He decidido hacer un fic de fragmentos, serán inconexos y con distinta temática, algunos basados en el canon, otros menos, incluso algún fanservice AU, un poco de todo. En el futuro habrá M pero lo avisaré antes de cada capítulo.
Estar a la altura
Diez de febrero.
No era como si fuera una fecha importante de todos modos, o eso era lo que él se esforzaba por pensar pues implicar lo contrario sería estúpido.
Primero, esa hace mucho tiempo había sido su fecha de cumpleaños, pero ya no era el mismo, era absurdo seguir considerándola. Obito Uchiha estaba muerto para todos los que lo conocían y Tobi no tenía cumpleaños. ¿A caso lo tenían los personajes inventados? ¿A caso lo tenían los muertos?
Segundo, aún antes de aquel accidente, esa fecha le había traído más penas que alegrías. Sí, Minato-sensei invitaba al equipo entero a cenar y al final de la noche, lo obligaba a soplar las velas en un pastel que luego compartían entre los cuatro. Rin y Kakashi le preparaban galletas caseras, aunque era obvio que las horneaba todas ella sólo porque él no iba a molestarse en hacerle un regalo. En la bolsa de Kakashi siempre había sospechosamente dos galletas menos. Aunque era un lindo gesto que agradecía infinitamente, la tenue sensación de estar incompleto nunca se iba del todo. El querer también compartir la fecha con la familia que no poseía.
Y tercero, él ya no era un adolescente. Esas cosas con el tiempo dejan de importar. Deberían, al menos.
Porque lo cierto era que a Tobi sí le importaba.
Ser consciente de que era el diez de febrero lo sumía en un estado de ánimo enrarecido que era incapaz de describir. Una mezcla entre nostalgia, soledad y frustración. No podía dejar de pensar que tal día como ese él había llegado al mundo. La única foto que había tenido de sus padres los mostraba sonrientes y felices, llevándolo a él en brazos. Solía soñar despierto mirando esa fotografía. Porque esa era la prueba de que por un tiempo las cosas fueron bien y él los tuvo a su lado.
Pero el sistema ninja establecido era voraz e implacable, sus padres habían sido juzgados por un supuesto acto de traicón y el niño había crecido solo, soportando el desdén de un clan que lo repudiaba por errores que él nunca cometió.
Era el día más solitario del año el diez de febrero.
Usando el kamui, se transportó desde el tsukiyomi hasta la guarida de Akatsuki, decidiendo dejar el festín autocompasivo a un lado e ir a molestar a Deidara. Eso lo haría sentirse menos solo.
Encontró al artista entrenando en su lugar favorito cerca de la guarida, ayudándose de un clon de arcilla y otra figura la cual reconoció como una de las antiguas marionetas de Sasori, una mujer morena de cabello largo con la túnica típica de los monjes de Kirigakure. El clon parecía estar controlando la marioneta, pero ninguno de los tres estaba luchando.
Al acercarse más, vio que Deidara estaba muy concentrado, mirando fijamente a la tétrica mujer de madera. Su cuerpo entero estaba en tensión, un ojo cerrado y el otro abierto exageradamente, con la pupila muy dilatada. Activó el sharingan un momento para ver qué ocurría.
Un genjutsu. Deidara estaba bajo un genjutsu, y no pudo evitar preguntarse qué era exactamente lo que se proponía.
De pronto, el clon de arcilla se deshizo y la marioneta se desmoronó sobre el montículo blanco mientras que Deidara caía de rodillas sobre la hierba, falto de aliento. Aún no parecía haberse dado cuenta de que estaba ahí. Con curiosidad, avanzó hacia él, agachándose hasta quedar a su altura.
—¡Hooolaaa! —dijo con voz cantarina.
—Estoy ocupado, Tobi —fue su saludo—. ¿Qué quieres?
—Tobi se aburre y se fue a ver qué hacía Deidara-senpai.
—Entreno. Y tú deberías hacer lo mismo, vamos a estar hasta arriba de trabajo en los próximos meses, um.
—Oh... ¿Y qué entrenabas? Porque a Tobi le pareció que te estabas enfrentando a un duelo de mirada con una marioneta. ¿Es eso lo que estás entrenando, sen...? ¡Ouch!
Ahí fue cuando se llevó el primer golpe.
—Justo lo que sospechaba. En realidad eres más tonto de lo que pareces —dijo poniéndose en pie y sacudiéndose el polvo—. Estoy investigando sobre los efectos de los genjutsus en mi cuerpo y cómo contrarrestarlos.
Tal y como imaginó, aunque no podía comprender la razón.
—¿Por qué? —dijo colocando sus brazos tras su cabeza.
—¿Viniste a entretenerme hablando? ¿Qué te importa por qué lo hago, um?
—Yo creo que en realidad el senpai está jugando con muñecas viejas de Sasori en lugar de entrenar —insistió.
Sabía que eso era un tema sensible, pero normalmente obtenía mejores resultados después de haberlo cabreado un poco.
—¡Esa marioneta es mía! ¡Danna la creó especialmente para mí! —pasó junto a él dirigiéndose al montón de arcilla que el clon había dejado y comenzó a meterlo de nuevo en sus bolsas—. Fue hasta el país del Agua sólo para buscar a esta mujer famosa por su maestría en genjutsu y la mató para hacer esta marioneta para mis entrenamientos, así que cuidado con lo que dices.
Como supuso, él mordió el anzuelo. Era obvio que la marioneta era importante para él, nadie se iba a otro país a buscar a una persona para matarla y regalársela a alguien más. Mucho esfuerzo. Intrigado, se acercó más para examinarla de cerca.
—¿Puede Tobi jugar con ella también? —murmuró, observando dos series de cuatro ajugeros uno sobre otro en la espalda del artefacto.
—Rómpela y encontrarán pedazos de tu cuerpo desde Kumo hasta Suna, um.
—Pero se necesita la habilidad de Sasori de manipular los hilos de chakra. ¿Cómo la haces funcionar?
Deidara sonrió levemente a la vez que se señalaba a sí mismo con el pulgar.
—La he modificado —contestó con orgullo—. Sasori solía usarla en mí, pero como comprenderás tras su muerte iba a estar difícil. Ahora ya no necesita hilos de chakra, sigue siendo complicado pero al menos conseguí hacerla funcionar.
—¿La has modificado tú solo, senpai? ¡Asombroso! —preguntó sorprendido.
Observó de nuevo los agujeros, todo encajaba. No por nada en la ficha de datos de la organización tenía un cuatro sobre cinco en inteligencia. Aquel cumplido pareció poner a su compañero de mejor humor. Su gusto por los halagos también lo conocía.
—Tuve que estudiarla a fondo antes de dar con un método. Metiendo los dedos de ambas manos por estos agujeros, la marioneta usa de tu propio chakra para activar la técnica sellada en la misma. Por eso es que uso un clon, dividir mi chakra me agota... Pero no es como si tuviera otra opción.
Se encogió de hombros mientras continuaba con su tarea, haciendo que Tobi se preguntase qué clase de relación había habido entre ellos. Deidara hablaba de su muerte como si no fuera nada. Sabía que habían sido compañeros por casi tres años, eso es mucho tiempo. No sólo estaban habituados a luchar el uno junto a el otro, también a convivir y trabajar juntos. La forma en que la organización funcionaba estaba diseñada para crear vínculos fuertes entre cada par de miembros. La prueba estaba en esa misma marioneta. ¿Extrañaba Deidara a Sasori? ¿Se había sentido igual que él el día que vio morir a quien más amaba? De repente quería saber qué estaba pasando ahí dentro, más allá de ese tono casual e indiferente.
—Sasori debió preocuparse mucho por Deidara-senpai —murmuró.
—¿Sabes de qué se preocupaba Sasori no Danna? De que yo recibiese un entrenamiento correcto y no cometiese errores en una batalla. Justo lo que yo debería estar haciendo contigo, um —dijo concentrado en su labor de crear otro clon de arcilla.
—¡Pero ahora Tobi no puede entrenar porque quiere ayudar! ¡Tobi puede usar su chakra para activar la marioneta! —se ofreció, cualquier cosa mejor que estar solo.
No quería pasar el día solo. No le importaba lo que tuviera que hacer.
—Ahora que lo dices, podría servirme eso —dijo con repentino interés.
—Pero Tobi quiere pedirle al senpai algo a cambio.
Deidara rodó los ojos.
—¡Tsk! ¡No es así como funciona! Yo soy el senpai y si necesito ayuda debes prestármela sin más, um.
—Sólo será un favorcito pequeño. Además, fue Tobi quien tuvo la idea. ¿Qué harías sin él?
—Estar en paz y tranquilidad, eso es lo que haría. ¿Y cual es esa estupidez que quieres pedirme de todos modos?
—¡Tobi quiere que lo lleves a comer dango! —dijo con entusiasmo—. ¡El dango es lo mejor que existe en el mundo, casi tanto como Deidara-senpai!
Eso nunca cambiaría, ni viviendo mil vidas podría el dango dejar de ser su comida favorita.
—Está bien saber que me pones a la altura de tres bollitos de harina de arroz ensartados en un palo... —dijo con sarcasmo—. Dango... ¿Eh...? Doy por hecho que tú invitas entonces.
Tobi asintió.
—Pero en realidad deberías invitar tú porque eres el senpai.
Hubo un silencio en el cual Deidara le dedicó una mirada fulminante que parecía decirle que ese era su último aviso antes de que comenzasen a lloverle arañas de arcilla explosiva. Porque ese era el segundo hobby de su senpai, tirarle bombas. Sabía que Tobi era perfectamente capaz de esquivarlas escondiéndose bajo la tierra o con su gran rapidez. Tal vez por eso lo hacía con tanta frecuencia.
—¿A qué esperas? ¡Comienza!
Y sin más preámbulos, se pusieron a entrenar. Tobi pudo deducir mucho sobre aquella sesión. Deidara estaba tratando de inmunizar al genjutsu sólo uno de sus ojos, mientras que el otro le servía de comprobador. Era una buena técnica y él era de verdad un luchador brillante. Algún día iba a averiguar por qué lo hacía.
Pasaron varias horas practicando, hasta que Deidara, completamente exhausto por romper una y otra vez con las pulsaciones de chakra intentando secuestrar sus sentidos, decidió que había tenido suficiente, selló la marioneta de nuevo en el pergamino y sin que Tobi tuviera que recordárselo, creó el halcón de arcilla y saltó en él.
—Vamos a por ese dango, um.
Tras la máscara, Tobi sonrió.
No hablaron demasiado durante el trayecto. Deidara no era el más simpático del mundo cuando estaba cansado o hambriento, pero él era igualmente feliz sólo con su compañía y no le pareció un silencio incómodo. Aterrizaron en la primera ciudad más cercana, para sorpresa de Tobi, fue Deidara quien se adelantó a hacer el pedido.
—Cuatro raciones de dango para llevar —ordenó, dejando un billete de veinte ryo sobre el mostrador.
—¡¿Cuatro?! ¿Para quiénes son las otras dos? —preguntó Tobi intrigado.
—Para nosotros. ¿Para quién más esperas que sean? El entrenamiento me ha abierto el apetito y necesito una ración doble. Además, mañana vamos a entrenar tú y yo todo el día, y te aseguro que no va a ser algo ligero ya que te voy a instruír en los principios del arte —dijo levantando el índice en el aire como para reforzar su punto—, así que será mejor que tú también repongas fuerzas, um.
—Pero...
—Esta vez invito yo —lo cortó—. ¿No dijiste que debía ser el senpai quien invite?
Aquello lo hizo sonreír otra vez. Deidara siempre aseguraba que le iba a hacer pagar, pero al final acababa haciéndolo él. Ese orgullo suyo era divertido de poner en entredicho, pero aún así estaba agradecido. Es como si Deidara le estuviera haciendo un regalo de cumpleaños. ¿Y qué mejor regalo que su comida favorita en todo el mundo?
—El senpai cambia taaaanto de opinión —se burló.
Haciendo un mohín, Deidara le dio la espalda.
—¡Un simple gracias habría bastado, um!
Tobi se contuvo, sólo al principio, para no abrazarlo tan fuerte que le impidiera respirar por unos segundos. Viejos hábitos. Hasta que recordó que él era Tobi, y él nunca se contenía. Incluso si estaban en un puesto de comida lleno de gente. Así que se acercó a su espalda, lo rodeó con sus brazos y apretó con todas sus fuerzas.
—¡Gracias, senpai! ¡Tobi es un buen chico y el dango es su premio! —exclamó, haciendo que los clientes se voltearan a mirar.
Decidió en ese momento que le gustaba abrazarlo y oírlo protestar a consecuencia de ello. Deidara siempre se quejaba, pero aún no le había dicho que dejara de hacerlo y por eso pensó que en el fondo no debía importarle tanto.
—Voy a... asesi... narte... ugh... —intentó decir a pesar de la falta de aire. Quizá iba siendo hora de dejarlo ir.
Unos minutos después, tras recoger su encargo salieron de nuevo a la calle. Deidara, que se había mantenido relativamente tranquilo, le dio un golpe en la parte trasera de la cabeza.
—¡Esta es la última vez que te traigo a un sitio público, um! Ahora voy a tener que volarlo en pedazos para que no haya testigos del espectáculo que has armado.
Tobi se interpuso en su camino agitando los brazos. Destruír un puesto de dango era algo demasiado malvado incluso para Akatsuki.
—¡Senpai no lo hagas! ¿Qué tal si comenzamos a comer?
Deidara creó un halcón de arcilla más grande que el que usaron para ir y ambos saltaron sobre él. La luna en su cuarto creciente más temprano estaba a punto de ponerse tras las montañas, embelleciendo las vistas aéreas. Habían ascendido una altura considerable cuando él habló de nuevo.
—Puedo hacer ambas cosas —dijo, sentándose en el borde con las piernas sobresaliendo hacia el vacío y poniendo las cajas a un lado—, disfrutar del sabor de la comida mientras veo algo hermoso. Así es como sabe mejor la cena. Más sabiendo que será la última oportunidad... Lo hace más especial...
—¡Pero no vas a hacerlo, porque es el puesto favorito de Tobi y es su cumpleaños así que debes ser amable!
Contuvo la respiración, esperando una reacción por su parte. El artista abrió la primera caja y tomó el primer palito. Parecía pensativo mientras le daba el primer bocado, con calma.
—Ya decía yo que actuabas extraño... Si no te conociera bien no hubiera pensado que típicamente me lo habrías estado recordando durante días para que no se me olvidase tu regalo... ¿Por qué no me lo dijiste antes?
—A Tobi no le importa ese día tanto —contestó.
Deidara no preguntó por qué, ni insistió en el tema. Tan sólo asintió pensativo.
—Y sin embargo aquí estás, llevándome a rastras contigo a comprar tu comida favorita.
Viendo que aún no había comenzado a comer, Deidara le pasó uno de los pinchos.
—¡Es sólo una coincidencia que pasara hoy! —protestó, su viejo yo saliendo ahí a la superficie.
Levantando ligeramente su máscara, comenzó a comer. La falta de luz lo ayudaba a mantenerse oculto de su compañero.
—Ya. Seguro...
Pero tras un par de minutos de silencio incómodo, Tobi pensó que debía hacer algo antes de que su mente divagase de nuevo a sus recuerdos.
—Senpai... ¿Sueles hacer algo especial el día de tu cumpleaños?
—¡Claro! Ese día me hago un auto regalo creando una obra de arte extra especial, um.
—¿Y no lo compartes con nadie?
—Lo comparto con los privilegiados que tengan el honor de ver las magníficas llamaradas de mi explosión en todo su esplendor. Ese es el mejor regalo que uno pueda tener. Reconocimiento.
Las preguntas iban encaminadas a hacerlo mencionar a Sasori, pero si había algo de nostalgia o dolor por su muerte ahí dentro, no se estaba filtrando hacia el exterior. Ni en su tono de voz ni su expresión. Deidara era un libro abierto en cuanto a emociones, pero no todas tenían por qué atenerse a esa regla, porque Tobi bien sabía que no todos los sentimientos fluyen a la misma profundidad. Su filosofía de la importancia del presente y lo efímero de la existencia parecía tocar muchos más aspectos que su arte, pero él se preguntaba, ¿hasta qué punto?.
—¿Ibas con Sasori también?
No era su estilo ser tan preguntón, pero quería saber y si Deidara no hablaba él debía insistir.
—Estás muy interesado en mi Danna hoy. ¿No? —hizo una pausa para comer—. Sí, él también venía.
Tobi sintió una ligera opresión en el pecho. No era ajeno a ese sentimiento que surgía cuando uno sentía no estar a la altura. Cuando otros parecían haber dejado el listón demasiado alto para él. Casi parecía él el subordinado de verdad y no el jefe. Y no podía meterse tanto en el papel, porque si quería podía hacer que los mandasen juntos a misiones largas, donde tuvieran que pasar mucho tiempo a solas, lejos de los demás. De hecho, eso es muy posiblemente lo que acabaría haciendo.
—Danna fue un buen maestro, su concepto de belleza era completamente aberrante, pero fue un buen maestro —prosiguió, mostrando por fin algo de melancolía en sus palabras—. Pero ahora soy yo el maestro. Debo estar a la altura... ¿No crees, Tobi?
Estar a la altura...
Eso era exactamente lo que a él se le había pasado por la cabeza antes. Significaba que aunque no lo admitiera, Deidara lo estaba tomando en serio. Saberlo lo hizo tan feliz que no pudo evitar abrazarlo de nuevo. Pensó que él se lo iba a quitar de encima como siempre hacía, pero esa vez no lo hizo.
—¡Deidara-senpai va a ser el mejor senpai!
Lo oyó suspirar.
—Definitivamente tengo mucho trabajo que hacer contigo, comenzando por tu fijación por invadir mi espacio personal —dijo, ligeramente molesto.
—Tobi tiene derecho a hacer lo que quiera porque es su cumpleaños —replicó.
—Esa excusa no te va a valer en los próximos trescientos sesenta y cuatro días. Ahora suéltame para que pueda seguir cenando, um.
—Si cenar es lo que quieres, Tobi puede ayudar —canturreó, tomando una de las bolitas—. ¡Abre la boca senpai!
—¿¡Estás hablando en serio!? ¿¡Crees que tengo tres años o...!?
Ya que el senpai no colaboraba, Tobi intentó hacerlo comer el dango a la fuerza.
—¡Abre la boca! —repitió alegremente, presionando el pastelillo de harina de arroz contra sus labios hasta que Deidara se dio por vencido y cedió—. Tobi se va a salir con la suya hoy en todo, no lo olvides.
Y apretó su abrazo más aún, porque se sentía tan bien tenerlo entre sus brazos que no pensaba dejarlo ir por un rato más.
—Pues prepárate, porque mañana toca entrenamiento y pienso tener en cuenta todo lo mal que te estás portando hoy —lo dijo con severidad, aunque no de forma hostil, sino amigable—... y mañana no tendrás esa excusa.
—¡Sé amable con Tobi!
¿Era su imaginación o Deidara no estaba poniendo toda la resistencia que él esperaba? Quizá aunque él siempre lo negase, la conversación sobre Sasori de verdad lo puso nostálgico. A Tobi le gustaba pensar que había querido dejarlo hacer porque era su cumpleaños... Lo cual implicaba que a su senpai no le era indiferente. Pegó su máscara a la frente del artista y le dio un beso, separado por un centímetro de madera pintada, pero que para él tuvo el mismo significado que si hubiera sido directo.
Quizá, que Deidara nunca se enterase de lo que acababa de pasar también era una ventaja.
Tuve esta idea para el cumpleaños de Obito, pero estaba ocupada con el otro fic y no me dio tiempo a escribirla. Esta es una escena de los primeros tiempos como compañero de Deidara, aún no se conocía tanto pero la atracción estaba empezando a surgir. Tal vez por ser ese día, él estaba más nostálgico de lo normal, más fiel a su yo original que al Uchiha vengador xD Y Deidara bueno, acostumbrándose a ese cambio de Sasori a Tobi y tomándose con responsabilidad su nuevo papel de senpai. Creo que a Deidara no le gustan nada las marionetas de Sasori, aunque reconoce su mérito, pero esa en especial la necesita. En el anime él dice que se estaba entrenando para inmunizarse ante el sharingan y pensé que esta era una buena forma de entrenarse, después de todo, no hay nadie más en Akatsuki mas que Itachi que pueda ayudarlo en ese aspecto, y no lo imagino entrenando con Itachi.
Imagino a Sasori sabiendo su secreto, pero apoyándolo con sus intenciones. Tobi no lo sabe aún, me gusta que Deidara tenga secretos también, así ambos los tienen y ninguno puede reprocharle eso al otro.
Un beso en la frente significa que consideras a la persona besada una bendición. Quizá en esos momentos de soledad de ambos, volverse más cercanos era lo que necesitaban.
Gracias por los reviews, Ero, Mochi, Juka, Ale y Lybra. Si escribes esa versión de los hechos, me encantaría leerla, llevo poco con esta pareja pero hacía tiempo que no me emocionaba tanto con un pairing y ya me he leído casi todo lo que hay xD
¿Creen que Deidara extrañó a Sasori tras su muerte? O sea él es muy de la opinión de que lo breve es aún más especial, porque te hace sentir privilegiado al haberlo vivido, pero aún con eso imagino que hubo un periodo en el que tuviera que adaptarse a su ausencia y reajustar su rutina. Pero aún con eso, creo que Dei se enfocaría más en tomar las riendas a partir de ahora que le toca a él ser el senpai.
Aún no se qué hacer para el siguiente. Quiero que Dei bese a Tobi que estos dos fics que llevamos ha sido al revés.
¡Nos vemos!
