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- ¿A qué se debe su visita, Señor Yuga? - preguntó Ravio de la manera más amable que pudo, tratando de tranquilizar lo tembloroso de su voz – ¡No me diga que no le ha llegado el dinero que le mandé! - exclamó asustado.

- Oh, no te preocupes por eso, está todo en orden. Si sigues así en poco tiempo estará saldada tu cuenta – dijo el hombre mientras observaba de un lado a otro la tienda – Esta vez vengo a proponerte un negocio – se volvió a mirarlo y sonrió.

Ravio dio un suspiro de alivio, pero al mismo tiempo no le gustó nada lo que escuchó.

- ¿Proponerme un negocio...? ¿Q-qué clase de negocio? -

El hombre rió escandalosamente.

- ¡Vamos, pierde cuidado conmigo! Está vez se trata de algo legal, te lo juro – gracias al gorro de conejo, Yuga no pudo ver que Ravio alzaba una ceja con incredulidad – Gracias a mis años de "trabajo honroso" por fin pude lograr mi sueño de abrir una galería de arte en Lorule, pero necesito gente de confianza para administrarla, y sé que puedo contar contigo – dijo golpeándole ligeramente el pecho con su báculo – Adelanto a decir que no pagaré mucho, pero seguramente sería más de lo que ganas en este pueblucho – murmuró lo último con cierto desdén – Incluso, si te parece, podría perdonarte el resto de tu deuda – pareció que Yuga dio en el clavo, pues Ravio se llevó una mano a la barbilla, como si lo estuviera considerando.

- ¿Por qué yo? - preguntó con cautela y cierta curiosidad.

- De todos mis vasallos, eres más inteligente y miedoso. Sé que no te atreverías a defraudarme porque sabes lo que te conviene – dijo como si fuera obvio. Y el "conejo" agachó la cabeza. Eso era verdad – Pero no pienso obligarte, hay más gente después de ti en la lista de espera. Estaré en la posada del pueblo, pero sólo por tres días antes de que termine mis asuntos. Así que piénsalo bien – dijo encaminándose a la salida.

- ¡Espere un momento, por favor! ¿Co-cómo está Hilda? - dijo, después de unos segundos de armarse de valor para hablar.

El hombre lo miró con una sonrisa de medio lado, entre maliciosa y apesadumbrada.

- Bien; con el corazón destrozado. Pero está bien. Tal vez si regresaras a Lorule... – sin terminar la oración, cruzó la puerta para marcharse.

Ravio dio un suspiro pesado y sintió como si una espada le atravesara el pecho. Había amado mucho a Hilda, de verdad lo había hecho, pero su relación siempre estuvo estancada; sólo fue un amor infantil que resultó en cariño y nada más. Aun así, sabía que la chica se sintió extremadamente herida cuando terminó con ella y se marchó.

Estuvo unos minutos cavilando, yendo de un lado a otro por toda la tienda. Pero se detuvo en seco cuando vio a Link entrar.

Shirio salió de la bufanda y fue a saludar al rubio posándose en su hombro.

- Ah, Señor Héroe, tan puntual como siempre – dijo, recordando que el rubio solía aparecer por esas horas.

- Uh... ¿estás bien? - preguntó con evidente preocupación, a lo que Ravio se tensó enseguida.

- Sí... ¿Por qué la pregunta? -

- Te ves como si hubieras visto un fantasma -

Ravio lo miró un momento con escepticismo. ¿Cómo podía saber algo así si tenía el rostro oculto bajo el gorro? Entonces rió divertido, aunque con algo de amargura. Link parecía inocente pero era buen observador.

- ¿Sabes a quién conocí hoy? - cambió de tema – A tu amiga, la princesa Zelda -

- ¡¿A Zelda?! - dijo sorprendido - ¿Cómo...? -

- Cuando fui a tasar la Espada Maestra, ella fue la que se acercó a mí -

- Oh... ¿De qué hablaron? - inquirió tratando de sonar poco interesado, pero Ravio se dio cuenta que se moría de ganas por saber - ¿Dijo algo sobre mí? -

El tendero tardó un momento en contestar. Seguramente Link quería saber si la princesa mencionó algo que le indicase que le gusta, pero durante la conversación eso no se vio tan evidente, así que no supo inmediatamente qué decir, puesto que la siguiente opción era hablar sobre el elegido de la Espada Maestra, obviamente eso último era un secreto.

- Bueno... me dijo que tú y ella son amigos de la infancia, algo que nunca me mencionaste – fingió estar dolido, a la vez que intentaba desviar la pregunta.

- A-ah, yo... no es que lo estuviera ocultando de ti – replicó Link enseguida, notándosele nervioso y hasta arrepentido – Pero Zelda es una princesa y... -

Ravio se sintió un poco mal de verlo tan apurado a causa de su pequeña broma.

- ¡Hey! ¡No tienes que explicarme nada! - dijo para que se detuviera - Yo lo entiendo. Ella es una princesa, tú un caballero, y el resto de nosotros somos simples plebeyos. La gente creería que ella tiene predilección hacia ti si se enterase de su amistad. Pero...al ver como son las cosas en Hyrule, puedo ver que la princesa es una mujer inteligente y bondadosa que se preocupa por todos por igual... – su voz se fue apagando de a poco para continuar en su mente.

Hyrule era tan diferente a Lorule en muchas cosas. En el primero, la gente vivía en paz y sin miedo de salir de sus casas, con niños jugando por todos lados y las padres podían poner comida sobre sus mesas tras un día de trabajo; pero en el segundo, la gente recorría las calles solamente para ir a trabajar (si es que tenían empleo), los niños jugaban a cierta hora y después regresaban a su casa por seguridad, mientras que muchas veces se iban a dormir con el estómago vacío, y en el peor de los casos, al amanecer se daban cuenta que les habían robado algunas de sus pocas pertenencias.

- ¿Ravio? - lo llamó al verlo distraído de nuevo.

El tendero alzó la cabeza para continuar.

- Oh, la princesa también me dijo que fuiste tú quien me recomendó para tasar el arma. Gracias – sonrió con suma sinceridad - ¿Sabes? Una espada como esa no se ve todos los días, fue maravilloso poder tenerla en mis manos – dijo con voz algo melosa, como si hablara del amor de su vida., además de que la paga que le dieron fue bastante generosa.

- De...de nada – respondió mirando hacia otro lado, con las mejillas ruborizadas.

Ravio se sorprendió al verlo tan tímido. Es decir, no era la primera vez que lo hacía sonrojar, regularmente lo lograba al hacer comentarios subidos de tono, pero esta vez sólo le dio las gracias. El rubio era más tímido de lo que pensaba, seguramente era por eso que no podía deshacerse de las chicas que lo rodeaban.

Aún así, le gustó hacerlo ruborizar, en realidad le gustó mucho. No obstante, rápido borró esa idea de su cabeza, en ese momento tenía otras cosas en qué pensar.

- Ravio, yo... eh...Tengo que ir a patrullar – dijo, como se se hubiese detenido de decir otra cosa. Acarició a Shirio y después lo dejó en las manos del tendero.

- De acuerdo, Señor Héroe. Nos veremos después – se despidió con una reverencia rápida y Link salió de la tienda.

Ravio suspiró de nuevo, ahora con más pesadez. Pensaba en que en verdad extrañaría a Link...


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