Capítulo 41

—Es porque soy un melodramático —río cuando me mira así, con el ceño fruncido, porque no tiene el mismo punto de vista que yo respecto al pintor—; supongo que incluso Andy Warhol generaría en mí algún tipo de tristeza, así que no te lo tomes muy a pecho. Tampoco soy muy docto en el arte.

Encojo los hombros, al menos lo he soltado finalmente. Además, conforme lo escucho es obvio que él definitivamente sabe más que yo en esos aspectos y en muchos más, eso lo noto por su casi impaciencia cuando me habla de las cosas que le interesan, que de hecho sólo ha sido hoy y una o dos tardes cuando salíamos del trabajo, lo que durara el trayecto del ascensor a la planta baja y a la salida del edificio donde laboramos.

De todas formas, ahora que guarda silencio con cierta vergüenza yo meneo la cabeza dando a entender que no me molesta en absoluto que hable todo lo que quiera pero el rubor se ocurece más en su faz debido a las palabras más sinceras que halagüeñas que le dirigí hace un instante. ¿Dice que tiene un lado malvado?, eso sí que me sorprende, de hecho... ¡Oh, vamos!, ¡eso es mentira!, el ser malo con sus colegas de la oficina no es una injusticia sino justo todo lo contrario porque esos inútiles necesitan un escarmiento.

Echo a reír con ganas porque me he quitado un peso de encima con lo que comenté y me siento de un humor tan bueno que seguramente dejaré una buena propina al camarero que todo el tiempo nos pregunta si necesitamos algo más.

Me siento como si estuviera en el séptimo cielo cuando casi de la nada toca mi rostro con esa mano suya y me devuelve unas palabras que son como miel. ¡Ah, cómo me gusta! Una de las velas termina por apagarse y al mirar el exterior por el ventanal compruebo que la noche es más oscura que de costumbre. Al final compruebo que el tiempo se ha pasado como agua y me doy cuenta que todavía sostengo la mano con que la que Shaka ha rozado mi mejilla para que no la aparte.

—Creo que harás que mi ego se infle todavía más —susurro para él nada más con una sonrisa y quedándome con su mano cerca—, tanto como tener carisma, no creo... ¡Ojalá no te aburra!, me apenaría muchísimo.

Tiene algo de verdad aunque pretendo que sea una broma; no es que no vaya a hacer nada para no aburrirlo porque quiero gustarle también. A fin de cuentas es un poco como andar en plan de conquista.