza al ver a dos varones comportándose así; la verdad es que ni lo sé ni tampoco me importa demasiado. Estoy disfrutando mucho de esta maravillosa velada con mi compañero como para preocuparme del "¿qué dirán?".
¡Qué diferente se ve aquí comparado con la oficina!; debo reconocer que el Saga que no trabaja me resulta más simpático y no es que en su faceta laboral me desagrade, pero ahora lo veo relajado, tranquilo... y no sé como decirlo... ¿más apetecible?
¿Apetecible? Me sonrojo un poquito y espero que no se dé cuenta de lo que estoy pensando, que sino el pobre se creería que tan sólo lo veo como un delicioso pollo a l'ast; para disimular un poco me llevo a los labios la copa de vino que me sirvió anteriormente y tomo de ella una pequeña cantidad. Quiero que el líquido me dure lo más posible pues no creo que le guste al chico del cabello azul que este jovenzuelo acabe la noche como una cuba.
