Ravio repasaba mentalmente el plan de Hilda mientras observaba a los guardias del castillo hacer su recorrido habitual desde su escondite, el cual era encima de un candelabro suspendido a quince metros del piso. Junto a él se encontraba Kafei, un amigo suyo de la infancia, también huérfano, y con quien ya había hecho equipo antes para robar. Ambos serían los que ejecutarían el plan, puesto que eran los más veloces y escurridizos del grupo. No por nada sus máscaras eran las de un conejo y un kitsune.
Según el plan, tenían que interceptar al ladrón estrella de Yuga, Sakon, quien era el que robaría la Espada Maestra; luego harían que los guardias del castillo lo atraparan y lo hicieran confesar, lo cual no sería difícil puesto que Sakon, aunque era muy bueno en lo que hacía, no era nada fiel. Sin duda soltaría la sopa y Yuga se vería en problemas. Y si el pelirrojo los llegara a delatar, Hilda y los otros podían alegar que seguían sus ordenes bajo amenazas. Ravio era el único que estaba a salvo de acusaciones, pues Link irrumpió en la tienda en el momento oportuno y Yuga no logró contarle sobre el robo que se llevaría a cabo esa misma noche.
- No quería que te vieras involucrado en esto, pero cuando descubrí que esa espada era para tu amigo, imaginé que querrías saberlo – recordó que le dijo Hilda, lo cual se lo agradeció mucho.
Para que el plan fuese un éxito, Ravio y Kafei tendrían que dejarse ver por los guardias para a continuación llevarlos directamente hacia el otro ladrón, después escaparían por alguno de los pasadizos secretos, que sabían donde encontrarlos gracias a un mapa que Hilda les proporcionó de la estructura interior del castillo. Ambos vestían de negro y usaban sus máscaras. No había peligro de ser reconocidos. Lo realmente complicado era hacer que Sakon fuese atrapado...
- No tenías que acompañarme – susurró el de cabello violeta, pero se sentía feliz de volver a trabajar con su mejor amigo.
- No iba a quedarme de brazos cruzados mientras ustedes arriesgan su pellejo – contestó, en parte diciendo la verdad. Pero la verdadera razón era que no podía permitir que Yuga se quedase con la Espada Maestra, la cual fue hecha expresamente para Link. Si eso pasara, sería como dejar que manchara la buena fe del caballero. Nunca podría vivir con eso.
- Allí está Sakon – señaló Kafei a un guardia que caminaba de manera extraña y se movía sin ningún patrón de vigilancia. Era evidente que no tenía formación ni constitución para ser un guardia, hasta la armadura se le miraba pesaba, pero nadie le dio importancia, lo cual le hacía ver a los chicos lo inocente que podían llegar a ser los residentes de Hyrule, quienes no estaban acostumbrados a desconfiar y ni siquiera sospechaban de Sakon, que caminaba libremente por los pasillos tarareando una canción.
Ravio y Kafei no tuvieron problemas en seguirlo en silencio debido a que el patrón de los guardias era tan obvio y con tantas fallas que a veces no necesitaban ni esconderse, pues a nadie se le ocurría voltear hacia los lados.
- Qué fácil es robar en Hyrule. Si hubiésemos vivido aquí de niños ya seríamos millonarios – comentó Kafei en tono de broma y Ravio suspiró, pensando en que si hubieran nacido en Hyrule no habrían tenido necesidad de robar en primer lugar.
Al final del recorrido llegaron a lo que parecía ser la cámara de los tesoros, que era vigilada por un único guardia que yacía dormido sobre una silla. Sakon atravesó la puerta sin problemas y entonces los chicos supieron que debían actuar ya. Primero se cercioraron de en dónde se encontraba cada guardia y de cual debían captar su atención primero, después sólo tuvieron que esperar a que Sakon saliera de la habitación con la espada envuelta descuidadamente en trapos.
Kafei pasó frente a un guardia que estaba en el corredor contiguo y lo saludó con la mano alzada. El guardia, quizás adormilado por la hora, tardó un par de segundos en entender que se trataba de un intruso y dio la orden de seguirlo. Ravio hizo lo mismo en el otro corredor y pronto Sakon se vio rodeado de guardias, pero estos no lo miraban a él sino a los chicos, así que comenzaron a correr hacia él.
El ladrón, alarmado, se aferró a la espada y también empezó a correr con tal prisa que los chicos pronto quedaron atrás, con los guardias sobre sus pasos. No obstante, Kafei sacó de entre sus cosas un báculo mágico del cual invocó hielo para congelar los pies del otro ladrón, haciendo que se le cayera la espada tras detenerse abruptamente.
- ¡Tienen la Espada Maestra! ¡Llamen refuerzos! - gritó uno de los guardias al reconocerla.
Perfecto. Ahora los chicos solamente debían huir pero... Sakon logró desatascar sus pies del hielo y tomar nuevamente la espada. Cuando Kafei iba a invocar más hielo, el otro ya había lazando un bumeran que golpeó su mano y soltó el báculo a causa del dolor. Ravio enseguida tomó el bumeran en el aire al tiempo que un guardia estuvo a punto de atraparlo, pero el "conejo", en un acto reflejo, dio un ágil salto hacia delante, dando un bufido de alivio después. Lo más seguro era que los guardias pensaran que los tres eran los que estaban robando la espada. Debían recuperarla enseguida.
Ravio hizo a Kafei una seña para que se adelantara, y cuando estuvo en el punto exacto, hizo lo mismo que Sakon y usó el bumeran para hacerle soltar la espada (y se le cayera parte de la armadura), la cual el de cabello violeta la tomó enseguida del suelo.
Ravio no se había dado cuenta que por apuntar el bumeran había aminorado el paso sino hasta que se dio de bruces contra el suelo y su máscara voló por el impacto. Un guardia lo atropó. Pero no perdió la calma, no era la primera vez que sucedía, y nadie en Hyrule lo reconocería sin la máscara. La táctica para escapar era tan sencilla como dar la vuelta y patear a su captor...
Sin embargo, no esperaba que fuese Link la persona que lo había detenido. Por un momento se cerebro paralizó con la siguiente decisión: golpear a Link y escapar... o dejarse atrapar para no herirlo. Es decir, desde el principio se imaginó que podría encontrarse con Link, pues vivía en el castillo igual que los otros soldados, pero había rezado para no toparse con él. ¡Y además vio su rostro! ¡Qué vergüenza! Aunque pronto dejó de preocuparse de eso cuando la Espada Maestra golpeó a Link en la cara y lo hizo cae de espaldas, por lo que Ravio aprovechó para levantarse y correr.
Al parecer, durante el tiempo que fue interceptado, Kafei se las arregló para dejar a Sakon noqueado y ahora le hacía ademanes con las manos para que se diera prisa y escapar por una de las salidas secretas.
- El chico al que golpeé con la espada es tu amigo, ¿no? - preguntó Kafei mientras se arrastraban por un túnel estrecho.
- ¿Cómo lo sabes? -
- Era el único que parecía saber lo que hacía, incluso te atrapó -
Cuando hubieron salido del castillo y se cerciorados de que ningún guardia del exterior los veía, ambos dieron un suspiro de alivio, esperando a que el plan haya dado resultados. Lo único que podían hacer en ese momento era regresar a la posada donde estaban Hilda y Yuga. Kafei debía fingir que estuvo toda la noche en su habitación mientras Ravio regresaría a su tienda a esperar.
Al llegar a casa, el tendero fue directo a echarse sobre su cama y se puso a pensar. De acuerdo, habían recuperado la espada, la devolvieron a los guardias y esperaban a que hayan reconocido a Sakon como un ladrón y no como un guardia que intentaba detenerlos. No obstante, aún no se sentía bien consigo mismo... Quizás sí debía marcharse de Hyrule. No en ese mismo momento, sino ahorrar algo de dinero e irse dentro de unos días.
Además, Link le había visto el rostro. Aunque no lo hubiese reconocido, no podía pensar en volvérselo a mostrar una segunda vez. Seguro le haría muchas preguntas sobre qué hacía en el castillo y Ravio no quería pasar por eso.
Se cambió de ropa para ponerse su pijama y entró a la cama, aunque tampoco podía conciliar el sueño. Fue hasta que se le bajó la adrenalina cuando sus párpados comenzaron a cerrarse y sintió dolor en una de sus rodillas, seguramente se lastimó con la caída. Por fin cerró los ojos, pero escuchó que la puerta de entrada era golpeada.
Enseguida se levantó y se dirigió a abrila mientras cojeaba, con Shirio sobre su cabeza. Posiblemente se trataba de alguno de sus amigos. Sin embargo, la voz que pedía entrar era la de Link. ¿Qué hacía allí? Se puso el gorro de conejo y le abrió.
- ¡Señor Héroe! ¿Q-qué te trae por aquí a estas horas? - preguntó intentando tranquilizar su voz, pero no podía. Hacía apenas un par de horas que se enfrentaron y Ravio aún sentía remordimientos.
- Um...Ravio – habló el rubio, quien parecía estar igual de nervioso – Encontramos un ladrón en el castillo, intentó robar la Espada Maestra, pero logramos detenerlo -
- ¡Oh! Me alegro de escuchar eso - se hizo el sorprendido, pero el gesto de alivio fue sincero - Pero ¿qué haces aquí? - volvió a preguntar - ¿No deberían estarlo interrogando? -
- Ah, eso... No tuvimos que hacerlo. Nos dijo de inmediato que ese hombre, Yuga, fue el que lo había contratado para robar la espada. Y también dijo que... no tenía idea de quienes eran los otros dos tipos -
- ¿Otros dos...? - se hizo el desentendido, con una mano en la barbilla – Bueno, Señor Héroe, realmente me gustaría escuchar el resto de la historia, pero, sabes, son algo así como las tres de la mañana y tengo sueño... -
- Ah, sí. Lo siento... Pero tengo una pregunta para ti -
- ¿Mmm? ¿Sí? ¿Qué cosa? - dijo amable, esperando que al contestar eso se fuera.
- ¿Tus ojos son verdes? -
- ¿Ah...? - Ravio retrocedió sin recordar su rodilla lastimada y casi tropieza. ¿Pero cómo...? ¿Acaso Yuga lo habría delatado? - ¿Por qué esa pregunta tan repentina, Señor Héroe? - inquirió mientras daba pequeños pasos hacia atrás. ¿Link había ido allí para apresarlo? Si era así, perfecto. Huiría esa misma noche, no importaba si dejaba sus cosas atrás. No quería vivir con la humillación de que la personaba que amaba fuese quien lo puso en prisión.
- Curiosidad – contestó agachando la mirada. Era un mal mentiroso.
Ravio tampoco quería tener que mentir, así que, cuando se aseguró de que el camino a la puerta estaba despejado... Shirio comenzó a tirarle del gorro.
Shirio jaló las orejas de conejo con sus garritas, sabiendo que le haría un favor a su amigo si le descubría la cara. Ravio se intentó resistir, pero tan pronto sintió una brisa supo que se le había desprendido el gorro. Entonces las manos de Link se posaron firmemente sobre sus hombros para quedar cara a cara.
- Lo sabía – musitó al poder apreciar de nuevo el rostro de Ravio, gracias a los claros de luna que caían a través de la ventana.
Tenía ojos verdes, justo como los recordaba, y su cabello era bastante oscuro, pero parecía ser morado. Link recordó que Ravio era un año mayor que él, aún así, el tendero parecía bastante joven, aunque debajo de sus ojos tenía ojeras, que quizás eran sólo por el sueño.
- ¿Y bien? - inquirió Ravio frunciendo el ceño, a la vez que no paraba de temblar - ¿Qué pasará conmigo? -
- Nada. El ladrón ya confesó. Además, no creo que hayas ido allí a robar la espada... –
- ¿Entonces cómo es que supiste que era yo? ¿Ya me habías visto antes? - dijo confundido. Estaba seguro que eso no podía ser.
- Ah, bueno... - Link se ruborizó y quitó las manos – Yo, eh... reconocí tus labios -
- ¿Mis... labios? - repitió con una ceja alzada, entonces no pudo evitar estallar de risa – No, en serio... ¿cómo es eso posible?... ¿Lo dices en serio? - ahora se sonrojó él – Tú... eres más listo de lo que pareces, ¿te lo han dicho antes? -
- No. Directamente me llaman tonto – sonrió, y después rodeó al tendero con sus brazos. Ravio rápidamente correspondió el abrazo haciendo lo mismo, aferrándose a Link como si se le fuera la vida en ello. Le dolía la cabeza. Sólo podía pensar en lo mucho que le gustaba Link y que, a este punto, no podría pensar otra vez en alejarse de él. Por su parte, el rubio hizo juntar sus frentes y después sus labios.
Continuará.
Sugerencias, quejas, mentadas a mis ancestros, amenazas, regalitos; dejen reviews.
