Capítulo 33
¡Funcionó! Si no fuera tan modesto, agregaría que además de buen actor soy un genio. Obviamente me guardo la euforia cuando se disculpa con tan ferviente gesto y toma mi mano de nueva cuenta; ¡es él quien ahora me busca! y aunque suene mal, no me quejo. Justamente esperaba, deseaba, que hiciera eso y no dejara que simplemente me apartara. Sé que le gusto tanto (quiera Dios) como él a mí, así que lo confienso, me he portado un poco caprichosamente con tal de que él siga interesado en mí.
¡Dios, qué aprovechado y cruel!
Un debate se abre en mi mente intentando clarificar mis razones para mi modo de actuar quizá no descubierto por Shaka. Aclararé una sola cosa: no lo hago por venganza, es mi naturaleza. Quiero que Shaka vaya detrás mío, quiero no sólo caerle bien sino interesarle, que sienta curiosidad por mí, que me persiga. No es malo si lo pensamos con un poco de calma, después de todo eso es lo que justamente me sucede. ¿No es acaso más divertido cuando en el juego participamos ambos? Un estira y afloja, eso es lo que de algún modo quiero; quiero, tal vez estúpidamente, que me cueste mucho trabajo llegar hasta donde Shaka, sentir que es inalcanzable y que él sienta lo mismo. Quiero que de cualquier forma, conveniente o inconveniente, no se olvide de mí porque creo que yo ya no podré olvidarme de él.
—No podría molestarme contigo, Shaka —respondo con tranquilidad—. Además, te aseguro que yo también estoy disfrutando a mares; lo que quiero que sepas es que disfrutaría igual aquí, en este restaurante, que en cualquier otro lugar.
Y me observa dubitativo, con sus cejas rubias ligeramente fruncidas por la presión, pero tal como dije, no podría enfadarme tan fácilmente con Shaka y mucho menos cuando ni siquiera me había planteado si mi orgullo había sido herido. No, realmente no importa, aunque el que se preocupe por mí será siempre agradable.
Acaricio sólo un momento sus pómulos rosados. Estamos coqueteando peligrosamente. ¿Debería...? Ah, no se me ocurre qué debería hacer, si continúo así terminaré empalagándolo y si corto secamente sentirá que hay un enfado de por medio. !Qué dilema!.
Opto por dejar mi mano junto a la suya, mientras voy picando algún trocito de filete de mi plato y le dejo la decisión:
—¿Sabes? Oí que mañana por la tarde habrá inauguración de una muestra de pinturas al óleo a unas calles de aquí; ¿te gustaría ir...?
