Capítulo 40
—¿De verdad eso crees de Velázquez? —le pregunto algo extrañado— es cierto que desde el punto de vista técnico utilizaba mucho el contraste entre el claro y el oscuro. En sus cuadros el o la protagonista principal siempre aparece en colores más claros para que el vidente fije su atención en ellos. Yo lo encuentro muy interesante.
Al igual que trato de explicarle que también me parece fascinante la técnica de usar a los personajes que aparecen en muchas de sus pinturas como si ellos fueran la audiencia que están observando a las personas que miran el cuadro.
—Si te fijas en "Las Meninas" la imagen pintada no es real, sino la reflejada en un espejo de todas los personas que aparecen en el cuadro. En un rincón puedes ver al artista pintando y en un pequeño espejo, la imagen de los reyes reflejada en él; en la "Venus del Espejo", ella aparece de espaldas y en el espejo que Cupido sostiene no se puede ver bien su rostro, pero da la apariencia de que a través de él Venus observa a su audiencia...
Pauso en mi pequeño discurso por un momento y espero no estar aburriéndolo, porque cuando me embalo no hay quien me pare.
—Si te refieres a la temática de sus cuadros supongo que, como todo pintor, reflejaba las condiciones sociales de la época en sus obras. En cuanto a Boticcelli estoy de acuerdo contigo, su Venus es bellísima y es imposible que una imagen así no te resulte impactante. Su atención al detalle... —me paro puesto que veo que es hora de dejar de parlotear como un loro y le sonrío a modo de disculpa— perdona, Saga... pero cuando me pongo a hablar de algo que me interesa no hay Dios ni mortal quien me detenga.
Mientras lo observo atentamente me hace un bellísimo cumplido, algo que sinceramente no esperaba. Nunca he sido alguien muy dado a demostrar profundas emociones pero esta pequeña declaración me llegó muy dentro. Nadie me había dicho nunca algo así y sé que no es algo dicho por cursilería o por hacerse el galán de telenovela. En sus ojos puedo ver que sus palabras son honestas y eso para mí vale mucho. Me veo en una extraña situación puesto que no sé qué decirle de vuelta sin que suene a cliché refrito y barato.
Noto que los latidos de mi corazón se aceleran y un pequeño temblor se apodera de mi cuerpo. Por unos momentos lo miro y bajo la vista alternativamente, estoy nervioso, sin saber qué decir.
—Gracias, nadie nunca me había dicho algo así pero lo de completamente bueno es un poquito exagerado— trato de hacer una pequeña broma—; sólo lo muestro a los de la oficina a veces, pero yo también tengo mi lado malvado aunque no lo deje ver a menudo y en cuanto a irresistible y encantador... yo tampoco me quejo de mi carismático acompañante.
Llevo mi mano hacia su rostro mientras le hablo.
