SÓLO ESTE MOMENTO EN EL QUE TÚ ANDAS CONMIGO.
¿Sabes que te digo, teme? Que como no cuides lo poco que tienes, algún día lo perderás.
Caminaba unos centímetros detrás de él con una sonrisa nostálgica en su rostro lleno de ternura. Con las manos juntas tras su espalda y un paso tranquilo, se aguantaba las ganas de lanzar al mundo una alegre carcajada, de detener su camino y besarle allí mismo.
Una vez más, Sakura estaba segura de amar a Sasuke Uchiha. Y hoy era una de esas contadas ocasiones en las que podía asegurar sin temor a equivocarse que él también la amaba.
Uno de los hechos que la llevó a zanjar sus dudas a cerca de los sentimientos del joven Uchiha era una mirada, una simple y sencilla mirada que se había producido apenas una hora antes, cuando Naruto y él fueron a visitarla.
Casi medio día les había llevado a sus viejos compañeros de equipo una misión de rango D, un trabajo tan fácil que cualquier pequeño genin podría hacer, una empresa que sólo debía haberles llevado cuatro horas. Y ellos habían tardado algo más de diez.
Habían irrumpido en su consulta tan llenos de barro que el niño al que estaba atendiendo se había puesto a llorar. Polvorientos, sucios y molestos, ese había sido el resultado del encargo tan aparentemente sencillo que se les había asignado: localizar cuatro ratones de laboratorio que se habían escapado. Algo rápido para un Sharigan y algo lo suficientemente entretenido como para distraer a Naruto durante un rato y que dejase de molestar. En qué momento aquello se convirtió en una verdadera odisea fue algo que Sakura nunca supo con claridad pues, mientras intentaba localizar el sitio donde el rubio había sido mordido por uno de los ratones, aquellos dos idiotas no dejaban de lanzarse pullas. Los "bakas", "temes", "dobes" y "usuratonkachi" se dejaron oír por toda la clínica y los "es tu culpa" dejaron a Sakura con la nostalgia del jardín de infancia.
¡¿Sabes que te digo, teme?! Que como no cuides lo poco que tienes, algún día lo perderás.
Y allí había ocurrido; magia. Ante la sutil amenaza de Naruto, Sasuke había levantado la mirada hacia ella, como si pensara que era ella lo único que le quedaba por perder. Casi podía leer la pregunta en sus ojos: "¿es eso cierto?" Apenas la miró unos segundos pero solo con ese tiempo debió bastarle para obtener una respuesta pues, sin que Naruto se diese cuenta de lo que sucedía a su alredeor, Sasuke desvió la vista con un gesto de autosuficiencia.
-Hmp-. Y una pequeña sonrisa arrogante apareció en sus labios.
Casi idéntica a la que Sakura mostró en su rostro.
Empujó el pomo de la puerta y aguardó unos segundos para cerrarla, dejando que ella entrase tras él. Sin palabras y sin necesidad de invitaciones, Sakura volvía a invadir una casa que sentía ya como suya.
Comenzó a descalzarse al mismo tiempo que Sasuke arrastraba sus pies hacia la escalera, perdiéndose en una de las habitaciones del segundo piso. Por su parte, ella dejó los zapatos en la entrada y colgó su abrigo rosa en el perchero, dejando allí también la cinta roja que organizaba su cabello mientras trabajaba. Se desperezó como un gato, estirando cada una de sus articulaciones y masajeándose con firmeza los hombros, intentando deshacer las contracciones que le provocaban el estrés del hospital.
Bostezó cuando se sintió plenamente relajada y dirigió sus pies desnudos hacia la cálida instancia que era la cocina de aquel apartamento. Con pequeños toques de madera en el suelo y en el mobiliario, la cocina era una de las salas especiales de la casa, un lugar donde el recuerdo de ellos dos cenando tranquilamente bajo la tenue luz del exterior se convertía en un recuerdo digno de atesorar con cariño. Abrió uno de los cajones de la encimera y tanteó las diferentes bolsitas de té, como un niño dispuesto a escoger el mejor caramelo de la tienda. Dio con el indicado para aquel momento y, tras un par de minutos, Sakura salió de la cocina con una taza humeante entre sus manos.
Sasuke tardó aún veinte minutos en reunirse con ella. Llegó al hall de la casa todavía con la toalla en la cabeza, secándose descuidadamente el pelo. Ni siquiera necesitó un vistazo rápido para ver la silueta de Sakura al otro lado del cristal que separaba el jardín, sentada en el improvisado porche bebiendo una taza de té. Arrojó la toalla sobre la mesa del comedor y dirigió sus pasos hacia ella, recorriendo descalzo el cálido corredor de madera. Se quedó unos segundos de pie, a espalda de ella, intentado mirar hacia ese punto indeterminado donde se perdían los pensamientos de la kunoichi. Cuando se cansó, pasó a observarla a ella. La veía allí, tranquila, disfrutando de aquel trocito de naturaleza que ella misma había arreglado. Posó sus ojos oscuros en su cabello rosa, revuelto y ligeramente ondulado después de haberse pasado varias horas sujeto en una coleta. Deslizó la mirada hacia su cuerpo, siempre envuelto en alguna prenda de algún color vivo, como aquella blusa roja tan característica. Visualizó la taza entre sus manos y como sus pies se camuflaban entre la hierba. Sin embargo, su rostro quedaba oculto ante sus ojos y, a pesar de ello, Sasuke podía describirlo perfectamente: sus grandes ojos verdes, sus mejillas coloreadas como acostumbraban a estar cuando él estaba cerca, su tez blanca y sus labios rosados curvados en una pequeña sonrisa, siempre.
-Empiezo a pensar que sólo vienes a mi casa por el té.
Se sentó detrás de ella, ocupando el espacio entre la pared y su espalda. Dejó que sus piernas quedaran a ambos lados del cuerpo de Sakura, permitiéndola así recostarse en su pecho. Ella aceptó de buena gana aquel ofrecimiento y así, como otras tardes, Sasuke volvía a acunarla, como un niño que abraza con ternura un osito de peluche.
-Bueno, es un buen aliciente, ¿no crees?
En esa posición, él estaba desprovisto de cualquier fachada. Sakura podía escuchar los latidos de su corazón, podía sentir vibrar sus cuerdas vocales, podía saber si su respiración estaba agitada o no. Así él no tenía manera de fingir indiferencia, no tenía manera de demostrar que no le importaba. Podía hablar, dar discursos dolientes y gritar a los cuatro cielos que ella no era más que una molestia, y demonios si lo era. Pero en un abrazo no se puede mentir. Y ambos adoraban momentos tan íntimos como era aquel.
-¿Sabes? –Sakura fue la encargada de romper aquel silencio tan cómodo como profundo. Su voz apenas fue un susurro lento, el tono de aquel que comparte en voz alta un recuerdo-. Cuando Naruto se enteró de que esta casa iba a ser para ti quiso construir una estatua de él mismo en medio del jardín. Conseguimos que desechara esa idea al decirle que seguramente la usarías para practicar con tu katana. La siguiente idea que tuvo el muy baka fue la de tallar su rostro en la fachada, como si del monte de los Hokage se tratara. Si miras hacía allí puedes ver donde comenzó a levantar la madera, y allí donde su cara entró en contacto con mis puños.
Sasuke se unió a la risa tranquila de Sakura exhalando una sonrisa. Podía imaginarse perfectamente al rubio con un kunai en la mano dibujando su rostro en la fachada del edificio. Y con la misma claridad podía pensar en la reacción de Sakura, una kunoichi lo suficientemente apasionada como para golpear cada iniciativa de Naruto sin miramientos.
Después de aquel ameno recuerdo les invadió un silencio tranquilo en el que Sakura se dedicó a observar como la primavera se iba esfumando poco a poco dejando paso al invierno y Sasuke optó por apoyar su mentón en la coronilla rosa de Sakura, cerrando los ojos, solo concentrándose en respirar.
-¿Sientes paz?
A Sasuke le impresionó la pregunta. Abrió los ojos y solo atinó a ver las manos de Sakura, que jugaban aburridas con uno de los cordones de su pantalón.
-¿Qué es para ti la paz? –Preguntó.
Sakura se tomó unos segundos antes de contestar.
-Pequeños momentos en los que te sientes lleno. No es nada específico, no es una situación determinada. Puede ser ver a los demás felices y sentirte feliz por ello, puede ser más egoísta y ser algo tuyo, algo personal. No lo se, pero es algo que sabes cuando lo tienes. Es respirar hondamente y pensar: sí, aquí me quedaría el resto de mi vida, quiero congelar este momento, volver a él siempre y volver a sentir lo mismo-. Sakura se giró en sus brazos y le miró divertida-. ¿Y que es para ti, Sasuke?
-Este momento.
La frase la golpeó como si fuese un soplo de aire. ¿Lo decía por ella? ¿Ella estaba incluida?
-¿Te quedarías aquí el resto de tu vida? –Preguntó suavemente.
-Sí -. Sasuke le devolvió la mirada. Verde y negro-. Tú me lo prometiste una vez, dijiste que si me quedaba contigo todos los días serían felices.
-No mentía.
-Lo se –Sasuke seguía tan pendiente en lo que podía leer en los ojos esmeraldas que no notó como se había estirado hacia ella y como Sakura no se había alejado-. ¿Y tú, Sakura? ¿Te quedarías aquí el resto de tu vida?
Sus frentes chocaron y ambos cerraron los ojos.
-Me quedaría contigo el resto de mi vida –susurró ella.
Y la besó. Uno, y otro, y otro más. Así hasta que un mechón aún húmedo del cabello del Uchiha acarició el rostro de la kunoichi y ella no pudo evitar reírse. Se separó de él, quien seguía aguardando por un beso y, al ver su rostro anhelante, depositó un casto beso en sus labios.
-Hmp-. A medio camino entre un gruñido y un gesto de asentimiento, Sasuke dejó que Sakura volviese a ocupar su pasada posición, nuevamente acunada en su cuerpo. Justo antes de que su compañera volviese a mirar hacia el jardín, hizo una apreciación-. Te brillan los ojos.
Sakura se volvió para mirarlo con gesto burlón.
-Será porque estoy feliz contigo.
-No a todo el mundo le pasa cuando está conmigo.
-Ya bueno, no a todo el mundo le caes bien.
Sasuke aceptó aquel golpe a su orgullo arqueando las cejas, mirándola en un gesto de autosuficiencia y regalándole una media sonrisa engreída. Ella rió ante su expresión y volvió a recostar sobre él.
-¿Eres feliz?
Sakura lanzó un lento suspiro al aire y se removió en sus brazos, levantándose a regañadientes. Se desperezó y se acuclilló ante él, quedando parada delante de aquellos ojos tan atrayentes que tenía el Uchiha.
-Llevo toda la vida soñando con menos que esto, ¿cómo podría no serlo?
Posó las manos en su cara y le besó, incitando ella, conduciendo ella el beso. Se separó al poco tiempo con una sonrisa y se enderezó.
-Sakura…
-¿Hn…? – Ella tomó del suelo su taza de té y caminó los dos pequeños pasos que la llevaban hasta el interior de la vivienda mientras bebía el último sorbo.
-… ¿Cuáles crees que son los motivos que tiene la gente para casarse?
Y ella, ante una pregunta tan irreal como repentina, solo pudo responder de la misma forma irreal y repentina: escupió los dos últimos sorbos de la taza del té. Mientras tosía e intentaba no ahogarse, un rubor profundo le invadió el rostro y sus mejillas se colorearon de un rojo intenso. ¿Casarse? ¿Sasuke Uchiha había dicho "casarse"? Es más, ¿Sasuke Uchiha conocía siquiera la palabra "casarse"? Se giró hacia él sin apenas notar como un hilo de té le caía por un costado de la boca. Sasuke la miraba fijamente apoyado contra la pared, con su semblante serio y digno. No parecía existir ningún atisbo de broma en su cuerpo y sus ojos… Sus ojos eran dos mundos tan distintos el uno del otro que lo único que tenían en común es que la miraban a ella, anhelantes de una respuesta.
-¿Ca-casarse? Eh… Pues no se… ¿Casarse de boda? ¿Del casarse de: "¡Vivan los novios!"? ¿Un motivo para ese casarse? Pues no lo se… ¿No vivir en pecado?
Sasuke desvió la vista de sus ojos y oteó el horizonte con una sonrisa pícara, desafiante.
-Creo que en toda mi vida no he hecho otra cosa que pecar, ¿por qué habría de preocuparme ahora? Tsk.
Casi con molestia, se levantó con elegancia y se acercó peligrosamente a ella, arrinconándola contra la fachada de aquella hermosa casa. Él seguía siendo más alto que ella, quizás algo más de media cabeza. Sasuke debía bajar la vista si quería perderse en sus ojos y ella solo podía verle la boca, unos finos labios que se movían para dedicarle palabras que jamás pensó escuchar.
-¿Cuáles crees que son las razones por las que la gente se casa, Sa-ku-ra?
Un escalofrío recorrió su columna cuando sintió como la voz grave del Uchiha acariciaba su oído y como su cuerpo se amoldaba al suyo. En esa posición apenas podía pensar, ¿cómo quería que le respondiese a tal pregunta si sólo podía pensar en besarle?
-No lo sé, la verdad. Creo que se basa en una promesa.
-¿Una promesa?
Desde allí, cada palabra de Sasuke adquiría un matiz nuevo. Era la cercanía la que convertía las palabras en un dulce susurro, en una invitación.
Posó ambas manos en el pecho de él intentando crear una barrera entre sus cuerpos. Aunque notaba como sus caderas se tocaban y como sus piernas se convertían en presas entre las suyas, aún le quedaba un recóndito espacio en su cerebro que seguía funcionando antes de que cayese rendido ante los encantos del Uchiha. Si quería una respuesta, quien mejor que ella para hablarle de lo que significa que dos personas se unan.
-Es algo mucho más que una promesa, es un futuro. Doblar y a la vez dividir tu vida en dos, hacer que otra persona forme parte de ti y tú de ella. Escoger un compañero para el resto de tu vida. Ver todos los días a una persona y sentir que aún no hay tiempo suficiente para verle más y más.
Es estar dispuesto a que otra persona camine siempre a tu lado, dando igual si te retrasa o hacer que no llegues a tu meta, porque la meta es el camino hecho en compañía. Ese es el motivo para casarse, Sasuke-kun
Durante ese instante, el tiempo se detuvo, incluso sus corazones se pararon. Sus respiraciones también le cedieron el protagonismo a las palabras de Sakura, que flotaban en el aire entre ellos.
-¿Esos son tus motivos? –Preguntó él. Dejó caer la cabeza hacia delante y apoyó sus labios en su frente en un largo beso.
-Sí.
Sasuke se mantuvo unos segundos en silencio, tanteando sus palabras, encontrando un rumbo a sus pensamientos. Y al final decidió que daba igual, que quizás debía decir todo aquello que sentía. Ser sincero por una vez, al menos con ella.
-Yo no puedo encontrar esos motivos-. Y esa era la verdad. Pudo sentir como Sakura se tensaba bajo él, augurando los peores presagios, como si no supiese lo que significase para él, como si no se viese a sí misma envuelta en sus brazos.- Tsk. Sabes que te quiero, Sakura. Y sin embargo no puedo compartir tus razones. No estoy dispuesto a que cargues con una vida como la mía porque no sería justo para ti y tampoco quiero empañar la tuya. Simplemente soy egoísta, porque aún sabiendo que no soy lo mejor para ti, quiero que te quedes conmigo. Tampoco sería un buen compañero para el resto de tu vida, no soy Naruto con sus tonterías, ni siquiera soy el inútil de Sai. No puedo prometer las risas que ellos te ofrecen pero sí te juro lealtad, aunque no nos veamos todos los días.
No tengo una meta a la que llegar pero te tengo a ti para seguir andando. No me importa lo que pase mañana, ni pasado, ni en un año ni en dos. No me importa el futuro, solo este momento en el que tú andas conmigo.
¿Cuánto amor cabe dentro de un beso? Era una pregunta que Sakura se hacía cuando Sasuke la miraba de soslayo mientras tomaba un té. Cuando le sentía tensarse a su lado siempre que la piropeaban o cuando conseguía arrebatarle una pequeña sonrisa. En todos y cada uno de esos momentos, Sakura sentía que lo único que podía ejemplificar su amor por él era un beso, o dos o tres. ¿Y ahora? ¿Cómo podía demostrar todo lo que le quería? ¿Cómo podía devolver el amor equivalente a esas palabras? Afortunadamente, tenía una larga noche por delante… Y un muy oportuno fin de semana.
Bastantes horas después, un rayo de sol comenzó a acariciar la nariz de Sakura. Bostezó con la resignación de empezar un nuevo día y con el desconcierto de quien abandona el mundo de los sueños. Bastaron dos segundos para que se diese la vuelta y sonriese ante la imagen de su compañero, durmiendo a su lado como un niño. Se sabía capaz de pasar allí horas, enredada bajo el cálido colchón de la cama pensando en todo y nada, sin embargo el sonido de su estómago la obligó a abandonar aquel refugio. Tomando una de las camisas de Sasuke para cubrir su desnudez fue directa a la cocina en pos de un café. Fue entonces, cuando esperaba sentada encima de la encimera a que la cafetera comenzase a calentar el agua, que los recuerdos de la conversación de anoche acudían a su mente.
Sabes que te quiero, Sakura.
No me importa el futuro, solo este momento en el que tú andas conmigo.
¿Cuáles son los motivos para casarse?
Casarse. Casarse. Casarse. Boda. Boda. Boda.
Cada palabra golpeaba su mente como si del latido de su corazón se tratase. Bom-bom-bom.
Estúpido Uchiha. Una sonrisa cruzó su rostro al tiempo en el que las lágrimas comenzaron a descender por sus mejillas. Se llevó las manos a la cara mientras su sonrisa se agrandaba. Llorar de felicidad era algo absurdo ante sus ojos, ¿no son en sí dos palabras contradictorias? Y, sin embargo, ¿no es el amor algo absurdo a su vez?
-¡¿ TE VAS A CASAR?!
Naruto le miraba embobado, con sus grandes ojos azules abiertos de par en par. Su boca abierta revelaba los restos del ramen que estaba comiendo y su mano en el aire aún sujetaba los palillos llenos de comida.
Sasuke miró de reojo al resto de clientes del Ichiraku solo para comprobar que todos les estaban mirando. Algunos no disimulaban su sorpresa, la misma que había sacudido al dobe de su amigo, pero otros le miraban molestos, como si su boda fuese una ofensa para ellos. Como si fuese algo que a sus ojos no debía suceder.
-¿Quieres cerrar la boca ya? Es asqueroso. Y baja la voz, usuratonkachi, haces que nos mire todo el bar.
-Es que no me lo creo, ¿te vas a casar? ¿En serio? ¿Con Sakura?
Un tic nervioso surgió en el pequeño Uchiha. ¿Cómo que si con Sakura? ¿Con quien si no? Resumió todos sus pensamentos en una mirada asesina fría como el hielo que atravesó los ojos de su compañero.
-¡Guau, dattebayo! ¡Es una noticia estupenda! ¿Lo puedo contar?
-No.
-Eres un baka.
Por una vez en su vida, Sasuke llegó a la conclusión de que seguir discutiendo con Naruto sería una tontería.
-¿Estás nervioso?
-No.
-Pues deberías. Cuando yo me casé con Hinata-chan estaba hecho un flan. Hasta que la vi aparecer por la puerta dudaba de que no fuera un sueño, de que no echara a correr.
-Bueno, nadie la hubiese culpado.
-¡Baka!
-Dobe
-Bfgjghajjska –los intentos de un nuevo insulto por parte de Naruto quedaron mermados antes los ocho platos de ramen que le fueron servidos.
Sasuke jugueteaba con su cuenco de fideos mientras veía a Naruto devorar, literalmente, aquella comida.
-Oye teme, ¿eres consciente de que deberás besarla en público?
Crash. La mano de Sasuke que aún sujetaba los palillos se cerró rápidamente en un puño convirtiéndose en una trampa mortal para los finos palillos de madera, que se vieron reducidos a astillas. Naruto, lejos de intimidarse ante la reacción de su amigo, estalló en carcajadas.
-Cállate dobe, será delante de ti como mucho y a ti no te considero persona.
Sasuke se levantó y abandonó el local molesto con el rubio. No había recorrido ni media calle cuando los gritos de Naruto desde el bar llegaron hasta sus oídos.
-¡Oye, baka! ¡Que tienes que pagar!
¡Equilicuá!
Bueno, creo que estoy alargando mucho mi ritmo de actualizaciones, de verdad espero que me perdonéis pero a veces no encuentro mucho tiempo, aunque os aseguro que siempre estoy pensando en estas historietas.
En cuanto al capítulo... Creo que es uno de los más románticos o, al menos, en el que Sasuke más se expresa. Es difícil unir a Sasuke y "romanticismo" en una sola frase asi que espero que haya quedado creíble. Y si, ya lo sabéis, Naruto ha aparecido de nuevo. Creo que será algo común en el resto de capítulos: los llantos y Naruto jajajajaja.
Por otra parte, creo que ya es hora de que la pequeña Sarada vuelva a hacer de las suyas y aparezca en el próximo capítulo, ya tengo algo en mente...
Muchísimas gracias por esperar y por leer, de verdad.
De todo corazón, muchas gracias.
¡Un beso enorme y nos leemos!
