TRES.
-Está bien… No pasa nada… Todo está bien…- A cada frase le seguía un grupo de dos respiraciones profundas. Sasuke ya había aprendido el ritmo.
Sakura descansaba recostada contra un gran sauce llorón. Las lágrimas que tenía por ramas la protegían de los rayos del sol primaveral y unas suaves ráfagas de viento mecían su cabello y refrescaban su cuerpo. Hubiese sido un lugar idílico para perderse; aquel bosque estaba lleno de secretos y paisajes como aquel. Sin embargo, la joven Uchiha tenía la frente perlada de sudor y, a pesar de las repetitivas frases de autoconvencimiento que salían de su boca, su rostro era un reflejo del dolor que sentía.
Por su parte, Sasuke Uchiha apenas se atrevía alejarse más de 50 metros de su esposa. Necesitaba explorar el terreno, era primordial saber que opciones tenían en aquel lugar, mas los quejidos de Sakura lograban retenerlo a su lado. Opciones… ¿Qué opciones tenía? No les había dado tiempo a alcanzar el País del Fuego antes de romper aguas y ahora no se atrevía a moverla de allí. Aunque pudiesen recorrer la distancia que les separaba de allí, el Hospital de la Konoha seguía estando demasiado lejos. Opciones… Opciones era justo lo que él no tenía.
Una nueva contracción hizo que Sakura cerrara los ojos con fuerza y apretara los labios. No quería gritar, eso solo les pondría a ambos aún más nerviosos.
Uno… dos… tres… cuatro… cinco…
Así que Sakura Uchiha había ideado un sistema para soportar el dolor: la kunoichi contaba del uno al siete y si llegaba al siete se permitía el lujo de maldecir y de soltar aquel Shanaroo que llevaba conteniendo desde que había roto aguas un par de horas antes.
Las contracciones aún eran lo suficiente distantes como para tener tiempo de pensar y valorar sus opciones. Opciones… Opciones era justo lo que ella no tenía. Estaba en medio del bosque, probablemente en algún lugar cercano a lo que había sido la Aldea del Sonido (lugar que, por tanto, no le inspiraba mucha confianza para dar a luz a un bebé allí), sin poder andar más de cinco minutos seguidos y con la única compañía de su señor esposo, un hombre que la miraba con gesto preocupado cada vez que el más mínimo dolor recorría su cuerpo, pero tan incapaz de atender un parto como Naruto de comer verduras. Opciones… Katsuyu fue lo primero que le pasó por su mente, sin embargo, la idea de gastar semejante cantidad de chakra en su estado echaba por tierra aquella posibilidad. Las invocaciones de Sasuke ni siquiera contaban como una opción, no creía que un halcón y una serpiente funcionasen como comadronas. Opciones… Sasuke, su esposo, era la única opción con la que contaban. Y no era lo más alentador del mundo.
-Sasuke-kun –Ni siquiera había acabado de pronunciar su nombre cuando se acercó a ella-. Tienes que encontrar una planta, sirve para… Ay, ay, ay. No, no pasa nada… ¡Ay! Es una contracción, no pasa nada... Solo tengo que contar… Uno… Dos… ¡Ah!... Tres…- Un largo suspiro siguió a aquel último número. Sakura volvió a abrir los ojos y se encontró con el Sharingan de su marido. Si hubiese estado en condiciones, Sakura hubiese soltado una gran carcajada al darse cuenta de la inocente reacción de Sasuke. ¿Qué pensaba aquel hombre hacer con su Sharingan? ¿Mandarla a una ilusión y que así el parto doliese menos? Espera… ¿Eso podría funcionar?
-Una planta, entendido. ¿Qué planta?
-Sí, sirve para controlar el chakra. Ahora no… no puedo recordar su nombre pero… -Sakura aguantó otra contracción antes de poder continuar. Aquello la preocupó: la frecuencia de las mismas había aumentado y eso solo podía significar que su bebé estaba cada vez más cerca.
-Sakura –Sasuke recogió una lágrima que cruzaba la mejilla de su esposa-. Todo va a salir bien-. Intentó sonar seguro, decidido. Miró aquellos ojos verdes y les hizo una promesa silenciosa, la misma que había hecho varios años atrás. Nunca volvería a perder a un ser querido ante sus ojos. Jamás.
Sakura sufrió otra contracción y esta vez él dejó que apretara su mano (quizás una misión suicida teniendo en cuenta la monstruosa fuerza de su mujer). Dejó que Sakura le pasase su dolor como ella había cargado con el suyo cuando apenas eran unos niños. Si solo podía contribuir con aquello de buena gana lo haría.
Sirve para controlar el chakra... Las palabras de Sakura resonaban en su mente. Ella era la mejor ninja en el control del chakra, ¿para que querría aquella planta? ¿Y como iba a encontrar una planta de la que no tenía ni el nombre? No necesitamos una planta, necesitamos un médico o alguien que os cure. Como si de dar al interruptor de la luz se tratara, la solución se mostró ante sus ojos.
Chakra… curar… estamos cerca de la Aldea del Sonido… Karin. Eso es, aquella kunoichi podía sanar cualquier enfermedad con su propio cuerpo y tenía algunas nociones de medicina. De repente, Karin se había convertido en su mejor opción.
-Kuchiyose no Jutsu -.Sin pensárselo dos minutos más, Sasuke soltó la mano de su mujer y llevó a cabo los sellos necesarios.
Sakura miró sorprendida como cinco serpientes se materializaban frente a ella. Frunció el ceño, no iba a aceptar unos reptiles como ayudantes en el parto.
-¿Sa-sasuke-kun?
-Buscad a Karin. Ya. –Ordenó su esposo.
-¡KARIN!
Un escalofrío le recorrió el cuerpo y le hizo levantarse de la silla de un salto. Frunció el ceño. ¿Era real o lo había soñado? No en vano se había pasado las dos últimas noches trabajando en un proyecto sobre la naturaleza de su chakra, era bastante probable que la falta de sueño le estuviese jugando una mal pasada. Pero aquella voz… Otro escalofrío sacudió su cuerpo. Había escuchado aquella voz cientos de veces, a veces iba acompañada de un: "necesita que le cures, zanahoria" o un "necesito que localices a este enemigo". Una vez incluso había venido acompañada de un chidori que le había atravesado el corazón.
-¡KARIN!
No, aquello no era una imaginación. Sasuke Uchiha la estaba llamando.
Karin se volvió y, tropezando con la silla, echó a correr en dirección a aquella voz.
Sasuke Uchiha… Habían pasado varios años desde la última vez que vio al que había sido líder de Taka, antes Hebi. Años sin verle la cara a aquel hombre por el que lo había dado todo. Pensarlo ahora le provocaba una amarga sonrisa. Capricho, deseo, lujuria, obsesión… quizás amor. Todo lo había sentido por aquel hombre. Todo había estado dispuesta a hacer por él. Sin embargo, ahora las cosas eran distintas. Ella era distinta. Ella había cambiado.
Un rápido chequeo la llevó a comprobar que él no estaba solo. Otra persona se hallaba con él. O quizás dos. Karin volvió a fruncir el ceño, extrañada. Una de las señales era débil, pequeña y estaba envuelta por la otra. Un chakra verde, amable. Una chakra que ella ya reconocía. Sakura Haruno. A medida que avanzaba por aquel entramado de pasillos se imaginaba las diferentes circunstancias por las que podrían haber llegado hasta allí. No obstante, ni en sus sueños más locos podría haber imaginado al gran Sasuke Uchiha cargando a la dulce kunoichi de abultado vientre.
-¡KARIN! Sakura ha…
El grito de Sakura dejó la frase en el aire. Se retorcía en brazos de su esposo y se llevaba las manos al vientre mientras susurraba números. 1…2…3…4…5…6…7…
-¡SHANAROOOOOO!
Karin agradeció en silencio que aquel escondite se encontraba bajo tierra. De estar en lo superficie, el grito de Sakura probablemente les hubiera sepultado bajo millones de trozos de roca y polvo.
Karin poco o nada sabía de partos. Unos meses atrás Suigetsu y ella se habían visto envueltos en el parto de una oveja, una de las nuevas mascotas de Jugo. De todas maneras, no le pareció muy cabal revelar semejantes referencias al futuro papá, aquel hombre de semblante serio que se encontraba apoyado contra el marco de la puerta mirando fijamente a su esposa. Karin hubiese vendido todas sus propiedades por ser capaz de colarse en la mente de aquel ninja tan arrogante y descubrir sus pensamientos.
-Vale, Sakura. Va todo bien, ¿si? Ahora vamos a respirar. Eso es, inspira, expira. Inspira, expira. ¿Qué, qué sucede? ¿Una contracción? Vale, aprieta con todas tus fuerzas… -De haber estado en otra situación, Karin se hubiese reído de su propio comentario. Como apriete con todas sus fuerzas, el pobre niño va a salir disparado hasta la Luna-. Vale, muy bien. Va todo bien. Lo estás haciendo muy bien, Sakura. Ahora voy a coger un…- Karin se giro sobre si misma para coger una pequeña manta en la que envolver al recién nacido pero todas las de aquel cuarto habían servido para acomodar a Sakura en la fría mesa del laboratorio.
-¿Qué… qué pasa? –Preguntó Sakura asustada.
-No pasa nada, está todo bien. Escúchame, Sakura, voy a tener que salir un momento a por un par de mantas limpias. No, no te preocupes, será solo un segundo, lo juro. ¡Sasuke! Ven aquí. ¡No seas baka, no pasa nada! Ponte a su lado, cógele la mano y dile que empuje cuando tenga una contracción.
Sasuke se situó al lado de su mujer y le tomó la mano con su único brazo. Incluso se agachó ligeramente para quedar a su altura. Antes de desaparecer por aquella puerta, Karin fue testigo de cómo un tierno beso se depositaba entre los revueltos cabellos rosados de la futura mamá. La ninja peliroja sonrió antes de salir. Sasuke había elegido, y había elegido bien. Incluso Karin veía que aquella joven mujer lo era todo para él.
Apenas un minuto después volvió a aparecer en aquel paritorio tan improvisado.
-¡Vale! Ya las tengo. Vamos a ver que tenemos por aquí… Cielos…¡Sakura! ¡Ya está! Estoy viendo la cabecita… ¡Vamos! Es el último empujón, te lo prometo. Uno más y se acaba, ¡vamos! -Karin estaba emocionada.
Sakura hizo acopio de fuerzas. Agarró a su marido con una mano, el borde de la mesa con la otra y empujó, empujó y empujó hasta que un llanto interrumpió el silencio de la sala.
-Buaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa.
-¡ES UNA NIÑA! –Karin la tomó en brazos y la envolvió en una de las suaves mantas que había preparado. Intentó limpiarla superficialmente y con dos dedos y un poco de chakra golpeó ligeramente el pecho del bebé para ayudarla a abrir definitivamente sus recién estrenados pulmones. Una vez que estuvo lista, la acercó a su madre, dejando que ésta la tomara en brazos.
Sakura miraba a la pequeña con el amor pintado en su rostro. Sus cabellos estaban revueltos, su amplia frente perlada en sudor, sus ojos eran incapaces de controlar las lágrimas y sucesivos pucheros que se intercalaban con intentos de sonrisas aparecían en su boca. Aún así, Sakura Uchiha estaba hermosa.
-Hola, linda. Hola. Estás aquí, estás aquí…
Sasuke Uchiha observaba a la pequeña al lado de su mujer, aún arrodillado para quedar a su altura. Karin sabía que aquel era un momento íntimo, que no debía estar allí, pero fue incapaz de apartar la mirada de la pequeña lágrima que surcaba la mejilla visible del Uchiha y de cómo éste golpeaba cuidadosamente la mejilla de su hija, queriendo asegurarse de que su existencia era real. Un nuevo beso en los cabellos de su mujer fue la última imagen que vio de aquella familia antes de abandonar la sala de partos.
-Es preciosa.
-Hmp –Sasuke acercó un dedo a la pequeña nariz que adornaba la cara de su hija. Una pequeña carantoña bastó para que el bebé torciera graciosamente el gesto.
-Es tan extraño… Si hace algunos años me hubiesen dicho que el gran Sasuke Uchiha, uno de los criminales más buscados a lo largo y ancho del mundo, iba a ser esposo y padre, hubiese suplicado que me enseñasen a hacer tal ninjutsu.
Sasuke sonrió levemente. Todo lo que su antigua camarada decía era verdad. Él mismo se hubiese reído de aquel pronóstico. Había renunciado tantas veces a su vida, a una vida medianamente normal, que ahora le parecía irreal todas y cada una de las situaciones que vivía al lado de Sakura. Había renunciado a ella, la había traicionado, la había alejado miles de veces y, sin embargo, tenían uno de los lazos más fuertes del mundo. Y su fruto era el precioso bebé que dormitaba tranquilo en su improvisada cuna.
-Tiene suerte –murmuró Karin.
Sasuke la miró extrañado. ¿Suerte? Sakura tenía de todo menos suerte. Si hubiese nacido con estrella se habría fijado en Naruto, en el héroe de la Aldea, el usuratonkachi que siempre la hacía reír. Se habría fijado en su mejor amigo y no en él.
-No lo creo.
Karin le observó largo y tendido. Sentado en aquella silla con la mirada fija en aquella pequeña niña, Sasuke Uchiha parecía el guardián de un tesoro. Su vista, su cabeza, su cuerpo, todo estaba dirigido a la recién nacida. Igual que minutos antes lo habían estado hacia su madre, quien ahora dormía placidamente en una de las habitaciones de la planta.
Karin sonrió mirando al bebé.
-¿No? Bueno, tendrás que preguntárselo a ella. Por el momento yo solo soy la Tita Karin. ¿A que si, preciosa? –Añadió mirando como el bebé despertaba con un bostezo-. Si, esa soy yo, la Tita Karin. Oh, ¿crees que el gruñón de tu papá me dejará tomarte en brazos? Oh, no me mires así, Sasuke-kun, y ve a ver a tu mujer. Yo me quedaré cuidando a esta preciosa muñequita.
Empujó la puerta tan silenciosamente como fue capaz y se la encontró profundamente dormida. Sakura había sustituido su amplio vestido ninja premamá por un simple camisón blanco. Recostada de lado, los mechones de cabello se le deslizaban por el rostro y, quizás por un antiguo vicio del embarazo, dormía con las manos rodeándole el vientre. Abrió los ojos con calma cuando sintió un peso sobre su colchón y centró su mirada en él. Solo unos segundos más tarde estaba intentando sentarse en el colchón, obviando todas las recomendaciones de Karin tras dar a luz. Sasuke suspiró levemente y tomó a su esposa de los hombros, intentando que volviera a recostarse en la cama.
-¡Sasuke-kun! ¡¿La has visto?! ¿Verdad que es preciosa?
Sasuke sonrió levemente y le apartó los mechones de la frente.
-Hmp. Es preciosa.
Sakura soltó un suave suspiro y se tendió de nuevo sobre la cama.
-Si, es preciosa.
Sasuke observó como su esposa volvía a cerrar de nuevo los ojos mientras una sonrisa florecía en su rostro.
"Tiene suerte". Le había dicho Karin.
-Sakura –Llamó.- ¿Crees que eres afortunada?
La kunoichi le dedicó una expresión simpática, a medio camino entre la confusión y la sorpresa.
-¿Me lo preguntas cuando acabamos de tener una niña? -Sakura posó su mirada curiosa en él, intentando leer su interior. Pero no era fácil, Sasuke nunca era fácil. Sin embargo, ella sabía que responder.- ¿Y tú?
-Sí.
Rápido y conciso. Sí.
Sakura mostró su dentadura en una sonrisa llena de felicidad, recordando otro de esos "sí" que tanto significaban para ella. El del día de su boda. Sí, Sasuke Uchiha se consideraba así mismo afortunado, después de todo y tanto.
¡Listo!
Bueno, pues parece que ahora me ha dado por alejarme de las situaciones cómicas y liarme en estos asuntos más emocionales. Pero... volveré con la comedia, disfruto mucho haciéndola.
En fin, creo que el final tan abierto del Gaiden nos ofrece muchas, muchas posibilidades. Y, aunque sinceramente prefiero que los autores dejen cerradas y bien cerradas sus obras, Naruto nos da mucho juego a los que nos gusta imaginar diferentes situaciones para nuestros personajes más queridos.
Muchas, muchas, muchas, muchas, y muchas gracias a los que os habéis tomado el tiempo de leer y comentar. En serio, que cada uno de vosotros se de por aludido.
¡Un beso enorme y nos leemos!
PD: ¡Ah! Por cierto, creo que Karin se merece un futuro muy feliz y si puede ser al lado de Suigetsu mejor que mejor...
