Narcisa posó la mano derecha sobre el hombro de su esposo, quien tenía la vista fija en el jardín recién renovado, la mujer acercó la barbilla para llevar los labios al cuello donde deposito un beso. Entonces el rubio escapó de sus pensamientos. Hay hombres que desean cambiar pero no les es sencillo derribar los ideales con los que se formaron, en los que siempre han creído.

—¿Estás seguro de lo que vas hacer? .—La rubia cuestionó con un ligero temblor en su voz.— Es nuestro único hijo, el último Malfoy.

—Por eso.—Contestó fríamente para girarse y tomar las manos de su esposa.— Mis padres siempre creyeron que fue un error elegirte como mi esposa.

Narcissa desvió la mirada, ella tampoco fue bien recibida en la familia Malfoy, tenía una hermana que se casó con un hijo de muggles, un primo lejano que también renegó de su apellido y decidió hacerse amigo de los principales opositores a los mortifagos.

—Decían que en la sangre Black iba un gen que los volvía más débiles y abiertos aceptar a esos mestizos.— Atrapó el rostro de su esposa para acercar sus labios.— Nunca me importó porque siempre te amaré solo a ti, mi querida esposa.

Aquellos brujos que poseen prejuicios hacia otros por su origen se guardan en una burbuja donde se creen superiores, solo por contar con un origen mágico tienen la seguridad de merecer esos dones, se cierran a la oportunidad de conocer una nueva visión de vida, de entender que el mundo no siempre es blanco o negro. Draco deseaba que sus padres fueran capaces de dejar de tener miedo a lo desconocido y ser más felices.


La pareja arribó puntual a la mansión Malfoy. Un escalofrío recorrió la columna vertebral de Hermione, el sitio le traía malos recuerdos, fue torturada y marcada como si fuera un animal en una de esas salas. Se pegó más al cuerpo del rubio no se sentía segura en ese sitio, anhelaba ser más abierta pero temía por su vida como la vez que fue secuestrada.

—No te preocupes.—El hombre le susurró besando una de sus mejillas.— Esta vez no dejaré que nadie te lastime.

La mujer llevó su vista a esos orbes grises, era maravilloso saber que ese hombre la entendía sin decir una palabra, levantó las manos para tomar su rostro y lo beso. Con él a su lado no había nada que temer, sus brazos era el sitio más seguro del mundo. Las puntas de sus narices se pegaron, una sonrisa se dibujó en el maquillado rostro de la castaña, está solo alcanzó a susurrar un "Lo sé".

—Bienvenidos.—La gélida voz de la matriarca de la familia se hizo presente, la pareja dirigió su vista al elegante dúo de brujos. —Esta noche luce muy bien Srta Granger.

La mencionada susurro un ligero gracias. La mirada de Lucius sobre su figura la dejó desarmada llevó las manos a su vientre., ¿Si ellos se enteraban del bebé? Su adorada sangre pura mezclada con la de una hija de muggles, ella era una "sangre... ".

No tuvo el valor de terminar la frase. Quizá ese era su temor, el miedo de hablar en voz alta sobre su embarazo con Draco, ellos por tantos años idolatraban la pureza en sus genes, ahora, gracias a ella años de legado fueron lanzados a la basura. Por ello no fue capaz de confesar la verdad minutos antes.

—Amos, ¿Les ayudó con la capa? —Un elfo usando un traje comentó y la vista de la joven pareja se enfocó en la pequeña criatura.

Draco fue el primero en despojarse de esa elegante prenda, seguida por Hermione, quien estaba menos acostumbrada a usar capas tan elegantes, creyó que era un gasto excesivo por un momento de vanidad. Lucius observó fijamente las prendas, era claro que aquello significaba que Hermione formaba parte de la familia Malfoy, era una manera de sutil de avisarle al mundo sobre su nueva posición en la burguesía mágica.

—La cena esta lista.—Otro elfo apareció mostrando la dirección del comedor.

—He elegido tu platillo favorito.—Intervino Narcissa depositando un maternal beso en la mejilla derecha de su hijo.— Espero lo disfrute la señorita Granger, no sé cuales son sus gustos.

—Mione no es caprichosa para la comida.—Contestó relajado Draco tomando la mano de su novia.— Aunque sí es pésima para la cocina, ambos somos malos para esas cuestiones.

—Para esa clase de cosas existen los elfos.—Fríamente Lucius comentó sin apartar la vista de las reacciones de la castaña. —Somos su amos.

Las frases fueron dichas con la intención de molestar a la leona, quién era conocida por su activismo social para proteger los derechos de esos seres. Hermione apretó los labios indignada por el descaro de esas frases, odiaba a los magos como su suegro, pedantes brujos que se creen merecedores del mundo y amos de indefensos personajes.

—Ellos no son esclavos en Malfoy manor, reciben un sueldo y duermen en la ala este de la mansión.—Agregó rápidamente Narcissa, con el fin de calmar los ánimos.—Draco nos ayudó a implementar ciertas reglas, es difícil quitarles el hábito de llamarnos "Amos".

—Comprendo, Darco y yo también tenemos muchos problemas con Elvy.—Por fin articulo la chica aferrándose más del brazo de su pareja.—Es preferible dejarlos ser feliz.

Los dos varones Malfoy, como buenos caballeros ayudaron a sus respectivas parejas a tomar asiento. A la cabeza de la mesa se encontraba la silla del patriarca, a la derecha su esposa, a la izquierda Draco y con él Hermione. La cena dio inicio entre algunos temas relacionados a la remodelación.

Hermione descubrió que su suegra era una profunda conocedora de plantas, hierbas y flores de origen mágico así como las simples usadas por los muggles. Ella sabía tanto de herbología como Neville, descubrió que era una persona amable y hasta encantadora aunque sospechaba que solo se comportaba educada por Draco, era obvio el eterno amor profesado hacia su hijo.

Lucius solo abrió un par de veces la boca para agregar un sarcástico o cruel comentario, que siempre Draco y Narcissa trataban de reprender. Era claro que ella no era bien recibida por el patriarca.

—He leído mucho sobre usted señorita Granger en el diario el profeta.— El patriarca la señalo con una copa de vino en la mano.—Una fabulosa empleada de gobierno con fuertes aspiraciones para volverse la primer ministra, debo admitir que aspira a un puesto muy alto.

—Ella es una de las brujas mas inteligentes que han egresado de Hogwarts.— COntestó Draco mirando a su padre fijamente.—Lleva muchos años trabajando en el ministerio y se ha vuelto la mano derecha de Shacklebolt, no hay nada que la detenga de alcanzar su objetivo.

El patriarca dibujó una sonrisa de lado, le agradaba ver a su hijo comportarse como todo un caballero defendiendo a su pareja de un padre agresivo. Muy parecido a él cuando Cissy tuvo la primera cena con su padre. Sería perfecto sino fuera porque esa bruja era hija de muggles.

—No solo de eso hablan los periódicos también he leido que hace unos mes estaba comprometida con Ronald Weasley.—Atacó sin piedad causando que Narcissa dejará caer nerviosa el tenedor.—Estuvieron a punto de casarse sino fuera porque la hermana descubrió a Potter engañandola con su mejor amiga, ¿lo mismo pasó con ustedes?

El hombre le dio un sorbo a su copa de vino. Draco se puso de pie molesto por lo que dejaba entre ver con ese mal intencionado comentario.

—Padre no es un tema que importe.— Contestó furioso, sus ojos inyectados de un color rojo no se apartaban de la figura a la cabeza.— No tiene importancia el pasado, ahora Mione y yo somos una pareja.

—No puedo entender como una mujer es capaz de olvidar a su novio de tanto tiempo por unos meses con otro hombre.—Elevó la voz sin apartar los ojos de la castaña.— ¿Y estabas comprometida antes de estar con Darco?

Le cuestionó directamente para ponerse de pie. Narcissa quiso reprender a su esposo pero ella también deseaba saber como ocurrio ese romance. Ante sus ojos la leona actuó mal, su hijo no era plato de segunda mesa. ¿si le hacía lo mismo a Draco? no confiaba en la mujer.

—Padre sino quieres que me vaya limita tus preguntas y muerde tu lengua.— Draco protesto enérgicamente lanzando la servilleta sobre la mesa.— No voy a permitir que le faltas al respeto a la mujer que amo.

—Solo estoy haciendo las preguntas que conocidos y amigos harán.—La gelia voz del hombre resonó por el comedor.—Quiero saber si es algo que la señorita Granger haga regularmente, salir con otro hombre mientras tiene una relación estable.

Granger apretó los labios, su temor al arribar a esa casa fue ser atacada por su origen no mágico pero hasta ese momento de la cena nunca se tomó en cuenta la calidad de su sangre. Los ataques iban hacia su forma de actuar, la imagen que daba ante las personas que no conocían los detalles de su romance con Draco. Se puso de pie y levantó la barbilla.

—No, no estaba comprometida con Ron cuando salía con Draco, acepte casarme con él aún después de tener un aventura con él.—Comentó la mujer, era verdad ¿Porque mentir? ¿Por Qué esconder su traición a Ron?. —Le fui infiel a Ron, a mi novio de casi ocho años, estuve saliendo con dos hombres al mismo tiempo y solo un día antes de mi boda tuve el valor de confesar la verdad.

Ahora sus orbes avellana se posaron el los ojos grises de su suegro. Esa era la verdad que tanto anhelaba escuchar , traicionó, mintió y fue cobarde, valores que no iban con su casa. Esas acciones la avergonzaban pero era parte de su pasado, se equivocó, sí, lo admitía pero estaba cansada de pedir perdón, de tratar de justificarse.

—No Señor Malfoy, no soy una mujer que regularmente traicione a las personas que ama.— Agregó confiada de sus acciones.— Amo a Draco, lo amo con tal fuerza que fui capaz de ir contra mis propios principios morales para estar con él.

Draco entrelazo sus dedos con las de la castaña. Se sentía orgulloso de ella, admiraba su fortaleza, esa integridad para ponerse de pie aún después de equivocarse. Era una digna Gryffindor sin miedo de enfrentar sus errores, de pelear aún en la batalla más cruel.

—Está claro que nunca aceptarás nuestra relación.—Draco dio un paso hacia la salida aferrado a la mano de la castaña.—No tiene caso continuar con esta farsa.

—¿Eres capaz de dejar a tu familia por una mujer?.—Cuestionó el rubio mirando fijamente su hijo, entonces llevo los ojos a la castaña.—Te quitaré mi apellido, no verás un solo galeón de mi parte.

El primogénito bajo la mirada y lanzó una sonrisa de pena, movió la cabeza de un lado a otro. Asistió a esa cena con la esperanza de que sus padres cambiaran de opinión, ellos abrieran sus brazos para apoyarlos después de ser repudiados por tantos. Anhelaba encontrar compresión en ellos, no iba a esa casa por el dinero.

—Ya antes deje en claro que no me importa la fortuna Malfoy.—Su tono era amargo y seco.— Puedes quedarte con tus galeones y apellido porque no los necesito para salir adelante.

—Si es tanto tu repudio a este apellido entonces borrate del árbol familiar.— Lo retó con la mirada causando que Draco tragó en seco, entonces un pergamino apareció ante ellos.—Quema tu nombre si en verdad tienes el valor.

Hermione observó de reojo a su pareja, quien la soltó. Ella sabía lo importante que era para las familias nobles pertenecer al árbol genealógico. Ser borrados para siempre, es como si borrase su existencia y renegaran de ellos. Recordó la dolorosa manera que Sirius les contó el momento que fue arrancado de ese sitio. Sería un paria, un renegado, ahí terminaría el legado Malfoy, con Lucius se cerraría la herencia de siglos de tradición. Llevó las manos a su vientre, su hijo sería un bastardo, un repudiado.

—Padre sabes que no puedo hacerlo.—Gritó el rubio, para él era necesario contarle a su hijo sobre el orgullo de ser un Malfoy y Black—-No dejaré que mi hijo crezca como un proscrito sin apellido.

La quijada de Narcissa se abrió, sus pupilas se contrajeron ante la noticia, por primera vez se puso de pie y con un movimiento de varita desapareció aquel pergamino. Lucius llevó los ojos al vientre de la leona.

-—Nuestro hijo tiene el derecho de conocer que viene de dos familia de prestigio.—Nuevamente sujeto la mano de Hermione para alejarse entonces se giró.— Él será un Malfoy, como tú y como yo.

Ambos magos desaparecieron. Lucius se dejó caer sobre la silla con las manos en el rostro, un nieto cambiaba su visión del futuro, un nuevo Malfoy venía en camino y la idea no le desagrada.

—Quiero a mi hijo de vuelta.—La voz de la mujer resonó por los oídos del hombre, la rubia dejó caer una servilleta sobre la mesa.—Y no es una petición Lucius.


Notas de la autora: Espero les guste el capitulo, ayer trate de subirlo pero el sitio tenia problemas. Gracias a esas personas que dejan sus comentarios. Espero tener tiempo de subir el otro cap. Saludos.