EL MÁS AMARGO.

Sakura se detuvo ante la puerta mientras un sinfín de emociones recorría su cuerpo. Apenas unos segundos antes era la mujer más feliz de la tierra, su corazón se expandía de alegría y millones de ideas habían inundado su mente. Pero… ¿ahora? Todo era alegría y color hasta que cogió una de las capas que prendían del perchero del dormitorio y se encaminó escaleras abajo hasta llegar a la puerta. Porque…

¿A dónde iba?

Ella solo quería ir a un sitio: donde estuviera él.

Pero él no estaba.

Cómo tantas y tantas veces.

Ese pensamiento hizo migajas su anterior felicidad. Porque tuvo miedo. Porque se vio sola. Porque la persona que necesitaba no estaba.

Sasuke Uchiha.

Una lágrima descendió por su mejilla. Sakura se enjuagó los ojos antes de permitir el paso a otras lágrimas. No. No quería llorar. Acababa de recibir la mejor noticia del mundo, aquel día lo recordaría siempre. No quería llorar. Un puchero infantil se adueñó de su cara y se llevó las manos al vientre, abrazándose a sí misma. Sakura pensó en el aparatito que había dejado encima de la cama matrimonial, una pequeña maquinita que la había colmado de felicidad. Porque traía consigo una noticia, una nueva que quería compartir con todo el mundo, que la hacía querer volar por encima de los tejados de la aldea y gritarlo a los cuatro vientos. Porque Sakura Uchiha estaba embarazada. Y, mientras otra traviesa lágrima abandonaba su ojo izquierdo, una sonrisa afloró en su rostro. En ella se mezclaban las emociones: por un lado, estaba llena de dicha; por otro, se sentía dolida. Sasuke Uchiha debía estar allí, con ella, con ellos. Sin embargo, Sakura sentía que no tenía derecho a quejarse. Porque ella lo sabía, sabía que suponía ser la mujer de aquel estúpido Uchiha. Ella había aprendido desde pequeña lo que significaba querer a aquel ninja tan problemático. Él se lo había dicho… Pero Sakura no podía evitar estar decepcionada y enfadada. Muy enfadada. Miró la puerta con el ceño fruncido y con desdén. Aquella era la casa del clan Uchiha, así lo denotaban los abanicos que daban la bienvenida desde la pared de la fachada. Era una casa de dos, de un matrimonio… pero la mayor parte del tiempo, la kunoichi se acostaba y se levantaba sola.

Dos nuevas lágrimas de rabia viajaron por sus mejillas. Y un pensamiento cruzó por su mente.

No esperaré aquí. ¿Por qué debería estar aquí? Espero aquí constantemente y nunca apareces.

Y Sakura Uchiha abandonó la residencia familiar de un portazo.


No había muchos sitios para refugiarse y ella solo quería un poco de paz. En su camino frenético a través de las calles nevadas de Konoha sentía las miradas extrañadas de los vecinos y comerciantes de la zona, incluso le pareció haber oído un: ¡Sakura-chan! Y haber derribado a alguien en su camino. Otro día se hubiese vuelto presa de la vergüenza y hubiese ayudado a aquella persona y saludado a todos los habitantes que la reconcoían. Pero hoy no. Hoy quería ser egoísta. Quería preocuparse por ella misma. Ella era fuerte, todos lo sabían, ella lo sabía. Pero era una persona sumamente emocional, con grandes sentimientos, con necesidades. Sakura Haruno también necesitaba que alguien la cuidara. Ella, que siempre estaba ahí para los demás, solo quería que alguien estuviese ahí para ella.

Tendría que haber escogido mejor a su alguien. Sakura sonrió con amargura.

Encontró la paz en su antiguo apartamento familiar. Sus padres se habían mudado a Suna después de la guerra así que aquella casa estaba deshabitada después de que ella se mudara a la residencia del clan Uchiha. Sakura se dejó caer en el suelo de la entrada, taponando la puerta principal. Allí, abrazándose las piernas, enterró su rostro entre las rodillas y trató de serenarse, de objetivar su enfado.

¿Sabes que, frentona? Te diré algo: hay cosas que deben surgir de uno mismo. Por ejemplo, a mi me encantaría que Sai me dijese: "Ino, ¡hagamos una locura! Empaca tus cosas, vayámonos a la playa." Pero Sai no es así. Y Sasuke-kun tampoco. Y lo sabes, frentona. Sasuke-kun no vendrá con rosas ni con bombones en San Valentín, no bailará en bodas ni reuniones, ni cantará a pleno pulmón contigo. Puede que… -ahí Ino había vacilado con sus palabras. Sabía que estaba siendo dura-. Puede que ni siquiera esté en todas esas ocasione, puede que lo necesites y no esté. Lo se, Sakura, se que duele. Lo se. No llores. No llores, Sakura.

Ino se lo había dicho, le había dicho todo lo que ella ya sabía, todo lo que ella ya había aceptado. Que no iba a ser fácil, eso lo supo desde el principio. Que Sasuke Uchiha no era un príncipe encantador, eso lo supo al segundo día de conocerlo. Pero dolía. Y, aunque Sakura lo había aceptado tal y como era, algunas veces recordaba aquellas palabras de Ino, que se clavaban en su corazón en ocasiones como aquella, cuando se sentía terriblemente sola. Sabía que mañana estaría mejor, que mañana el día le sonreiría, que mañana solo se acordaría de la segunda parte de aquella charla con su amiga.

¿Pero sabes que, Sakura? Te quiere. No se como lo has hecho, pero te quiere. Y tú lo sabes. Sabes que cosas no tendrás con ese baka, pero creo que no necesita bombones ni rosas ni bailes para demostrarlo. ¿Te digo una cosa, frentona? Sai me dijo hace tiempo: "Creo que ese bastardo quiere a la bruja, y creo que no le gusta quererla" Sí, como lo oyes. ¿Sabes? Creo que voy a quitarle a Sai todos esos libros de auto-ayuda, cada vez habla más raro y cada vez le entiendo menos. Pero, con el paso del tiempo, creo que se a qué refería. Mira, partimos de la base de que querer a alguien es una putada. Pero querer a alguien que está lejos… eso en una gran putada. Y querer para Sasuke Uchiha debe ser una gran-gran putada. Para él, que lo pasó mal durante gran parte de su vida, volver a querer debe dar miedo.

Sakura despertó tiempo después. No sabía cuanto tiempo había dormido pero, a juzgar por la oscuridad del apartamento y el dolor de espalda que le había provocado el dormir en aquella postura, supo que había pasado muchas horas fuera de su hogar. Pero… algo no estaba bien.

Sakura dio un respingo cuando sintió un chakra en frente de ella. Sus ojos olvidaron el sueño y se abrieron alertados, y sus brazos reaccionaron desabrazándose las rodillas. Se dio cuenta de quien era antes de llegar a levantarse.

-No te esperaba tan pronto –comentó volviendo a sentarse con la espalda en la puerta.

-Hmp. No estaba lejos. Además, el dobe me ha mandado una carta.

Sasuke Uchiha recorrió la distancia que los separaba y se sentó a su lado, tendiéndole la nota. Sakura no la aceptó si no que se refugió aún más en su capa.

-Dice que te había visto corriendo por la calle y que le habías empujado contra un puesto de verduras, que lo ha tenido que pagar de su bolsillo.

Sakura sonrió levemente al imaginar la cara del Uzumaki al tener que pagar toda los alimentos que había derramado, pero no hizo nada por continuar la amena conversación que su esposo le proponía.

-Sakura ...

Pero la kunoichi no respondió al llamado.

Sasuke suspiró y dejó caer su cabeza contra la pared.

-Es culpa mía.

Sakura elevó el rostro para mirar a su marido. Culpa debía ser una de las palabras favoritas de su esposo. Culpa y venganza, quizás. Aquel hombre tenía un gran sentimiento de culpa, sobre todo con ella.

-Dime por qué has vuelto.

Sasuke abrió los ojos sorprendidos y se giró para mirarla. Había llegado hace horas pero el recorrido de las lágrimas en las mejillas de su esposa no podía negar lo evidente: Sasuke Uchiha siempre la hacía llorar.

-¿Qué?

-Dime por qué has vuelto

-Estaba cerca de la aldea –continuó el Uchiha sin entender.

Sakura sonrió cansada.

-Dime que soy la razón de tus vueltas a la aldea y te perdonaré tus partidas.

Sasuke miró como aquellos ojos verdes amenazaban con derramar más lágrimas y tomó del mentón a su esposa antes de que pudiese volver a ocultar su rostro entre sus rodillas.

-Ya lo sabes –susurró ante la cercanía de sus rostros.

-Pero quiero oirlo.

Sasuke Uchiha dibujó una pequeña sonrisa en sus labios antes de que éstos se unieran a los de su esposa. Sakura sabía a sal.

Cuando se separaron, Sasuke Uchiha le pasó el brazo alrededor de los hombros y permitió que su mujer se acurrucara contra él. Sakura rió levemente.

-Lo siento, Sasuke-kun, deben ser las hormonas.

Las hormonas...

Sakura se sobresaltó cuando lo pensó y se enderezó rapidamente.

-¡Las hormonas, Sasuke-kun!

Los ojos de Sakura brillaban y una gran sonrisa se dibujó en su rostro. Sasuke la miró con una sonrisa traviesa.

Lo sabe. Pensó la kunoichi.

-Vámonos a casa, Sakura -comentó levantándose y ayúdándola a incorporarse.

Sí, vámonos a casa. Tenemos algo que celebrar.


En mi casa se dice que "te dio un achuchón" cuando pasas por una situación como la de Sakura, cuando pasas por un mal trago.

Bueno, en realidad estaba escribiendo otro capítulo más alegre cuando pensé en una situación así. Creo que tocaba escribir algo más "triste" o más ajustado a la realidad que los anteriores capítulos, que son más simpáticos y más tiernos.

¡Un beso enorme y nos leemos!