¡Feliz día blanco adelantado! Y por supuesto a Deidara y Obito :)
Este es un AU de instituto japonés. Básicamente fanservice. Sé que abundan por ahí pero es gracioso escribirlos en una situación más desenfadada que el mundo shinobi de muerte y destrucción.
Deidara es un estudiante de primer curso. Está en el club de arte. Konan es su amiga desde primaria. Se sienta a su lado y están en el club de origami. Tendo Pain es el delegado y Chikushodo Pain la subdelegada y mejor amiga de Konan. Sé que no es muy popular pero es mi favorita de los seis caminos de Nagato y quería sacarla. Necesito un nick para ella eso sí. Obito es un estudiante que debería ir a tercer curso pero ha repetido dos veces. Van todos a la misma clase.
La puerta del aula se abrió súbitamente. Tanto el profesor como los alumnos giraron la cabeza a la vez para observar al recién llegado, cuya respiración agitada, corbata mal colocada y cabello despeinado delataban que había venido corriendo y que no había tenido tiempo para estar presentable.
Era raro el día que Obito Uchiha llegaba temprano y medianamente arreglado, todo sea dicho. Aunque a Deidara no le importaba eso en absoluto, su camisa arrugada con dos botones superiores desabrochados dejaba ver más piel de la que debería. Definitivamente jamás pondría pegas a eso. Observó al recién llegado examinar el aula incómodo por estar llamando la atención de esa manera. Era entretenido a su modo, rompía la rutina de la tediosa lección.
—¿P-puedo pasar...? —murmuró.
—Y también podrías llegar antes —dijo el profesor—. ¿Qué ha sido esta vez? ¿El gato en lo alto del árbol o la ancianita?
—Yo... -balbuceó mirando al suelo. Esta vez no tenía excusa, se había quedado hasta tarde despierto y había oído el despertador.
—Sea cual sea la excusa que estés inventándote, no nos interesa. Pasa y toma asiento.
El delegado, Tendo Pein, se puso en pie.
—No. Uchiha-san debe comenzar a cumplir las reglas como todo el mundo. Las reglas están para algo. El correcto funcionamiento de la comunidad depende de ellas.
La subdelegada, Chikushodo Pein, hermana melliza del delegado, lo imitó.
—¡Y ahora mismo estamos sufriendo un retraso en nuestra enseñanza! —dijo.
—Uchiha-san se incorporará de nuevo a la clase en la siguiente hora, y a partir de este momento no volverá a interrumpir una clase por llegar tarde —agregó Tendo con su intimidante tono de voz—. Sus retrasos contarán como falta en lugar de retraso a partir de este momento.
Nadie se atrevió a hablar, ni siquiera Obito o el profesor. A veces le parecía que incluso la pareja de hermanos tenía más autoridad que los mismos profesores. Siempre le pareció extraño que sus rostros y orejas estuvieran llenos de piercings, a pesar de que las reglas del instituto lo prohibían y aún no se hubieran metido en problemas por ello.
El chico dio un portazo de enojo, lo cual molestó al delegado aún más. Frunciendo el ceño, ambos hermanos volvieron a sentarse y la clase se reanudó. Un codazo impidió que Deidara se volviera a centrar de nuevo en la lección. A su lado, Konan lo miraba sonriendo. Desde el primer día de clases lo había estado molestando sobre un supuesto romance entre ellos. Todo por que Obito olvidó su bento en casa y Deidara en un acto de piedad, decidió compartir su comida con él y a pesar de no haber hablado mucho con él después de eso. Según ella, desde ese día, el Uchiha no paraba de mirarlo, pero él nunca lo había descubierto haciéndolo, así que se lo podría estar inventando.
Cuando el profesor se fue, Konan no tardó ni treinta segundos en sentarse sobre su mesa, encima de su libreta.
—¿Por qué no vas a consolarlo? ¿eh? —dijo, antes de que él pudiera protestar.
—¿Qué te hace pensar que estoy interesado, um?
A pesar de que en su opinión, su extrema dejadez le resultaba en cierto modo atractiva, el chico era dos años mayor que él. Debería estar en tercer curso pero había repetido dos veces. Eso significaba que llevaba dos años en primero y aún así no conseguía avanzar. No se tomaba las cosas en serio.
—Pobre... Debe ser frustrante que chicos dos años menores que tú te vean como un fracasado. Quizá debería hacerme su amiga y luego presentártelo y...
—Uchiha-san no tiene respeto alguno por sus semejantes —dijo Chikushodo uniéndose a la conversación sin ser invitada—. Crecer sin padres ha hecho que nadie se haya molestado en inculcarle las reglas básicas de convivencia. No obstante, a pesar de que eso no es su culpa, tampoco es la nuestra. Deberá aprender de la forma difícil.
A pesar de ser la más bajita de la clase, algo en su mirada y su forma de hablar era intimidante. Aunque a Konan, siendo su mejor amiga, no le afectaba.
—¿Ves? Necesita que alguien vaya ahí y le de un abrazo —otro codazo—. ¡Ahí está, Deidara! ¡Es tu oportunidad!
Miró de nuevo a su derecha para ver a Obito dirigiéndose a su asiento cabizbajo, arrastrando los pies. Los dos botones de su camisa aún seguían sin abrochar, y él no pudo evitar fijarse en eso más de lo necesario.
—Paso —dijo al fin—. Sasori es más guapo, de todos modos.
El chico de tercer curso y presidente del club de bellas artes era el ser humano más estéticamente perfecto que había visto en su vida, pero a Konan no le agradaba y sinceramente, sus posibilidades con él eran más bien escasas.
—Sasori puede ser muy guapo, pero es un psicópata. Lo veo en su mirada. ¿Dónde está de todos modos? Hace días que no lo veo.
—En el hospital —contestó Deidara encogiéndose de hombros—. Una chica de primero le ha dado una paliza por estar creando una muñeca hiper realista de ella a escala real.
—¡Lo sabía! ¡Está mal de la cabeza! ¿Qué chica fue? ¿Va a nuestra clase? —preguntó Konan interesada.
—No. Es de otra clase, una tal Sakura, um.
—Bien, recuérdame que la felicite más tarde. Ahora vamos a saludar a Obito —canturreó tirando de su brazo.
Deidara se mantuvo en su lugar.
—Konan, no...
—¡Vamos! —insistió ella.
—¡Konan! —exclamó algo más fuerte de lo que le hubiera gustado, llamando la atención de los demás.
—¡Konan!
Esa voz...
Su amiga lo soltó de inmediato. Tendo Pein no estaba contento. No le gustaban los alborotos y no le temblaba la voz si tenía que reñir a su propia novia delante de todos. Era la pareja más rara que él había visto nunca. ¿Y ella se creía con el derecho de juzgar su vida amorosa?
—No es momento ni lugar para eso —fue lo único que dijo el delegado.
Los demás estudiantes observaban la escena. Konan se sentó en su mesa y comenzó a hacer con desgana una figura de papel, dejando el tema aparcado. Tendo sabía como infundir respeto. Al examinar el aula, Deidara hizo contacto visual con Obito. Sólo un instante, hasta que el otro chico bajó la mirada.
Suspiró. Tal vez la idea de Konan no era mala. Quizá podía ir a habla con él. Aunque sería en otro momento. Después de clases tenía reunión con el club y eso siempre iba primero. No había prisa. Obito no iba a irse a ninguna parte.
La pintura definitivamente no era lo suyo. No era que fuera malo, sino que no conseguía plasmar bien lo que quería. Pero Sasori había escogido como tema de la exposición la pintura y era a lo que los demás miembros del club de bellas artes debían limitarse. Sin el presidente la asistencia no había sido la mejor, de hecho, los únicos presentes eran él, Sai de primero y Zetsu de segundo curso.
Sai era bueno, como artista, a Deidara no le fue difícil darse cuenta. Le daba a sus cuadros un toque que él jamás podría darle y eso era algo que él apreciaba. Iba ya por su tercera obra, cuando se trataba de pintura, él siempre era el más prolífico. Dejó su propio lienzo de lado y se acercó al chico con la esperanza de que lo inspirase para acabar el suyo, estaba haciendo un ave. Una especie de fénix. Cuando se dio cuenta de que tenía audiencia, Sai le dedicó una extraña y artificial sonrisa.
—No es mi mejor trabajo, pero tengo prisa, he quedado hace exactamente cinco minutos con una que se cree que es mi novia.
A Deidara esa información no podía importarle menos, pero la obra no estaba nada mal.
—Aún así es bueno, um.
—¡Gracias! —contestó mientras le daba los últimos retoques al fondo—. Veo que has estado teniendo problemas con el tuyo. No te preocupes. Todo fluirá al final.
—Eso espero. Aunque siempre puedo crear algo abstracto e inventarle un significado intrincado y profundo y todo eso.
Sai dejó sus utensilios a un lado y se quitó el delantal y los guantes.
—Me gusta tu estilo —dijo, acercándose a él más de lo apropiado y aspirando con fuerza—. ¿Sabes...? Hueles tan bien...
Deidara dio un paso atrás, sintiéndose incómodo.
—¿¡Estás tratando de seducirme o algo así!? -exclamó escandalizado.
—¿¡Q-qué!? —balbuceó, genuinamente confuso— ¿Y por qué haría eso? Sólo intentaba ser... Bah, mejor me voy antes de que Ino comience a regañarme y no pare hasta mañana. ¡Suerte!
Escondido tras su lienzo, Zetsu rió. Estaba completamente cubierto de pintura, pues no usaba pincel sino que embadurnaba diferentes partes de su cuerpo con pintura y luego las restregaba por el lienzo porque así era como expresaba su individualidad. Mientras veía a Sai dejar el club, Deidara llegó a la conclusión de que él mismo era el integrante más normal de todos.
Comenzó a extrañar la presencia de Sai de inmediato, tan sólo porque le daba escalofríos estar en la habitación a solas con Zetsu. Sasori no permitiría que miembros ajenos al club entraran ahí, pero desde que él no estaba, todos hacían lo que les daba la gana. Konan probablemente estuviera ocupada con las actividades del club de origami, no podía pedirle que le hiciera compañía.
Y entonces recordó a Obito. ¿En qué club estaba? ¿Natación? Eso es, iban a hacer una competición para el día de los deportes, probablemente estuviera entrenando. Lo más probable es que dijera que no, pero al menos podría verlo en bañador.
Sin quitarse el delantal se dirigió a la puerta.
—Si vas a por chocolatinas, tráeme dos —dijo Zetsu al verlo salir.
—No voy a por chocolatinas —espetó él.
El club de natación al completo estaba en la piscina entrenando duro, tal y como él supuso, pero Obito no estaba ahí. Extraño. Tal vez se había ido a casa... Decidió ir a la máquina expendedora a por una chocolatina para comérsela delante de Zetsu cuando se cruzó en uno de los pasillos con el interesado.
—Hey —dijo, inseguro sobre lo que decir. En realidad no eran tan cercanos. El asunto del bento no había vuelto a salir.
Obito se detuvo, aún más inseguro que él.
—Deidara-senpai —murmuró, tomado por sorpresa. El por qué su compañero se empeñaba en usar aquel título no lo lograba comprender del todo—. ¿Me dices a mí?
—¿Y quién más se lo iba a decir si estamos solos, um? Oye, necesito que me ayudes con algo. ¿Estás ocupado?
Él pareció pensárselo un momento.
—Eh... N-no. No lo estoy. ¿Qué necesitas?
No podía decirle que le daba escalofríos estar a solas con Zetsu, pero ya tenía algo pensado.
—Necesito terminar un cuadro para el día de la exposición, pero necesito alguien que pose para mí y Konan está ocupada.
—¿Posar? ¿¡Yo!? —dijo aún más desconcertado que antes—... O sea... ¿"yo"?
Apuntó ambos índices hacia él mismo, como si tuviera que haber algún error en esa petición.
—Eso dije. Sólo tendrás que sentarte en una silla y estar ahí quieto. Nada más.
Obito se cruzó de brazos, mirando al suelo.
—En realidad debería estar practicando... Pero resulta que...
¿De verdad iba a ponerse a contarle su vida ahí mismo? No había tiempo para eso.
—Ven, mejor me cuentas todo mientras posas. Nos ahorrará tiempo a ambos.
No le dio opción. Pero sabía que era un chico inseguro con pocas habilidades sociales, no era complicado hacer que se dejara llevar. Comenzó a caminar de vuelta al aula del club seguido por Obito. Había un silencio incómodo entre ellos pero ya se ocuparía de eso más tarde.
Cuando llegaron al club, Zetsu ya se había ido, lo cual sólo mejoraba las cosas.
—¿Qué es lo que debo hacer? —preguntó Obito.
Deidara preparó un taburete alto frente a su lienzo.
—Quítate la chaqueta y la camisa y quédate aquí sentado.
La orden no fue recibida de buen grado. El chico se abrazó a sí mismo, sonrojándose. El artista pensó que se veía adorable.
—¡¿Quieres que haga qué?! ¡Me da vergüenza que me veas sin ropa!
—¡¿Estás en el club de natación donde literalmente más de veinte tipos te ven en paños menores y aún tienes vergüenza?! —se quejó Deidara—. ¿Cómo se supone que voy a poder plasmar la anatomía del cuerpo humano en mi obra si estás con la ropa puesta?
—¡No es lo mismo! —replicó el Uchiha—. Estamos solos y...
—¿Y qué? —lo cortó, con tono ligeramente burlón—. ¿Qué es lo que estás imaginando que va a pasar? Antes estaba aquí Zetsu. Da gracias a que estamos solos.
—Pero...
—Además me debes un favor. Recuerda quién te dio la mitad de su almuerzo a principios de curso, um.
Que un estudiante que debería estar en tercero se olvidase de su bento estaba mucho más allá de su poder de comprensión. No es que se lo llevase en cuenta, pero no estaba mal que le devolviera el favor.
—Está bien —suspiró, derrotado—. Tengo un don para acabar metido en líos extraños.
Para disimular su creciente interés en lo que tenía ante él, Deidara comenzó a mordisquear distraídamente la punta del pincel, mientras lo observaba desprenderse de su uniforme con ademán incómodo. La natación había moldeado su cuerpo de una forma que era difícil no pasar por alto, tonificando sus músculos y marcando ligeramente sus abdominales. Definitivamente había valido la pena tomarse todas esas molestias para traerlo.
—¿Y ahora? —dijo tras dejar su ropa sobre una de las mesas.
Perdido en esa visión, tardó más de la cuenta en reaccionar. Se preguntó si Obito lo habría notado, aunque de ser así no es como si le importase precisamente, al fin y al cabo este era un favor que le debía. Señaló con su pincel hacia el taburete, haciéndose entender sin necesidad de hablar. Mojó el pincel en agua antes de dirigirlo a la paleta, hacia un tono de negro azulado que formaría parte del fondo.
Era lo más extraño e inesperado que le había ocurrido a Obito desde que empezó el curso. Cuando Deidara lo regañó por pensar mal de él, quiso que se lo tragase la tierra. Había hablado sin detenerse a pensar que era necesario que él viera su cuerpo para poder imitar las proporciones de la anatomía, insinuando algo que sólo iba a traer más tensión entre ellos. A estas alturas estaba acostumbrado a fastidiarlo todo, ya hasta había perdido la esperanza de algún día comenzar a hacer las cosas bien.
—Hey, Uchiha —dijo Deidara.
Cierto. Desde ese primer día no habían vuelto a hablar. No habían fijado ningún protocolo en cuanto a nombres.
—Puedes llamarme Obito, si quieres... O Tobi.
El artista enarcó una ceja, observándolo con curiosidad.
—¿Tobi?
—S-sí... Así me llamaban mis amigos. Pero hace mucho que nadie... Bueno... Perdón si digo estupideces. Quedarme constantemente atrás ha hecho que pierda muchos contactos.
—Aha... De todos modos... ¿Por qué me llamas senpai si vamos al mismo curso?
—Madara-sama dijo que para compensar por mi deshonroso fracaso y animarme a hacerlo bien en el futuro, debería dirigirme a mis compañeros de clase así —admitió.
—¿Y funciona?
No. No funcionaba. Todo lo contrario. Tenía la sensación de que esos chicos más jóvenes que él estaban mejor preparados. Su falta de respuesta contestó demasiado bien la pregunta.
—No le hagas caso a ese viejo indeseable. No entiendo por qué no está jubilado ya. A nadie le agrada.
—Sí -dijo riendo, sintiéndose algo más cómodo que antes—. Tienes razón.
Hubo otro silencio que a él le volvió a parecer incómodo. Rápidamente trató de buscar otro tema de conversación, pero Deidara se le adelantó.
—Antes me pareció ibas a contarme por qué no estabas entrenando para la competición.
—Oh, eso... —Obito no tenía ganas de hablar de ello, pero a la vez, quería desahogarse—. Bueno, los rumores de que el delegado me expulsó de clase por llegar tarde y me va a castigar en lo sucesivo llegaron hasta mis antiguos compañeros de tercero y... Ese idiota de Kakashi comenzó a meterse conmigo delante de todos, así que me fui.
Deidara frunció ligeramente el ceño.
—¿Kakashi Hatake?
—¿Lo conoces?
—Me suena, sacó las mejores notas de la promoción según tengo entendido. ¿Y no le partiste la nariz de un puñetazo? —preguntó—. Si alguien me dejara mal delante de toda la clase eso es lo que yo haría.
—Ganas no me faltan... ¡Pero me metería en problemas! ¡Más aún!
—Vale la pena si eso es lo que hay que hacer para hacerse respetar.
Perfecto. Hasta Deidara se había dado cuenta de que era un inutil. Mirándolo desde su perspectiva, literalmente le acababa de decir que había huído con el rabo entre las piernas después de que otros se hubieran burlado de él y no había tenido valor de volver al club de natación a practicar. Sabía que no iba a ganar, pero al menos no quería llegar el último. Ahora ya no estaba tan seguro.
Además, le ponía enfermo hablar de ese perfecto imbécil con el que todos los profesores y las chicas estaban obsesionados.
—Por cierto... Aquel bento que compartiste conmigo... —dijo frotándose la cabeza, sin saber muy bien cómo seguir.
—¿Te gustó? —preguntó Deidara decidiendo ayudarlo.
—Sí. Mucho. Nada que ver con los míos, la verdad. ¿Lo hiciste tú?
Él se concentró un momento en la obra. Obito veía su brazo moverse y podía imaginarse el pincel recorriendo el lienzo, plasmando en él lo que fuera que estuviera visualizando en su cabeza. De vez en cuando, le echaba un fugaz vistazo antes de seguir y él no podía evitar tragar saliva. Estar bajo el escrutinio de aquellos ojos azules lo ponía nervioso.
—Lo preparó mi madre. Le pasaré el cumplido esta tarde —dijo al fin.
Claro. Su madre... Porque a veces Obito olvidaba que a diferencia de él, el resto del mundo solía tener padres. Parecía que estaba condenado a que cada tema de conversación lo hundiera aún más.
Cambiaron de tema otra vez, comentando la clase de la mañana que se había perdido. Deidara se ofreció a entregarle los apuntes, aunque le dijo que primero debía copiárselos de Konan, que a su vez debía copiárselos de Chikushodo, pero que tal vez en unos días los tendría listos y podría usarlos. No pudo evitar sentir un poco de envidia por su grupo de amigos. Acababa de comenzar el instituto y ya tenía un sitio donde encajaba. Él en tres años no lo había encontrado y ya hace mucho que perdió la esperanza de hacerlo. Luego hablaron un poco de los hermanos Pein, de lo extraños que eran y lo rápido que se habían ganado el respeto de todos. Según Deidara, Chikushodo tenía una escolopendra del tamaño de un brazo como mascota, aunque Obito no supo si estaba diciendo la verdad o le estaba tomando el pelo. Estaba disfrutando de la conversación después de varios intentos fallidos, por eso, cuando Deidara anunció que había terminado, una parte de él se sintió decepcionada.
—¿Puedo ver el cuadro? —preguntó.
Notó que el ambiente volvió a ponerse tenso, pero no podía comprender por qué.
—Eh... Mejor no. La exposición será pronto, mejor que sea sorpresa.
—Oh vamos, te he ayudado a hacerlo aún perdiendo entrenamiento.
—¡Pensé que no ibas a ir de todos modos, um! —protestó Deidara, proniéndose frente al caballete con los brazos en cruz.
—¡Estaba pensándome si ir o no cuando tú apareciste! —replicó, con el tono de voz de un niño caprichoso.
Trató de impedir que avanzara, pero Obito era más ágil que él. El artista se mordió el labio cuando vio su expresión desconcertada. Si seguía hablándole después de aquello iba a ser un milagro.
—Un paisaje... —murmuró, al ver la luna llena asomando tras unas nubes rojas perfiladas de blanco en el cielo nocturno—. ¡Estabas haciendo un maldito paisaje! ¿¡Para qué rayos me necesitabas ahí parado sin camiseta!?
Deidara se aclaró la garganta, mientras pensaba una respuesta. Obito lo miraba enojado, exigiendo una explicación.
-—Bueno, tal vez... Tengas razón... Um.
Lo había pillado. Ya no podía fingir.
—¿Tan inutil soy que ni siquiera valgo para posar? ¿Es eso?
—¿De qué hablas? —se defendió Deidara, perplejo porque el chico lo justificara con alguna posible falta por su parte en lugar de a lo más obvio—. Yo nunca he dicho que...
—¿¡Es eso!?
—¡Tobi!
El uso de su apodo lo sacó de aquel estado de ánimo autocompasivo. Antes de proceder, Deidara suspiró.
—Ahora que te has calmado, déjame explicarte. Me has ayudado mucho a inspirarme. Cuando estoy en blanco, siempre me gusta tener algo agradable para mirar cerca. Eso es todo.
El dedo acusador de Obito se quedó congelado en el aire, y su dueño se encontraba petrificado, con la boca entreabierta por una réplica que nunca llegó a verbalizarse. Asimilando lo que acababa de oír.
—Algo agradable —repitió, sonrojándose hasta las orejas. Consciente de ello, Obito se cubrió la cara con ambas manos, sólo dejando un hueco entre sus dedos para ver qué estaba ocurriendo.
Era el momento perfecto de dar el paso decisivo.
Sabía que ir más allá podía hacer que Obito no le hablase jamás de nuevo, pero Deidara no era de esos que se quedaban de brazos cruzados esperando que un ángel bajase del cielo y les solucionase por arte de magia la vida amorosa. Se aproximó más a él, agarrándolo de las muñecas para descubrir su cara.
—Algo agradable, eso es lo que dije. Y ahora mismo lo que escondías tras esa camisa me parece muy, muy, muy...
—¡D-deidara-senpai! ¿¡Qué...!? —balbuceó, su sonrojo acentuándose.
Acercó su cara a su oído. Ya no había marcha atrás. Debía hacérselo saber al dueño de ese cuerpo que había estado revolucionándole las hormonas durante la última media hora. Si se iba a llevar un puñetazo, podía vivir con eso.
—... tentador, um.
Atrapó entre sus labios el lóbulo de su oreja, lo mordisqueó con suavidad hasta que Obito reaccionó, retrocediendo. Todo él estaba sonrojado, su cara, su cuello, también su cuerpo por muy extraño que sonase. Agarró su ropa y salió del club tropezando con varios obstáculos en el proceso.
Deidara se encogió de hombros, haciendo una nota mental para no decirle nada a Konan o su hemorragia nasal no iba a tener fin. Recogió todas sus cosas y puso un poco de orden antes de apagar la luz y salir del club. Al menos no se llevó un puñetazo.
Obito no fue a clase al día siguiente.
Al principio, Deidara pensó que iba a llegar tarde otra vez, pero cuando no apareció a segunda y tercera hora se hizo evidente que tal vez lo que pasó el día anterior tenía algo que ver. Se sintió algo culpable, pero si él no se hacía responsable de su propia educación, no había nada que se pudiera hacer. Ya había gastado dos intentos, era problema suyo.
—¿En qué piensas Deidara-kun? Estás en las nubes hoy.
Acababa de sonar la alarma del descanso y Konan ya estaba como de costumbre sentada sobre todas sus cosas.
—Nubes... —murmuró esquivando la pregunta con la habilidad de un ninja—. Eso me recuerda que te tengo que enseñar mi cuadro para la exposición del día de los deportes.
—¡Cierto! Yo también te quiero enseñar algo, pero mejor vamos primero a ver el tuyo. ¿Vienes, Chiku?
—No me interesa el arte —dijo la subdelegada, Deidara no podía estar más feliz con esa afirmación, no quería los extraños ojos de alguien tan pragmático como ella sobre su obra—. Pero ¿por qué no? No tengo mucha hambre ahora mismo.
Había cantado victoria demasiado pronto.
Salieron los tres de la clase en dirección al club de bellas artes, conversando sobre un examen que estaba por venir y los posibles temas a tratar. Inmerso en una conversación tan importante, bajó la guardia. Por eso dio un salto hacia atrás cuando al doblar la esquina se encontró ni más ni menos que al mismo Obito Uchiha.
—¿Y ahora qué pasa? —dijo Konan molesta por la súbita reacción de su amigo. Hasta que se dio cuenta quién estaba ante ellos—. ¡Oh, hola Obito!
El chico tuvo que hacer acopio de toda su fuerza de voluntad para no salir huyendo. Estaba buscando a Deidara, pero no contaba con verlo acompañado de dos compañeras de clase.
—Ho... Hola —balbuceó, antes de obligarse a componerse, eran dos años menores que él, por el amor de dios, no era tiempo de amilanarse. Podía hacerlo... De repente, se sentía con más confianza que nunca— ¡Deidara-senpai!
Los tres tenían su atención. Konan estaba prepleja, Deidara ligeramente sonrojado y Chikushodo... Ella murmuraba algo sobre baja productividad, ausencias y sentido del deber, pero no le prestó mucha atención. Tomó su mochila, sacó un recipiente de bento de color azul y extendió los brazos, haciendo una ligera reverencia.
Tentador... Tentador... Tentador... Esa palabra no lo había dejado en paz en toda la noche. Porque obviamente, no había podido dormir casi nada pensando en si realmente era real o lo había soñado, en si lo decía en serio o sólo le estaba tomando el pelo.
—¡Deidara-senpai! ¿¡Querrías almorzar conmigo hoy!?
Fue Konan la que se sonrojó esa vez, casi más que Deidara que símplemente era incapaz de reaccionar. Le dio uno de sus famosos codazos, pero el artista no parecía salir de su trance.
—Creo que aquí sobramos. Vámonos, Chiku —canturreó agarrando a la subdelegada del uniforme y dándole una última palmadita en la espalda a su amigo.
Una vez a solas, el artista observó la caja que le tendía, aún sin creer lo que estaba ocurriendo.
—Tobi... ¿Has preparado un bento para mí? ¿Por qué?
—¿No es obvio? ¿Vas a tomarlo o no? —dijo con impaciencia.
Buen punto.
Al fin, Deidara tomó el bentoantes de que alguien más viera a Obito en la posición de una niña tímida de primaria delante del chico que le gusta. La caja aún guardaba el calor. Saber que lo había preparado especialmente para él lo hizo sonreír.
—Ven. Sé un sitio perfecto para almorzar —dijo, liderando el paso y haciendo que Tobi cambiase esa expresión preocupada por una amplia sonrisa.
Tenían mucho que decirse.
Fue lindo escribir este. Me quedé con ganas de escribir más, y se me quedaron muchas ideas en el tintero. Pensé en escribirlo como longfic pero tendrá que ser más adelante ya que ahora estoy cómoda con los proyectos que llevo en total y uno más sería demasiada carga.
Deidara en ese uniforme de instituto japonés negro, ajustado y con botones dorados debe estar guapísimo. Obito también, aunque él lo lleva mal abrochado porque va siempre con prisas xD Konan y las chicas un típico traje de marinera con corbatita roja.
¿Creen que a Dei le va a gustar el bento? *-* Esperemos que sí porque Obito se esforzó mucho para hacerlo extra bueno. Él aprendió muy pronto a hacerse sus propias comidas, por lo que tiene práctica.
Morty, qué bueno que te gustara, concuerdo en que así es tal y como Tobi lo quiere jajaja. Espero que este también sea de tu agrado :)
Mochi, sii eso es tan cierto... Todos dieron su vida por el plan y ni saben la verdad, creo que a Deidara no le habría importado para qué los quisieran siempre que a él lo dejasen hacer las cosas a su modo, aunque odiando los genjutsu como los odia a ese plan en concreto sí se habría opuesto. Kurotsuchi en especial me gusta mucho, es graciosa, fuerte y no va por ahí babeando detrás de nadie. Me hubiera gustado verla más.
Un beso en la oreja significa tentación, simbolizada en Obito tentando a Deidara sin camiseta. Aunque fue cosa de él que acabase así en primer lugar XD
El siguiente oneshot será basado en el canon. La escena de la muerte de Deidara, solo que no muere porque Tobi lo ama. :P Sé que también es algo común de tema en los fics, pero soy feliz cuando Dei no muere porque creo que la escena no le hizo justicia al personaje, y no porque muriera, porque al fin y al cabo morirse bajo sus propios términos era uno de sus objetivos, pero la forma en que sucedió todo etc, todas esas cosas que ya sabemos. #sorrynotsorry
¡Gracias por leer, nos vemos!
