Capítulo 26

Se disculpa por llegar tarde, lo cual no es necesario pues si de veras estuviera molesto con él, ya se lo habría dicho y quizás ni tan siquiera hubiera aceptado venir aquí. Estoy a punto de decirle algo pero no me atrevo a hacerlo; francamente es en momentos como éste que detesto el no tener las suficientes agallas como para tomar un pequeño riesgo.

¿La próxima vez? ¿en serio ha dicho eso?, con aquellas palabras logra que me diera un vuelco el corazón, que me enrojeciera aún más de lo que ya debía estar a causa suya y también del vinillo que me he tomado. Aquellas palabras me dan a entender que quería verme de nuevo en una cita, fuera del trabajo, ¿una cita como la de hoy quizás?; palabras esperanzadoras porque aunque no quería que esta velada terminara muy pronto.
No soy tan tonto como para creerme que durara indefinidamente pero, como todo en la vida, en algún momento tocará a su fin pero eso se puede remediar si es verdad que a él le interesa verme de nuevo. Necesito una señal que me confirme que estoy en lo cierto.

Un pequeño instante más transcurre antes de que se atreva a hacerme una nueva pregunta, ¡mi señal!
Tardo un poquito en contestarle pues las palabras no acaban de registrarse en mi cerebro y no estaba seguro al cien por cien de haberle oído bien, así que trato de componerme lo más rápidamente posible, lo cual no me resulta nada fácil pues no quiero que mis palabras suenen atropelladas o como las de un maldito pedante.
Si no he salido mucho se debe en parte a mis circunstancias personales de los últimos años; entre el trabajo, el curso universitario y sobretodo con el cuidado de mis abuelos se me fue la mayor parte del tiempo. Las pocas veces que lo he hecho, ha sido con antiguos amigos del colegio a cenar, al cine o algo así, pero a medida que ha ido pasando el tiempo he perdido el contacto con la mayoría. Con los compañeros de universidad también salía en algunas ocasiones a almorzar cuando teníamos el descanso del tutorial al que asistíamos una vez al mes.

En plan de citas, poca cosa, en parte por mi carácter exigente y porque no me conformo con cualquier cosa o por el comportamiento de la otra persona: hay quienes presumen excesivamente de sus bienes materiales, como un coche deportivo de superlujo, cosa que nunca me ha impresionado en absoluto; de talentos, o sea, los que creen ser el regalo de los dioses a los mortales o por ser demasiado táctiles. No es que yo sea un mojigato pero el que me toqueteen sin haber dado invitación y que encima no tomen nota de las miradas asesinas que les lanzo cuando intentan propasarse es como para sacar de quicio a cualquiera
—No, hasta ahora nada que haya cuajado y no te preocupes que no es un secreto de estado. Supongo que soy demasiado exigente... aunque sí que me gustaría encontrar a alguien —le sonrío mirando sus ojos azules y le pregunto en un tono no del todo inocente— ¿y tú?