Capítulo 32

"Shaka, a veces tienes el tacto de una apisonadora y la delicadeza de un martillo neumático"

Su mirada se torna un tanto triste, o al menos eso me parece, cuando termino de hablar. Espero que no haya malinterpretado mis palabras y maldigo mi falta de experiencia pues cada vez que he salido con alguien que me ha propuesto que fuéramos a su casa "a tomar café" o cualquier otro pretexto banal simplemente tenían en mente el llevarme a la cama y punto.
No es que me preocupe que Saga tenga ese tipo de pensamientos, de todas maneras, no creo que esté tratando con un maníaco sexual ni nada por el estilo. Aunque sus pensamientos fueran de esa índole no me molestaría, a fin de cuentas yo no soy de piedra pero siento una curiosidad inmensa y casi infantil por saber qué piensa de mí exactamente... ¿le gusto o no le gusto? No me importa como acabe esta noche ni si una vez que salgamos del restaurante eso sea todo o si ocurrirá algo más, lo único que deseo fervientemente es que no sea la última vez que pueda verle fuera del ámbito laboral.

Antes que pueda decir nada siento el contacto leve de sus labios. Ese es un gesto delicado y a la vez tan sensual que me hace sentir que estoy con alguien que se comporta como un caballero, trato que me agrada muchísimo. No soporto que alguien se comporte de forma cruda o me trate como si fuera un juguetito o peor aún, como una delicada muñequita de porcelana conmigo. Saga no ha caído en ninguna de esas categorías y por lo tanto, estoy disfrutando enormemente de estar a su lado porque puedo ver que hay una atracción entre nosotros, o sea, la esperanza de un buen comienzo.

¡Qué lástima!, ese delicioso gesto no dura mucho ya fuera por vergüenza, temor o simplemente ganas de más juego, Saga recobra su compostura y como si tal cosa vuelve a concentrarse en su plato y pedir agua al camarero. Lo observo atentamente y sé que debería decirle algo pues no quiero aparentar ser una persona calculadora y manipuladora. No puedo serlo, no con Saga.

El empleado del restaurante le trae su pedido y le sirve parte en una copa, cuando se va y antes de que fuera a tomar la copa en su mano, rápidamente acerco la mía y vuelvo a acariciarla.
—Saga, estoy disfrutando de tu compañía.

¡Ya está dicho!... Tengo la vista clavada en él, aunque no sé como interpretará la forma en que lo miro. Estoy algo nervioso pues no quiero estropear la velada por un comentario estúpido, sinceramente espero que no lo haya herido con mis palabras porque quiero volver a salir de nuevo con él.

Aunque no lo parezca, mi mente es un torbellino de ideas y ahora mismo apenas puedo concentrarme en un pensamiento medianamente coherente al tener frente a mí a alguien tan especial como este hombre.