Capítulo 48
—Sí, supongo que esos viejecitos tendrán de qué hablar cuando salgan de aquí—comenté mientras me decidía a meter la cucharilla en la copa—. Anda Saga, no los mires así. Supongo que estarán un poco extrañados de ver a dos hombres en una cita, a fin de cuentas eso no estaba bien visto hasta recientemente o quizás les recordemos a su tiempo de juventud cuando empezaron a cortejar.
El enorme postre en un principio me había dejado algo patitieso puesto que no tenía ni idea cómo podríamos demoler tal cantidad de dulce pero habría que intentarlo o "morir en el intento", después de todo, han sido pocas las veces en las que he salido a restaurantes o a cualquier lugar de diversión.
El fue el primero en probarlo, dio un veredicto positivo al sabor del postre y eso ya me bastó. Llevé la cucharilla plateada hasta el chocolate, del que tomé una porción y dejé que el dulce manjar inundara mi paladar. Era chocolate de buena calidad, supuse que se trataba del que lleva como mínimo un 70% de cacao; su gusto ligeramente amargo era perfecto y un buen contrapunto al azúcar añadido porque si hay algo que siempre he detestado son los postres empalagosos que dan la impresión de ser diabetes servida en un plato, mientras que ese era perfecto y ligero. Me parecio notar también que le añadieron unas gotas de brandy para resaltar el sabor y porque un poquito de alcohol ayuda a que la nata sea batida con mayor facilidad.
—Tienes razón, está riquísimo...
—Me temo que te tendré conmigo hasta el amanecer, Shaka; espero que no te parezca muy osado de mi parte— le oí decir antes de que pudiera terminar mi frase sobre el postre. Lo miré fijamente algo sorprendido de que se atreviera a decir así y ya me estaba empezando a imaginar a lo que se refería exactamente, así que no pude resistir el gastarle una pequeña bromita a pesar de que podría estar completamente equivocado.
—Por mí no hay problema al respecto ya que mañana no tenemos que ir a trabajar... —dije con cara de jugador de póker— pero ¿no crees que los trabajadores del restaurante se querrían ir a dormir y nos habrían echado de aquí?
A continuación mi cucharilla se lanzó de nuevo a un asalto de la copa de chocolate y mi cara parecía la de un pequeño que nunca había roto un plato en su vida, pero por dentro me roía la curiosidad por saber qué diría a continuación, si se habría dado cuenta de que en realidad no soy tan ingenuo como mi apariencia física sugiere.
