Capítulo 42
Cuando le solté el discursito acerca de Velázquez creí que le habría estado aburriendo a muerte tal como me había ocurrido con citas anteriores que no estaban interesadas en tratar ese tema de conversación y tal vez sólo tenían una idea en mente para el final de la noche: la de aquí te pillo y aquí te mato.
No es que me moleste el que alguien piense así o me vea de esa forma, pero también creo que es importante que durante una cita, uno trate de conocer a la otra persona un poco mejor y que haya algún tema de conversación ya sea banal o de suma importancia antes de llegar a una etapa más íntima.
En fin, esa ha sido mi experiencia, excepto cuando me he reunido con los amigos del colegio o con gente de la universidad que estaban interesados en lo mismo y con quienes podía relajarme sin tener que preocuparme de lo que fuera a ocurrir una vez que terminara el encuentro. A veces, quizás sea por eso el que la mayoría de mis citas no hayan tenido muy buenos resultados, también tengo el efecto de estar echando una regañina cuando la opinión de otra persona difiere de la mía, lo cual no es en realidad mi intención pues cuando hablaba con Saga tan sólo trataba de explicar en detalle por qué me gusta tanto este pintor.
La luz de una de las velas se está extinguiendo y él mira por la ventana por un momento pues ya es noche cerrada. No tengo ni la más mínima idea de cuánto tiempo ha transcurrido desde que nos encontramos en el bar del que me "rescató" de ser asfixiado. Tampoco importa, nadie me espera en casa y no tego prisa alguna en regresar a un sitio vacío.
—Dije carisma y lo mantengo —le digo con total solemnidad y dejo escapar una risa— Saga, si en verdad me estuvieras resultando aburrido, créeme que ya me habría ido por debajo de la mesa o estaría dormidito y roncando.
La comida, de la que apenas quedan unos bocados, se ha enfriado y coloco con mi mano libre los cubiertos sobre el plato para señalizar al personal del restaurante que ya he terminado. No me gusta dejar restos pero tengo el estómago lleno, una sonrisa se forma en mi rostro pues por un corto instante me parece estar oyendo a mis abuelitos diciéndome que "en Africa muchos niños mueren de hambre y tú tienes suerte de tener un plato de comida..." cuando decía que no quería nada más o no me gustaba lo que la abuela había preparado.
En todo caso, ¿quién puede pensar en comer teniendo a un hombre tan atractivo como Saga justo enfrente y que está pendiente de cada uno de mis movimientos al igual que yo de los suyos?
No sólo es atractivo físicamente, ¿qué digo atractivo?: ies guapísimo! también hay algo en su caracter que me intriga, no sabría decir exactamente el qué pero tengo bien claro que me gustaría conocerlo mejor; desde luego, la visita al museo de mañana no me la pierdo y no puedo dejar de repetirme el mismo pensamiento: ¡cuánto me alegro de haber aceptado!
Normalmente el fin de semana y los días de vacaciones ni tan siquiera dirijo un pensamiento a los compañeros de trabajo, voy a lo mío. Tan sólo me preocupo de hacer mis compras, ir al cine... en fin, cualquier banalidad que surja. Aunque a partir de ahora no sé si podré hacerlo, al menos sé que Saga no se me va a ir de la memoria cuando no esté con él, claro que tampoco quiero que ocurra tal cosa.
