Capítulo 47
"Mesero holgazán, ¿por qué va caminando tan lentamente y nos observa tan detenidamente?"
Frunzo el ceño y él aparta su mirada, da media vuelta para ir por el postre que pedimos luego de dejar las largas velas en nuestra mesa. No es el único que nos presta atención, al ver la dirección de las pupilas de Shaka vuelvo la cabeza y encuentro a un par de ancianos vestidos de gala escudriñándonos con interés. Yo vuelvo a fruncir el ceño pero ahora no funciona; después de todo, ¿qué le puede hacer mi mirada supuestamente dura a unos viejos que deben haber vivido de todo? Suspiro y me acomodo nuevamente en mi asiento.
—Al menos ya tendrán de qué hablar cuando vayan en el auto —le sonrío a Shaka, entrelazando mis diez dedos sobre el mantel blanco ya despejado.
Estoy más tranquilo ahora. ¡He pasado por tantas emociones esta noche! No, desde el inicio de mi día o más bien desde el final del anterior. Ya en mi insomnio estaba decidiendo con más seriedad si mi idea de invitar a Shaka a salir podría funcionar. No fue hasta que me levanté, luego de dormitar unas cuatro o cinco horas mientras me acomodaba el nudo de la corbata y me miraba en el espejo, que me convencí que no tenía nada que perder. Mientras conducía volví a negar tan torpe pensamiento porque a mi parecer antes el rubio se reiría de mí que aceptar tomar una copa conmigo. En el almuerzo me mordí el labio con indecisión y sólo cuando lo vi por primera vez ese día, vestido con su traje azul y camisa blanca, me aseguré que sí tenía mucho que perder pero que si ganaba mi premio sería mayor que la posible pérdida.
Y aquí estábamos, luego de mi saludo esa tarde con mi habitual seriedad, ahora me parece una locura el haber estado nervioso cuando varias veces he hablado con Shaka. Era diferente el sentarme en su escritorio cuando él levantaba la mirada desde su silla; distinto hablarle con naturalidad; distinto comentarle que hacía tiempo que no tomaba una copa en el bar cerca de la oficina y preguntarle si le gustaría acompañarme.
Tomo la cucharilla para probar la mousse y el comentario me hace sonreír. ¡En verdad es enorme!
—No te preocupes, creo que podremos con esto —le hago un guiño y tomo con el cubierto un poco del postre para probarlo—. Sí, podremos, está delicioso.
Espero a que haga lo mismo (o luciré muy mal) y me dé su opinión. No me resisto a rozar su mano otra vez y buscar otro tema cualquiera para oírlo hablar:
—Me temo que te tendré conmigo hasta el amanecer, Shaka; espero que no te parezca muy osado de mi parte.
