Capítulo 44

¿Malo?... Supongo que sí lo soy, pero ya le advertí que tengo mi lado oscuro. Aunque lo de los ronquidos no lo dije en serio puesto que yo no ronco, bueno... al menos nunca me he oído roncar. No sé por qué pero este tonto pensamiento me hace enrojecer y pensar en lo que diría Saga si me oyera roncar; ya sé que es una tontería como un castillo pero hay veces en las que no atino a pensar nada coherente y esta es una de ellas, así que como no se me ocurre nada que decir que no suene a total estupidez me limito a soltar una pequeña risa a mi príncipe azul.
—Eso espero...

Por suerte lo que podría haber sido un estúpido tópico de conversación quedó abortado al tomar Saga de nuevo la palabra.
Debo reconocer que el nombre del postrecito del que habla resulta verdaderamente interesante y quizás algo provocador. Sea como fuere es un nombre bastante adecuado a algo fabricado con miel, el único problema es que es un producto que detesto. No me gustan mucho las cosas dulces y encuentro la miel empalagosa en extremo, por lo menos la que venden en los supermercados; la única que puedo comer sin que me entren las arcadas es la pura de colmena y aún así, en cantidades ínfimas. Aún recuerdo un bote de miel griega que me regalaron ya hace tiempo y que tuve que echar a la basura porque llevaba como ingrediente adicional una cantidad de resina de pino, que le daba un sabor muy peculiar bastante desagradable. No había dios ni mortal que hubiera podido tragarse aquella porquería a menos que tuviera el olfato y el gusto embotados.
—Muy amable, Saga y el postre suena tentador en extremo —le digo con una mirada de niño pillo— pero la miel no me gusta, a no ser que sea pura... de hecho, no soy muy amante de los dulces, aunque si son de fabricación casera quizás haga una excepción. En cambio, la fruta sí me gusta mucho, también los helados artesanos y adoro el chocolate... un afrodisíaco excelente.

Las últimas palabras me salieron sin pensar, pero ¿qué demonios? quiero que aunque sea con palabras indirectas que sepa que él me gusta y mucho, a pesar de que dé una impresión de calma total.

—O al menos eso dicen... Pero contestando a tu pregunta, de verdad no tengo sitio para un postre y menos aún si las porciones son tan generosas como las del plato principal. Claro que si estás dispuesto a echarme una mano, a lo mejor cambio de idea...