Al día siguiente Ravio salió de compras, adquiriendo solamente la suficiente comida para dos días.

No quería admitirlo, pero sabía que terminaría aceptando la propuesta de Yuga. Solamente posponía las cosas todavía no haciendo las maletas. Realmente no quería volver a Lorule, no porque odiara sus raíces, no porque tuviera problemas con sus amigos, simplemente amaba la tranquilidad que existía en Hyrule, sobre todo, amaba poder ver a una persona tan positiva como Link todos los días.

Mientras caminaba de regreso a su tienda se topo, como de costumbre, a una tropa de niños que siempre se le acercaban a querer jugar con él por su disfraz de conejo tan gracioso, pero siempre los rechazaba por falta de tiempo, así que los recompensaba con unas cuantas monedas para que se compraran caramelos, esta vez no fue la excepción. Entonces recapituló las ventajas que le traerían regresar a Lorule; podría volver a ver a sus viejos amigos, pasar tiempo con los niños del orfanato, hacer las pases con Hilda... Todo eso sonaba tentador, pero no terminaban de convencerlo.

Al volver a la tienda, atendió a un par de soldados, quienes hicieron reverencias respetuosas antes de salir cuando Yuga entró al establecimiento tan campante, como si se tratara de su propia casa, mientras que Shirio abandonó su nido para esconderse otra vez en la bufanda de su dueño.

- Señor Yuga, veo que ya es bien conocido por estos lares – comentó con ironía y algo de cautela, por suerte el pelirrojo no lo notó.

- Por supuesto. Incluso, hace tan sólo unos minutos sostuve una audiencia con la mismísima princesa Zelda – presumió fingiendo modestia.

- Supongo que usted desea que la princesa contribuya con su galería de arte -

- ¡Oh, sí! La familia real de Hyrule posee cosas tan maravillosas entre sus tesoros que deberían ser compartidas al mundo entero. Sería una lástima que sólo las dejaran pudrirse en la bodegas -

- Sí, tiene razón... - dijo para no darle la contraria.

- Cambiando de tema, me enteré de algo curioso – sonrió con tal malicia que Ravio retrocedió un par de centímetros – Ya conocía la costumbre de que los príncipes de Hyrule entregasen una espada a un noble caballero en quien gane su confianza, pero debo decir que me sorprendió saber que fue a ti a quien te encargaron tasarla – el tendero ahora sí comenzó a temblar – Dime, ¿qué tal es la Espada Maestra? ¿Es tan hermosa como dicen? ¿Cuánto valor tiene? -

Ravio sabía que no podía escapar de contestar esas preguntas. Le aterraba en verdad saber que Yuga hubiese puesto sus ojos en aquella espada. No obstante, a pesar de la hora tan temprana, Link entró a la tienda e hizo algo inusual; se puso a mirar los objetos, como si estuviese eligiendo alguno para comprar.

Yuga torció la boca y dejó de hacer preguntas, dándose cuenta que el muchacho era un caballero y no un simple soldado, por tanto no sería prudente continuar la conversación.

- Volveré más tarde. Aún tengo pendientes en otros lados -

- Ah... está bien. Vuelva pronto – hizo una reverencia como lo haría con cualquier otro cliente - ¡Señor Héroe! ¿Qué te trae por aquí a esta hora? ¿No deberías estar patrullando la villa? -

Link no contestó. Miraba hacia la puerta con el cejo fruncido. Tras unos segundos por fin lo miró.

- Estás temblando – dijo al fin, todavía con el semblante duro - ¿Ese hombre te hizo algo, Ravio? -

- ¿¡Eh!?... ¡N-no! ¡Para nada! El Señor Yuga es un cliente difícil, eso es todo – rió intentando mantener la calma y dejar de temblar. No quería Link se metiese en sus asuntos. Eran peligrosos. Un chico tan benigno como él no tenía por qué enterarse de cosas tan turbias.

- Entiendo... - musitó suavizando su rostro, pero aún con preocupación en él – Si Yuga hace algo indebido, recurrirás a mí, ¿cierto? -

- ¿A-algo indebido? - repitió sosteniendo la respiración. ¿Es que acaso Link sabía algo de Yuga?

- S-sí, bueno... Hace unos momentos estuvo en una audiencia con Zelda. No sé exactamente de qué hablaron, pero Zelda me dijo que no confiaba en él, que parecía un mal hombre. Además, dijo que él viene de Lorule, ¿tú eres también de allí, no? Pensé que quizás sabrías algo -

El tendero lo pensó un momento, pero sabía que sería inútil intentar ocultar algunas cosas, después de todo, Yuga era un millonario excentrico conocido en muchos lugares del mapa. Así que eligió cuidadosamente sus palabras.

- Sé algo de él, sí, pero solamente cosas que he oído. Se dice que amasó su fortuna prestando dinero y cobrando intereses altos, además de invertir en negocios no tan legales, como fraudes y robos. Pero nada de eso ha sido comprobado alguna vez. Incluso es posible que muchas de esas cosas sean mentiras inventadas por envidiosos – se encogió de hombros al tiempo que sentía remordimiento. Sabía que eso no eran simples rumores. Él mismo había trabajado para él y hasta tenía una deuda pendiente.

Link acariciaba a Shirio mientras lo escuchaba. La pequeña ave parecía haberse encariñado con él. Ravio sabía que Shirio no se acercaba tanto a otras personas, aunque tampoco es que las rechazase, es decir, éste normalmente no se dejaba mimar tanto como lo hacía con el rubio.

- Ya veo – dijo Link, todavía pensativo. Pero pronto dejó atrás esa expresión para otra más acorde con él; sonrió – Por cierto, hoy me dejaron el día libre. Tal vez... - continuó nervioso – cuando termines de trabajar... podamos pasar un tiempo juntos -

- Oh, Señor Héroe...- Ravio sintió una punzada en el corazón. Ver a Link así de nervioso le recordó que, al parecer, él era su único amigo. En verdad odiaba tener que dejarlo, pues ambos sufrirían de una u otra manera – Por supuesto, me encantaría. De hecho, hoy no he tenido mucha clientela. ¿Qué tal si cierro la tienda y hacemos lo que tú desees? - al menos quería pasar todo el tiempo que le quedaba a su lado.

- ¡C-claro! Pero... sólo espero que las chicas no vayan a molestarnos – dijo algo cabizbajo, refiriéndose a su alocado club de fans

- Umm...No te preocupes por eso, ¡tengo un plan! - corrió a la trastienda, y tras varios sonidos de objetos removiéndose, regresó con una mascara y ropa – Toma. Me parece que tú y yo tenemos la misma talla, aunque claro que tú debes tener más musculosos – rió – Estoy seguro que con esta ropa y la máscara ninguna chica te reconocerá -

Link tomó la máscara y la observó. Era blanca con un gran ojo amarillo en el centro, mientras que la ropa era de color azul y holgada, con motivos en plasta de conejitos blancos en la parte inferior y un pantalón café.

- ¿Dónde puedo...? - Link no terminó de preguntar. Al parecer, el hecho de cambiarse en casa ajena lo intimidaba, o eso pensó el tendero al ver su cara enrojecer.

- Puedes usar mi habitación – señaló una puerta tras ellos con el pulgar derecho.

Al salir de la tienda Ravio vio como un grupo de chicas se preguntaban entre ellas si habían visto al rubio, sin darse cuenta que éste se encontraba frente a ellas. La máscara funcionaba. Incluso las chicas se acercaron a preguntarle.

- Ravio, ¿has visto a Link? - preguntó una de las chicas, ignorando por completo a la persona a su lado.

- Lo siento, buena moza, no lo he visto -

- ¡Qué raro! - dijo otra – Podría jurar que lo vi entrar en su tienda -

- ¡Qué boba eres! quizás lo confundiste con otra persona – dijo una tercera en lo que comenzaban a caminar a otro lado - ¿Estás segura que le dieron el día libre? -

- Sí, sí, eso escuché...-

- Ni siquiera me miraron... - comentó el rubio con sorpresa.

- Oooh, no me digas que eso lastimó tu orgullo – fingió pena – ¡Ah, sí! Una celebridad como tú debe amar la atención de las chicas – el tendero sabía que no era así, pero le divertía molestarlo.

- N-no...en realidad, estoy aliviado – Ravio no necesitó ver el rostro de Link para saber que estaba sonriendo, lo cual le pareció extraño haber notado.

- ¿Y bien? ¿Qué quieres hacer? -

- Escuché que en el bazar abrieron una zona de juegos – respondió antes de jalarlo del brazo.

Las siguientes horas la pasaron recorriendo y jugando en el bazar del pueblo; comieron algunos dulces y hablaron sobre cosas triviales, desde cómo estaban hechas las nubes, algunos chismes sobre la gente del pueblo, y como de ridículas se veían las chicas buscando al caballero por todas partes.

A pesar de estarse divirtiendo, Ravio no podía dejar de sentirse abrumado. Mañana sería el último día que vería a Link y no estaba seguro si debía despedirse en ese momento o hasta el día siguiente. Sumando que ver aquella mascara en lugar de su rostro lo hacía sentirse peor. No obstante, era gracias a esa máscara que podían compartir ese momento sin interrupciones.

- Ravio, ¿por qué siempre cubres tu rostro? - preguntó Link, por primera vez en mucho tiempo.

- Ah,... – se detuvo, recordando que ya le había hecho esa pregunta, sólo esta vez sería difícil de evadir – Es una vieja costumbre de Lorule usar una máscara que oculte tu identidad -

- ¿Por qué alguien querría ocultar su identidad? - inquirióconfundido.

- No estoy seguro. Viejas supersticiones, supongo – dijo intentando restarle importancia para no profundizar más en la respuesta. En Lorule todos debían robar para sobrevivir, era obvio querer ocultar sus caras.

- ¿Tú por qué aún usas máscara? -

Ravio odiaba admitirlo, pero aunque había dejado de robar para Yuga aún le quedaba la paranoia de ser reconocido como un ladrón. Llevar el gorro de conejo lo hacía sentirse seguro.

Aún recordaba el día que él y Link se conocieron, cuando un grupo de ladrones quiso robarle su mercancía. Ravio no quiso pelear con ellos, sabía lo que era el hambre y no tener un refugio, además de que cinco contra uno tampoco era una pelea muy justa, por lo que le agradeció con toda su alma cuando Link lo salvó a él y a su mercancía. Y cuando quiso agradecercelo, Link simplemente sonrió y se negó. Era la primera vez que veía a alguien hacer algo por otros sin esperar nada a cambio, realmente lo conmovió.

La siguiente vez que se encontraron fue por mera casualidad, pues no sabía que su héroe vivía en la misma villa en la que había decidido montar su negocio. Entonces tuvo que mantener su promesa de ayudarlo en todo lo que pudiera, lo cual incluía recibirlo "alegremente" en su tienda aunque nunca comprase algo.

Al principio fue tedioso tener a Link a su lado, mas no incómodo, simplemente estaba acostumbrado a la soledad. Pero el caballero siempre llegaba con una sonrisa y mil historias que contar, era tierno, como un niño buscando atención. Ravio sólo tenía que mover la cabeza para darle a entender que lo estaba escuchando para que continuara con sus narraciones. Eso explicaba porque las personas del pueblo lo amaban tanto, aunque siempre pensó con sorna que una persona así no duraría ni una semana en Lorule...

- Ravio, ¿estás bien? Te callaste de pronto – preguntó preocupado – De hecho, desde ayer has estado actuando raro... – se aventuró a decir.

Ravio ya no podía ocultarlo más. Se despediría allí mismo, eso era lo mejor. Si Link se enterase de todas las cosas deshonestas que había tenido que hacer para sobrevivir...

Olvidándose por completo de la gente que pasaban junto a ellos, e imaginando que el rubio haría muchas preguntas antes de aceptar la realidad, se preparó para cruzar sus últimas palabras con el caballero.

- Link...-

- ¡Ravio! -

Escucharon una voz femenina gritar, la cual su dueña corrió a toda prisa hasta alcanzar al tendero y se arrojó sobre él para abrazarlo.

- ¿¡Hilda!?, ¿qué haces aquí? -

Continuará...


Sugerencias, quejas, dudas, mentadas de madre, regalitos, spam; dejen reviews.