Hay lemon.
El juego del incauto y el cobarde
Deidara clavó los dientes en su última bola de dango, la sacó del palo y empezó a masticar. Un murmullo de aprobación vibró en su garganta cuando el sabor de la salsa dulce de soja inundó su boca. Estaba disfrutando tanto de aquel pequeño aperitivo que Deidara no tenía ganas de echar a andar de nuevo. Tobi había dado en el clavo al insistir tanto en parar ahí por un rato. No había probado un dango tan bueno en mucho tiempo y el té de matcha que ambos estaban tomando no se quedaba atrás.
Las niñas, nietas de la dueña del establecimiento correteaban por ahí armando un poco de alboroto, pero podía tolerar eso mientras no se pusieran demasiado pesadas. Estar de buen humor aumentaba también su paciencia. Pronto tendría la ocasión, tras unas semanas de baja actividad, de usar por fin sus bombas. No en entrenamientos con Tobi sino en una situación real. Notaba su estado de ánimo en la forma en que consintió cuando el cabeza hueca que tenía por compañero quiso parar un rato a comer, aunque a pesar de sus intentos no había podido conseguir verle la cara otra vez, de la cual sólo había visto la mitad inferior dos veces. ¿A qué tanto secreto cuando ya la había visto e incluso lo había besado? El tabú lo frustraba, y quería regañarlo por ello, pero se vería demasiado interesado y Tobi se burlaría de él, acabando con su buen humor.
De hecho, ya se enojaba con solo pensarlo.
A lo lejos, vio venir a un hombre montado a caballo, acercándose al galope. Las niñas comenzaron a gritar, llamando al que parecía ser su padre. Se colocaron en medio del camino, enfrentando al caballo que venía en su dirección.
—¡La primera en apartarse pierde! —dijeron a la vez, haciéndose obvio que era un juego al que solían jugar a menudo.
Las miró interesado, recordando que él también solía jugar a algo así cuando entró a la academia. Al final las dos se apartaron a la vez, iniciando una breve discusión sobre cual de las dos había ganado hasta que el padre bajó del caballo y les prestó atención.
—¿En qué piensas, senpai? —preguntó Tobi, trayéndolo de vuelta.
Su compañero también llevaba un rato callado. El poder de un buen almuerzo debió apaciguar su lado molesto.
—Cuando recién entré a la academia de Iwa, un juego se puso de moda. Se llamaba "el juego del incauto y el cobarde". Los niños hacíamos un círculo, alguien dejaba una etiqueta explosiva en el suelo y la activábamos. El primero en apartarse era considerado el cobarde del día todos se reían de él.
—¿Y el incauto?
—El incauto era el que queriendo ganar el juego, se quedaba más de la cuenta y acababa herido. De esos también nos reíamos.
Tobi se estremeció.
—¡Se ve un juego peligroso! ¿No se lo prohibían los adultos?
—Al contario. Tenían la idea de que era bueno para desarrollar el instinto ninja por lo que incluso lo incentivaban, hm —contestó encogiéndose de hombros.
—Por cierto, senpai. ¿Has visto eso de ahí?
Miró hacia donde su compañero señalaba. Un farolillo blanco de papel de seda en forma de cerdo.
—¿Qué le pasa? —dijo, preguntándose qué idiotez estaría a punto de soltar por la boca.
—¿No crees que se parece sospechosamente a tus bombas? —Tobi rió, poniendo su mano enguantada sobre su máscara, donde debería ir su boca. Deidara entrecerró los ojos, no se fiaba de él ni un pelo—. Quizá el senpai sacó el diseño de ahí... Vaya, vaya... Y pensar que todo este tiempo fueron un plagio...
15 minutos después...
Plagio.
La palabra no paraba de resonar en su cabeza una y otra vez.
Plagio, había dicho.
Deidara había puesto a Tobi en órbita por atreverse a asegurar que sus diseños no eran originales. Su idea era perderlo de vista un tiempo, con un poco de suerte el suficiente para capturar al tres colas él solo y llevarse todo el mérito. Pero para su desgracia, su molesto discípulo había encontrado el camino de vuelta mucho más rápido de lo previsto.
—¡Senpaaai, Tobi lo siente! ¡Seamos amigos de nuevo!
Lo ignoró. Es lo que pensaba hacer el resto del día hasta que regresaran a la guarida después de haber terminado su misión.
—¡Tobi te mostrará su cara si lo perdonas! —canturreó, interponiéndose en su camino.
Estaba comenzando a usar la artillería pesada para hacerlo reaccionar. Él lo rodeó, como si hubiera sido un obstáculo en medio del sendero. Es cierto que se moría por verle la cara entera, pero no podía vender su orgullo tan bajo.
—O... Quizá lo que Deidara-senpai quiere ver es otra cosa...
Esa vez, estuvo a punto de gritarle que dejara de hacer el idiota, pero se contuvo. Mantenerse impasible, eso era lo que debía hacer. Tobi corrió de nuevo para adelantarlo y se escondió tras una roca.
—Mira, mira, Tobi se cubre la cara pero no el culito...
Le tentó echar un vistazo. No podía creer lo lejos que estaba llegando en su intento por salirse con la suya y hacer que le hablara de nuevo, aunque fuera para gritarle o regañarle. Giró teatralmente la cabeza hacia el lado opuesto, haciéndole ver que no iba a ceder, hiciera lo que hiciera. Esa vez, lo oyó suspirar decepcionado. Quizá si seguía así, Tobi se cansaría y harían el resto del camino en silencio.
Lo vio pasar de nuevo corriendo y esconderse tras un árbol y Deidara se preguntó si ese milagro iba a ocurrir pronto o aún le quedaban unas cuantas horas de suplicio por delante. Debía reservar la arcilla para la misión. Una pena.
Cuando pasó junto al árbol, Tobi se asomó.
—Soy una linda colegiala enamorada de su senpai —dijo con voz aún más aguda de lo normal.
Un escalofrío recorrió su espalda cuando asimiló quién era el senpai en ese escenario y quién era la colegiala. Se detuvo, dándose por vencido. Esta vez, ganaba Tobi y Deidara no podía creerse lo que estaba dispuesto a hacer o decir por llamar su atención.
—Colegiala... enamorada... ¿De qué rayos estás hablando?
Tobi juntó ambos puños sobre su máscara mientras se agitaba nerviosamente de un lado a otro.
—¡Habló! ¡El senpai le habó a Tobi por fin, es como un sueño! ¡Tobi se va a desmayar de la emoción!
—Estás llevando esto demasiado lejos —masculló Deidara siguiendo su camino—. Pero tú ganas esta vez. ¿Estás contento? Ahora cierra la boca durante el resto del camino, hm.
—Oh, pero Tobi hablaba en serio. Muy, muy en serio.
Nadie más en toda su vida lo había enojado como él lo hacía, Tobi tenía muy pocos escrúpulos a la hora de gastar bromas. Deidara comenzó a barajar la idea de darle una lección. Usar su propia estrategia contra él y ver cuánto tardaba en echarse atrás. Se giró, observando atentamente la máscara naranja.
—Hablabas en serio... ¿Sobre que eres una colegiala enamorada de su senpai? ¿Tú eres la colegiala enamorada... y yo el senpai?
—¡Obviamente! —dijo, poniendo las palmas de las manos de nuevo frente a la máscara, como ocultando un sonrojo—. ¡Tobi no puede creerlo, podemos comenzar por A, si el senpai quiere! Luego tal vez B... Aunque eso ya ha pasado... Y luego... Luego... Bueno... A Tobi le da vergüenza pero C no estaría mal...
Deidara entrecerró los ojos, comenzando a sentir cómo se sonrojaba ante el descaro de su discípulo, intentando no pensar en todas las imágenes mentales que sus palabras habían provocado. Estaba apostando fuerte, eso debía admitírselo. Y él debía estar un paso más allá.
—No te creo —dijo cruzándose de brazos—. Si de verdad eres una colegiala enamorada de su senpai, demuéstralo.
Eso hizo que Tobi dejase de reír como la colegiala que decía que era.
—¿Demostrarlo...? ¿Cómo quiere Deidara-senpai que se lo demuestre?
Si no estaba equivocado, era un intento por llevarse de nuevo el balón a su terreno, pero él lo vio venir de lejos.
—No sé. Haciendo lo que quiera que hagan las colegialas enamoradas de sus senpais a sus senpais, hm —explicó sin perder la compostura.
Lo había dicho. La etiqueta explosiva había sido prendida. Ahora sólo había que ver si Tobi tomaba el desafío o se retractaba. Estaba convencido que iba a ser lo segundo. Por eso, cuando comenzó a caminar hacia él, comenzó a pensar que se había equivocado. Pero ya no podía echarse atrás.
Cuando se detuvo frente a él, observó su máscara, sabiendo que él también le estaba mirando en ese mismo momento.
—El senpai no va a explotar a Tobi... ¿Verdad?
—¿Qué pasa, tienes miedo, hm? Sabía que eras un cobarde —dijo para provocarlo.
—¡Tobi no es un cobarde! —exclamó indignado, cruzándose de brazos.
—¡Entonces demuéstralo!
Ni bien terminó de decir aquello, Tobi apoyó las manos en sus hombros casi con demasiada fuerza y lo empujó contra el tronco de un árbol. No, definitivamente su discípulo no iba a echarse atrás, pero no podía quejarse, él se había metido en ese lío e iba a salir de él con la cabeza bien alta. Si iban a besarse otra vez, entonces eso significaba que podría verle la cara otra vez, memorizar más detalles de sus peculiares facciones.
Los siguientes segundos se hicieron interminables. Casi pensó que de un momento a otro Tobi iría a salir corriendo. Pero no. Tobi se inclinó sobre él, su máscara muy, muy cerca de su rostro. Con ayuda de su pulgar, comenzó a levantarla... Él tragó saliva...
E inesperadamente, Tobi se agachó. Antes de que pudiera procesar lo que estaba pasando, Deidara sintió que su túnica se abría y se volvía a cerrar con su discípulo adentro. Sintió su mano recorrer su muslo en dirección ascendente, hasta agarrar el elástico de su pantalón y dar un tirón hacia abajo.
—¡TOBI! ¿¡Qué... qué crees que estás haciendo!?
Tobi sacó una mano con su máscara naranja afuera, dejándola caer al suelo antes de volver a desaparecer bajo la negra túnica. El artista pegó con desesperación su espalda contra el tronco del árbol para que las rodillas no le cedieran cuando sintió una lengua suave, húmeda y caliente recorrer la piel de sus muslos.
—¡Te he hecho una pregunta, hm! —gritó.
—Lo que las colegialas enamoradas hacen a sus senpais —dijo con naturalidad—. ¿No era eso lo que querías que Tobi hiciera?
—¿Y tú cómo sabes que...? —un bocadito en un lugar sensible mandó una placentera corriente eléctrica a cada rincón de su cuerpo, dejando la frase a medias—. Y aquí en medio del maldito camino. No sabía que te iba el exhibicionismo.
—¿Qué pasa, tienes miedo? ¿No será Deidara-senpai... un cobarde? —preguntó con malicia.
—¡Jamás! ¡Sigue, hm!
Si Tobi no pensaba detenerse, él tampoco. No iba a ser el cobarde. Si lo hacía parar, le perdería el respeto para siempre. En el caso de que pasase alguien, lo haría explotar y asunto arreglado. Además, estaba comenzando a gustarle demasiado aquello. La temperatura comenzó a aumentar ahí abajo, mientras la sensible piel de la zona interior de sus muslos era besada, lamida, succionada y mordida, y su respiración junto con su pulso se volvían más y más agitados. Se agarró al árbol con más fuerza aún, cuando casi pierde el equilibrio al sentir una mano sobre su ropa interior, acariciando su miembro semi erecto, cerrándose sobre su punta para luego seguir hacia abajo y repetir el proceso. Dejó escapar un gemido grave, su cuerpo doblándose hacia delante. Con aquella mano tocándolo sobre la ropa, no tardó mucho en endurecerse del todo. El muy idiota lo había conseguido, y su mente estaba demasiado nublada como para que le importase.
Tobi se estaba tomando su tiempo, haciendo que Deidara moviese sus caderas, buscando más fricción de la que estaba recibiendo. La sutil indirecta funcionó. Sintió como las manos agarraban el elástico de su ropa interior, retirándola de un tirón. Esas mismas manos comenzaron a continuación a acariciar de nuevo toda la longitud de su miembro. Él entrecerró los ojos en un acto reflejo, aún sin creerse del todo lo que estaba ocurriendo. Jamás imaginó que Tobi estaría tan dispuesto a llegar tan lejos.
Al sentir a continuación sus labios rozarlo, mantenerse de pie se convirtió en una tarea más difícil aún. Se mordió el labio inferior, ahogando un gemido que aún así consiguió espantar a una bandada de aves cercanas. La lengua entró en juego, girando en círculos alrededor de la punta, humedeciéndola, haciéndola arder con una calidez que pronto se extendió a todo su cuerpo. Fue en un fugaz momento de lucidez provocado por el subidón de temperatura, cuando se dio cuenta que estaba empapado en sudor y desabrochó como pudo el botón superior de su túnica, dejando una abertura para que entrara aire fresco. No sirvió de mucho, porque cuando Tobi aumentó la velocidad, sintió como si su cuerpo entero fuera a arder por las pulsaciones de placer que lo sacudían.
—Qué bien sabes, senpai.
Pronto le supo a poco, necesitaba más, pasar al siguiente paso. Aquello ya sólo podía terminar de una manera. Su mano se posó sobre la túnica, justo donde la cabeza de su discípulo estaba. La empujó hacia él, dejándole claro lo que quería que hiciera. Un gemido largo y profundo se le escapó como consecuencia de la presión abrasadora comenzó a envolver su miembro, mientras se adentraba más y más profundo en aquella húmeda cavidad. El morbo de la situación haciendo que las sensaciones se multiplicaran. Nunca había estado en una así, o tal vez fuera porque se trataba de Tobi, o un poco de ambas, pero sentía como si no pudiera aguantar mucho más.
Metió la mano por la túnica para agarrarlo del pelo, le hubiera gustado hacerlo con más brusquedad. Pero las fuerzas parecían haberlo abandonado. En respuesta, Tobi aumentó la presión y la velocidad, recorriendo su miembro hacia atrás y adelante a un ritmo que le hizo perder todo el contacto con la realidad que le quedaba. El placer comenzaba a desbordarlo, la presión creciente en la parte baja de su abdomen comenzaba a acumularse, marcando el inicio del punto sin retorno. Necesitaba urgentemente librarse de ella. El agarre en su pelo aumentó, a la vez que su desesperación.
—¡Mmhh... To... Tobi...! ¡Voy a...! ¡Nnnhhh...! —consiguió decir justo antes del estallido final de placer.
Maldijo en voz alta, descargando una y otra vez en aquella cavidad que aún lo envolvía, casi perdiendo el equilibrio del todo. La pequeña parte de su cerebro que aún podía funcionar bien, hizo un esfuerzo titánico para coordinar sus piernas en medio de aquella sacudida de placer. La realidad perdió su sentido por unos instantes, disolviéndose en algo confuso e indefinido.
Le costó recuperarse. Su prioridad era recuperar el aliento. En esos momentos no podía pensar en nada más.
Tras ajustarle de nuevo la ropa, Tobi sacó de nuevo la mano y agarró la máscara que había dejado en el suelo. La colocó de nuevo antes de salir y levantarse. Ver la cara post orgásmica de su senpai había hecho que todo valiera la pena. No tenía más experiencia de lo que había leído en uno de los libros de la colección Icha Icha, pero no podía haberlo hecho tan mal cuando él se había corrido. Deidara estaba apoyado en el tronco del árbol, su boca entreabierta, jadeando, mejillas sonrojadas y piel brillante por el sudor, pelo revuelto y túnica torcida, dejando al descubierto uno de sus hombros. Que lo partiera un rayo si esa no era una de las visiones más escandalosamente sexys que había visto nunca. Se apoyó en el tronco él también, justo a su lado, tomó su barbilla en sus manos y la giró para hacer que lo mirase, sus ojos azules brillaban más que nunca.
Sí, su senpai se veía bien, y sabía aún mejor.
—¿Crees a Tobi ahora?
Él aún estaba falto de aliento. No queriendo ser el cobarde, había acabado siendo el incauto, y le había gustado demasiado como para enojarse con él.
—Hum... No imagino... A una colegiala haciendo eso a su senpai —respondió él haciendo un amago de sonrisa.
—¿Ah no? Pues Tobi una vez leyó un libro en el que ocurría exactamente así.
—No quiero saber qué clase de libros sueles leer ni de dónde los has sacado, Tobi... Pero está bien. Te creo, hm.
—¡Qué bien! ¿Vamos ahora a cazar a ese tres colas juntitos, senpai?
Deidara se quedó pensativo un momento. Aquello le había sabido a poco y a él le gustaba tomarse su tiempo. No había ninguna prisa, ese bicho no iba a irse a ninguna parte.
—¿Tres colas...? ¿Y por qué no mejor... tres bocas? —dijo mostrándole a su discípulo las palmas de sus manos, tras lo cual lo agarró del brazo y comenzó a buscar un sitio más resguardado.
Ser un exibicionista no era lo suyo, además ahora necesitaba más que nunca ya no sólo verlo sin máscara, sino ver las expresiones que haría mientras él lo compacía.
—Está bien, empecemos por las tres bocas —dijo Tobi con entusiasmo dejándose arrastrar.
Y no sólo estaba interpretando a Tobi. Obito, muy a su pesar y sabiendo que era posiblemente la peor de las ideas, era de la misma opinión. No queriendo ser el cobarde, estaba a punto de convertirse en el incauto, muy gustosamente.
Ya se encargaría de los remordimientos después.
Ok, este oneshot no tocaba aún, pero no tengo listo el que le sigue. No he tenido tiempo de terminarlo T_T Este es uno de los primeros que escribí en realidad. No lo publiqué porque quería dejar los lemons para más adelante, y luego cuando comencé a publicarlos es como que se me hizo que no era su turno aún. Y así falló la misión del sanbi (ok no). Mi propia versión de ESA escena. En esta ocasión, aún no se tienen tanta confianza pero ya ha habido un poco de toqueteo previo :D xD que quedó como tema tabú, básicamente porque Deidara recibía de Tobi señales contrapuestas (por los remordimientos por su plan y porque él es así), y a veces pensaba que sólo se estaba riendo de él. Pero ya no importa lo mucho que intente aguantar, tarde o temprano siempre acabará volviendo como colegiala. Beso en el muslo es lo que toca en este.
A, B, C, D son las cuatro fases de una relación amorosa según los japoneses. Lo vi ya en unos cuantos shojos que leí hace tiempo xD A es tomarse de la mano en público (A Tobi le gusta esto), B es besarse en los labios, C es tener relaciones sexuales, D casarse.
Mochi, me reí tanto con lo de Kisame estornudando, aunque a veces me da la impresión que tiene una vena bromista, bien podría haberle hecho la novatada diciéndole que él también se lo tuvo que hacer a Itachi cuando entró y Tobi fingir creerlo xDD De verdad, Obito no sabe donde se ha metido, lo bueno es que debe fingir ser baka para no delatarse y eso lo va a hacer bajar la guardia. Varios de los comics de pixiv están en pinterest, otros no, espero que hayas conseguido ver algo. :D
Lybra, también recordé esa peli que en España se llama "Yo, yo mismo e Irene". Me gustaría reflejar cuantas facetas en su relación pueda, sin ignorar las más oscuras. Después de todo esto es también una forma de distinguirlo de entre los demás, una que podría muy bien darse dado que él encuentra consuelo en ver a la gente sumida en la desesperación. Le disipa las dudas por haber escogido ese camino. Porque las tiene. Es raro cuando la web anda bien del todo.
Ale, sí, Obito ahí cometió un error, él mismo se dio cuenta después, empezó con la intención de usar a Tobi para hundirlo, pero vio que no lo consiguió y la situación siguió escalando y escalando hasta que incluso Deidara pudo sentir su odio. Luego lo compensó siendo el doble de bobo y siendo extra servicial. Dei le va a tirar una bomba que le va a romper todas las maldiciones de golpe. Aquí viene la limonadita, menos concentrada que de costumbre pero bueno, ya vienen los clones de camino :D
No sé qué pasará en el siguiente. Un poco de introspección tal vez. No puedo vivir sin angst.
¡Gracias por leerme y hasta el siguiente!
