¡Hola, gente! Lamento el retraso. Les traigo acá el último capítulo. Espero que disfruten leerlo tanto como yo al escribirlo :D
Ravio seguía sin poder creer cómo habían sucedido las cosas durante los últimos días. Al parecer todo había resultado de maravilla.
Yuga fue llevado ante la corte de Hyrule, y gracias a declaraciones de Hilda y sus amigos, estaba en proceso de encarcelamiento. Por un momento el tendero temió que la ausencia de Yuga dejara a varias familia de Lorule sin alimento, pues era éste el que les administraba la comida mientras los hacía endeudarse cada vez más. No obstante, la Princesa Zelda dio un comunicado que, tras haberse enterado del estado decadente de Lorule, haría lo posible por ayudarlos.
Todo parecía estar yendo bien. Y lo mejor de todo, lo más genial e increíble que ni siquiera su lado pesimista lograba entorpecer, era que Link y él ahora estaban 'juntos'.
Luego de que compartieran su primer beso, el rubio escondió su rostro encendido entre bufanda y balbuceó una rápida confesión. A Ravio aquello le pareció adorable y no dudó en confesarse también.
Sin embargo, desde aquella noche apenas si habían tenido tiempo de verse. El robo, a pesar de que sirvió para atrapar a Yuga, también hizo que los habitantes de la Villa Kakariko se sintieran amenazados y nerviosos, por lo que se redobló la seguridad de las calles. Ahora Link debía tanto patrullar la villa como estar presente en la corte, siendo él quien atrapó a Sakon tras no reconocerlo como un guardia.
Los habitantes de Hyrule, acostumbrados a tanta paz, era obvio que sintiesen temor a causa de los acontecimientos, pensó Ravio.
Pero no hubo mucho de qué preocuparse, pues habiendo pasado una semana, la gente de la villa y otras villas cercanas iniciaron recolectas de víveres para Lorule en un acto de buena fe. El día que las caravanas iba a llevar las conservas fue cuando Hilda y Kafei se despidieron de su amigo de la infancia.
- Me alegra que nos hayamos encontrado de nuevo, Ravio – dijo la muchacha apretando sus manos con las suyas, con una sonrisa brillante en su rostro – Te deseo lo mejor y espero que puedas ir a visitarnos -
- Todos en el orfanato te extrañan – agregó Kafei dándole una fuerte palmada en la espalda como despedida, haciendo que Ravio se retorciera de dolor y se la regresara entre risas.
- Yo también los extraño. Iré tan pronto como se calmen las cosas aquí -
- ¿Sabes? Esperaba a que con Yuga en la cárcel ya te quitarás por fin esa horrorosa máscara – comentó la muchacha con algo de preocupación.
- Oh, sí. Es la costumbre... – se encogió de hombros y después se llevó la máscara hacía atrás para descubrir su rostro, quedándole de sombrero.
- Por cierto, espero no haber hecho algo malo – dijo Kafei fingiendo vergüenza – Hoy vi a tu "amigo" el caballero en la corte y me hizo algunas preguntas sobre ti. Tuve que contestarlas. Es decir, él estuvo presente cuando hacíamos declaraciones sobre lo que Yuga nos obligaba a hacer, así que por lógica ya se enteró que pasó lo mismo contigo. ¿No estás enojado, verdad? - preguntó más bien por cortesía, pues sabía que el tendero lo entendía.
- No, pierde cuidado – cabeceó – Sé que Link me lo preguntará de todos modos – resopló esperando lo peor.
- Ravio, más te vale que cuides bien de ese Caballero, ¡es un encanto! – dijo Hilda guiñándole un ojo, después le dio un beso en la mejilla como despedida.
Tras irse las caravanas, Ravio regresó a su tienda con la esperanza de que su ahora novio tuviera tiempo de visitarlo. La suerte pareció sonreírle puesto que Link ya se encontraba esperándolo allí.
- ¡Señor Héroe! Espero no haberle hecho esperar mucho – dijo el tendero en tono de burla debido al apodo, mientras que Shirio volaba feliz alrededor de ellos.
- Ravio, dijiste que ya no me llamarías así – dijo Link con el cejo fruncido, pero el 'conejo' le plantó un rápido beso en la nariz.
- Lo siento, pero sabes que sólo estoy jugando -
- De acuerdo... - contestó ruborizado, aún así no le terminaba de gustar el apodo. Aunque el hecho de que se lo dijera con la cara descubierta amenizaba el disgusto.
- Y dime, ¿se puede saber a que se debe el milagro de tu visita y tan temprano? Creí que aún estarías en la corte -
- Zelda me dejó marcharme. Dijo que ya tenían toda la información que necesitaban de mí y que yo parecía desanimado, que fuera a descansar. Yo... te extrañé estos días -
Escuchar aquello dicho con tanta sinceridad hizo que el corazón de Ravio saltase de alegría. Realmente Link era tan tierno como un cachorrito y eso lo fascinaba.
- Link, yo también te extrañé – dijo, y tras asegurarse que no había nadie pasando por ahí cerca, lo besó ahora en los labios.
- ¿Crees que podamos tener una cita? - preguntó Link en tono de súplica tras separarse.
- ¿Ahora mismo? - inquirió dubitativo, pero aún no había abierto la tienda y toda la semana tampoco tuvo mucha clientela debido al toque de queda – De acuerdo. No veo porqué no. Trae tu máscara -
A pesar de que Ravio ya no cubría su rostro, Link ahora era el que tenía que hacerlo para pasar desapercibido por su club de fans, lo cual posiblemente pudiera ser resuelto si anunciaban públicamente su relación, pero el tendero temía a que las chicas del pueblo se enfureciesen con él e intentasen lincharlo o algo por el estilo, así que le pidió al rubio que también fuese discreto.
Sin embargo, parecía haber surgido otro problema para los chicos, pues ahora la gente se acercaba a Ravio, curiosos por su rostro, sus exóticos ojos verdes y cabello morado, mientras que Link era ignorado gracias a la máscara.
La pareja se detuvo tras subir a una colina lo suficientemente alta para ver la mitad del pueblo, donde nadie los molestaría. Link se quitó la máscara y se sentó junto a Ravio en el pasto, descansando su cabeza sobre su hombro. Y Shirio aterrizó entre las orejas de conejo.
Estuvieron varios incómodos segundos sin hablar hasta que Link se atrevió a hacer la pregunta que Ravio ya estaba esperando.
- ¿Así fue tu vida? - dijo refiriéndose a lo que escuchó en la corte - ¿Robabas para Yuga? -
- ... Sí. Los niños del orfanato y yo teníamos que hacerlo. No había dinero suficiente para alimentarnos a todos, así que nuestros cuidadores acudían a él. Y si no hacíamos lo que Yuga quería nos dejaban sin comer. Había días que no conseguíamos nada, así que... -
- Eso escuché – tomó las manos de Ravio y las apretó con fuerza – También escuché que los tenían muy bien vigilados, ¿cómo es que tú pudiste escapar? -
Ravio cabeceó de manera negativa.
- No, yo no escapé. Yuga me dejó salir. Para olvidarme del hambre me ponía a leer libros o cualquier texto que encontrara, así que terminé por leer varios sobre espadas y toda clase de armas. Un día, uno de mis amigos robó una espada antigua la cual reconocí por uno de los libros, por lo que comenté su valor histórico. Gracias a eso Yuga la pudo vender a un precio mucho mayor de lo que tenía previsto... En ese momento comenzó a traerme más libros para estudiarlos, para así poder vender a precios altos otros objetos que robábamos, inclusive si aquello no tenía realmente valor. Yo sólo necesitaba citar conceptos que sonasen maravillosos para engañar a los clientes...¿Sabes, Link? Nunca dejas de sorprenderme... Sigues aquí a pesar de que sabes que soy un ladrón y tú un Caballero. ¿No se supone que los Caballeros se enfrentan a los chicos malos como yo? - dijo con cierto tono de burla, pero era evidente que intentaba aguantarse las ganas de llorar. Recordar su pasado no era algo grato.
- Es cierto lo que dices, pero no me molesta lo que hayas hecho. Sé que eres una buena persona y todo lo que hiciste fue para sobrevivir. Además, Hilda me dijo lo que hiciste...-
- ¿Lo que... hice? -
- Te endeudaste con Yuga para salvar la vida de tus amigos. Pero no me dio detalles, ¿te importaría contármelo? -
- Hilda... - suspiró derrotado – Sucedió hace unos años. Los niños más pequeños del orfanato enfermaron y nuestros cuidadores evidentemente no podían pagar un médico. Así que le rogaron a Yuga por ayuda, pero éste dijo que esos niños no le eran nada útiles y no le importaban. Hilda y yo éramos los mayores, por lo que intentamos hacer tratos con él a cambio de su ayuda. Fue en vano, no teníamos nada que él quisiera...sin embargo, al día siguiente Yuga dijo que se le ocurrió una espléndida idea. Sus ladrón estrella, Sakon, logró robar una cantidad enorme de armas extranjeras. Yuga me ofreció tasarlas y venderlas para él, siendo un porcentaje para él y el otro para el médico; pero tendría que hacerlo fuera de Lorule. Yo... - se detuvo, dudando en seguir hablando, pero Link se volvió a verlo con una mirada comprensiva – no dudé en aceptar el trato. No sólo porque quería salvar a los niños, sino que deseaba salir de allí, iniciar desde cero. Eso le rompió el corazón a Hilda, y por más que me suplicó quedarme no lo hice -
- Oh... - aquello le confirmó a Link lo que ya sospechaba, que ellos habían sido novios. Pero recordó lo último que le había dicho la chica, le pidió que cuidara de Ravio, algo que haría aunque no se lo hubieran pedido.
- Fácilmente pude vender las armas robadas a buen precio, pero no era suficiente para pagar las medicinas de los niños. No quise regresar a Lorule por más mercancía, así que decidí que lo siguiente que vendiera sería conseguido por medios honestos. Aprendí a intercambiar objetos por otros y ahora tengo mi propia tienda, pero las ganancias son pocas a comparación -
Ahora Link podía entender porque a veces Ravio parecía deprimido, y si preguntaba por ello el otro lo evadía con alguna broma; sentía remordimientos. Pero en vez de no hacer nada, intentaba remendar su pasado con un trabajo honesto y evitando que otros niños pasaran lo mismo que él pasó. Eso lo hacía admirarlo aún más.
- Estuve a punto de rendirme... hasta que me salvaste de esa banda de ladrones. Fue la primera vez que alguien se arriesgó por mí de manera desinteresada, eso me dio fuerzas para seguir intentándolo. Link, gracias – dijo mientras lágrimas resbalaban por sus mejillas y el rubio lo abrazó.
Meses más tarde.
La situación en Lorule había mejorado un poco, al menos eso decía Hilda en sus cartas y la Princesa Zelda lo había confirmado en un anuncio que hizo al pueblo. Gracias a que la gente de Hyrule enviaban ropa y comida, los índices de crímenes descendieron, eso y debido a que Kafei inició un grupo el cual auxiliaba a los más desamparados, el cual Link y Ravio ayudaban a financiar.
Entonces el día más esperado por todo el pueblo, en especial Ravio, llegó. La princesa cumplió su mayoría de edad y era tiempo de entregar la Espada Maestra a su nuevo dueño. Y fue curioso que Link parecía ser él único sorprendido de haber sido él quien recibió la espada en manos de su mejor amiga.
Todos en la Villa Kakariko festejaron y lo felicitaron, incluido chicas que se le acercaron con intenciones de invitarlo "a otro lugar para festejar", pero Link las ignoró y en cambió, en un momento de euforia, fue a abrazar y besar a su novio sin importarle las miradas incrédulas, aunque ya había quienes sospechaban de su relación por lo que no le dieron importancia y continuaron con la fiesta. Ravio simplemente suspiró con desgane y después sonrió, pues tarde o temprano aquello iba a pasar.
- ¿En verdad no esperabas ser tú quien recibiera la espada? - preguntó después de que se separaran de la fiesta saliendo a un balcón del castillo a tomar aire, aunque en realidad, conociendo a su novio, ya sabía la respuesta.
- No. Nunca se me ocurrió – contestó observando maravillado la espada – Tener la Espada Maestra es todo un honor, no sé si sea yo el más indicado para portarla... -
- ¡No digas tonterías! Pero si es obvio que tú eres el mejor caballero de todo el reino. Me salvaste de una banda de ladrones, ¿acaso no lo recuerdas? -
- Oh, sí, el día que nos conocimos... Lo recuerdo como si hubiera sido ayer. Te veías muy lindo acurrucado en el suelo y temblando como un conejito de verdad – dijo riendo.
- ¡He-hey! - exclamó avergonzado – No estaba asustado, eso fue.. ¡una táctica defensiva! -
- Por supuesto, te creo – continuó riendo.
- ¡Como sea! Creo que deberíamos volver a la fiesta, eres el invitado de honor después de todo -
- No, espera – jaló a Ravio de un brazo hasta quedar frente a frente – ¿Tú sabías desde antes que la espada era para mí? -
- Claro, la princesa me lo contó. Pero ya me lo imaginaba antes de que me lo dijera – respondió como si fuera muy obvio.
- Entonces, ¿fue por eso que impediste que Yuga la robara? ¿Te arriesgaste por mí? - Link recordó haberle preguntando antes el porqué quiso evitar el robo, asumiendo un poco que quizás habría sido para ayudar a sus amigos, pero el tendero había contestado que fue sólo "una ayuda a la comunidad".
- Ah, ¡eres muy listo! - contestó divertido – Sí, esa espada fue hecha para ti. No podía permitir que Yuga la vendiese y se perdiera -
- Ravio, eso fue muy valiente de tu parte. Gracias... Aunque hubiese preferido que primero me lo dijeras en vez de actuar por tu cuenta – tuvo que agregar.
- ¡Lo sé y lo siento! Pero la espada era una sorpresa, si te lo hubiera dicho se habría arruinado la diversión – dijo como excusa.
- Entiendo... Pero prometeme que si llegas a tener otro problema me lo dirás -
- ¡Por supuesto, Señor Héroe! -
Link suspiró molesto ante el apodo.
- Ravio... - se quejó.
- ¡Oh, vamos! ¡Sabes que te lo digo con mucho amor! -
- ¿Con a-amor? - repitió sorprendido y con el rostro complemente sonrojado. Ravio también se ruborizó al darse cuenta de lo que había dicho - ¿Me amas? -
- S-sí, ¿no es evidente? - respondió temblando un poco y desviando la mirada, pero Link lo tomó de las mejillas para obligarlo a mirarlo.
- También te amo – confesó antes de besarlo. Se mantuvieron así un largo rato, hasta que Link necesitó hablar – He estado pensando... quizás deberíamos adoptar -
- ¡¿Ah?!... ¿Es un poco temprano para pensar en eso, no crees? - rió nervioso – Es decir, ni siquiera nos hemos casado. Somos muy jóvenes para empezar una familia... -
- Pero lo haremos algún día, ¿no es así? - inquirió con ojos brillantes. Ravio no podía decir que no a eso.
- Sí, algún día – sonrió, pensando en que era una excelente día.
FIN.
Sugerencias, quejas, mentadas de abuela, servicio al cliente, contrabando de magic beans; dejen reviews!
