Capítulo II
Imperio Iris
Ya habían pasado de 6 horas terrestres desde que Diamond y Platinum habían salido de la torre en busca del templo de los sabios, pero para ellos sólo había pasado una patética hora.
Para poder llegar al templo tenían que cruzar la "Senda del Pasado" (nombre puesto por Platinum), en la cual el tiempo era mucho más lento y la gravedad tres veces más ligera a la terrestre. Diamond fue el que más problemas tuvo, al salir varias veces disparado por la poca gravedad y siendo salvado por el sedoso cabello de la princesa. Él se quedó la mayor parte del tiempo viendo el cabello de la chica, asombrado por su gran tamaño, poder y belleza, cosa que incomodaba un poco a la chica, pero no le ponía demasiada atención al estar mirando el mapa que ella misma fabricó para salir de ese lugar. Una vez fuera de la senda, lo siguiente era el "Camino de la justicia", un corto camino de apenas cincuenta metros pero que lucía como un corredor casi infinito, todo fruto de la distorsión temporal.
—Sabes humano... es un poco incómodo que mires mi cabello por tanto tiempo —la chica guardó su mapa en su bolsa de mano.
—Disculpe princesa —inclinó la cabeza en señal de arrepentimiento— es sólo que… nunca en mi vida había visto un cabello tan largo, brillante y... bonito.
—Bueno... es natural que te asombres por ello, pero me gustaría que dejaras de mirarlo tanto —tratando de disimular su leve sonrojo.
Diamond prometió respetar eso y le pidió que le explicara el origen de tal cabellera pero ella simplemente le dijo que su pelo no era de origen mortal.
—Humano, me gustaría que me explicaras ahora qué haces en este lugar.
—Bueno, es una historia compleja...
Diamond fue uno de los mejores siervos que el reino pudo haber tenido, servicial y honorable eran los adjetivos que los reyes le adjudicaban. Sin embargo, alguien había robado la corona de la princesa perdida y la colocó en la habitación del chico y en una inspección la encontraron, por lo que fue encarcelado y enjuiciado y posteriormente, castigado con el exilio al Inframundo, sin pruebas para probar su inocencia, el chico terminó en las garras de este mundo caótico.
—Los humanos sí son egoístas después de todo —pensó para sus adentros mientras le respondía al chico fingiendo desinterés. Si mostraba algo de ella a un humano que acabada de conocer, posiblemente los temores que ella temía de ellos se hicieran realidad. Suspiró y miró al horizonte para finalmente toparse con lo que estaban buscando— hemos llegado... bienvenido al templo de los sabios.
Frente a ellos se encontraba el grandioso templo de los sabios en el Inframundo; una plataforma flotante en forma triangular con muchos más triángulos y círculos en su interior, unas cadenas flotantes alrededor del pilar y finalmente las estatuas de los tres dioses sabios; Uxie, Azelf y Mesprit, encargados de juzgar las almas mucho antes que Hades existiese.
—Escúchame bien, tienes que ponerte en el pilar central y el juicio empezará —Platinum se acercó a las cadenas y se sentó en ellas.
—No debería ser difícil llegar hasta ahí —suspirando, saltó a la plataforma con las cadenas con algo de facilidad y finalmente volvió a saltar y llegó.
Cuando el chico pisó la plataforma, las tres estatuas movieron su cabeza hacia el chico mientras sus gemas de la frente se iluminaron; el juicio había comenzado.
Una estela salió de la gema de Mesprit directo al chico, mientras una voz masculina habló —Bienvenido a tu último juicio mortal, espero que estés preparado para saber tu destino—, las tres gemas iluminaron a Diamond para analizarlo —Uxie te considera un humano digno de la salvación, Azelf no te ve a la altura de la situación, por lo que me toca a mí, Mesprit, decidir tu destino—. Un silencio incómodo llenó a los dos chicos con algo de pánico hasta que la voz volvió —Diamond de Jubileo, esta corte ha dictado que tu destino no es el terminar como un siervo traicionado por un guerrero cobarde, el Inframundo no está listo para recibirte, pasa por el portal y cumple con tu destino, que Arceus te acompañe —al terminar, las estatuas volvieron a su lugar y un portal nuevo se abrió en el centro de la plataforma.
Platinum muy emocionada saltó hacia la plataforma y se acercó al chico, que veía incrédulo el portal que le llevaría a casa finalmente después de la odisea que había pasado en el Inframundo.
—Lo has logrado humano —Platinum se emocionó al ver el portal y saber que finalmente saldría de ese lugar.
—Sí, princesa —miró a su alrededor— sin embargo ¿qué pasara con el Inframundo si usted se marcha?
Platinum no había contemplado eso, el Inframundo era iluminado gracias a ella, pero al marcharse, éste volvería a caer en la oscuridad y su padre se enteraría del engaño. Pero no le importó en lo más mínimo las consecuencias y le dijo que no debería preocuparse. Diamond tomó de la mano a la mano a la chica y ambos saltaron hacia el portal, hasta que el último mechón de su cabello cruzó el portal y éste se cerró.
Justamente lo que ella había pronosticado ocurrió, una inmensa onda de oscuridad empezó a inundar el Inframundo, devolviéndole el color morado oscuro al cielo y matando a todas las plantas. Toda la oscuridad que había sido desplazada por la chica, estaba libre y reclamó el Inframundo como suyo, expandiéndose a una velocidad increíble que alcanzó al siervo del Inframundo quien apenas se disponía a llegar a la torre con más regalos para su hija. Aterrado por lo que le pudiese haber pasado, llegó a la torre que se encontraba vacía, su hija había logrado salir del Inframundo y al cuestionarse cómo lo había hecho, recordó al torpe muchacho que había juzgado hace unas horas.
—¡Te maldigo estúpido mocoso de mierda! —gritó y lanzó al piso el guardarropa de su hija al suelo furioso, mientras veía con impotencia cómo la oscuridad volvía a apoderarse del infierno.
Hades salió de la torre y observó cómo el Inframundo volvía a su estado original; todas las flores se habían convertido en polvo, algunos estanques de aguas era completamente negros como el petróleo y en el horizonte sólo se veía una enorme nube negra que dejaba muerte y oscuridad a su paso, finalmente el Inframundo había recobrado su estado original. Pero lo peor estaba por llegar. Una sombra se abalanzó sobre el siervo y lo traspasó por el estómago, haciéndolo caer en picada al suelo de la torre.
—Oh, gran Giratina, perdona el descuido de tu estúpido discípulo —pidió piedad mientras trataba de levantarse para ver de frente al dios, acción que fue interrumpida por un tentáculo negro con puta roja que atravesó su estómago y lo levantó, quedando cara a cara con el soberano rey del Inframundo, Giratina.
Giratina rugió de manera rabiosa y le dirigió una mirada de desprecio a su pobre siervo. Él siempre quiso que el Inframundo se pareciese al mundo real, y el día en que Hades raptó a la niña y las sombras se alejaron, sentía que estaba a punto de lograrlo. No podía perdonar que su estúpido siervo la haya dejado escapar, sobre todo de una manera tan estúpida como no saber que ella manejaba algo de magia.
—Señor Giratina, realmente estoy avergonzado de ser tan estúpido, déjeme recuperar a la niña y recuperar la belleza de este lugar.
Giratina sacó su ala del hombre (la cual no dejó ningún tipo de marca al ser un ataque fantasmal) y le dio la oportunidad de reparar su error, pero si fallaba, el castigo sería mucho peor; le quitaría todos los poderes mágicos que alguna vez le brindó, lo desterraría del Inframundo y para poner la cerecita sobre el pastel, no cumpliría la promesa por la cual Hades ofreció sus servicios al pokémon.
Giratina volvió a convertirse en una sombra y se fue del lugar, dejando a un Hades débil y enojado, lleno con un único sentimiento; venganza. —Diamond de Jubileo, te encontraré, recuperaré a mi preciosa Platinum y... ¡te mataré de la peor manera posible y usaré tu estúpida cabeza como trofeo, mataré a todo lo que amas! —gritó enrabiado mientras se desvanecía entre las sombras, poniendo rumbo fijo al reino de Jubileo, los humanos sentirían la ira del siervo del Inframundo.
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Ignorantes del caos que habían causado, Diamond y Platinum habían salido del portal y cayeron en un bosque desconocido para los dos, el portal lentamente se cerró y ambos chicos se pusieron de pie.
—Finalmente —suspiró aliviada mientras apreciaba con éxtasis los arboles —¡Estoy en el mundo normal! —gritó llena de energía.
—¡Princesa, su cabello! —gritó el joven al ver el cabello de la chica.
Platinum miró su largo cabello y se asustó al verlo cambiar de color. Una onda rojiza nacida de las puntas de su pelo lo recorría mientras dejaba a su paso un color negro profundo en su cabello. Platinum trató de evitarlo, pero la onda convirtió su hermoso color dorado, en uno de color negro profundo y oscuro.
Platinum no podía explicarse el porqué de su cambio de color, pero comprobó que sus poderes seguían intactos al emitir su poderoso resplandor. Confundida, miro al cielo y se encontró la hermosa estrella que iluminaba el planeta e intuyó que tal vez el hecho de haber luz en este mundo y entrar en contacto con el brillo de su pelo, se contrarrestaba y su pelo se volvía oscuro al emitir menos luz, era lo más lógico que pudo pensar en ese momento.
—¿Entonces el sol contrarresta el brillo de tu pelo y por eso cambia de color? —preguntó ingenuo mientras tomaba sus armas.
—Así parece, pero afortunadamente mis poderes se mantien...
Antes de terminar de hablar, unos misteriosos pasos se escucharon por el norte. Diamond empuñó su espada buscando a algún fugitivo y Platinum se asustó lo suficiente como para esconderse detrás del caballero. Hubo un momento de silencio que fue roto por un hacha de guerra que voló hacia los chicos y que (con mucha suerte) el chico detuvo con su escudo. Sin embargo, el hacha lo atravesó e hirió su mano izquierda, dejando caer su escudo e hincándose por el dolor.
—¡Diamond! —gritó Platinum aterrada al ver la mano sangrante del chico.
—Mira que tenemos aquí, Baltazar —un hombre alto y con un yelmo alargado apareció de los árboles y se acercó—, un sucio occidental y una bella mujer de cabello gigante.
—¿Cuánto nos pagarán en Trigal por un esclavo sin mano y una mujer hermosa? —preguntó un segundo hombre gordo que apareció con las mismas vestimentas y una hacha verde.
Los dos hombres eran parte del imperio plateado, un imperio que se hacía con el poder de todo el oriente del planeta y eran conocidos por ser barbaros y salvajes en los combates. Diamond y Platinum tuvieron la desgracia de encontrarse con estos dos miembros del ejército con una de sus armas más poderosas, el hacha de combate con filo de esmeralda, un arma que atravesaba la mayor parte de los escudos y que adoptaron de los antiguos pueblos puntanevados, conocidos igualmente por su bestialidad en combate y por llegar hasta más allá de Kalos.
La mano de Diamond estaba prácticamente cortada, indefenso de cualquier ataque. Platinum en medio del terror intentó atacar, pero su cabello no respondía, era incapaz de manipularlo en este mundo por lo que tuvo la última opción de desprender su gran resplandor, los hombres se alejaron un poco pero lograron darle un golpe en la cabeza a la chica con una rama pesada que la dejó en el suelo, pero no inconsciente.
—¡Idiota! —gritó el hombre que retiraba su hacha del escudo ensangrentado— nos pagarán menos si la chica está golpeada.
—¿Acaso importa? Esa estúpida acaba de sacar luz de sus ojos, imagina el potencial de un arma así.
—Tienes razón... —el hombre se le ocurrió la idea más horripilante que pudo haber imaginado— cortemos su estúpida cabeza y usémosla para finalmente conquistar el imperio Iris, será mucho mejor que el oro de todas formas.
Al escuchar esas palabras, Diamond trató de detenerlos usando su espada, pero Baltazar rápidamente lo neutralizó rompiendo su espada con su hacha y arrastrando al chico a un árbol para asesinarlo con la misma, mientras que la pobre Platinum se arrastraba para tratar de escapar, siendo inútil cuando el hombre la jaló gracias a su cabello y descubrió su cuello para un golpe certero. Sintiendo el hacha rozando su cuello, la princesa comenzó a sacar lágrimas de desesperación, mientras Diamond gritaba horrorizado viendo que la chica que le ayudó a salir del infierno y prometió proteger, moriría de la forma más cruel.
Sin esperanza alguna, un sonido rápido de alivio rompió la tensión del lugar, parando en seco al hombre que estaba a punto de matar a la chica, el cual cayó al suelo gracias a una flecha que había atravesado su cráneo y lo había matado al instante, mientras que su compañero soltó al chico y gritó al bosque.
—¡Hermano! —grito acercándose al cadáver del verdugo —¿Quién ha sido el pedazo de mierda que ha matado a mi hermano? ¡Hazte presente infeliz!
Una segunda flecha salió del bosque y dio directamente en la nariz de Baltazar, matándolo de igual manera y cayendo al suelo. Desconcertados, Diamond corrió con su mano dañada a verificar si la chica se encontraba bien. Sólo tenía un moretón y un poco de sangre saliendo de su boca.
El chico que les había salvado finalmente se hizo presente. Un chico delgado y de pelo amarillo, con una pechera de metal y una ballesta en sus brazos, se acercó a los jóvenes para saber si se encontraban bien.
—¿Se encuentran bien? —preguntó el chico con tono de preocupación.
—¿Que si estamos bien? Dos humanos asquerosos casi nos matan y mi guía está herido —respondió molesta y sarcástica.
—Vaya, parece que tenemos una malagradecida por a... ¿Diamond?
Diamond entonces reconoció la voz, volteó para ver al desconocido e inmediatamente supo de quién se trataba
—Madre mía Pearl ¿qué haces aquí? pensé que habías...
—Muchos lo pensaron —interrumpió.
Hace muchos años, Pearl fue compañero de Diamond en la guardia del reino, pero una vez fue mandado como guardia de un cargamento muy importante y jamás se supo de él, ya eran cuatro años del acontecimiento.
La emotiva escena terminó cuando Diamond comenzó a ponerse pálido y debilitarse por la pérdida excesiva de sangre, la capital del imperio de Iris no estaba lo suficientemente cerca para que llegara y no tenían nada a la mano, por lo que Diamond terminaría aquí. Pero Platinum tomó su cabello y enredó en la mano del chico, suspiró y restó una oración —"Oh gran luz que da vida, oh gran luz que da amor, la existencia te la debemos, gracias a tu fuerza y calor, oh gran luz del día, hoy te pido salvación, para que logres que esta vida pueda recitar esta canción"—. Un aura de color azul oscuro emanó del cabello enredado del chico por unos segundos, y al desenredarlo, la herida había desaparecido y el chico se sintió mejor y se asustó.
—Por el poder de Arceus —Pearl se alejó algo asustado.
—Prin-princesa... ¿su pelo puede curar? —preguntó nervioso.
—Es una de sus cualidades, normalmente el aura es dorada, pero supongo que se adecua al color del pelo —suspiró aliviada de que funcionara.
Pearl les pidió que les explicara qué estaba pasado y Diamond le dijo que le contaría todo a cambio de que los llevara a la capital del imperio Iris. Una vez hecho el trato, los tres caminaron hacia el norte y Diamond le explicó toda su épica travesía desde el monte Corona hasta el Inframundo.
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Si había un soldado que destacara del resto, ese era Heracles, un chico alto y de notables músculos que se ejercitaba la mayor parte del tiempo. Nombrado así por antiguos cuentos de los reinos del sur de Sinnoh, Heracles siempre quiso resaltar del resto por sus habilidades uniéndose a la guardia real desde los diez años y derrotando a sus enemigos uno a uno. Diamond era el único que opacaba su popularidad con los reyes, pero ahora que él estaba muerto, podría ganarse a los reyes y ser considerado el mejor guerrero de todo el reino de Jubileo.
Una de sus actividades de ocio preferidas era la de leer libros de guerra en su habitación, siempre acompañado de una taza de cerveza y algunas bayas frescas. En sus aposentos, una sombra apareció detrás de su zona de lectura, tomando forma en un ser que tocó el hombro del chico y lo puso en alerta. Al ver de quién se trataba, se hincó para mostrar respeto.
—Disculpe la hostilidad gran Hades —poniéndose un poco nervioso de tener al mismo siervo del infierno frente suyo— ¿A qué debo el honor de su visita?
—Tú eres el famoso Heracles, el más fuerte de la guardia real, ¿cierto?
—Está usted en lo correcto ¿acaso mis hazañas llegaron hasta el mismo Inframundo?
—Me temo que sí, pero tú ya debes saber en qué forma.
Heracles sudó frío ante esas últimas palabras pues sabía que se refería a lo que había hecho con Diamond. Heracles fue quien puso la corona de la princesa perdida en la habitación del chico para quitárselo del camino y obtener toda la atención de los reyes. Si Hades se había dignado a visitarlo, algo muy malo le iba a ocurrir.
—Tranquilo muchacho, no me interesa en lo más mínimo tu acto de traición —Hades tomó el libro que el chico leía "Los 12 trabajos de Heracles"— sólo venía a ofrecerte un trato.
—¿Qué clase de trato? —aliviado y desconcertado, se levantó para observar más fijamente a Hades.
—Ese estúpido logró escapar, y tuvo la tremenda osadía de robar a mi hermosa hija Platinum... el trato que te ofrezco es la fama más allá de este mundo, y un poder tal que ningún hombre podrá hacerte frente, y sólo tendrás que ir y darme la cabeza de Diamond y darme a mi hija sin un sólo daño.
Heracles se vio enojado al ver que su plan fracasó, pero un estado de éxtasis vino al escuchar ese jugoso plan maestro, donde podría ser el más famoso guerrero con tan sólo matar a ese estúpido engreído. —Señor Hades, acepto gustoso su trato, haré cualquier cosa para matar a ese pedazo de basura.
Hades asintió con la cabeza en señal de estar de acuerdo, con algo de magia oscura, apareció una espada con filo de diamante de color negro, y una pechera de piel que le entregó a Heracles.
—Te doy la espada de la venganza, y la armadura hecha con piel del mismo león de Nemea, con estos tu victoria es casi segura —Hades abrió un portal en la pared— Diamond y mi hija aparecerán en veinticuatro horas en este lugar, tendrás que esperarlos para un ataque certero... si llegases a fallar, la ira del Inframundo se desatará para ti y para todos tus descendientes...
Hades desapareció de nueva cuenta. Heracles se levantó y cruzó el portal, no podía esperar el momento ideal para matar a la persona que más odiaba en la faz de la tierra.
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El encanto de la oriental de la capital del imperio Iris dejó perpleja a Platinum, corriendo de un lugar a otro para observar la hermosura del lugar, mientras que Diamond corría tras ella ayudándole con su cabello.
Pearl se quedó algo sorprendido por la odisea que pasaron los dos chicos, pero de igual forma los guió por todo el lugar, mostrándoles las principales tiendas y lugares interesantes que podían encontrar, dejando completamente extasiada a Platinum por tan bello sitio. El rubio era siervo del emperador y les había conseguido posada en el mismísimo castillo, lugar donde Platinum y Diamond pasarían la noche, sin antes claro conocer al emperador y a su esposa.
La historia real de su viaje era que el grupo de Pearl fue atacado por un escuadrón del imperio plateado, Pearl fue el único sobreviviente a pesar de pelear hasta el final, guardias del imperio de Iris lo rescataron y sanaron, posteriormente decidió unirse a las fuerzas del imperio para vengar a sus compañeros caídos en aquel ataque, además de que cierta chica de cabello castaño ayudó mucho a esa decisión. Con el tiempo, se ganó el respeto de los emperadores y se convirtió en su siervo, obteniendo como arma maestra una ballesta, arma prohibida en su nata Jubileo por ser muy poderosa para los seres humanos. Siendo el maestro de una de las más poderosas armas, pasa la mayor parte de su tiempo libre ayudando a forasteros atacados por plateaditos (como él los llamaba) en honor a sus compañeros caídos.
Después de visitar la torre Hojalata y la torre Latón, Platinum decidió descansar después de tanto tiempo en la posada de los emperadores, mientras que Diamond moría de cansancio y hambre por seguirla tanto tiempo. Su descanso duró poco, pues el emperador había preparado un banquete para los dos forasteros, además de darles ropas nuevas propias del lugar.
—Ho-oh es el dios del Sol, Lugia el dios de la Luna, ambos son adorados fuertemente en la región y por ellos se les construyeron esas torres para que periódicamente vengan a visitarlos —Platinum trataba de acomodarse el kimono que le habían regalado de color rosa con negro— a pesar de las múltiples batallas con el imperio plateado, jamás han logrado dañar la torre gracias a que Lugia o Ho-oh intervienen para protegerlos.
—Vaya princesa, sabe usted mucho para haber vivido toda su vida en el Inframundo —confesó Diamond mientras terminaba de ponerse su kimono de color negro con rojo.
—Creo que después de todo puedes saberlo... Hades es en realidad mi padre
—¿En serio?
—Sí, él me regalaba siempre libros de historia humana y conozco la mayor parte de vuestra cultura —acomodando los accesorios de su cabeza.
Diamond se vio altamente sorprendido ante tal noticia, jamás creyó a Hades capaz de un acto así, era algo difícil de imaginar que el fuera un padre amoroso, pero notaba en la forma que se refería a él, que le estimaba mucho. Feliz de ganarse un poco de la confianza de la princesa, se acostó y cerró los ojos para descansar un poco, pero se levantó rápidamente al escuchar que ella estaba lista.
—He terminado... ¿Qué tal me queda?
Luciendo su hermoso kimono rosado y negro, su cabello completamente peinado y recogido gracias a una mega trenza con detalles florales y su grácil forma de lucir su vestimenta, Diamond se sonrojó al ver tanta belleza digna de los dioses —Princesa... se ve sumamente hermosa, digna de los dioses —respondió sonrojado y con algo de nervios por la respuesta de la chica.
—Gracias huma... Diamond —sonrió sonrojada y se apresuró a salir de la habitación— será mejor que vayamos para no ser mal educados.
—Cl-claro princesa —nervioso y sorprendido, se levantó y se acercó a la puerta para ir con ella.
—Llámame Platinum...
Bueno, segundo capítulo listo.
Espero les haya gustado y nada, hasta el siguiente.
Gracias por los comentarios nwn, realmente ayudan un monton.
Nos leemos en el siguiente capitulo.
