Capítulo 30

Veo que él, ya fuera por "acompañarme" o porque no desea seguir tomando el vino por sí solo, deja su copa a un lado y decide tomar agua también. Gesto que aunque me agrada mucho, no es absolutamente necesario... ¡Cielos! tampoco soy un aguafiestas y no tengo inconveniente con que otra persona beba alcohol mientras no lo haga en exceso.

—Tienes razón, lo difícil no es tener unas determinadas cualidades sino mantenerlas y poder tolerar los defectos y quizás excentricidades de otra persona —le digo mirándolo fijamente al asentir al comentario que hizo de mi respuesta anterior.

Al sentir como sus dedos se entrelazan con los míos sé que mis instintos no me engañan: Saga disfruta de mi compañía tanto como yo de la suya. Noto como su mirada se clava en la mía. Si él pudiera leer mis pensamientos seguro que le parecería que soy una especie de pervertido. Aunque bien pensado, quizás eso sea una exageración pero ciertamente vería que las ideas que me cruzan la mente no son tan castas como mi apariencia serena y carita de niño que nunca ha roto un plato en su vida indican.

Podemos tomar la jarra de agua en mi casa, si quieres

Y si quería una invitación, ¡ahí llegó!, ¡más obvio imposible! Ambos claramente nos sentimos atraídos el uno por el otro pero ¿hasta qué punto? Eso ya es más difícil de determinar pero lo cierto es que algo hay, una llamita se ha encendido esta noche y quien sabe si llegará al punto de convertirse en una hoguera. Cierto es que toda decisión en esta vida conlleva un importante elemento de riesgo y que en algún momento me llegará el turno de lanzarme pero no quería apresurar demasiado este delicioso momento.

—Mi querido Saga, no tienes que privarte de tomar vino, siempre y cuando no acabes bajo la mesa —le digo mirándolo fijamente y sonriéndole sin apartar mi mano de la suya. Pasan unos segundos y mi voz se vuelve algo traviesa y sugerente—, tu oferta es tentadora pero ... ¿no crees que primero deberíamos terminar el plato principal antes de pasar al siguiente?