La falta de aire separó a los dos hambrientos labios. Los amantes se miraron fijamente a los ojos, no pronunciaron palabra alguna, no era falta. Hermione no encontraba la justificación para llamar ese acto un "error" y Draco no deseaba volver a la realidad.

—No debería ...—Susurró entrecortadamente acercando sus labios para besar los de Draco, bajó por su barbilla, mejilla hasta llegar al cuello. —Es una traición.

El hombre trazó una sonrisa de lado, echó la cabeza hacia atrás para disfrutar de los dientes y labios. Besos rojos quedaron marcados en su cuello. Entendía el objetivo de esos sellos. La leona marcaba su territorio. Atrapó entre sus manos el rostro de la castaña para ahora él besar su mejilla, llegó hasta el oído.

—No pienses.—Una grave voz escapó de los fríos labios, cada vello en la piel de la gryffindor se erizó. —Disfruta el momento.

El hombre llevó su mano al cuello de la chica para sujetar por la barbilla, acercó sus labios para atacar su boca. Introdujo su lengua sin solicitar permiso, sus dedos se fueron posando en la piel canela, dejando su huella dactilar, llegó a los hombros para apretarlos. Continuó con su viaje descendente hasta la cintura. Se tuvo que separar un poco para llenar los pulmones de oxígeno, pero al reponer fuerzas reanudó su ataque a unos inofensivos labios.

Draco arrastró a la chica a un punto fuera de la vista de las personas que se les ocurriera asomarse a la terraza. La arrinconó entre su cuerpo y la fría pared. Sus manos continuaron su recorrido hasta llegar a la cintura y bajar un poco más, esos bien formados glúteos. El calor en el cuerpo de Hermione aumentaba, detectó su decisión de usar un vestido con tanta tela, si hubiese seguido el consejo de su amiga, Malfoy hubiese tenido accesos a su entrepierna.

—Eres tan sensual. —Susurró ahogando un gemido en los labios de la castaña. —Me encantas.

Hermione echó la cabeza hacia atrás, sus ojos se enfocaron en la luna plateada. Draco mordía su cuello, besaba su clavícula anhelaba ser marcada, una idea primitiva que le causo un sonrojo en las mejillas. Un deseo carnal nació entre sus piernas, anhelaba un contacto con la piel desnuda, sin ropa de por medio estorbando. Sus manos fueron a esos cabellos rubios para despeinarse, bajaron por sus amplios hombros, se aferró a la capa negra, sin duda llevaban demasiada ropa encima.

—Te he dicho que la puerta de la terraza estaba cerrada. —La voz de Theo congeló los movimientos de los apasionados amantes. —Quizá se fue a casa.

—Mione no es esa clase de mujer.—Percy mencionó echando un vistazo a la terraza desde el umbral de la puerta abierta.—Voz a buscarla en el salón principal, se ha perdido el evento principal.

Theo asintió para cerrar nuevamente las puertas, de reojo observó a una pareja escondida entre unos arbustos. Dejó escapar un suspiro para continuar acompañando a su nuevo amigo.

Hermione se alejó de Draco para arreglar un poco el desastre en el que se volvió su ropa. Malfoy la volvió a jalar del mano para guardarla en sus brazos.

—Debo irme. —Alcanzó a formular nerviosamente, mordió su labio inferior. —Las chicas buenas no traicionan a sus novios.

La mujer salió corriendo sin esperar respuesta, la culpa le cayó como un balde de agua fría. Oficialmente le había puesto los cuernos a su novio de ocho años. Caminó apresuradamente hacia unos de los baños para arreglar su cabello y volver a ponerse labial. Durante el trayecto no pudo ver a nadie a la cara, sentía vergüenza y remordimientos.

Draco llevó los dedos a sus labios, aún quedaba de ese labial rojo. Una malévola sonrisa se dibujó en su rostro, sus ojos grises obtuvieron un nuevo brillo. Hermione Granger correspondía a sus sentimientos. Ahora solo era cuestión de tiempo, quizá la verdad y los repentinos besos la asustaron pero sabía que volvería.

El hombre limpio el labial rojo de su piel, la prueba de la traición de Hermione hacia Ron. Cuando acomodaba su cabello es descubrió que había perdido la cinta verde con el que siempre lo ataba. Cuando volvió a la pista de baile, no escondió su sonrisa de satisfacción, al igual resumía una marca de labial en el cuello de su camisa. Descubrió a su leona rodeada de sus amigos, se despedía de ellos.


Hermione Granger lanzaba los zapatos a una esquina, jalaba su hebras castañas, ¿Qué diablos hizo esa noche? se regañaba a sí misma, miró su rostro en el espejo. Sus ojos brillaban, su piel lucía más hermosa también noto la sonrisa estampada como un tatuaje. Caminó hacia la cama para dejarse caer de espaldas con los brazos abiertos. Le había encantado cometer un pecado, sus dedos fueron a su vientre por primera vez entendido el término "mariposas en el estómago", pero no solo ahí revoloteaban, las percibía en cada célula de su cuerpo.

Había pasado una semana de aquella fiesta. Draco escribía constantemente a su heroína pero esta cortó toda comunicación, su paciencia tenía un límite. El rubio caminó en círculos por su oficina. Lanzó un vaso para que se estrellara con la pared. La extrañaba, la necesitaba. Llevó la vista a la persona que ingresaba por la puerta. Blaise llevó los ojos al objeto estrellado contra el suelo, la mueca de enfado en el rubio, lo ignoro para caminar hacia una silla.

—Solo vengo agradecer lo que hiciste con Rita, sé que fue echada del edificio donde vivía y nadie la recibe.—El moreno mencionó seriamente dejando una botella vino sobre la mesa, era su regalo por el favor. —Espero que la maldita no se atreva a vengarse porque entonces tendré que hacerle una visita.

—Mis hombres le dejaron muy en claro el mensaje.—Contestó el rubio, su cuerpo estaba ahí pero su alma vagaba lejos de esa oficina.—Ha prometido dejar en paz a Ginevra, sigue creyendo que soy un mortifago.

Blaise emitió una risa. Muchos le temían a Draco por qué existía el rumor que el innombrable había dejado libros de magia negra en la mansión Malfoy, por lo tanto el chico aprendío hechizos imperdonables. Todo era mentira pero Rita parecía creer esos rumores.

—Fue un favor que me pediste.-Contestó en tono amargado dejándose caer en su silla, llevaba el cabello suelto.— ¿estás interesado en la pelirroja?

El moreno negó con un movimiento de cabeza, no quería terminar como su amigo. Le encantaba esa mujer de cabellos de fuego pero ella estaba "enamorada", mejor dicho obsesionada con Harry Potter. No buscaba entregar su corazón a una causa perdida.

—Pantsy me ha dicho que cerró el negocio con la comadreja ahora ambos son dueños un tienda de deportes.— Miraba los pergaminos, su tono era impersonal y frío.-—No solo se enfocarán a la venta de artículos para quidditch sino también deportes muggles.

—Un buen mercado que ha comenzado abrirse.—El hombre secundaba, su expresión era seria, sus ojos estaban fijos en las facciones de amigo.—He decidido invertir en un equipo de futbol muggle, ¿Quiéres ser mi socio? .—Por primera vez el rubio esbozó una sonrisa de arrogancia.-—Ya me haz ganado la idea ¿Verdad?

El chico sacó unos documentos de su primer cajón del escritorio. La familia Malfoy era socio de dos equipos de España. El Barcelona y Real Madrid, el hombre era un inversor constante. Ya no le importaba si el dinero provenía de los muggles, lo esencial era alcanzar su objetivo. Que la Familia Malfoy fuera la más rica del mundo mágico.


Hermione Granger asistía a trabajar en el horario establecido, su rutina regreso a ser la misma , aquella antes de conocer a Malfoy. Esa donde almorzaba en su oficina comida rápida comprada en cualquier puesto cercano al ministerio. Dejó de pintarse los labios rojos, continuaba arreglándose pero no sentía emoción, ni nervios. Ya nadie le regalaba cumplidos sobre su persona. Las tardes iban acompañadas de cenas en la madriguera, Ron le regalaba rosas, pero a ella ni siquiera le gustaban, a veces se preguntaba porqué no le decía eso a su novio.

—Directora Granger han enviado estos documentos de la oficina de Patil y Jones.—Una mujer deposita algunos pergaminos sobre el escritorio, llevó su vista a la desanimada bruja.—¿se encuentra bien?

—Si, no te preocupes.—La mujer contestó tomando los documentos para leerlos.—Gracias, te puedes retirar.

Era una realidad el cambio de leyes, ahora podría lanzar su propuesta. La segunda fase debía iniciar, llevó la mirada al listón verde que estaba enredado en su muñeca derecha. Lo extrañaba a tal grado de sentirse vacía, sin vida, sin aire.

Esa semana intento no una sino ciento de veces de terminar con Ron. Le cuestiono sobre su relación, le pregunto si él no se había enamorado de alguien más, si estaba seguro de seguir. Pero la convicción de se hombre seguía firme, inalterable.

Cerró los ojos para pegar su frente en el listón, necesitaba un consejo, alguien que le dijera cuál era el camino correcto a seguir. ¿qué hace una niña buena en esta situación ? Amaba a Ron y la vida planeada que tenía a su lado ¿Verdad? pero Malfoy, él, sacudió su mundo, perder todo por él no parecía una buena apuesta.

Sus dedos se deslizaron por el primer cajón de su escritorio, ahí tomo una carta arrugada. Leýo las líneas por milésima vez

"

Mi hermosa leona,

Soy tu más fiel servidor, suplicaba e imploraría si así me lo pidieras. Pero no te permitiré continuar evadiendome. Si no vienes en menos de 24 horas a mi oficina iré al ministerio y armaré una escándalo. Mi adorada princesa me has dicho que pelee por los mio. Ahora sé que tú eres MÍA, como yo soy TUYO.

Posdata: La paciencia no es una de mis virtudes.

Draco Malfoy

"

El tiempo se terminaba y debía tomar una decisión.


Draco saludaba a su amigo, quien tenía un mejor semblante que él. Theo se había hecho amigo de Percy Weasley, ambos se reunían casi todos los días para cenar, extrañamente poseían muchas hobbies en común. Ambos observaban el mundo de una manera torcida pero inteligente. El Weasley se encargaba de los permisos de algunos establecimientos, mientras que Nott poseía varias propiedades donde quería iniciar nuevos negocios.

—Astoria ha quedado maravillada contigo, habla maravillas de ti con sus amigas. —El pelinegro comentó al notar que su amigo encendía un cigarrillo.-¿No lo habías dejado?

—Deja de ir a comer con mi madre y dile que lavarte la cabeza no significa que tú vas hacer lo mismo conmigo.—Dejó escapar el humo por sus labios.—Solo vuelvo a este vicio cuando estoy estresado.—Trató vagamente de dibujar una sonrisa.— Astoria es hermosa pero no es la chica que amo.

Theo chasqueo la lengua, estaba enojado con Hermione, la odiaba con cada fibra de su piel. Esa niña tonta que quiere hacer lo correcto y desprecia al chico malo. Aunque fuera una Gryffindor sabía que era cobarde, era un ratón escondida bajo las faldas de la familia Weasley.

—No es extraño que se sintiera atraída hacia a ti.—Agregó poniéndose de pie al notar al hombre se sirvió más whisky de fuego.—Atracción no es sinónimo de amor.—Sus ojos se clavaron en los grises y fríos de Draco.—Deja de ilusionarte, ella no te ama.

El rubio formó un puño con su mano, lo apretó hasta poner más blancos sus nudillos. No necesitaba más sal en la herida abierta. Trataba de levantarse nuevamente, aceptar que había perdido a Hermione sin pelear. Porqué por muy loco que estuviera nunca cumpliria su promesa de armar un escandalo, no buscaba su eterna enemistad. Cuando sus labios iban a separarse para contestar el ataque de su amigos el sonido de la puerta abriéndose captó su atención-

Ahí debajo del umbral de madera estaba Hermione Granger, su pecho subía y bajaba, sus ojos se dirigieron al pelinegro sentado en la silla frente al escritorio de Draco.

—Necesito hablar contigo.—La voz se quebraba con cada palabra que salía.— A solas.

Theo dirigió sus ojos a Draco quien se había puesto de pie por la repentina interrupción. La serpiente también imitó el movimiento caminó en dirección a la castaña, al pasar a su lado la miró de abajo hacia arriba. Aún olía a cobarde.

Hermione al ver desaparecer al pelinegro dio pasos seguros hacia Draco, sin decir otra palabra artaco sus labios, se colgó a su cuello, nuevamente introdujo sus dedos en ese sedoso cabello color oro blanco.

Esa noche salió de su trabajo en el horario normal, caminó por la calle hacia su casa pero sus piernas tomaron un camino diferente, en cuestión de minutos estaba delante del edifico de Malfoy, sin pensarlo ya estaba delante de la puerta de su oficina. Hacer correctamente las cosas era su objetivo, pero no soportaba estar lejos, lo extrañaba demasiado.

—No sé qué me pasa.—Dijo entre gemidos ahogados, sus manos ingresaron por ese cabello.—Hueles a humo y alcohol.— Dijo tomando aire.—No me gusta.

El hombre restregó el cigarro que llevaba en la sobre la mesa para apagarlo, saco unas mentas del cajón para comer una. Sus manos se dirigieron a la cintura de la castaña, se aferró a ellas y volvió a besar esos labios rosas, pálidos. Sus manos ingresaron por debajo del saco, de la blusa para acariciar la piel color canela. Esa noche la ropa no les estorbara.

"No hay ningún lugar a donde huir, Dios, esto está fuera de control. Esperas algo que deshaga todos estos sentimientos. Esperando y esperando pero está fuera de control."


Notas de la autora:

Disculpen dejarlas en la mejor parte pero el lemon no está quedando como yo quiero. Es mi debut así que debe salir perfecto! prometo que mañana lo subo.

Por favor sigan mi nuevo fic se llama Moondance y lo pueden encontrar en mi profile