Ningún personaje es mi creación, pertenecen al gran Akira Toriyama y todos aquellos que hicieron posible Dragon Ball.


Capítulo tres: Sensibilidad

Vegeta probaba su nueva cámara de gravedad, Bulma por su parte trabajaba en trajes de combate más resistentes y a la vez estudiaba la fisonomía de los androides, porque a pesar de no saber realmente como serían, su efusiva curiosidad la llevo a investigar por su propia cuenta sobre esas máquinas. Su aspecto había mejorado a sobre manera, ya no estaba pálida ni tenia ojeras, era como si el haber entrado en su sexto mes de embarazo hubiera arrancado de raíz todas las complicaciones por las cuales su cuerpo reaccionaba negativamente; al acostumbrarse al nuevo ser que crecía en su útero, tal y como Milk le había asegurado, su magnífica apariencia regresó. De buen animo, como hacía tiempo no lo estaba, se paseaba por los pasillos de Corporación acarreando distintos artefactos de un lado a otro, presurosa en terminar sus nuevos proyectos antes de que la noche llegase.

Bebió de su taza de chocolate con malvaviscos, y empezó a remover cajas tras cajas de un punto a otro. Entre tanto, a sus espaldas la puerta electrónica del laboratorio se abrió, permitiendo que el Saiyajin ingresara. Iba con pantalones cortos y una toalla al cuello, una herida horizontal sangraba aún en su pecho, y unas gotas de sudor mezcladas en sangre le descendencia por la frente. En su mano, algunos robots destruidos expelían rayos de energía mientras con lentitud su luz roja de encendido se iba desvaneciendo.

— ¿Otra vez, Vegeta? —dijo fastidiada apartando las herramientas de trabajo—. deja de destruir todos mis artefactos, por si no lo sabes me toma tiempo hacerlo, aprende de una buena vez a usarlos

— Estas chatarras se destruyen con un entrenamiento leve. Necesito que aumenten la gravedad de la cámara

— Mis dispositivos son perfectos, el problema es que eres un maniático. Por lo de la gravedad, habla con mi padre de eso, yo estoy ocupada, así que no molestes

Vegeta arrimó hacia ella dejando los robots destrozados sobre la mesa de trabajo y se giro para irse pero Bulma lo detuvo interceptando su caminar.

— Siéntate ahí —indicó severa hacia una silla próxima.

— Eres irritable

— ¡Vegeta!, llenaras todo con sangre si no limpias tus heridas ahora, estas dejando mi laboratorio sucio y no quiero que hagas lo mismo con el resto de la casa

— ¡No necesito tu...!

— Si hombre, si, no necesitas mi ayuda porque eres un Saiyajin, tus heridas son insignificantes, bla, bla, bla, lo sé. Nadie ha dicho que no puedas hacerlo tu mismo, pero déjame a mi esta vez, ¿bien? Así podrás regresar a entrenar sin ensuciar todo y de manera mas rápida, al menos ve esa alternativa, desinfectaré tus heridas y partirás a ejercitarte sin ocuparte de ellas, menos tiempo perdido, ¿No es esa tu lógica?

Vegeta detenido ante ella desvió la mirada hacia la puerta de salida. Presionó las manos y crujió los dientes. Estaba sentado ante Bulma, como solía caer en sus juegos, o al menos en los que el se dejaba atrapar. Se molestaba consigo mismo por permitir ceder así, aunque siempre eran un vaivén de gritos y escándalos, le fastidiaba haberse permitido en más de una ocasión ser curado por ella, y que además aceptaba de vez en cuando, tal y como lo hizo ahora, en ese juego mental tan bien encasillado que esa brillante mujer solía formular.

— Haces demasiado problema, tan solo es limpiar tus heridas, no es para que se te dañe el orgullo

— Qué sabes tu de orgullo

— No tanto como tú, pero lo suficiente para que no seas tan gruñón

Bulma se quitó el delantal de laboratorio, y busco el botiquín. Con alcohol, algodón y suturas adhesivas comenzó a limpiar y a unir la carne separada del cuerpo del saiyajin. Como cuando estaban juntos por las noches, ella se detenía a tocar con sutileza las heridas del pasado del guerrero, heridas que proliferaban sobre la piel, heridas que demostraban la dura vida que llevó aquel guerrero el cual había aprendido a querer.

— ¿Qué me miras tanto?

— No te miro a ti, egocéntrico, estoy analizando estas marcas —sus dedos desnudos palpaban con suavidad los relieves expresados sobre la epidermis, guiando su tacto de extremo a extremo.

— No es como si fuera la primera vez que me ves sin camiseta

Bulma levanto los ojos arqueando la ceja izquierda para dar una pequeña risotada. — las veces que te vi sin camiseta, no fue precisamente para detenerme a estudiar tus heridas. —dijo entre sonrisas tímidas que se escapaban sin su consentimiento.

— Tienes el cabello largo —mencionó al notar esos cabellos azules meciéndose con la brisa que ingresaba desde una de las ventanas.

— Si, no he querido ir a la peluquería, me siento bien así

— Es mejor cuando lo llevas corto —volteó el rostro con incomodidad, se había arrepentido de lo que decía—. ¿Ya terminaste?

La científica había concluido sus labores de 'enfermería' hace minutos pero por alguna razón no quería que Vegeta se fuera, aún así puso todo a un lado y le dejó el camino libre. — Si, ya puedes irte

El crepúsculo floreció en el cielo, Bulma caminaba con una caja sujetada a su cadera por el pasillo, eran los últimos artefactos que necesitaba para dejar en la mesa de trabajo de su laboratorio, como solía, organizaba todo su trabajo para el día siguiente la noche previa.

— ¿Qué haces? —preguntó Yamcha apareciendo a sus espaldas—. ¿Estás loca o que?

— ¿Eh?

— Deberías tener mas cuidado con el estado en el cual estás, déjame ayudarte —el muchacho se acercó con una gran sonrisa en su rostro, tomo las cajas que Bulma llevaba y camino junto a ella—. ¿Por qué no enviaste robots o alguno de tus trabajadores con esto?

— Ah, no pesa demasiado, puedo hacerlo, solo estoy embarazada

— No discutiré contigo eres demasiado terca, ¿donde lo llevo?

— Laboratorio. ¿Qué haces aquí?

— Quería saber como estabas, hace tiempo no sabia de ti, vaya que tienes una pancita bastante grande ya —comentó examinando la nueva figura de ella.

Bulma dio un suspiro elevando su flequillo que caía por los ojos. — deja de mirarme así, sé que estoy gorda, ¿esta bien?

— ¡Hey!, nunca dije eso

Bulma indicó al beisbolista donde debía dejar las cajas, sujetando su espalda con ambas manos a la cintura se divertía con el intento del muchacho de acomodarlas correctamente. — ¿Te ayudo?

— Por supuesto que no, tu no deberías hacer esto. ¿Cómo han sido estos seis meses? —preguntó—. ¿Ha mejorado el malestar?

— Si, ya me siento mucho mejor, aunque ahora todos esos dolores se fueron hacia mi espalda, además de que estoy gorda —replicó viéndose en el reflejo de un pequeño espejo—. pero sigo siendo bonita

Una gota de sudor descendió por la frente del terrícola solo asintiendo con su cabeza, sonriendo. — Deberías pedir a alguien que te ayude con esto, no seas tonta ¿quieres? tienes que cuidar a ese bebe

— Solo estoy embarazada —repitió sacudiendo en negación. Siempre le hacían comentarios sobre su imprudencia de seguir comportándose como antes sin cuidar su estado, ¿era tan difícil para los demás entender que el embarazo no era un impedimento para seguir siendo totalmente independiente?

— Motivo suficiente para no hacer este tipo de cosas —le regañó—. Has cambiado bastante, pero no de mala manera, no porque estés gorda, quiero decir, no lo estas, solo estas embarazada, y…

Bulma cruzó los brazos sobre su pecho, y una vena palpitante en su frente junto a su ceja temblorosa fue suficiente par que Yamcha prefiriera callar.

— En fin —dijo para desviar el tema en la mala situación en la cual se había metido por no pensar antes en que decir—. ¿Cómo va la investigación de los androides?

— Desastrosa, es muy difícil sin conocerlos, y como la creación de androides no es una práctica muy ortodoxa, suele ser más complejo reunir información

— Estoy seguro que lograras pronto encontrar ese punto débil —aseguró aprobando con su pulgar. Si había algo que Yamcha hacía muy bien siempre era aumentar el ego desaforado que ya tenía esa brillante científica. Continuaron charlando, pero fueron interrumpidos cuando la puerta a sus espaldas se abrió para dejar ingresar al Saiyajin.

— Vengo por mis trajes —dijo ignorando por completo a Yamcha a pesar de cruzar entre ambos—. ¿Dónde están?

— Allí, en aquella repisa

— Que tal Vegeta, ¿ya estás más fuerte que Goku? —comentó petulantemente el terrícola.

— ¿Y tu ya estas preparado para estorbar, basura inservible?

— Casi a tu nivel

Vegeta se volteó malhumorado para ir contra el terrícola pero Bulma interceptó entre ambos. — Ya dejen de pelearse cada vez que se ven, no sean infantiles

El saiyajin hizo un gesto de disgusto con sus labios y continuo buscando a lo que iba. Yamcha por su parte prefirió marcharse para evitar incomodar a la muchacha, pero aún dañado por haber sido reemplazado por ese miserable extraterrestre, no podía partir sin antes lanzar un venenoso comentario como solía hacerlo cada vez que tenía la oportunidad. — Cuídate mucho Bulma, lo que necesites aquí estoy, ya que al parecer el padre de tu hijo es solo un...

Ella con su mirada detuvo las palabras del terrícola, quien al despedirse se marchó acompañado de un cínico "Hasta luego Vegeta".

— Debería matarlo —declaró el saiyajin en un simple comentario al aire.

— No, no lo harás

— Cállate, tu no me das ordenes

— Relájate Vegeta, no tienes para que estar tan a la defensiva, sé que te causan celos que Yamcha este aquí pero...

— Que estupideces dices

Bulma caminó con lentitud hasta llegar a donde él se mantenía dándole la espalda mientras rebuscaba entre el desorden. Ella, detenida a su espalda espero a que se girase para acercarse lo suficiente. — Déjame ayudarte —dijo tratando de que el guerrero no la quitase, lo detuvo con ambas manos cuando trató de apartarla quedando a milímetros del rostro magullado. — Eres un bruto —luego de inspeccionar el daño de las mejillas, mentón y nariz, le acarició el agotado semblante quien anonadado por tal acto se quedo detenido sintiendo las suaves y tibias manos de Bulma sobre él. Se dejó llevar por unos segundos cerrando los ojos percibiendo la tesura del tacto, siendo aprovechado ese descuido de debilidad por ella, levantando su cuerpo desde la punta de los pies hundió sus labios en los de Vegeta. Al verse acorralado, el guerrero la separó sutilmente.

Cuando la puerta del laboratorio se cerró tras su tonificada espalda una leve sonrisa se dibujo en sus labios. Una vena palpitante en la cien era la fiel demostración de que esa muchacha lograba encender el interruptor de instintos primitivos lascivos, lo había hecho desde el principio, ella y su sola presencia era suficiente para atraparlo en sus jugadas seductoras. ¿Cuándo fue que el tacto con esa mujer se había vuelto tan vital para él? ¿Cuándo ese carácter tan fuerte mezclado en rasgos sentimentalistas fueron un par de cadenas atadas a sus manos?

La científica rosaba sus labios sin comprender porqué había hecho tal estupidez, se había abalanzado para besarlo, a ese sujeto, a Vegeta así sin más. Lo quería, ella lo sabía pero actuar de esa forma no debía permitírselo, ella debía pensar antes de actuar, no era correcto, porque él nunca la querría tal y como ella lo hacía, porque era una tontería ¿Cómo podría estimar a un hombre como él?. Siempre sintió recelo por esas mujeres que se quedaban con las migajas del amor de otro, que las usaban y las manipulaban. ¿Era ella ahora un estereotipo de esa clase de mujeres? ¿Se había vuelto así de frágil y tonta? No. Ella no era así, lo estimaba, eso era un hecho, pero ella fue quien siempre dio el primer paso, y lo que había entre ambos no era más que un atractivo, un cariño de ella hacia él y un afecto, quizás, de parte de él. No aceptaría jamás las migajas de alguien, porque ella era demasiado para cualquiera, era fuerte, decidida, inteligente y bonita. Vegeta era solo el padre de su bebe, nada más. ¿Si quiera él se preguntaba alguna vez lo que sucedía ahora entre ambos que serían padres?.

Caminando por los pasillos el guerrero iba con los brazos tensados a los lados, vagaba sin un rumbo fijo porque no volvería a la cámara de gravedad, había perdido la concentración y sabia que no la recuperaría tan fácil, estaba molesto por lo que esa mujer había hecho. ¿Que era lo que le pasaba? Siempre fue atenta, preocupada, y aunque eso le molestara también aceptaba ese afecto porque él nunca había recibido antes aquello. ¿Había algo de malo? ¡Claro que si! solo un estúpido y débil podía perder tiempo en esas tonterías. Está preñada, y lleva a su hijo, serán padres, pero ocurrirá igual que en su planeta. Solo esperara a que ese niño tenga la edad suficiente par ser entrenado, porque ese es su fin, su trabajo es entrenarlo y guiarlo en la batalla. ¿Qué más se supone que debería hacer? Él es el progenitor y el su heredero, y un luchador distinguido es a quien deberá crear, un sucesor de quien pueda decir 'es un guerrero que merece llamarse mi hijo'. Eso era su fundamente, y no le importaría nada mas hasta que esa época llegase. Antes de que ese niño cumpliera cinco años no le prestaría mayor atención porque esa no era su obligación, a él no le incumbe en lo absoluto lo que pase hasta cuando le corresponda interceptar.
Y esa mujer, maldita mujer, que se empecinaba en cuidarlo y tratarlo como si fuera un pusilánime, un maldito terrícola. ¿Acaso no se daba cuenta que él era el principe de los saiyajin? Sus atención excesiva le... fastidiaba. Era ciertamente una tonta.