Capítulo 27

"Saga, Saga, cada vez eres peor"

Bueno, no es que me esté aprovechando de nada, ¿verdad? y además... ¡lo que me ha dicho tiene que ser una especie de invitación! Tiene que serlo, no estoy loco: esa sonrisita no se parece a ninguna que antes le hubiera visto en los labios, aunada a un movimiento de hombros del que quizá ni se haya percatado y el argentino tono de voz suavizado en un sensual murmullo.
Yo siempre he pecado de paranoico, pero esto no es lo mismo; él, efectivamente me sonríe, entrecierra los ojos para hacer más profundas sus pupilas brillantes y cuestiona mi propia vida sentimental.

¿Y qué podría decirle aparte de que que no salgo con nadie por mero gusto o temor? No me veo capaz de soltarle sin más que es mi bipolaridad medicada la que me cohíbe con respecto a las relaciones a largo plazo.
Me convenzo cada mañana, en cuanto me levanto y me miro al espejo, de que no hay nada realmente malo conmigo; que puedo vivir la vida más normal, sin embargo... ¿me estoy engañando? También me lo pregunto cuando me enfado, cuando no quiero ver a nadie, cuando siento ansias por vivir otra vida, cuando quiero ser ciego para no verme en el espejo y cuestionarme si mi reflejo también miente; si el que está allí soy yo o es la otra cara que quiero guardarme. ¡Si pudiera entenderme! Ahora mismo, deseoso como estoy de plantarle ya un beso a Shaka, ¿quién sabe si él no saldría huyendo ahora o después?

Por mucho que lo intente, tengo dudas.

—Es bueno que seas exigente —carraspeo haciendo todo lo que está en mis manos para no desviar la mirada y le sonrío con divertida amabilidad—, pero... entonces, ¿qué buscas en una pareja?.

Tengo derecho a una vida, tengo derecho a hacer lo que me venga en gana sin preocuparme más que por lo esencial; tengo derecho a hacerme feliz, ¿y quién dice que Shaka no puede ser parte de esa felicidad? Puede serlo, va a serlo... porque quiero que lo sea.
Soy yo ahora quien torna la expresión de mi rostro en la más seductora que puedo, a la par que rozo sus dedos con suavidad. Lo sé, a Shaka definitivamente no le gustan los pedantes, ¡pero quizá le gusten los honestos!
—Creo que yo ya lo encontré —sonrío de lado, aprovechando para levantar mi copa y extender un brindis—. Por nosotros, por esta velada... y por lo que venga.

Mis deseos ahora son de estrecharlo entre mis brazos, aunque tal vez piense que soy un sexo adicto o algo así aunque eso sería pésimo y ya que soy un caballero, tampoco pienso usar el viejo método de emborrachar al prospecto en cuestión. Suelto una risita y me inclino hacia el rubio:
—Espero que no te sientas obligado a beber el vino, Shaka, ¿quieres que te pida alguna otra bebida?