¡Buenas de nuevo! Antes de empezar solo quiero hacer una aclaración: si habéis seguido el Gaiden, la primera parte os resultará más que conocida. Lo siguiente ya es pura imaginación. ¡Espero que os guste!


DEBER

-¡¿Quieres decir que hay algo incluso más poderoso que Kaguya en algún lugar?! –Sakura se giró sorprendida hacia Sasuke. No podía ser verdad lo que estaba diciendo. Kaguya había sido lo más parecido a un dios que podía haber, había sido casi indestructible. No podrían batallar contra algo peor.

Así que era eso. Durante dos días había intentado dilucidar que asunto era tan importante como para exigir su presencia en una reunión de Kages. Había hecho sus apuestas: una epidemia, falta de medicamentos, la creación de un congreso médico… Incluso algo relacionado con el Equipo 7. Pero el resultado había sido mucho peor que cualquiera de sus hipótesis. Kaguya. ¿Qué podría ser peor que eso?

Miró uno por uno a los grandes ninjas de aquella reunión. Gaara. Chōjūrō. Darui. Kurotsuchi. Los más fuertes, los más poderosos ninjas de cuatro de las cinco grandes naciones. Porque para representar a la Hoja estaba él: Naruto Uzumaki. Aunque faltaban años para ser nombrado como kage, parecía claro que su presencia en aquella reunión estaba más que justificada. Igual que la de Sasuke Uchiha.

Miró uno por uno sus rostros serios, como tallados en piedra. Ninguno mostraba miedo, ninguno mostraba preocupación. En realidad, no mostraban nada. Una pequeña canción de su niñez apareció en su mente: "'No importa la situación en la que se encuentre, un ninja jamás debe mostrar sus emociones" La regla 25 de más de las 100 reglas del mundo Shinobi. No cabía duda de que aquellos shinobi eran capaces de controlar hasta los latidos de su corazón con tal de no dejar que sus sentimientos y emociones salieran a flote. Pero ella, no. Ella era Sakura Haruno. Y había roto aquella regla cientos de veces. Y ahora tenía ganas de gritar al presentir lo que iba a suceder.

-Alguien debe ocuparse de esto, en secreto.

Las frías palabras de Gaara hicieron realidad sus peores presagios, convirtiéndose en un puñal que le pinzó el vientre. Se llevó una mano a la barriga

Por favor, no, no lo digas. Sasuke, por favor, por favor, por favor, no.

-Yo.

Sakura cerró los ojos con fuerza y apretó el puño que aún seguía a la altura de su estómago. Lo había dicho. Claro, conciso, frío, grave. Como era el último descendiente del Clan Uchiha.

-Yo iré contigo, Sasuke -. Naruto se aproximó unos pasos y dejó caer su mano en el hombro de su amigo.

Sasuke le miró de reojo sabiendo que aquello era imposible. Naruto tenía un deber, su deber, y a él le correspondía otro.

-Como futuro Hokage tienes que proteger la aldea. Haz tu trabajo, yo haré el mío. ¿No es esa la cooperación que buscabas?

Sus palabras sonaron duras, pero todos allí sabían que era verdad. Él era el único que podía rastrear cualquier señar de Kaguya con su rinnegan. Y Naruto debía quedarse en la aldea.

No es justo, kuso.

Sakura consiguió retener las lágrimas durante el resto del encuentro. Permaneció en pie, con la cabeza alta, al lado de Sasuke. Y, a pesar de que se debatía su propio futuro, no prestó atención a ninguna palabra más que se pronunció en aquella sala.

Ella tenía otras preocupaciones en mente. Sus pensamientos volaban hacia una casa de paredes blancas, una mesa de comedor de madera y un jardín primaveral.


Horas y horas había durado aquella reunión. Horas de planes, de compromisos, de mapas, de escondites, de armas. Horas y horas.

Sakura estaba furiosa con cada una de las personas de aquella sala durante el tiempo que duró la reunión. Horas y horas. ¿Es que no se daban cuenta de que Sasuke partiría la mañana siguiente y que ella necesitaba hablar con él? Fulminó con la mirada a todos los que se atrevieron a mirarla a la cara. Ellos no sabían lo que Sasuke se estaba jugando. Ellos no sabían a lo que Sasuke estaba renunciando al aceptar aquella misión. Pero ella sí. Y necesitaba de todo el tiempo del mundo para recordárselo, para hacerle ver que aquel no era el mejor momento para iniciar una misión tan sumamente larga. Ella también necesitaría horas y horas.


La noche caía sobre la Aldea Oculta entre las Hojas cuando por fin llegaron a casa. Sasuke empujó levemente la puerta y Sakura entró tras él. Unos meses atrás, la kunoichi se habría asegurado de que nadie la viese entrar a aquellas horas de la noche en el hogar del Uchiha, pero ahora ya todo daba igual. Todos en la aldea sabían que el Equipo 7 se había recompuesto, que Sasuke volvía a ser ciudadano de pleno derecho en la Hoja y que, por tanto, había recuperado los viejos lazos de los que nunca fue capaz de deshacerse. Y eso la incluía a ella. La señora Uchiha.

Sakura ya no estaba furiosa. La ira había dado paso al cansancio físico y mental. Estaba cansada, harta. No había cruzado palabra con Sasuke a pesar de que ambos sabían que era necesario. Pero no quería, simplemente no le apetecía.

Dirigió sus pies al jardín trasero del Uchiha, ese que tanto había mimado. Se sentó sobre el pequeño porche de madera y se liberó de las sandalias. Posó sus pies en la hierba y dejó que una lágrima rodara por su mejilla. Una lágrima, y otra, y otra, y otra, y cientos más. Intentó dejar la mente en blanco pero al cerrar los ojos solo veía el escenario que presenciaría mañana. La aldea, a su espalda; el bosque, frente a sus ojos; el Hokage, a su lado. Y Sasuke Uchiha dispuesto a abandonar una vez más su hogar para emprender un nuevo viaje. Un nuevo "quiero ir contigo" iría seguido de un "no" tajante, y un suave toque en su frente seguido de un "te veré pronto" que detenía su corazón durante unos segundos. Sus mejillas sonrojadas y una expresión de tristeza y amor verían partir de nuevo al Uchiha.

Sin embargo, mañana sería distinto.

/

Sasuke observó a Sakura sentada en el porche. Cerró los ojos cansado y se dejó caer contra la pared de la sala de estar. Deber… Él tenía un deber. Abrió los ojos y observó como el viento mecía los cabellos de Sakura. Familia… Él podía tener una familia.

Estaba en una encrucijada y no podía salir. El recuerdo de su hermano se materializó en su mente.

Itachi ...

Él se había visto en una situación como la suya. Deber-Familia. En resumidas cuentas: una gran mierda. Itachi había hecho su elección: anteponer las obligaciones, el deber, a su familia. Con solo una excepción, él. Sin embargo, Sasuke no podía hacer excepciones. Hacer excepciones supondría poner a Sakura en peligro y no podía permitírselo.

Su hermano había protegido la aldea desde las sombras y le había querido desde la distancia. Y ahora él debía hacer lo mismo.

Sasuke abrió de nuevo los ojos habiendo aceptado su decisión, su misión. Cogió una de sus capas del perchero de la entrada, la dobló muy superficialmente y la posó en el suelo, en la entrada a la terraza, a espaldas de Sakura. Si ésta sintió su presencia, no dio ninguna muestra de notarlo. Su mirada parecía seguir fija en las flores agitadas por el viento, y su cuerpo, abrazado por sí mismo, no daba señas de notar nada de cuanto le rodeaba. Si Sakura necesitaba tiempo, él se lo daría. Como ella había hecho con él. Pero Sasuke se juró que no se marcharía hasta haber hablado con ella.

Se volvió sobre sus pasos y comenzó a empacar sus pertenencias.

Su ropa habitual, un chaleco táctico y una larga capa. Un pequeño estuche de armas en una de sus piernas y la pequeña mochila a la altura de su cintura. Y, como no, una de sus katanas oculta bajo los pliegues de la capa. Sasuke Uchiha había aprendido a viajar con lo imprescindible.

Salió de su cuarto al amanecer sabiendo que no volvería a estar allí durante muchos meses. Y, antes de bajar por la escalera hacia el piso inferior, sus pies le llevaron de forma inconsciente hacia otro cuarto, una pequeña habitación al final del pasillo. Aunque estaba vacía, se hacía verdaderamente acogedora. Las paredes en blanco y un gran ventanal hacia el jardín de la propiedad la volvían mucho más luminosa y amplia de lo que en verdad era. Faltaban la mayoría de muebles y lo único que adornaba aquella habitación era el proyecto de unas flores de colores pintadas en las paredes y un gran oso panda de peluche en el suelo de la habitación.

Nunca pensó que le dolería tanto entrar allí. Pronto aquel cuarto acogería a un nuevo huésped y él no estaría para verlo. Risas, lloros, enfados, pucheros, mimos, caricias… Y él no estaría allí.

Cerró la puerta de aquel dormitorio con la misma sensación que había experimentado muchos años atrás, cuando decidió irse con Orochimaru siendo poco más que un niño. Entonces, de noche, había volteado la fotografía del Equipo 7, su familia, y había sentido que su camino comenzaba muy lejos de ellos. Aquel gesto había sido muy significativo para él, había supuesto el dejarlo todo atrás, renunciar a lo que Naruto, Sakura y Kakashi podían ofrecerle y entregarse a una vida de sombras.

Y ahora, al girar el pomo de la puerta de aquella habitación, había sentido exactamente lo mismo.


-Te vuelves a marchar.

No era una pregunta, ni siquiera un reproche. Simplemente era un hecho. Naruto le dedicó una larga mirada.

Sasuke estaba serio, como siempre. Centró la vista en el Uzumaki.

-Hmp.

En medio del bosque, el viento azotaba sus cabellos mezclándolos con las hojas de los árboles. Aquel pequeño claro se había convertido en un nuevo punto de reunión para ellos. Un nuevo punto para las despedidas.

-¿Cómo se lo ha tomado Sakura?

Sakura. Ya era más del mediodía y esa mujer aún no se había dejado ver. Y él tenía que irse, debía irse. En realidad, hacía seis horas ya que su misión había comenzado.

-Tsk. Aún no hemos hablado.

Naruto frunció los labios hasta convertirlos en una fina línea. Hinata-chan también se hubiese enfadado de haber sido él quien se hubiese visto obligado a partir tres meses después de la boda. Lo peor no era la despedida, lo peor era no saber cuándo sería el reencuentro.

-No puedo evitar pensar que es terriblemente injusto-. Le confesó a su amigo.

Sasuke se tomó unos segundos para contestar.

-La vida no es justa.

-"La vida no es justa" –parafraseó Naruto-. Y, sin embargo, tú y yo nos merecemos justicia, teme. Te seré sincero, no quiero que vayas a esa misión. Pero sé que debes hacerlo. Querer y deber. Es una auténtica mierda. ¿Sabes? Yo estoy igual que tú. Quiero estar en casa, con Hinata y con el bebé, pero debo estar aquí. Quiero ir contigo en esa misión, pero debo estar aquí. Quiero ir a comer ramen, pero debo acudir a las estúpidas reuniones con Kakashi-sensei. Es una mierda, pero tengo que hacerlo. -Naruto posó sus ojos en el pozo negro que era el único ojo visible del Uchiha-. No se que quieres tú, Sasuke, pero no es justo que no lo tengas.

Sasuke sabía lo que quería, sabía dónde quería estar. Pero no podía. Así que, una vez más, renunciaría.

Alzó su puño como despedida. Naruto le correspondió el gesto. Chocaron.

-Nos veremos a la vuelta, dobe. Te mantendré informado.

Antes de desaparecer engullido por los árboles, la voz de Naruto llegó hasta sus oídos.

-¡No es a mi al único que debes mantener informado!

Y Sasuke asintió en silencio.


Mierda. Sasuke se detuvo ante las grandes puertas de la Hoja. El sol comenzaba a desaparecer en el horizonte y el viento comenzaba a soplar con fuerza. La noche caía y él no la había encontrado. Y no podía irse de esa forma.

Sakura parecía llevarle la delantera. En el hospital, en casa, en la Torre del Hokage… allá donde fuera, Sakura ya había estado allí, y nadie sabía decirle donde estaba su esposa.

Dejó escapar un largo suspiro y posó su vista en el bosque. Comenzaría su misión, ya no podía atrasarla más. No podía posponerlo más.

Tomó aire y dejó que sus pies se moviesen con lentitud, saboreando por última vez el recuerdo de su hogar.

Una vez se hubo introducido en el bosque, su semblante cambió. Su misión había comenzado. Endureció el gesto y eliminó cualquier rastro del brillo que Sakura decía que tenían sus ojos. Ya no tenía amigos, ya no estaba enamorado. Ahora era un ninja, el mejor, era Sasuke Uchiha, y tenía un importante trabajo entre manos.

/

Cuatro horas. Su tranquilidad había durado cuatro horas. Cientos de kilómetros más allá de la aldea, una pequeña presencia se dejaba notar unos metros más al norte. Ni desvió su camino, ni redujo su paso, ni activó su Sharingan. Lo único que hizo fue tensar su mandíbula y convertir su única mano en un puño.

-No deberías estar aquí.

Sakura Uchiha estaba de pie, apoyada contra un gran roble. Una gran capa negra ocultaba su uniforme ninja y la capucha ocultaba su particular cabello de cualquier reconocimiento.

Levantó su mirada cuando escuchó las frías palabras del Uchiha y le dedicó una mirada gélida.

-Tú tampoco.

No solo sus ojos, su voz también sonaba fría, dura.

Sasuke se acercó más a ella, dejando unos escasos metros entre ellos. A esa distancia pudo ver en su cintura el bulto de lo que seguro era una pequeña mochila de viaje. Sasuke suspiró por décima vez en el día. Sakura no había venido a despedirse de él.

-Sakura ...

-Sabes que vengo a decirte-. La kunoichi le cortó rápidamente. Sakura sabía que si le daba la más mínima oportunidad de debatir, Sasuke saldría ganando. Y no se lo podía permitir.

-No.

-No es una petición, Sasuke, simplemente te estoy informando. Iré contigo.

Sasuke miraba fijamente sus grandes ojos verdes. A su entender, eran el punto más atractivo de su esposa. Sakura se comunicaba con ellos. En ellos había visto amor, cariño, complicidad, alegría, ira, tristeza, decepción. Y ahora veía determinación, seguridad, fuerza. Aquellos ojos verdes le miraban fijamente a su vez, aguantándole la mirada, demostrando que no serían ellos los primeros en desviar la mirada. No sería ella la primera en echarse atrás.

-Esto no es un viaje de enamorados, Sakura, no es seguro.

Sakura apretó los dientes y cuadró su mandíbula.

-¿Crees que no lo se? ¿Crees que no se quien es Kaguya? Pues te recordaré algo Sasuke: yo estuve allí. Cuando el mundo se fue a la mierda, yo estaba allí, contigo. Aquello tampoco era seguro pero, ¿sabes que? Soy una kunoichi, nada es seguro.

Sasuke la miraba fijamente. En momentos como aquel, se sentía orgulloso de su esposa, tremendamente orgulloso de ella. Sakura eran una gran kunoichi, era de los mejores médicos del mundo Shinobi. Y cuando hablaba así, con tanta fuerza… Sasuke no pudo evitar recordar la cantidad de veces que la había considerado mediocre y todas las veces que ella le había demostrado cuán equivocado estaba en su juicio. Sakura era buena… y era su esposa. Por eso debía permanecer a salvo.

-No puedes venir, Sakura, no lo hagas más difícil.

-Un motivo –pidió ella,- solo quiero un motivo.

Sasuke sopesó sus palabras. Le había pedido un motivo y ambos sabían cuál era.

-No es lugar para una embarazada.

Sakura sonrió de forma socarrona, como si hubiese estado esperando aquello.

-¿Lugar? ¿Y cuál es mi lugar entonces, Sasuke? ¿Crees que debería quedarme en casa, sola, esperando tu regreso que dios sabe cuándo será? No, no es lo que tú quieres.

-¡Lo que yo quiero no importa!

El Uchiha cortó la distancia que los separaba y posicionó su brazo al lado de la cabeza de Sakura, apoyando la mano en la rugosa corteza del gran roble. Acercó su cuerpo al de su mujer mientras que Sakura retrocedía hasta toparse con la madera del árbol, quedando atrapada.

Sakura intentó hacer acopio de todas sus fuerzas, intentó permanecer fuerte frente a él. Pero, al final, una nueva lágrima rodó por su mejilla y agachó su cabeza viéndose incapaz de controlar el llanto. Algunos mechones rosados se escaparon de la capucha y ocultaron sus ojos. Su cabeza quedó a escasos centímetros del pecho del Uchiha.

Sasuke cerró los ojos y se le hizo una bola en el estómago. Aquello no estaba bien, nada estaba bien.

-Escúchame, Sakura -. Sasuke pasó el brazo alrededor de sus hombros y la atrajo hacia sí, abrazándola. Con su mano le bajó la capucha y liberó el cabello de su mujer. Apoyó su mandíbula en la cabeza de Sakura-. Escúchame. No quiero riesgos. Tienes que estar bien, pase lo que pase, tú y el bebé. Sabes… sabes que eres mi familia, Sakura. No puedo volver a perder eso. ¿Entiendes? No puedo perderte.

Sakura escuchaba atentamente sobre el pecho de su esposo. Se separó ligeramente de él, lo suficiente como para poder ponerse de puntillas y mirarle a los ojos. La mano de Sasuke aún la sujetaba de por la cintura.

-No me vas a perder, Sasuke. ¿Aún no lo entiendes? Nunca me vas a perder. Ni a mí ni al bebé. Pero entiende algo: mi lugar es contigo. Nuestro lugar está contigo. Ni puedo ni quiero pasar este embarazo sola. Eres mi esposo y su padre, Sasuke. Tu lugar está con nosotros. Y si no podemos estar en nuestra casa… bueno, somos ninjas, nos las apañaremos.

Sakura había dulcificado su gesto. Los ojos le brillaban cada vez más por las lágrimas y sus mejillas se habían enrojecido levemente. Y Sasuke no pudo evitar besarla con ansia. Sakura enroscó los brazos alrededor de su cuello y Sasuke apretó la mano en su cintura. Sakura, quién había correspondido el beso después de la sorpresa, se separó de él con una sonrisa. Ambos sabían a que se debía aquella curva de sus labios. Sakura había ganado, suya era la victoria. Sasuke sonrió de medio lado, cómplice.

-Escúchame bien, Sakura. Si algo os ocurre, te haré directamente responsable.

Sakura asintió con fuerza imitando el gesto serio de su esposo. Pero enseguida una nueva sonrisa iluminó su rostro.

-¿Que nos va a ocurrir, Sasuke-kun? Somos ninjas... y los mejores.

Sasuke sonrió levemente y le cubrió la cabeza con la capucha de nuevo. Se separo de ella y comenzó a caminar, dándole la espalda.

-Hmp. Vámonos.


¡Buenas otra vez! No se si os habrá gustado pero creo que es de mis favoritos o, al menos, uno de los que más he mimado.

Como siempre, muchísimas gracias a todos por leer. Me han avisado de una norma que la que no estaba al tanto así que intentaré responder de otra forma a vuestros comentarios, ya que me hacen mucha ilusión. (Si se, claro, porque soy nueva y no se si me manejaré bien)

¡Un beso enorme y nos leemos!