Capítulo 45
Se ha sonrojado, pero ahora el que está peor soy yo. He sonreído porque parece negarse a que me haya tragado eso de dormir y roncar, hasta le veo que encoge levemente los hombros con algo de vergüenza, ¡qué por mí no se preocupe!, creo que sería divertido intentar conciliar el sueño a su lado y desde luego no me importaría en absoluto el tener la oportunidad de intentarlo.
Sin embargo, entre mis risas que hoy considero casi inocentes (creo que debo estar imitando las de Shaka), él lucubra sobre lo que le digo del postre del exótico nombrecito. Quizá mis palabras le hayan sonado un tanto extrañas o tal vez fui muy lejos, supongo que podría haberselo tomado como una insinuación muy pesada de mi parte y no es lo que se lo haya dicho con esa intención; de hecho, estoy siendo tan dulcemente franco que me preocupa que piense que soy un crío.
Gracias a Dios que me responde pronto pero me informa de que no le gusta la miel, es más, tampoco le gustan mucho los dulces y echo la cabeza hacia atrás con algo de incredulidad pero no todo esta perdido porque dice que le gustan las frutas y el chocolate. Recobro la sonrisa y empiezo a hacer ademanes con las manos y el conato de una oración:
—A mí también me gusta mucho el chocolate, incluso...
"¿Cómo que es un afrodisíaco, Shaka?" Me quedo algo sorprendido nada más oírle hacer ese comentario, Shaka agrega un "al menos eso dicen" que, por cierto, no me convence para nada y que me hace reír más por nerviosismo que por otra cosa. Ya veo que el ángel rubio también tiene su lado "pervy", como diría mi hermano. Es una verdadera sorpresa, quizá incluso una revelación, pero no por ello me resulta desagradable el estar en su compañía. Lo que si es lamentable es el no haber podido controlar mi rubor y que él tampoco pudiera, así que allí estamos los dos, intentado seguir con la plática con total normalidad mientras nuestras mejillas no pueden ocultar cierto pudor.
"¡Al infierno, Saga!, que ya sabes que él también lo quiere"
No es nada fácil mantener la compostura y para disimular llamo al mesero pues acepto compartir el postre y aunque todavía sigo pensando en el chocolate derretido y en Shaka semidesnudo, le pregunto con supuesta naturalidad:
—¿Mousse de chocolate?
