EMPEZAR DE NUEVO.

Sakura volaba entre los árboles. Con una sonrisa en el rostro y el sonido del viento como compañero, la joven kunoichi se deslizaba entre las ramas. Naruto iba con ella, al frente, abriéndole el paso. Sasuke iba a su lado, a su derecha, con su gesto serio y desafiante. Sakura sonrió feliz; amaba verlos juntos, amaba esa sensación que se instalaba en su pecho cuando veía paz entre ellos, cuando volvían a formar un equipo. Sin embargo… algo pasó. Un sonido hueco a su espalda la sobresaltó. Trató de girarse para ver que había sucedido pero Sasuke fue más rápido: se abalanzó sobre ella haciendo que perdiese el equilibrio y ambos cayeran hacia la oscuridad.

-¡Sakura! –Escuchó gritar a Naruto. Era un sonido lejano, como si ya estuviese a cientos de kilómetros de él.

-¡Sakura! –Esta vez la voz parecía más cercana. Algo se posó en su brazo-. ¡Despierta!

Y Sakura dio un brinco en su asiento, abandonado los dulces brazos de Morfeo.

-¡No! –Gritó asustada sin saber muy bien donde se encontraba. Se levantó de un salto dejando caer la manta azul que la había protegido aquella fría noche.

-¿Estás bien?

Unos ojos azules la miraron con preocupación. Sakura fijó su bonito rostro e intentó recordar su nombre. Kira… Ko… ¡Koizumi! Una de las nuevas enfermeras del hospital.

El hospital… Eso es, estaba en el hospital de la Hoja. Aquello solo había sido un sueño. Sakura miró a su alrededor buscando pruebas que corroboraran aquella hipótesis. Y entonces, le vio a él. Sasuke Uchiha descansaba en su cama, mirándola con severidad. Sakura volvió el rostro hacia la joven enfermera huyendo de aquellos ojos tan profundos.

-Gomen nasai –Contestó con una sonrisa tranquilizadora-. Solo fue una pesadilla.

La chica le correspondió el gesto dulcemente.

-Venía a darle esta nota, Sakura-sempai.

Sakura tomó el sobre al tiempo que se agachaba a recoger la manta azul. Aquello era un regalo de Hinata, su primera muestra de camadería. Aquella manta azul se merecía todos los cuidados posibles.

La joven chica se despidió con una leve inclinación y Sakura abrió curiosa el contenido del sobre. Extrajo una pequeña nota y se encaminó hacia la ventana del cuarto para poder verla mejor.

"Sakura,

Os espero mañana a las 8:00 de la mañana.

Díselo a Sasuke, se que está contigo.

Kakashi.

PD: Sean puntuales."

¿Puntuales? ¡¿Tendrá morro, shanaroo?! Como si fuésemos nosotros los que siempre llegásemos tarde…

Sakura levantó la vista del papel.

-¿Sabías algo de esto? –Preguntó. Sasuke volvió su rostro hacia ella mirándola sin entender a qué se refería. Cuando Sakura ella le explicó el contenido de la carta, Sasuke negó levemente con la cabeza. Sakura suspiró algo irritada y dirigió su vista hacia el reloj del cuarto-. ¡¿Ya son las nueve?! ¡Ay dios, me he dormido! Tengo que ir a revisar al resto de pacientes, Sasuke-kun. Vendré dentro de un rato a chequearte y si todo está bien te irás de alta en unas horas.


-¿Tú te has visto?

Ino la jaló violentamente del brazo haciéndole perder su puesto en la cola de la cafetería. La arrastró por todo el local hasta que llegaron a un pasillo menos transitado.

-¿Estás loca? –Se quejó Sakura.

-¿Yo? Pero, ¿tú te has visto? –Al ver que su amiga la miraba sin entender, Ino la condujo hasta el baño más cercano y la colocó frente a su espejo.

Sakura lucía horrible. Por primera vez en su vida, la kunoichi entendía las acciones de su amiga: estaba claro que no podía ir por ahí con aquellas pintas. Su pijama se veía arrugado y manchado con café y restos de líquidos que ella no recordaba. Su cara se veía blanca, mucho más pálida de lo normal, y unas marcadas ojeras bordeaban sus cansados ojos jade. Y su cabello… la coleta en que lo había sujeto para pasar la noche se había desecho casi por completo, dejando varios mechones sueltos y rizados. Sakura lucía horrible. Y no solo físicamente. -¿Has vuelto a pasar la noche aquí?

Sakura abrió el grifo del lavabo y se enjuagó la cara con esmero. Para cuando cerró el grifo, el agua fría había bajado la hinchazón de sus ojos y le había dado a su piel un aspecto más vivo. A través del cristal también vio como Ino esperaba una respuesta.

-¿Y eso te sorprende?

Ino bufó cansada.

-Lo que me sorprende es que Sasuke-kun no te haya echado de su cuarto.

Y a mi también.

Un suave rubor y una sonrisa aparecieron en su rostro. Sakura se deshizo la coleta y comenzó a desenredar su cabello con los dedos pensando que lo que decía su amiga era verdad. Sakura había pasado todas las noches allí, durmiendo en la molesta silla del cuarto y Sasuke no le había dicho que no. Aunque, para ser sinceros, Sasuke no le había dicho nada.

-Sabe que es por su salud…

Ino estalló en carcajadas a su lado.

-Ya claro, por su salud… -Añadió mirándola con burla.

-¡Que tú no te preocupes por tus pacientes no significa que el resto no lo hagamos! –Le espetó Sakura molesta.

-¡¿Qué yo no me preocupo por tus pacientes?! Pues te diré algo, frentona: ¡veto tu entrada en la habitación de Sasuke-kun en defensa de tu salud!

Ahora fue Sakura quien se aprovechó la oportunidad para reirse.

-¿Quién eres tú para prohibirme a mi nada, Ino-cerda?

La vena de Ino se hinchó hasta límites nunca vistos por la pelirrosa.

-¡La médico que se queda hoy de guardia! –Ino se detuvo unos segundos para intentar tranquilizarse. Después, giró sobre si misma y se dirigió hacia la puerta del baño.- Óyeme bien, frentona. Hoy saldrás fuera, tanto si te gusta como si no. ¡Si sigues con esas pintas traumatizarás a tus pacientes!

-¡Ino!

Pero era demasiado tarde. Ino ya había abandonado el baño y le había cerrado la puerta.


La amenaza de Ino había sido real, tan real que ni siquiera la habían dejado entrar para recoger las pocas pertenencias que había dejado en la habitación de Sasuke. Según palabras de uno de los guardias que vigilaban la habitación "Sakura Haruno no está autorizada para entrar en esta habitación. No duden en usar la fuerza si intenta entrar de malas formas" Y, después de dudar durante unos segundos, el guardia había añadido la siguiente frase: "Chúpate esa, frentona"

Estúpida Ino…

Así pues, horas más tarde Sakura abandonaba de forma obligada el que había sido su hogar durante los últimos diez días. El Hospital de la Hoja quedaba a sus espaldas y el recuerdo de lo que había sido Konoha se asomaba frente a ella.

Esbozó una triste sonrisa y comenzó a caminar por el sendero de tierra dejando que fueran sus pies los que marcaran el camino. ¿A dónde ir? Poco le importaba. Ya no tenía una casa a la que regresar.

El rostro de Sakura se iba tornando cada vez más serio mientras recorría las callejas de la reducida aldea. Mirase a donde mirase, todo le recordaba que allí había habido una guerra. Que ni siquiera hacía un mes que habían estado en la batalla. Que Neji había muerto. Que otros muchos habían muerto.

La impotencia se reflejó en su rostro.

Ahora que no tenía a Naruto a su lado, ahora que no tenía aquellas enérgicas palabras y aquel embriagador discurso que conducía a la victoria, el cansancio y la pena se instalaron en ella. Sakura había estado ocupada, terriblemente llena de trabajo, atendiendo a todos los heridos que había podido, visitando a todas las familias que le pedían ayuda. Sakura había sido útil allí en el hospital. Había cuidado de sus pacientes, había salvado a los que podía y acompañado hasta el último suspiro a los que no. Y ahora, allí, en medio de una Konoha que intentaba volver a levantarse, Sakura sintió que toda la adrenalina del trabajo se esfumaba y que el cansancio calaba hondo en ella.

Cuando se quiso dar cuenta, sus pies la habían llevado al improvisado monumento a los caídos: una extensión de terreno con un gran sauce, flores y decenas de bandas ninja. De la Hoja, de la Arena y del resto de naciones había bandas totalmente envejecidas por el paso del tiempo y bandas dolorosamente nuevas.

Un llanto atrapó su atención. A unos metros de ella un niño se abrazaba a si mismo.

La compasión se adueñó de sus acciones y la guió hasta su lado. Cuando llegó a su altura, se sentó a su lado, sobresaltando al pequeño. Así fue como Sakura descubrió los bonitos ojos miel que adornaban la cara de aquel pobre niño. La miró con lágrimas en los ojos y las mejillas sonrojadas por el llanto. Cuando Sakura esbozó una pequeña sonrisa, el niño volteó su rostro y volvió a esconder la cabeza entre sus brazos. La kunoichi exhaló un suspiro y aguardó pacientemente hasta que fuese el niño el que se dirigiese a ella.

Poco a poco, el llanto fue cesando.

-¿Tú también vienes por alguien?

Sakura volvió su rostro hacia él. Seguía sentado, con los brazos cruzados apoyados sobre sus rodillas, mirando fijamente el gran sauce llorón.

Sakura sopesó la pregunta. ¿Qué le había llevado hasta allí?

-Sí...

-Mi mamá también esta ahí -. Un sollozo se escapó de sus labios.

Los ojos de Sakura se llenaron de pena y se contuvo para evitar que las lágrimas rodaran por sus mejillas. Lentamente colocó una mano en la espalda del pequeño hasta que se convirtió en un abrazo de consuelo.

Media hora más tarde, seguían allí, abrazados contemplando el juego del aire con las hojas del gran árbol.

-Gracias.

La voz del niñó la sobresaltó. Estaba tan calmada, tan mecida por el viento, que Sakura podría haberse quedado allí durante horas.

Arigatou. Hace muchos, muchos años, Sasuke también le había dado las gracias.

-Todo el mundo me dice que tengo que ser fuerte, que tengo que estar bien para cuidar a mi hermano pequeño, que mamá siempre estará con nosotros - El niño de ojos miel mascullaba aquellas palabras. En su boca era como serrín que se atoraba en su garganta, eran el hastío y el cansancio de un anciano hablando con la voz de un niño-. Y a mi no me apetece ser fuerte.

Sakura asintió con pena, entendiendo las palabras del pequeño. Lentamente, le pasó una mano por el cabello alborotándoselo con una sonrisa.

-A mi tampoco me apetece ser fuerte –Le confesó.- Pero tengo gente que me exige ser fuerte.

-Yo no tengo a nadie.

El niño apartó su cara de la mano amable de la kunoichi y volvió a enterrar su rostro entre sus brazos.

-Claro que si. -Sakura le golpeó el brazo con un puño suave y consiguió que los ojos miel volviesen a mirarla-. Tienes un hermano, ¿cierto? ¡Ah! Se que me acabas de conocer pero te aseguro que soy un encanto, mi nombre es Sakura. ¿Que te parece si hacemos un trato? ¿Por qué no pruebas a ser fuerte por nosotros? Y yo a cambio te prometo que cuándo ninguno de los dos quiera ser fuerte, encontraremos un sitio mejor para pasar la tarde que este lugar tan fúnebre, ¿hecho?

Le ofreció su mano para cerrar el trato y Sakura tuvo que esperar un par de minutos para que aquel chiquillo decidiese cerrar el trato con ella.

-¿En ese lugar... habrá ramen?

Sakura lo miró confundida y de pronto estalló en carcajadas.

-¿Ramen? ¿En serio te gusta? ¡Sí, claro que sí! Si te gusta el ramen adelante, nos hartaremos de ramen ese día.

Y con un gran apretón de manos, cerraron un trato que llevarían a cabo durante muchos, muchos días.

Minutos más tarde, fue Sakura quien rompía el silencio con una sonrisa nostálgica.

-¿Sabes que, Nakao-kun? Me recuerdas a dos amigos míos.

El niño la miró curioso mientras davoraba una de las chocolatinas que Sakura había comprado en el Hospital.

-¿Si? ¿Son guapos?

-¡Baka, no lo decía por eso! -Sakura le golpeó nuevamente el hombro entre risas-. Ambos tuvieron una infancia difícil.

-Entiendo... -Cuándo la kunoichi vió como aquellos brillantes ojos comenzaban a oscurecerse de nuevo, se recriminó haber devuelto a Nakao-kun a la realidad de la que intentaba salir. Sin embargo, el pequeño la miró fijamente y le dio un gran mordisco a la chocolatina ignorando los recuerdos que se agolpaban en su mente-. ¿Y se recuperaron?

-¡Claro que sí! Uno de ellos va a ser Hokage, ¡ya verás!

-¿Hokage? ¡Guau! ¿Y el otro?

Sasuke-kun… ¿Qué futuro le esperaba a Sasuke-kun?

-El otro… Espero que llegue a ser feliz algún día.


A unos metros de distancia de la kunoichi y del niño, Sasuke Uchiha apretó la manta azul que llevaba en la mano mientras las palabras de Sakura resonaban en su mente.

Ser feliz...

-Tsk.


-¡Sakura-chan, llegas tarde!

Sakura rodó los ojos mientras una mueca de disgusto se apoderaba de su rostro. Ya sabía que llegaba tarde, ¿por qué Naruto tenía que recordárselo? Cuando llegó hasta ellos se fijó en que aún faltaba una persona.

-¿Y kakashi-sensei?

-Estará salvando algún gato… Sois los dos un desastre, dattebayo…- Sakura lanzó una mirada asesina a su sonriente amigo. En unos pocos segundos, el puño de la kunoichi acertó de lleno en el rostro zorruno del Uzumaki.- ¡Ay! ¡Sakura-chan!

Sakura no estaba para bromas. Después del encuentro del día anterior con Nakao-kun, Sakura sentía que algo no estaba bien. Había permanecido toda la noche en vela a pesar de su agotamiento. Ahora no solo estaba cansada sino que encima tenía un sentimiento inquieto que acechaba su mente. Tenía que hacer algo, debía ayudar a todos los pequeños como Nakao-kun pero, ¿cómo? ¿Qué podía hacer ella? ¿Qué hubiese podido hacer ella por Naruto y Sasuke-kun? ¿Cómo aliviar tanto dolor?

Suspiró y se dejó caer contra la barandilla en la que Sasuke estaba apoyando, sin darse cuenta de cómo éste la miraba de soslayo.

-¡Ohayo!

Sakura elevó el rostro para ver como Kakashi-sensei se dirigía hacia ellos a paso lento, como si no llegase escandalosamente tarde.

-¡Llegas tarde, Kakashi-sensei! –Le recriminó Naruto apuntándole con el dedo.

-Gomen, gomen… Tuve que hablar un par de cosas con la Hokage y…

-¡Mentira!

Sakura entrecerró los ojos con suspicacia. Quizás Naruto se hubiese adelantado y aquello no fuese mentira. Tsunade-sama ya había manifestado su deseo de buscar un nuevo sustituto para el puesto más deseado durante la 4ª Guerra Ninja Mundial.

Con tantos candidatos como hubo, no le será difícil encontrar un nuevo Kage. Pensó con una sonrisa.

Kakashi se detuvo ante los integrantes del viejo Equipo 7. Muchos años atrás ante él se habían presentado unos niños idiotas con la esperanza de que él los entrenara, y ahora eran otras personas muy distintas las que tenía ante sus ojos. Jóvenes y más maduros, con mil historias a sus espaldas y mil problemas que habían cargado sobre sus hombros. El viejo Equipo 7 había cambiado… y era hora de empezar a conocerlo de nuevo.

-¿Saben, chicos? Creo que nada queda ya de los idiotas que conocí aquí hace muchos años…

-¿Idiotas? –Interrumpió Naruto.

-… Han seguido caminos muy distintos pero, a pesar de eso, vuelven a estar aquí, en la Hoja. El viejo Equipo 7 ha resurgido y sin embargo, ustedes son totalmente distintos a como eran antes. Creo que debemos empezar presentándonos.

-¿Presentarnos?

-Sí. Igual que hace años: que nos gusta, que nos disgusta, hobbies, sueños para el futuro…

-¡Genial, dattebayo! ¡Yo primero! Mi nombre es Naruto Uzumaki y me encanta el ramen. Me gusta ir al Ichiraku con Iruka, Konohamaru o Sakura-chan y probar todas las variedades de ramen que existen. Odio los tres minutos que hay que esperar para que el ramen esté listo. ¡Eso es lo único que odio que no puedo cambiar, dattebayo! Mmmm... ¿que más? Pasó las horas entrenando y comiendo ramen y estoy feliz con ello, de veras. Mi sueño será una realidad: ¡seré el próximo Hokage!

Pues si que hemos cambiado, sí. Naruto sólo había añadido pequeñas líneas al que fuese su discurso cuándo era un niño. Ahora que tenía amigos, ahora que tenía el reconocimiento que tanto había ansiado y que tanto se merecía, Naruto era feliz. Feliz y sencillo, ese era Naruto Uzumaki.

-Siguiente.

-Yo soy Sakura Haruno… -¿Qué quería ella? Hace años la respuesta a todas aquellas preguntas había sido realmente fácil: Sasuke. Le gustaba Sasuke, su hobbie era Sasukel y su sueño para el futuro era Sasuke. Demo… ¿a caso no había cambiado? -Me gusta estar con gente, me gusta estar en el hospital con Ino, acompañar a Naruto y al resto al Ichiraku y… Oh, por dios Naruto, ¡no pongas esa cara, baka! Por supuesto lo que más me gusta es que pague él –Añadió ante la mirada azul que le miraba haciendo chiribitas-. Mi hobbie es la medicina y mi sueño para el futuro…-Sasuke. Aquel estúpido Uchiha volvía a irrumpir en sus pensamientos. Sasuke, Sasuke, Sasuke… Quería a Sasuke, deseaba ayudarlo, hacerlo feliz. Feliz… Feliz como debiera estar Nakao-kun, aquel pobre niño huérfano con el que había hecho un trato. -Voy a construir un hospital para niños.

Boom. En ese momento supo la respuesta. Esa era su misión: ayudar. Estaba en su mano mejorar la vida de otros niños como aquel, ¿por qué no hacerlo?

Sus compañeros posaron sus ojos en ella y Sakura se ruborizó. Podía sentir la cálida sonrisa de Kakashi bajo la máscara, la mirada llena de admiración del Uzumaki y cómo los fríos ojos de Sasuke la miraban con curiosidad.

-Siguiente.

-Sasuke Uchiha -. Seco y frío. Así había sido su presentación. Así era él, en realidad.

-Oh vamos, teme. Algo te tiene que gustar a parte de las serpientes. –Comentó Naruto con una sonrisa burlona en su rostro.

Sasuke le dirigió una mirada asesina.

-Tsk. ¿Cosas que me gustan y me disgustan? No he tenido tiempo para eso ni para hobbies. Y sueños para el futuro… -Sasuke alzó la vista al cielo-. Estoy en blanco, solo deseo seguir así.

¿En blanco?


Poco después de que Kakashi hiciese su particular presentación (en la que nuevamente el único dato revelado había sido su nombre), un AMBU se lo llevó a la torre del Hokage, dando así por finalizado la reunión de aquel día.

Solo quedaban ellos dos. Naruto hacía minutos que se había desviado hacia su apartamento, por lo que Sasuke y ella caminaban en silencio, sumidos cada uno en sus pensamientos. El apartamento destinado a la kunoichi ya se veía cuando Sasuke detuvo su paso en medio del camino.

-Sakura. –. Sakura se volvió hacia él y le observó sacar de una de las bolsas del Uchiha una tela azul que lanzó hasta sus brazos-. Te la dejaste en el hospital.

La kunoichi cogió al vuelo la prenda y la desenrolló para comprobar como el regalo de Hinata-chan volvía a sus manos. La manta que la había acunado todas las noches que pasó con él.

-Arigato, Sasuke-kun –Con una sonrisa sincera, todas las dudas que le habían generado la presentación de Sasuke volaron de su mente. Ante ella se encontraba él, Sasuke Uchiha, algo que llegó a pensar que no sucedería jamás. Apostar que Sasuke volviese a la Hoja era arriesgado y sin embargo, había vuelto. Así, había vuelto como era ahora. Y había que aprender a aceptarlo. En otro momento, muchos años atrás, ella se hubiese echado a sus brazos, le hubiese susurrado un "gracias". Pero ahora ya no.

-Hmp.

Sasuke reanudó sus pasos y adelantó a la pelirrosa, quien seguía detenida en medio del camino. Con una sonrisa aún en su boca, Sakura rebuscó en uno de sus bolsillos las llaves de la casa.

-Sakura… -Volvió a llamar el Uchiha. La chica alzó el rostro y dejó que la brisa del aire le alborotara los cabellos mientras sus mejillas se sonrojaban. Sasuke estaba allí, a pocos metros de ella, mirándola con una expresión noble en el rostro. No llegaba a ser una sonrisa pero sus facciones no eran tan duras como solían. Era simplemente Sasuke, el Sasuke de hace años, aquel niño que sonreía con orgullo, que la miraba reconociéndola como alguien importante para él-. Dile a Nakao que lo haré, que intentaré ser feliz. Ahora tengo tiempo. Tú ayúdale a él.

Y después de eso, Sasuke volvió el rostro y prosiguió por el camino que le llevaba hasta su nuevo hogar en Konoha.


Sakura entró en su casa con las lágrimas resbalándole por las mejillas y la manta apretada contra su pecho. Se apoyó contra la puerta y se dejó caer hasta el suelo mientras una tonta sonrisa aparecía en su rostro. Se llevó la mano hacia los ojos e intentó sin éxito secarse las lágrimas.

Estúpido baka. Sasuke había estado allí, con ella y con Nakao-kun. Probablemente hubiese ido a devolver la manta pero lo importante era que la había escuchado y ahora le reconocía su trabajo.

"Tú ayúdale a él", dale lo que Naruto y yo no tuvimos, guíale por el buen camino.

"Dile que lo intentaré ahora que tengo tiempo, ahora que estoy en blanco" En su mente, las piezas del rompecabezas se unían sin esfuerzo. Ahora Sasuke no tenía objetivos, no tenía venganzas, estaba vacío pero de una forma beneficiosa. Estaba en blanco. Podía pensar, podía encontrar la respuesta a todas sus preguntas, podía dedicar tiempo a vencer sus horrores.

Podía perdonarse y comenzar su camino de redención.


¡Equilicuá!

Casí, casi, casi se me olvida el llanto en este capítulo. Casi. Pero creo que al final está bien, que pega con toda la escena.

Tenía desde hace mucho tiempo la idea de las presentaciones en la cabeza, de cómo serían después de tanto tiempo. Se que Naruto quizás quedó un poco básico, pero en el fondo y a mi entender, él es así.

Cuando juntas una idea realmente vieja con ideas que surgen a partir de antiguos capítulos… esto es lo que pasa. ¡Espero que os haya gustado y que no haya resultado muy caótico!

De nuevo MUCHAS, MUCHAS, MUCHAS, MUCHAS gracias a todos y a todas, de verdad.

¡Un beso enorme y nos leemos!