PRINCIPIO.
Unos suaves ronquidos la recibieron al abrir la puerta. Dentro de aquella habitación del 2º piso del Hospital de Konoha, Naruto Uzumaki dormía placidamente abrazado a un gran almohadón. Y a su lado, sentada en uno de esos incómodos sillones de los hospitales y envuelta en una manta, Hinata Hyuga la saludó con una sonrisa. Sakura le correspondió el gesto y, con cuidado de no hacer ruido, se encaminó hacia los pies de la cama para recoger los últimos informes del rubio. Tras un breve vistazo, sonrió y guardó la carpeta en el mismo lugar. Antes de salir de la habitación le hizo un gesto a la acompañante para que siguiese sus pasos.
Afuera, la cálida luz de un nuevo día calentaba sutilmente el pasillo.
-Viéndolo dormir de esa forma nadie diría que hace solo dos semanas luchábamos por sobrevivir -. Comentó Sakura.
-Sí… Naruto-kun está muy tranquilo.
Sakura asintió y apoyó los codos en el alfeizar de la ventana mientras miraba como Konoha se preparaba para afrontar un nuevo día de duro trabajo. Poco a poco, muy lentamente, la Aldea iba rehaciendo su vida.
-Sakura-san… ¿Naruto-kun está bien?
-¿Hum? –Sakura despegó su vista del paisaje sin haber escuchado a la joven Hyuga. Hinata tenía sus ojos puestos en ella, anhelantes a la espera de su respuesta. Sakura ni siquiera tuvo que pensar para saber qué le había preguntado. Sonrió con dulzura y volvió a desviar la vista hacia el paisaje que la ventana le ofrecía-. ¿Alguna vez ha estado mal? Ese baka... Tú lo viste, cuando despertó ni siquiera se fijó en la pérdida de su brazo. Se recuperará, tranquila. Solo necesita unos cuidados más -. Añadió guiñándole un ojo.
Hinata enrojeció violentamente al entender la intención escondida que llevaba aquel comentario.
-Yo solo intento que esté bien y…
-Lo se, lo se, lo se. No pretendía que te sintieses mal, Hinata –Se disculpó entre sonrisas-. ¿Sabes? Le haces bien a Naruto. Es un baka y no se da cuenta, pero algún día lo hará, ya verás –Sakura volvió a guiñarle un ojo divertida para después mirarla con preocupación-. Sin embargo, deberías descansar. Llevas aquí desde que ingresó, te vendrá bien alejarte de esto un rato.
-No… no puedo dejarlo solo –Le confesó con timidez. Hinata miraba al suelo, huyendo de los brillantes ojos verdes que la miraban con curiosidad.- Él lo ha dado todo por nosotros, no puedo abandonarlo ahora –Añadió alzando el rostro.
Sakura sonrió con orgullo y asintió con fuerza. Nunca se había sentido unida a la joven Hyuga, de hecho, apenas la conocía. Pero desde el momento en que la vio arriesgar su vida para salvar al Uzumaki de Pain, una chispa de admiración se había despertado en su interior. Hinata era tímida, demasiado tranquila para destacar en cualquier campo. Sin embargo, aquel día había hecho algo que nadie se había atrevido. Lo había dado todo por amor. Por un amor puro, desinteresado. Por un amor ciego, como el de ella.
-Sí, tienes razón.
Sakura se incorporó con pesadez y, tras un amistoso apretón al brazo de su amiga, se encaminó por el pasillo que llevaba al resto de sus pacientes.
-¡Sakura-san! –La llamó Hinata-. También tú deberías descansar.
Sakura se giró para mostrarle una sonrisa divertida.
-Y lo haría encantada pero hay demasiado trabajo.
Hinata negó con la cabeza y se adelantó un par de pasos, quedando a escasa distancia de su compañera.
-No, no decía en el hospital. Tú… tú también has estado cuidando a Sasuke-san. Deberías descansar.
Sakura borró la sonrisa de su rostro y sus labios se convirtieron en una fina línea de seriedad. Hinata vio la preocupación y el cansancio en aquellos bonitos ojos jade.
Sasuke-san.
Al contrario que Naruto, él no había despertado aún. Once días habían pasado ya desde el fin de la 4ª Guerra Mundial Shinobi. Once días en los que ambas habían compartido las noches con aquellos a los que amaban. La diferencia es que Naruto mejoraba y Sasuke Uchiha no.
Sasuke-kun.
Aunque Sakura se mostrase despreocupada cada vez que Naruto le preguntaba por él, tanto ella como Hinata sabían que aquello era solo pura fachada. Sasuke aún no había despertado y por ello Sakura le acompañaba todas las noches en su habitación, revisando las constantes y rogando para que aquel estúpido Uchiha no le diese una desagradable noticia. Si aquello llegase a suceder, Sakura no se lo perdonaría nunca.
La mano de Hinata se posó en su brazo, sobresaltándola.
-Sin embargo, se que no lo vas a hacer. De la misma manera que yo no dejaré de cuidar a Naruto-kun. ¿Sabes? Tengo algo para ti -. Añadió antes de desaparecer en la habitación de Naruto. Apenas un minuto más tarde, Hinata Hyuga volvía a aparecer con la manta azul en sus brazos -. Te la regalo. No, no, tienes que aceptarla, por favor. Tenemos que ayudarnos en esto, ¿no crees? –Preguntó con una cálida sonrisa.
-Hinata, no puedo…
-Sí, sí puedes. Naruto-kun ya ha despertado así que puedo ir a mi casa y recoger otra. Quédate esta, ¿sí? Las noches aquí son muy frías.
Hinata tenía razón. Las noches en la habitación de Sasuke eran muy frías y la silla que le habían dado para hacerle compañía era terriblemente incómoda.
Sakura apretó la manta conmovida ante el gesto de la joven Hyuga.
-Gracias –Respondió antes de darle un abrazo.
Sakura se deshizo la coleta y se masajeó el cabello, intentando relajarse. Después de un largo turno en el hospital, aquel era el único momento que tenía para ella. Sonrió al pensar en lo que diría Ino si la viese. Era obvio que a sus ojos les faltaban horas de sueño, que su piel pedía a gritos un descanso y que su cabello necesitaba de todos los cuidados que solía hacerle cuando se enteró de que a Sasuke Uchiha le gustaban las niñas con el pelo largo.
Sasuke Uchiha.
Era él su problema. Él siempre era su problema.
Sakura dio un largo suspiro y se dejó caer encima de la cama. Allí, en las habitaciones reservadas para los médicos de guardia, había encontrado su pequeño rincón para desconectar.
Cerró los ojos y respiró lentamente, intentado relajar cada centímetro de su cuerpo para acabar comprobando lo tensa que estaba. La guerra, el caos de la postguerra, los heridos, los familiares, los turnos del hospital… Cargaba con ello sobre sus hombros y sin quejarse, sin descansar si quiera un segundo.
Se giró sobre si misma para enfocar su vista en la pequeña ventana del cuarto, allí donde había colocado unas pequeñas flores en una botella de plástico.
Media hora más tarde, Sakura recorría el silencioso pasillo de la tercera planta hasta la habitación del joven Uchiha donde se quedaría a pasar la noche. Con la manta azul en su brazo, Sakura miraba a su alrededor intranquila. Algo no andaba bien. Apenas estaba a dos metros de la puerta cuando se percató de que los guardias no eran los amables carceleros a los que ella había acostumbrado a llevar café y que siempre picaban a la puerta de la habitación por si necesitaba algo.
-¿Quién va? –Preguntó uno de ellos con voz seca.
Sakura los analizó con ojo clínico. El que se había dirigido a ella era un hombre adulto, quizás rondaba los 40. A su lado, un hombre menor y más delgado hizo ademán de tomar uno de los kunai de su bolsa.
Sakura entrecerró los ojos ante el gesto, pero no se detuvo hasta quedar frente a ellos.
-Haruno Sakura.
Una mano le golpeó la suya cuando intentó agarrar el manillar de la puerta. Sakura miró sorprendida al hombre más bajito.
-El sujeto está despierto. Nadie puede entrar en este cuarto.
Sakura sentía la mano enrojecida y, sin embargo, no hizo ningún gesto de dolor.
¿Qué? ¿Sasuke-kun? ¿Por qué nadie la había avisado?
La emoción subió hasta sus ojos y el apremio se hizo más presente en sus acciones y en su voz.
-Déjenme pasar. Soy miembro del equipo médico de Uchiha Sasuke –explicó aproximándose a la puerta.
-Señorita, nadie puede entrar en este cuarto solo -. Aclaró el mayor de los dos situándose en frente de ella.
-El sujeto está despierto -. Recalcó el otro.
¿Quiénes eran aquellos tipos? ¿Quién les había puesto allí? Nadie le había comunicado el cambio de guardias. Cuando Kakashi-sensei le anunció que la habitación de Sasuke-kun sería vigilada día y noche, ella no puso la menor objeción. Pero aquello era abusivo.
Buscó algo que pudiese identificarlos: una banda ninja, el escudo de alguna casa feudal… Y allí, bordado en la tela que cubría sus hombros, vio el símbolo de Komogakure. La Aldea del Rayo. Tendría que haberlo supuesto. Según le había contado Naruto, Sasuke iba a tener muchos problemas si algún día quería visitar los rocosos terrenos del Raikage. Por lo visto allí no llevaban demasiado bien el intento de secuestro de Killer B ni la intromisión en la reunión de los Kages por parte del Uchiha.
Sakura les miró con rabia contenida, convirtiendo la mano que ansiaba tomar el picaporte de la puerta en un puño.
-¿Sujeto? –Dijo entre dientes-. Esto no es un laboratorio, señores. Él es un paciente y yo soy su médico. Háganse a un lado.
Como si no la hubiesen escuchado, los dos guardias se acercaron más entre ellos, haciendo que acceder a la puerta fuese imposible.
-No puede entrar sola, ¿no me escucha?
Sakura fijó sus ojos en él y dejó que el chakra se acumulase suavemente en su puño. Si no la dejaban entrar por las buenas, entraría por las malas.
Una mano amable se posó en su hombro y ni aún así apartó la vista de aquel tipo ni dejó de concentrar el chakra en su puño.
-Señorita, hágame caso, es por su bien -. Aquel otro guardia parecía más amable, más razonable. Pero solo lo parecía-. El hombre que está aquí dentro es un asesino, el peor de los criminales, no debería entrar sola.
Como si de una ráfaga de viento se tratara, Sakura volvió veloz el rostro hacia aquel hombre. Cruzó sus ojos con los de él e intentó cargarlos de toda la rabia que sentía.
Asesino… Criminal… Sasuke-kun.
Ellos no tenían derecho a llamarlo así, ellos no sabían nada. Se sacudió con violencia la mano que aún descansaba encima de su hombro y aumentó la cantidad de chakra de su puño.
-¿Cómo dice? –Siseó lentamente.
Casi podía sentir el temblor del cuerpo del guardia.
-¿Puede… puede estar segura de que ese hombre no le hará daño?
Zas.
Zas es un globo que revienta. Zas es un golpe a un espejo que se vuelve añicos. Zas es una pregunta que reaviva los miedos de un corazón roto.
Zas era el mazazo que había sido aquella maldita pregunta.
Sasuke-kun, ¿me harías daño?
Si Sasuke Uchiha podía herirla, Sakura sabía que no iba a ser físicamente. Sin embargo, en el terreno de los sentimientos, Sakura era una como gran diana para la fina puntería del Susanoo perfecto del Uchiha.
Se quedó en silencio, fría, con la mirada perdida en algún punto de la puerta detrás de aquellos hombres, donde sabía que Sasuke Uchiha escuchaba todo lo que ocurría. Dejó que el chakra que había concentrado en su puño se disipase lentamente, dejó que la molesta pregunta de aquel hombre calase en su interior.
Sakura sabía qué deseaba decirle, sabía qué deseaba hacerle. Ansiaba espetarle a aquel hombre que Sasuke Uchiha tenía una historia detrás, que gracias a él su bonito culo descansaba tranquilo por las noches, que a él le debía seguir vivo. Deseaba decirle que no, que Sasuke-kun no le haría daño. Un no rotundo, claro, de los que no dejan lugar a las dudas. Y deseaba levantar a aquellos dos hombres del suelo, cogerlos del cuello de sus capas y susurrarles con una mirada amenazadora que si volvía a verlos por allí, que si volvía a escuchar nuevamente aquellas palabras, no volverían enteros a su preciosa aldea del rayo.
Pero no dijo nada. Y las palabras de Kakashi-sensei resonaron en su mente.
"… pero aquellos que abandonan a sus amigos son peor que la escoria"
-¡Sakura-chan! ¡¿Lo has oído?! ¡El teme ha despertado, dattebayo!
Los gritos de Naruto suplantaron su silencio y la devolvieron a la realidad. Sacudió su cabeza para apartar aquellos pensamientos al tiempo que veía a su amigo acercarse corriendo hacia ella, con una sonrisa pintada en la cara.
-Naruto…
-¡¿Qué haces ahí parada, Sakura-chan?! ¡Vamos a ver a…!
-Nombre -. Como si fuese un cuchillo, una voz dura cortó la felicidad del recién llegado. Aquellos dos hombres no se habían movido de su posición ante la llegada de Naruto. Es más, Sakura juraría que, de nuevo, el guardia de menor estatura había vuelto a meter su mano en su bolsillo de kunais.
-Uzumaki Naruto, dattebayo. ¿Me dejáis pasar? Tengo que decirle un par de cosas a ese ba…
-¿Eres parte del personal médico?
La pregunta hizo que el gesto de Naruto se tornara serio.
-No.
-Lo siento, solo pueden acceder miembros del personal médico y de dos en dos.
Naruto buscó en sus ojos verdes algún tipo de ayuda, pero Sakura solo pudo negar con cansancio, haciéndole ver que llevaba un rato intentado entrar.
-¿Qué? ¿Por qué?
-El sujeto es muy peligroso, podría hacerles daño.
Eran más o menos las mismas palabras que le habían dedicado a ella, mas la reacción del Uzumaki fue todo lo contraria a la suya. Naruto estalló en carcajadas, auténticas y despreocupadas carcajadas que llegaban hasta los rincones más ocultos de aquel pequeño hospital.
-¿Has oído eso, Sakura-chan? –Le preguntó aún entre lágrimas y risas-. Que ese baka nos va a hacer daño. ¡Que lo intente de nuevo! Volvería a patearle el culo… -Y volvió a estallar en carcajadas.
Sakura le miró confundida sin entender el motivo de la risa de su compañero. ¿Acaso Naruto no era consciente de que le faltaba un brazo? ¿Por qué…?
"… pero aquellos que abandonan a sus amigos son peor que la escoria"
…Naruto…
Sakura le sonrió con dulzura al entender por qué aquel comentario le había causado tanta gracia. A fin de cuentas, Naruto había sacrificado su brazo con una sonrisa en el rostro, ¿Qué no estaría dispuesto a hacer por su compañero? ¿Qué no estaría dispuesto a hacer por cualquier aldeano? Naruto Uzumaki no abandona. Nunca. Pasara lo que pasara. Si Sasuke podía hacerle daño, estaba claro que él podía devolvérselo.
-¡¿QUÉ ES ESTE ESCÁNDALO?! ¡¿ESTÁN TODOS LOCOS?! -Incluso las paredes temblaron frente el grito de Tsunade. Naruto se atragantó con sus propias risas y Sakura vio temblar a los guardias. La Sexta Hokage se acercaba a ellos con pasos firmes, con la furia pintada en sus ojos y Shizune a sus espaldas-. ¡Quiero una respuesta y la quiero ya!
-¡Oba-chan! Estos dos…
Naruto fue incapaz de continuar. La mano de Tsunade voló hacia su cuello y lo aprisionó contra la pared.
-¡Que no me llames así, baka! ¿Qué sucede aquí, Sakura?
Sakura dio un respingo al oír su nombre en boca de su furiosa maestra.
-Al parecer ha habido un cambio de guardias y ahora no puedo entrar en la habitación de un paciente –Contestó mirando de reojo a los dos extranjeros.
-Un paciente no, un asesino –Masculló uno de ellos.
-¡¿Qué?! -Naruto se zafó con violencia del agarre de Tsunade y se encaró con el guardia más joven, tomándolo del cuello-. Escucha, desgraciado, si estás aquí se lo debes a…
-¡BASTA! -Tsunade sujetó a Naruto por la espalda y le alejó del guardia. Sakura acudió a su lado colocándole una mano en el hombro-. Yo arreglaré esto, Naruto. Ve a tu habitación, no estás en condiciones de andar por aquí… y menos así vestido –Añadió señalando el batín que dejaba ver su trasero.
Naruto frunció el ceño molesto y asintió apretando los dientes. Antes de darse la vuelta y desaparecer del pasillo, cruzó brevemente la mirada con su compañera de equipo.
-Ustedes dos vayan inmediatamente a la torre del Hokage –continúo Tsunade mirándolos con ojos amenazantes-. Sakura, haz tu trabajo.
Despacio, muy despacio, Sakura giró el pomo de la puerta. Adentro, la luz artificial de las lámparas del techo y las cortinas cerradas fueron lo primero que encontraron sus ojos. Y allí, sentado en la cama del cuarto, Sasuke Uchiha miraba algún punto indeterminado de la pared. Hasta que la vio a ella. Entonces, volteó su rostro ligeramente y sus ojos se encontraron con los suyos.
Respira. Respira. Respira.
Sakura había ensayado ese momento mil veces. Y las mil veces se había imaginado haciendo cosas distintas: correr y saltar a sus brazos, dirigirle un escueto "Sasuke-kun", otorgarle una cálida bienvenida con una de sus bonitas sonrisas… Pero todas aquellas ideas se desvanecieron cuando se encontró de nuevo con aquellos profundos ojos oscuros, uno del color del carbón y otro con la forma inequívoca de un Rinnegan.
…Sakura, perdóname por todo…
Esas habían sido las últimas palabras que él le había dicho.
Sakura tragó saliva e intentó forzar una sonrisa nerviosa.
-Normalmente las cosas suelen ser más tranquilas por aquí -Comentó vagamente mientras se encaminaba hacia las ventanas. Una vez allí, corrió las cortinas dejando que la tenue luz del día que se acababa se colase por la ventana de aquel cuarto. -Espero que no te importe.
-Hmp.
Sakura soltó un suspiro y una pequeña sonrisa apareció en su rostro. Se vio reflejada en el cristal, vio su uniforme blanco impoluto y las pequeñas flores que sobresalían del pequeño bolsillo de su casaca. Se dio la vuelta y se apoyó en el alfeizar, dejando que la visión de su viejo compañero tendido en la cama del hospital la transportara a su pasado. Hacía mucho, mucho tiempo atrás, ambos habían estado en una situación parecida. Él, convaleciente en la cama, ella, cuidándole sin descanso.
Bueno, ahora las cosas eran diferentes. Al menos ahora Sakura no llevaba manzanas.
Suspiró una sonrisa y agitó ligeramente la cabeza, dejando que aquellos recuerdos nostálgicos regresaran a su pasado. Con un pequeño impulso se despegó de la ventana y tomó de los pies de la cama del Uchiha los informes médicos.
-Bueno, pues ni tan mal -Explicó mirando los documentos-. Pediré una pruebas y vendré mañana a ver como sigue el brazo, ¿vale, Sasuke-kun?
Sasuke-kun. Mil veces mil le había llamado así. Mil veces en mil ocasiones distintas, algunas incluso le dolía recordarlas. Volver a llamarlo así era como volver a casa.
-Hmp.
Se permitió el lujo de volver a mirarlo, solo una vez más antes de atravesar de nuevo la puerta. Pero ahora él no la estaba mirando, su vista estaba desviada hacia su flanco izquierdo, allí donde debería estar la parte final de su brazo.
-Es posible que Tsunade-sama te lo pueda reconstruir-. Ni siquiera supo por qué lo había dicho. No era más que una idea, una posibilidad entre 100 que la vieja Hokage la había comentado. No había ninguna garantía y ella acababa de darle esperanzas vanas a un paciente.
Sasuke frunció el ceño sin mirarla.
-No. Esto es un recordatorio… -Parecía que iba a añadir algo más, sin embargo, se quedó callado y dejó que la frase flotase en el aire.
Sakura siguió la dirección de su mirada, allí donde acababa la extremidad superior de Sasuke. Un débil escalofrío le recorrió la columna al recordar el estado en el que se había encontrado a sus dos compañeros.
-Sakura… -Llamó. La kunoichi alzó la vista, volviéndo a coincidir con aquellos ojos.- Aún no has respondido a la pregunta.
-¿Qué pregunta?
-¿Puedes estar segura de que no te haré daño?
Su gesto era duro, frío, pero en su mirada había una terrible curiosidad y una calmada espera. Una espera a su pregunta. Y su pregunta no era más que la envoltura de una disculpa.
Sakura se mordió el labio inferior antes de darle una respuesta. Se volvió sobre si misma y volvió a acariciar el pomo de la puerta, abriendo una posible salida ante su pregunta.
-¿Sabes que, Sasuke-kun? –Comentó dándole la espalda-. Naruto me ha enseñado que los lazos que se tienen entre dos personas no se rompen si uno se encarga de mantenerlo vivo. Naruto nos lo ha enseñado a los dos -. Se giró para mirarlo a los ojos con una cálida sonrisa en el rostro-. Mi parte la tienes. Tú decides que hacer con la tuya. Y si intentas algo… estará bien que recuerdes que yo también puedo patearte el culo -. Añadió con una sonrisa burlona.
Sasuke la miró largamente antes de dejar escapar una sonrisa casi imperceptible.
-Tsk. Eres igual que el dobe.
Y Sakura salió de la estancia justo al tiempo en el que Sasuke se recostaba nuevamente en la cama.
Eres igual que el dobe. Las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos y se llevó la mano a la boca para intentar ahogar los sollozos que amenazaban con salir. Hace años, muchos años, cuándo recién se había formado el Equipo 7, el pequeño y frío Sasuke Uchiha le había dedicado las mismas palabras. En aquel entonces, a ella le había parecido el peor de los insultos. Naruto era un baka, un niño molesto y pesado que no hacía más que gamberradas. Ahora, Naruto era un héroe que cuidaba a sus amigos como si fuesen tesoros irremplazables. Él lo había dado todo por su amigo y Sakura sabía que distaba mucho de ser como él. Y, sin embargo, aquellas palabras le parecieron uno de los mayores halagos del mundo, el primero que Sasuke le dedicaba. Significaba compañerismo, amistad, confianza.
Era el primero de sus halagos... Y no sería el último.
¡Apuf! Que dificil. ¡Os confieso que he cambiado esta historia casi 20 veces!
Tardé mogollón, lo se, y espero de verdad que haya cumplido con vuestras expectativas o que, al menos, os haya gustado un poco.
Del capítulo decir que me encantaría una especie de camadería entre Hinata y Sakura, ambas tienen compañeros muy difíciles. Y en cuanto a la "reunión" Sasuke-Sakura... Pues no se, creo que Sakura ha crecido y madurado lo suficiente como para tirarse a sus brazos nada más verle. Pero es mi opinión, claro, la realidad solo la sabe aquel que no nos la quiere revelar. M. Kishimoto.
De nuevo, muchas-muchas-muchas- y un millón de muchas gracias a todos y todas.
¡Un beso enorme y nos leemos!
