Ningún personaje es mi creación, pertenecen al gran Akira Toriyama y todos aquellos que hicieron posible Dragon Ball.


Capítulo dos: Un consejo necesario

— Estoy embarazada —Bulma dio la noticia a sus padres quienes no tardaron en entusiasmarse con su primer nieto entregándole todo el amor y apoyo que podrían dar.

— ¿Cómo se lo ha tomado Vegeta? —preguntó el Dr. Brief.

Ella, ante tal interrogante, abrió los ojos de par en par. — como… como supieron que Vegeta…

— Hija, ¿de quien más podría ser?

— Tendré un nietecito muy guapo —añoró la Señora Brief. — Ay!, Bulma, hija debemos empezar a preparar todo desde ya, vamos por ropa para el bebe mientras tu padre le organiza una habitación

— Pero mamá recién tengo un mes, ni siquiera sé si será niño o niña, no hay que precipitarse demasiado, esperar tal vez un par de meses más antes de organizar todo

— Será niño, por supuesto —respondió ella.

— ¿Cómo lo sabes?

— Será niño, yo lo sé —llevó los dedos a la cien reflejando un intento de sabiduría.

— Tu madre tiene razón, preparé un cuarto para el bebe, e iré a construirle todo lo necesario, le haré juguetes muy bonitos

Aquella tarde la científica aceptando la invitación que consideraba precipitada y descabella, junto a su madre pasearon por los centros comerciales comprando todo lo relativo a lo que dijera "bebe", acumulando así elementos para el pequeño desde su nacimiento, hasta… mucho tiempo después.
Agotada de la ajetreada tarea consumista, luego de una tibia ducha, en el camino de regreso desde la cocina hasta su habitación, encontró a Vegeta detenido contra la pared en una de las salas de Corporación, sumido bajo la oscuridad de esta. Intentó ignorarlo, pero las ganas de discutir florecieron con solo notar su presencia, después de todo, él había pretendido culparla de su embarazo. Sin embargo, quiso controlarse por primera vez, para no provocar ningún sobresalto en el hijo que se desarrollaba en su vientre.

— Vegeta…

Al oír aquellas palabras el guerrero tuvo una mala reacción golpeando la pared a su lado, había estado concentrado durante horas meditando en algún lugar que no fuera su cámara de gravedad para poder emprender nuevas ideas, pero la interrupción tan innecesaria y molesta de Bulma interceptó todo su avance, precipitándose de aquel lugar para evitar discutir con ella, hasta donde fuera necesario para perderla de vista.

Tras él, Bulma expelía alaridos por la agresividad del Saiyajin. — ¡Oye! ¡¿Estás loco?! —vociferó golpeando la puerta del cuarto del mercenario, donde había ingresado bloqueando todo el sistema para que ella no pudiese entrar. — ¡No vuelvas a destruir mi casa, me oíste! —dio un último golpazo en ella, pero antes si quiera que su mano diera contra esta, Vegeta había decidido salir recibiendo el impacto en su rostro. A pesar de no ser su intención, Bulma simplemente se cruzó de brazos, volteo en sus talones y se marchó. — Solo iba a decirte que la cena estaba lista, maniático

— No es mi hijo —expresó.

La peliazul volteó tétricamente arrimando al guerrero. Lo miró a los ojos, y sonrió por tal osadía. — Ni tu te crees eso, sabes perfectamente que serás padre —un coqueto gesto, y con el dedo índice sobre el pecho de Vegeta fue suficiente para marcharse definitivamente de allí.

Él, detenido en el pasillo, exhaló todo el aire de sus pulmones solo para continuar su marcha a otro lugar. Ella tenía razón aunque no lo diría jamás, sabia a la perfección que ese hijo era suyo.

Pasaron alrededor de cuatro meses desde aquel suceso, no volvieron a dirigirse la palabra desde entonces y prácticamente ya no solían encontrarse más que en accidentales ocasiones en que se ignoraban por completo, Vegeta se iba por días, incluso semanas de Corporación a entrenar a otros lados haciendo más fácil para ambos el no prestar la menor atención mutua, en tanto, en el vientre de Bulma un bebe de ya cinco meses demostraba en todo su esplendor su especial existencia, produciendo en su inexperta madre malestares tan profundos y confusos que en principio y como mamá primeriza, suponía que se trataba de algo común, pero en comparación a todo lo que leía, consultaba y estudiaba, no creía que la palabra "común" pudiese encasillarse en todo eso, las visitas al doctor demostraban una completa normalidad del embarazo sin contar con esa pequeña cola que descendía de la parte baja del bebe, pero que habían preferido ignorar hasta el nacimiento del niño.
Medito por días las posibilidades de lo que podría llegar a hacer para derribar todas sus dudas, comprendiendo al final de cuentas que no tenia otra alternativa, debería resolverlas con la única persona que podría ayudarla, Milk, pues ella conocía a la perfección lo que era estar embarazada del hijo de un Saiyajin.

Con el teléfono en las manos titubeo en lo planeado, pero un movimiento del pequeño que la hizo quedar recostada sobre la cama, le fundaron su accionar.

— ¿Que vaya a Corporación Cápsula? ¿Bulma, que sucede? —la de cabellos oscuros percibió extrañeza en la sugerencia, la científica no solía invitarla allí por su comprensión en las dificultades que eso meritaba, y siempre era ella quien viajaba hasta la montaña Paoz. — ¿Por qué no puedo ir con Goku?

— Milk, es muy importante que vengas sola, por favor, eres mi única alternativa, solo tu puedes ayudarme con esto

— Está bien —respondió. — le diré a mi padre que me lleve hasta allí, de todas formas Goku y Gohan se la pasan entrenando todo el día y me aburro bastante estando sola

— Gracias, de verdad —cortó la llamada aún nerviosa por la noticia que le daría a los demás, después de todo, a pesar de ser una mujer adulta, se había embarazado de uno de los considerados enemigos del clan.

Se tomo el vientre rígido por una leve contracción a causa del movimiento incesante de su bebe, cuando descendió el malestar continuó con sus labores. Al acabar la jornada de la mañana, desertó a una tarde de relajación lejos de los laboratorios, esperando a que la esposa de su mejor amigo llegase. Sentada sobre una sillita de playa ante el estanque de peces dorados, tocaba con delicadeza su barriga acompañada del antojo de aquel día, helado de tres leches bañado en chocolate y almendras.

— ¡Bulma! —exclamó la pelinegra avanzando con premura y una gran sonrisa en el rostro. La científica se puso de pie para saludarla y también hacer notar su estado, los ojos azabaches frente a ella no tardaron en descender hasta el abultado estómago de la muchacha. — ¡Ah, ya entendí, Yamcha y tu serán padres!

La de cabellos azules bajo la mirada esperando a que ella llegase a su lado. — Terminamos nuestra relación a los pocos meses en que Goku regresó a la tierra, lo hicimos en buenos términos por eso solían vernos juntos, pero desde entonces no nos hemos relacionado de ninguna forma en la que pudieras imaginar, se acabó para nosotros hace bastante tiempo

Milk se detuvo en seco ante ella parpadeando repetidas veces. — no entiendo, entonces ¿Quién?

— Es dificil de decir, pero, quería que vinieras porque necesito la opinión de una mujer que ya pasó por esto, quiero saber todo sobre los síntomas durante el embarazo, me he sentido fatal a pesar de tener ya cinco meses, y los doctores dicen que todo va bien, pero no se que tan bien puede ser que el avanzar en los meses mantengo el mismo dolor desde el principio

— Bueno, no creo que sea la persona idónea, tuve un hijo de un saiyajin, no podríamos compararlo con el bebe de dos humanos —sonrió. Al notar la mirada esquiva de la peliazul y el nerviosismo reflejado en sus dientes mordiendo incesante sus labios, turbó la situación. — me estas asustando

— Eres la persona idónea

— Bulma, por favor, no me digas que el papá de tu hijo es… es… es...

— Así es, el padre de mi bebe es Vegeta

Milk cayó al suelo de la impresión pegando un grito ensordecedor al cielo. — ¡Cómo fue posible! ¡Bulma! … pero… ¡Vegeta! ¡ Hablas del mismo asesino que intenta matar a mi Goku, ¿ese Vegeta?!-

Ella solo asintió con el rostro.

La de ojos negros se cubrió los labios son su mano derecha mirando concentrada en Bulma esperanzada en que todo fuera una broma, pero la científica expresó que todo era cierto.

— es… es sorprendente, descabellado, no logro entender pero, ¿cómo esta tu bebe? ¿Saludable? —buscó cambiar el tema a pesar de estar extremadamente curiosa y devastada por tal noticia.

— Esa era mi pregunta, me siento fatal a pesar de los meses que llevo, cansada, es como…

— Como si el bebe consumiera toda tu energía —interrumpió. — si, me pasó. Son bebes especiales, consumen demasiada energía, y están todo el tiempo activos, deberás alimentarte muy pero muy bien, a veces llegaba a comer casi igual que Goku en mi embarazo

— ¿De verdad?

— Si, es un saiyajin, recuérdalo, es su naturaleza supongo, cuando cumplas los seis meses todo se quitará, no podría decirte el motivo, pero cuando Gohan los cumplió, mis malestares descendieron profundamente

— Gracias Milk, ya me siento más tranquila, no sabía si era normal pero gracias a ti todo resulta más claro. —hizo una pausa para suspirar, pero acabando en ello se alertó de inmediato arrimando hacia la muchacha de cabellos negros a su lado. — Por favor, no le digas a nadie de mi embarazo ¿si?

— ¿Por qué no?

— Quiero sorprender a los demás cuando tenga a mi bebe, y que se enteren allí quien es el padre

— En el momento que sea, ahora, o cuando ya tengas al bebe, creo que todos quedarán sorprendidos, esta vez lograras impresionar hasta el más escéptico

— Por favor

— Está bien, guardaré el secreto. Ahora quiero que me cuentes… ¿cómo paso?

La científica hundió el cuello entre los hombros dando a entender que no tenía la respuesta. — Son cosas que suceden —pero la pelinegra arqueo la ceja esperando una respuesta seria. — bien, te contaré. Empezamos 'algo' por decirlo así al tiempo después en que termine mi relación con Yamcha

— Asimilo que quien empezó todo fuiste tu —comentó interceptando el monólogo. —dudo que Vegeta ...

— Si lo quieres ver así, si, fui yo quien dio el primer paso

— Lo que no me explico es como él...

— Muy saiyajin, asesino y malvado será, pero es hombre y yo una mujer espléndida —alardeo tocando con sutileza su flequillo.

— No, no me cabe en la cabeza esta situación, de verdad no entiendo como Vegeta y tu, ni siquiera para pensarlo como una relación libre, como fue que tu terminaras con un tipo como él, quiero decir, está bien que te busques tipos malos y ese sea tu estereotipo pero ese sujeto es fuera de todo lo común, de lo racional

— Pero las cosas pasan, vivimos en la misma casa, ¿era un hecho no?

— Por supuesto que no, Bulma. —suspiró echando el cuerpo contra la silla. — me tomará tiempo comprenderte. Cambiando de tema, ¿cómo se ha tomado Vegeta lo de tu embarazo?

— Fue inesperado para él, no hemos hablado demasiado

— Pero supongo que se hará cargo, quiero decir, la manera de… ay!, no sé que decir la verdad, ¿Qué ejemplo podría dar un tipo como él?

— No pensaré en eso por ahora, creo que es mas importante mi bebe y no Vegeta

El resto de la tarde fue un manojo de consejos dados por la pelinegra, conversaciones sobre la maternidad, la crianza, y todo lo que se pudiera imaginar sobre embarazo, bebes y niños. Cuando el sol se hallaba en el punto más bajo del cielo, y del extremo contrario pequeñas estrellas vislumbraban en su esplendor, fue tiempo de terminar aquella jornada juntas.

A pesar de haber comido hace tan solo una hora, el estomago de Bulma otra vez comenzó a rugir como si no hubiese ingerido alimento durante horas. Hallándose en el umbral de la puerta de la cocina, divisó por el rabillo del ojo al Saiyajin sentado a la mesa devorando grandes cantidades de alimentos.

— ¿Qué haces aquí? —preguntó sin mayor importancia solo para quebrantar el silencio.

— Vivo aquí

— Me refiero a que no se suponía estabas entrenando ¿MUY lejos?

— Tenia hambre —Vegeta intento ignorarla pero su vientre abultado aprisionó sus ojos que inspeccionaban aquella figura tan diferente a como la recordaba.

— ¿Qué tanto me ves? Estoy embarazada, ¿recuerdas?, es tu hijo, tengo cinco meses y es varón, como para que te informes —tomó el platillo en sus manos y se fui de allí.

El Saiyajin continuó devorando en tanto gruñía entre dientes por aquellas últimas palabras de Bulma. Al terminar de comer, de regreso a su habitación para dormir, Bulma caminaba en dirección contraria a él, deteniéndose nuevamente para hablarle.

— Mi padre terminó la cámara de gravedad, ahora es una habitación dentro de Corporación, tenerla en el jardín solo sirvió para estropear el césped —recriminó.

— Bien, ¿Cómo ingreso a ella?

— Tiene un control, acompáñame, te lo entregaré en mi laboratorio

En silencio caminaron hasta el lugar indicado por la muchacha, Vegeta curioseaba constantemente estando a la espalda de la terrícola la nueva forma de su cuerpo. Sus caderas se habían ampliado, y sus pechos crecieron exorbitantemente, la esbeltez característica se mantenía solo que ahora un vientre pequeño y circular adornaba su tronco que aumentado de tamaño seguía estando en armonía. Él no recordaba como debería verse una mujer embarazada, nunca prestó atención cuando tuvo la oportunidad y las mujeres de su planeta no solían mostrarse de tal forma porque y a pesar de estar preñadas continuaban usando sus trajes de combate como si nada sucediera ocultando con ello su estado. Esta era la primera vez que él podía contemplar una mujer embarazada, y que además llevaba en su interior a quien sería su primogénito.

Ya en el laboratorio Bulma lanzaba de un lugar a otro los objetos que se le atravesaban intentando hallar el control determinado, en varias ocasiones el Sayajin debió esquivar los artefactos que la loca científica proyectaba hacia su espalda donde exactamente estaba Vegeta.

— Nadie podría encontrar algo en este desorden, a ver si ordenas de vez en cuando

— Cuando hablas no me puedo concentrar —Vegeta protestó para si cruzándose de brazos. — ¡Hey!, no te quedes ahí, ayúdame, es un control azul, pequeño, cuadrado, tiene seis botones, uno rojo, otro amarillo, y los demás son grises, busca en los lugares altos ¿Quieres? No es que seas de altura pero puedes volar

— ¡¿Qué dijiste?!

— Que me ayudes, no puedo andar escalando muebles embarazada

Al cabo de unos minutos lograron dar con el dispositivo, Bulma lo había dejado dentro de su escritorio recordándolo más tarde, cuando se precipitó a dárselo a Vegeta, un brusco movimiento en su vientre la dejó detenida perdiendo el aliento.

— ¿Qué te pasa? —Vegeta quedó ante ella pero se mantuvo firme sin expresar mayor preocupación, la miró detenidamente esperando a que pudiera contestar, la vio encorvarse soltando de su mano el artefacto para sujetarse desde un costado de la mesa a su lado, el rostro de la muchacha de inundaba en ademán de dolor.

Bulma continuaba quejándose, inhalando y exhalando para recuperar el aire. — Nada —respondió tratando se restar importancia, pero al erguirse nuevamente el violento espasmo en su estómago sucedió. — demonios

— ¿Quieres que llame a tu padre o a tu madre?

— No, estoy bien, solo es un bebe demasiado fuerte y cuando se mueve, a veces me lastima un poco —estiró su mano para que Vegeta se la tomara pero este solo la miraba sin contestar a su gesto. — dame tu maldita mano, necesito que me ayudes —replicó entre quejas.

Vegeta obedeció sin reproches tomándole la mano para ayudarla a erguirse por completo. La científica se aferró con su mano izquierda al hombro del Saiyajin, manteniendo la cabeza baja, controlando lo mayor posible su respiración mediante ejercicios de inhalación y exhalación hasta recobrar el aire. Él la tenia de la mano izquierda, mientras que su mano derecha la sujetaba de la espalda para evitar que pudiera caer en caso de tener un desmayo. La peliazul elevó la cara estableciéndose frente a frente a solo centímetros el uno del otro, la muchacha penetró sus azules y brillantes ojos en los oscuros y fríos del guerrero quien se mantenía de pie ante ella. — por tu culpa debo pasar por esto —bromeó llevando la mano que sujetaba la suya hasta la barriga en movimiento.

— Es mi hijo, por supuesto que será fuerte desde que esta en tu vientre —señalo con una tenue sonrisa acompañando sus labios. Vegeta, por primera vez, experimento por si mismo la vitalidad de su primogénito en pleno movimiento dentro de su refugio materno, abstraído en aquella nueva etapa de la cual se estaba haciendo partícipe, endureció su rostro antes de que pudiera demostrar lo que estaba sintiendo. — deberías descansar —tomó el control del suelo y partió allí donde pudiera resguardar aún de mejor manera sus emociones.

Acostado en su cama, estiró al cielo la mano desnuda con la cual había acariciado el vientre de Bulma. — mi hijo —musitó observándola con detención, tratando de recordar la sensación que llegó hasta su cerebro desde las yemas de los dedos. Volteó el rostro hacia el exterior por la ventana, impregnándose del júbilo nocturno solo para cerrar en puño y reintegrarse a su posición anterior. — Debo concentrarme en mi entrenamiento, nada es más importante, nada.