Capítulo 25
Me cuenta acerca de su día. ¡Oh, cielos!, aunque él diga que yo no soy del tipo de idiotas con quienes trata, no estoy muy seguro; en el trabajo siempre es otra cosa, siempre somos un poco distintos a lo que somos saliendo de la oficina. Es cierto que yo, por ejemplo, grito más que en ningún otro momento del día: los papeles no están listos, el presidente dará un discurso motivacional y todos deben estar perfectos y ¿qué es eso de escribir "vamos" con "b" en vez de "v"? Todo el tiempo reclamo algo, a veces más duramente de lo que me gustaría; sin embargo, me es ya imposible evitar ser perfeccionista. Me exijo tanto a mí mismo que la exigencia ha trascendido a otros niveles.
Conocí a Shaka de ese modo, o sea, entre gritos. Él es siete años más joven que yo, lo suficiente para generar uno o dos rumores sobre su puesto en la compañía con una edad tan corta; yo estaba entonces un puesto más abajo del actual y el chico nuevo era el tema de rigor del cotilleo a la hora del almuerzo, cuando bajábamos cinco pisos en el edificio y nos dirigíamos a uno de los restaurantes eternamente llenos de gente. Alguien había dado la idea de invitarlo un día, a lo que yo me negué porque estaba de un pésimo humor; terminé haciendo un berrinche y volví a la oficina, comí solo y seguí con mis diatribas cuando todos volvieron a sus ocupaciones.
Entonces apareció de la nada. Yo gritaba como un tonto hasta que noté que sus ojos azules me escudriñaban con curiosidad y sus cejas estaban casi juntas en su ceño aunque creo que no entendió nada de lo que dije.
Muerdo mi labio inferior para no soltar una carcajada. Ahora es gracioso pero en ese momento sentí arder mis mejillas de la vergüenza que pasé durante toda la semana que estuve escondiéndome de él.
Al siguiente mes transfirieron mi cubículo cerca del suyo y por supuesto, todos los días tenía que saludarle y, posteriormente, enamorarme de su sonrisa siempre tranquila. Me encantaría preguntarle cómo hace para que el ajetreo no le afecte tanto como a mí.
—Lamento haber llegado tarde —sigo excusándome, moviendo la cabeza—, prometo que la próxima vez no pasará.
"¿La próxima vez? ¡Oh!, tiene que haber una próxima... aunque él quizá se harte de ti"
Carraspeo, cuando levanto la mirada él tiene los pómulos rojos y se lleva la copa a los labios con un poco de prisa. Ahora soy yo quien frunce el ceño, haciendo como que no le doy importancia cuando sigo comiendo mi platillo aunque no estoy seguro si debo preguntarle algo que me llena de curiosidad.
—Shaka, dices que no sales mucho, ¿significa que... no estás saliendo con alguien o algo así? —pregunto y trago saliva. Nos miramos el uno al otro un segundo y me apresuro a añadir—. Lo siento, espero que no pienses que soy un entrometido.
