¿Recuerdas la primera vez?
Tobi siempre tenía suerte, sospechosamente a menudo.
Deidara se estaba empezando a preguntar si era simple azar o había alguna fuerza más en juego. En ese caso, había estado completamente convencido de que les asignarían una misión, pues Akatsuki estaba recibiendo muchos encargos últimamente. Por eso, cuando Tobi le hizo prometer que si tenían el día libre se iría a dar un paseo con él, aceptó sin dudarlo.
Resultó que Pein-sama los convocó para decirles que podían tomarse un descanso y ahora estaban ambos ahí en el campo, en mitad de la nada. En el fondo, era mejor que quedarse un día más en la guarida sin que le dieran la oportunidad de destruír algo, pero su dignidad herida le impedía decirlo en voz alta.
Tobi parecía incapaz de quedarse quieto, perdiéndose entre arbustos tras una rana, o entre árboles detrás de una ardilla. Su capacidad para fijar la atención en algo por más de un minuto era nula, aunque no se podía decir que no se lo estuviera pasando bien. Deidara estaba algo aburrido pero tenía pensado remediarlo llevándose a Tobi más tarde a tirar unas cuantas bombas por ahí.
—¡Tobi! ¿¡Dónde estás, hm!? —hacía rato que lo había perdido de vista y Deidara comenzó a preguntarse qué rayos estaría haciendo.
—¡Senpai, senpai! ¡He descubierto algo!
De repente, su compañero salió de la tierra justo bajo sus pies. Deidara fue capaz de saltar a tiempo, antes de perder el equilibrio.
—¡No hagas eso! ¡¿Es que no puedes venir caminando como la gente normal?! —le gritó.
Tobi tenía el pelo y la túnica cubiertos de briznas de hierba, hojas y pequeñas ramitas. En reacción a su regaño, Tobi colocó ambas manos en su nuca.
—Vaya, te he tomado por sorpresa. ¿Quién lo iba a decir? Deidara-senpai siendo un ninja y todo eso...
Instantes después, y ante la visión de una bomba en la mano lista para ser lanzada, Tobi desapareció de nuevo bajo el suelo. Deidara se guardó la araña de nuevo en el bolsillo. Las posibilidades de que la tuviera que usar para amenazar a su compañero otra vez eran altas. Siguió caminando en paz y tranquilidad, la cual duró demasiado poco, porque ni dos minutos más tarde Tobi estaba ahí otra vez.
—Como sigas comportándote así me doy la vuelta y me vuelvo a la guarida, hm —dijo Deidara.
Tobi levantó el índice y comenzó a moverlo de derecha a izquierda.
—No, no, senpai. No es así como funciona. Gané la apuesta, estás obligado a quedarte hasta que yo lo diga. Pero vayamos a lo importante. ¡Quiero enseñarte una cosa! ¡Vamos!
Tobi lo agarró de la mano y comenzó a tirar de él. No era como si no estuviese acostumbrado a tener que quitarse a Tobi de encima cada diez minutos, pero últimamente, el contacto físico con él le hacía sentir cosas que lo dejaban confundido. Verlo prepararse para dormir o salir recién bañado era toda una visión, abdominales definidos, pectorales moldeados, espalda ancha, demasiado para alguien como él. Por no mencionar aquel trasero que se insinuaba bajo el boxer... Una línea vertical dividía su torso, la mitad del cual era de un color inusualmente pálido, pero eso era un añadido a su encanto. Aunque viniese de Iwa, Deidara no estaba hecho de piedra.
¿Cómo podía aquel cabeza hueca tener ese cuerpo? Y lo más importante... ¿Por qué tenía que sentirse atraído por un bobo como él? Por el momento había conseguido disimular, aunque de vez en cuando se recreaba más de la cuenta en las vistas. No creía que Tobi se fuese a dar cuenta de todos modos. No era tan observador.
Pero aún cuando él viviese ignorando aquello, la tensión seguía estando ahí y Deidara cada vez la reprimía peor. Últimamente había comenzado a pensar qué es lo que pasaría si Tobi se diese cuenta, porque a ese paso incluso él tan despistado lo haría. Y entonces comenzarían las preguntas. En sus fantasías cada vez más atrevidas, él lo invitaba a seguir mirando, e incluso ir más allá, y una explicación de por qué tenía esos pensamientos era lo último que quería darle al protagonista de los mismos.
Al llegar a un río, Tobi se detuvo.
—¡Tadaaa! —dijo, sin soltar su mano aún.
Deidara parpadeó. Aún no veía que era eso tan estupendo que a su compañero le entusiasmaba tanto.
—¿Qué?
—¡Un río!
—¿Eso es todo? ¿Un río? ¿Es la primera vez en tu vida que ves uno, hm?
—Deidara-senpai, ¿crees que hay tiburones viviendo en el río?
Deidara chasqueó la lengua.
—Cada vez que pienso que no puedes llegar a ser más tonto, dices algo que supera. Felicidades.
—Gracias senpai. ¿Puedes esperar un momento? ¡Iré a averiguar si hay tiburones! —exclamó desabotonando su túnica de Akatsuki.
—¡Idiota, no los hay! ¡Los tiburones viven en el mar!
Pero Tobi ya andaba quitándose el pantalón, el suéter, las sandalias y los guantes. Antes de que Deidara pudiera seguir protestando, saltó al agua.
—Esto es ridículo —masculló cruzado de brazos—... Pienso irme yo solo y dejarte ahí. No quiero que nadie me vea contigo.
Echó a andar, pero tras unos metros miró de nuevo hacia atrás, hacia el montón de ropa tirado en medio del camino. Tobi iba a meterse en problemas con Kakuzu si perdía su uniforme, eso le enseñaría. Pero luego también recordó que posiblemente Tobi querría ir a cenar y seguro no tendría reparos en aparecer en el puesto de comida con nada más que su ropa interior y su máscara y le haría hacer pasar aún más vergüenza.
Con un suspiro, Deidara fue a donde la ropa estaba y la recogió antes de empezar a caminar de nuevo. En el río, Tobi salía de vez en cuando a la superficie para volver a sumergirse para contarle que había visto peces, cangrejos, una calavera humana, una corona de oro y piedras preciosas, una bota... Pero ningún tiburón.
Pareció darse por vencido tras unos minutos en el agua, tras los cuales salió de nuevo al camino. Deidara no estaba mentalmente preparado para verlo en ropa interior, su cuerpo goteando, brillando con el sol, su pelo negro mojado. De algún modo, consiguió mantenerse fuerte, pero no sabía cuánto podría aguantar sin sonrojarse si Tobi no se vestía inmediatamente.
—Ponte esto de nuevo, estoy harto de cargar con tus cosas, hm.
—¡Pero me voy a resfriar si me pongo la ropa todo mojado! ¿No puedes esperar un poquito más? ¡Hoy hace calor, no creo que tarde demasiado! —suplicó, juntando las palmas.
Deidara apartó la vista, no quería, pero debía si no quería ponerse más caliente aún.
—Te consiento demasiado. Más de lo que te mereces —dijo al fin.
Feliz por haberse salido con la suya, Tobi aligeró el paso, a lo cual Deidara no puso impedimentos. Aquello le permitía mirar sin ser descubierto. Para empeorar todo aún más, el boxer negro estaba completamente empapado y se pegaba a sus nalgas haciendo que se marcase todo su contorno. No sabía si bendecir o maldecir su suerte. Posiblemente lo segundo, porque si ese culito y esas espaldas no hubieran sido de aquel cabeza hueca... si ese culito y esas espaldas perteneciesen a un tipo cualquiera que hubiese conocido en una posada tomando sake, ya habría desplegado toda la artillería pesada de armas de seducción que tenía.
Pero tenía que ser de Tobi. El mismo Tobi que se acababa de meter en un río a buscar tiburones. El mismo que lo hacía enojar una media de diez veces por día. ¿Estaba interesado él si quiera en temas amorosos? Con frecuencia lo dudaba, preguntándose qué pensaría él si tuviera conocimiento de lo que le provocaba cada vez que lo veía así. Quizá se reiría de él, porque eso es exactamente lo que Deidara haría si en otras circunstancias alguien le hubiese dicho que se sentía atraído por Tobi, ni más ni menos. Por eso no podía arriesgarse. Un rechazo de un desconocido no le importaba, ellos se lo perdían. Pero que Tobi lo rechazase estaba a otro nivel, era bastante grave. Perderia el respeto que le tenían en Akatsuki si los demás se enteraban que alguien como su compañero le había frenado en sus intentos de seducirlo.
Distraídamente, acarició la tela del interior de la túnica de su discípulo. Estaba aún tibia por el contacto con su piel. Recrearse en aquel fetiche lo hizo sentir ligeramente patético, especialmente porque Tobi estaba ahí mismo, ajeno a la forma en la que había decidido emplear su tiempo. Pero eso no lo detuvo. Era una forma nueva de experimentar lo que no podía tener y no la iba a dejar pasar.
—¿Pasa algo, senpai?
No se había dado cuenta que Tobi se había detenido y estaba justo frente a él. La máscara naranja en forma de espiral a escasos centímetros de su cara y su cuerpo tan cerca que podía ver con más detalle que nunca todos los pequeños lunares y cicatrices de su torso. La tensión cargaba el aire como una espesa niebla. Quería recorrer esos pectorales con sus tres lenguas.
Si tan sólo Tobi supiera...
—¿Qué te hace pensar que pasa algo? —preguntó Deidara.
Tobi daba golpecitos con el pulgar enguantado a la parte inferior de su máscara.
—Pues verás, normalmente eres tú quien se queja de mí por caminar demasiado despacio, pero ahora es al revés.
Ignoró el comentario. En realidad, Deidara no tenía que darle a Tobi explicaciones de nada.
—Estamos llegando a una aldea. Vístete ya, hm.
Aún después de estar vestido de nuevo, la tensión no disminuyó. Se estaba convirtiendo en lo más frustrante del mundo estar junto a Tobi. La túnica cubría de nuevo su cuerpo, pero no podía olvidarse de lo que ya había visto. Al oír a su discípulo suspirar a su lado, lo observó intrigado por saber qué era lo que le inquietaba ahora.
—Senpai siempre suenas tan molesto... Deberías relajarte un poco hoy.
Deidara le dedicó una sonrisa engreída.
—No tengo tiempo para estar de buen humor, Tobi. No concuerda con mi imagen de tipo duro en una banda de delincuentes. ¿No crees, hm?
Tobi se rascó el pelo.
—Bueno, a veces pienso que Deidara-senpai no es un tipo taaan duro como quiere aparentar.
—¿¡Por qué dices eso!? —preguntó él, tal vez demasiado a la defensiva—. ¡Claro que lo soy, hm!
Lo había dicho como si implicase algo más. O quizá Deidara lo estaba imaginando. Ahora ya no estaba seguro, su forma de mirarlo aún sin pretenderlo podría haberse vuelto demasiado descarada. Tobi podría haberse dado cuenta...
—Paremos a descansar un poco en esa aldea. El senpai seguro que está muy cansado.
Deidara estaba completamente seguro que era Tobi el que quería descansar, pero como siempre, tenía que usarlo a el de excusa. Ya estaba acostumbrado a eso.
El pueblo no era nada especial, una aldea campesina con un pequeño mercado, una posada y un templo. Los habitantes del mismo se les quedaban mirando mientras caminaban por las calles adoquinadas. Aquellas túnicas negras con nubes rojas bordadas llamaban la atención. Deidara no podía asegurar si los reconocían como miembros de Akatsuki. Posiblemente no, ya que era un lugar muy apartado sin tradición militar, pero era obvio que desentonaban con la rutina diaria que todos ahí debían seguir.
Al llegar a una pequeña plaza, encontraron un grupo de chicas jóvenes conversando en el borde de una fuente. Por sus ropas, debían ser granjeras. Las cinco lo observaron cuando pasó. Con frecuencia solía atraer ese tipo de miradas de interés aún sin proponérselo, Deidara era consciente de ser un hombre atractivo. Su sed de reconocimiento lo hacía orgulloso del efecto que su físico estaba teniendo en otros. Pero cuando entró a Akatsuki, su popularidad cayó, Hiruko con su aspecto grotesco y mirada amenazante intimidaba demasiado a la gente y nadie se le acercaba. Tobi por su parte no podría intimidar ni a un gatito aunque quisiera. Por eso, cuando la castaña de pelo ondulado que parecía ser la más atrevida del grupo le silbó provocativamente haciendo a las otras reír, él le sonrió altivo. Su ego algo más grande que unos segundos antes.
Mientras seguían su camino a través de la plaza, observó como Tobi se quedaba mirándolas cada vez más rezagado, hasta que finalmente se detuvo.
—Hey Tobi, vamos no empieces a entretenerte a cada paso otra vez.
Él no dio muestras de haberlo escuchado. Caminó hacia el grupo de chicas y les dijo algo. No pudo escuchar lo que era pero instantáneamente, sus rostros sonrientes se tornaron confundidos. Alzó una ceja mientras veía a Tobi volver de nuevo a su lado.
—¿Qué les has dicho? ¿Te gustó alguna y fuiste a declararte? —lo molestó.
—Sólo fui a preguntar si había algún lugar bonito cerca para visitar con Deidara-senpai, pero este pueblo es aburrido. Vayamos a otro lado.
Deidara parpadeó dos veces. No era común ver a Tobi molesto. Estaba empezando a darle vueltas a la teoría de que se había puesto celoso, incluso si eso en sí mismo sonaba muy loco. El ambiente estaba especialmente tenso. Si estaba celoso quería decir que no le era indiferente. Deidara comenzó a considerar su teoría más seria mente.
Antes de descartarlo como nada más que su imaginación haciendo de las suyas, decidió averiguar algo más. Y para eso tenía que ser directo. Tobi no entendía de insinuaciones. Debía aprovechar que el tema había surgido para que su pregunta no quedase extraña. No se le iba a presentar un contexto mejor.
—Tobi —dijo Deidara, rompiendo el silencio—, por curiosidad... ¿cuál es tu experiencia amorosa previa?
Unos segundos pasaron hasta que Tobi dio señales de haber oído su pregunta. Unos segundos que lo pusieron más nervioso aún.
—Hmm —murmuró al fin, sujetando su barbilla—... bueno... Una vez...
—¿Sí...?
—Una vez, hace mucho tiempo una chica me tomó de la mano.
Deidara casi se desmayó al oír aquella respuesta. Quizá debió imaginarse algo así viniendo de él.
—¿Y? ¿Eso es todo?
—B-bueno... En otra ocasión...
Tras unos segundos esperando, Deidara rodó los ojos.
—¡Deja de hacerte el interesante y habla de una vez! ¿¡Qué pasó en esa otra ocasión!?
Una anciana con una vaca atada a una soga pasó por su lado, se les quedó mirando frunciendo el ceño, murmurando algo sobre forasteros ruidosos.
—¡Nada! —lloriqueó Tobi, jugueteando con sus dedos—. ¡Estaba pensando en una mentira para impresionarte! Pero en realidad, no tengo nada de experiencia. ¡Perdón por intentar mentirte, senpai!
Confirmar aquello sólo hizo que sus fantasías sobre algo pasando entre ellos cobrasen más fuerza. Ser el primero en llegar ahí... Aún lo perturbaba aquel tren de pensamientos, pero la obsesión era aún mayor. Cada vez más difícil de reprimir.
—Ya veo... Bueno, pues deberías ser más atrevido, no sabes lo que te estás perdiendo, se siente bien, hm.
Fijó su atención en el lenguaje corporal de su compañero, como no podía verle la cara era la única forma que tenía de sopesar su reacción. Le interesaba. Hablar del tema no estaba ayudando a disipar la tensión entre ellos.
—¿Cómo de bien? —preguntó Tobi en voz baja.
Lo había conseguido interesar. Podría ser que tuviera sí oportunidad ahí para insinuarse... No. Eso no funcionaría, Tobi no lo pillaría. Si Deidara alegaba intenciones didácticas no quedaría tan mal si él decía que no.
—Oh, mucho. Es como una explosión de sensaciones que no se puede comparar a nada más... Una pena que te lo hayas estado perdiendo —se aclaró la garganta—. Pero Tobi... Estás de suerte porque te puedo hacer una demostración. Es mi deber como senpai al fin y al cabo.
Los siguientes segundos duraron una eternidad para Deidara, mientras él asimilaba lo que acababa de decir. Su pulso se había acelerado tanto que incluso le irritaba.
—¿Demostración...? ¿Deidara-senpai, quieres besarme?
—Esa es una elección de palabras que se da a malinterpretaciones —dijo, fingiendo naturalidad, como si no estuviese ansioso por morder los labios que se escondían tras esa máscara—. No te lo pienses mucho... Dicen que lo hago bien, hm.
Otra vez, Tobi lo tomó de la mano, arrastrándolo a una calle adyacente, fuera de la carretera principal. Interpretó ese gesto como que tenía su permiso.
—¡Quiero esa demostración! —exclamó entusiasmado.
Ansioso por hacer por fin realidad aquello, dejó que el intenso burbujeo que sentía en su estómago guiase sus actos. Se arrimó a él, emocionado por sentir su calor corporal. Tobi giró la máscara a un lado de su cara, dejando al descubierto sus labios y su nariz antes de colocar las manos en su cintura. Deidara puso las suyas a cada lado de su cara, recorriendo con sus pulgares por primera vez la superficie, rugosa en un lado y lisa en otro.
—Cuando cuente tres... Te besaré —susurró Deidara, sus labios casi rozando los de Tobi—. Uno...
Estaba haciendo trampa, pero ya tenía planeado hacerla. El dos y el tres nunca vinieron. Deidara se pegó aún más a su cuerpo y acabó con el estrecho espacio entre sus bocas. Toda la tensión acumulada acababa de explotar a la vez, haciendo que le resultara difícil controlar la intensidad del beso. Porque le hubiera gustado tomarse su tiempo en saborear como era debido aquellos labios, los cuales estaba harto de imaginar en su cabeza cada vez que se llevaba a la boca la palma de su mano derecha. Ya no era su mano, era Tobi de verdad y él debía enseñarle lo que era un buen beso.
Pasada la fase de timidez, Tobi comenzó a besarlo con una fiereza que no se esperaba, pero la lujuria que parecía haberlos poseído no lo dejaba pensar claramente. Deidara a penas sintió dolor cuando su espalda chocó contra la pared de la casa y su compañero lo aprisionó contra la misma usando su cuerpo. Como castigo, mordió su labio inferior pero eso sólo pareció avivar aún más las llamas. Sus lenguas entraron en juego, suaves, húmedas y flexibles, conociéndose la una a la otra por primera vez. Fue como si el beso en sí perdiera protagonismo para convertirse en otra experiencia totalmente distinta, la forma en la que él lo había atrapado, sus respiraciones roncas presas del deseo, estar en ese lugar, expuestos a cualquiera que pasase por ahí, las intenciones que había tenido al inicio, completamente olvidadas.
El beso se volvió más tranquilo antes de acabar, convirtiéndose en un roce de labios. Había sido desordenado, torpe y brusco. Diferente a lo que esperaba pero no por ello menos placentero. Lo que más le intrigaba era saber lo que Tobi estaba pensando. Se apoyó en la pared, ambos jadeando ligeramente. Entonces, su compañero se colocó de nuevo la máscara y comenzó a reír.
—¿Qué, hm?
—¡Di mi primer beso! —exclamó, cubriendo su máscara con las manos—. ¡Di mi primer beso y fue con el senpai!
Tobi corrió al camino principal sin parar de reír seguido por Deidara que no tenía ninguna idea para hacer que se calmase.
—¡Deidara-senpai me dio mi primer beso! —le dijo a la vaca antes de volverse hacia su dueña—. ¡Ese de ahí es Deidara-senpai!
Tobi lo señaló y él consideró muy seriamente usar el jutsu para esconderse bajo el suelo.
—¡Vuelve aquí idiota! —gritó Deidara, viéndolo seguir de largo y compartir su felicidad con un grupo de niños que jugaba a la pelota.
La anciana sacudió la cabeza al verlo pasar.
—Extranjeros...
Toda la calle estaba asomándose a las puertas y ventanas de sus casas para ver de qué iba el alboroto. Sintió ganas de hacerlos explotar, pero su prioridad era detener a Tobi, al cual encontró en la plaza hablando con las chicas de antes.
—¡...y eso pasó, Deidara-senpai sí que besa bien!
Cuando pasó junto a él, Deidara lo agarró del cuello de la túnica, obligándolo a seguirlo.
—Gracias a ti este es un lugar al que no volveremos más —dijo entre dientes.
Juraría que la misión de Tobi era acabar con la credibilidad de Akatsuki. No se quedó tranquilo hasta que no estuvieron de nuevo en el campo. Durante un buen trecho, ninguno de los dos habló. Su mente en conflicto, enojado con Tobi pero con ganas de más, atrapado en una lucha de emociones contrapuestas.
—Umm... Senpai... —murmuró Tobi tras un rato.
—¿Qué?
—¿Somos novios ya?
Hola.
Iba a publicar mañana pero no pude resistirme.
Quería que ambos tuvieran un poco de tiempo para ellos, que no fuera una misión en la que tienen que pasar tiempo juntos obligatoriamente, sino que fueran juntos porque querían , aunque bueno, prácticamente Tobi obligó a Deidara a pasar tiempo con él, pero de algún modo tiene que contrarrestar que Dei se haga el difícil y si Dei no hubiera querido en el fondo no hubiera ido porque es el senpai y quien manda (ja ja).
Posiblemente durante esta semana actualizaré "Cambiemos", hay lemon semi gratuito, pero se viene el cumple de Dei y hay que tenerlo contento *-*
Mochi, también amo que utilice sus habilidades de manipulación para salirse con la suya, para algo bueno tenían que servir. Dei lo aprecia más de lo que se admite a sí mismo. También creo que se llevaba mejor con él que con Sasori, ama todo lo que no le gusta de Tobi xD Hidan se clavaría la estaca en el pecho en mitad de la boda para desearles prosperidad a los recién casados con la bendición de Jashin. Ya te agregué a pinterest (creo) pero no me salen publicaciones T_T
Lybra, movimiento pro Dei en marcha! Tobi aprovechado dejando que su senpai haga todo el trabajo. Pero pronto Deidara se va a enterar de lo que es un buen seme que se respeta, ya en el siguiente oneshot. Me quedé con ganas de escribir un lemon en el taller de Dei, no se, como que es su territorio y que llegue Tobi a imponer es akjdaksds esa pelea contra Sasuke tiene tomas muy guapas de Dei. Hay una donde se mira las manos con la "cámara" en primera persona, y en el suelo se proyecta su sombra, o cuando vomita la arcilla para hacer el clon gigante. Por cierto en ese parque cerca de donde está el monumento en el que Kishimoto se basó para la explosión final hay figuras que se parecen muchísimo a los animales de su C1. Si algún día muy lejano voy a Osaka me pasaré por allí.
Hoy no me lío tanto. En el siguiente como ya dije habrá lemon. Tobi le va a dar duro contra la mesa de trabajo.
¡Hasta entonces y gracias por leer!
