Barrera

—¿Taijutsu, senpai? ¿Por qué?

Tobi se rascó la cabeza. Su pose en general denotaba desconcierto, y no era para menos. A esas alturas ya sabía bien que Deidara era un combatiente a distancia y detestaba la lucha cuerpo a cuerpo. Ni siquiera alguien tan obstinado como su maestro consiguió hacerlo interesarse en ello y ahora él era el que lo proponía.

—¿Por qué no?

Respiró hondo tras decirlo, sintiendo incluso un deje de emoción removerse en su interior. Era un intento desesperado por conseguir de nuevo algo más de contacto físico con él. Tobi siempre había recurrido dicho contacto como recurso para fastidiarlo. Hace unos días ese comportamiento había cesado, y él, acostumbrado ya a ello, se sorprendió a sí mismo extrañándolo.

A veces creía que estaba perdiendo la cabeza en lo que respecta a Tobi, pero no por ello dejó pasar la idea. Sí. Definitivamente la estaba perdiendo.

—El senpai siempre prefiere practicar formaciones tácticas. Tobi sólo se pregunta a qué se debe el cambio.

Notaba al mismo Tobi más distante que de costumbre, seguía siendo un cabeza hueca, pero en menor magnitud. El de siempre ya habría hecho un par de bromas incómodas sobre la posible explicación del cambio. Las estaba esperando y no encontrarlas lo decepcionó. Necesitaba que él le dijera, con voz burlona, que era sólo una excusa para que le pusiera las manos encima, necesitaba gritarle que estaba equivocado y que como sacase más el tema lo iba a poner en órbita. El guión tan repasado, no estaba yendo por donde él quería.

—Uno nunca sabe cuándo las puede necesitar, a pesar de no ser mi especialidad, no puedo descuidar mis técnicas más básicas.

—Hmm...

Es lo único que respondió, con un ligero asentimiento. Deidara esperó unos segundos una respuesta más elocuente, pero no se produjo.

—Además, yo tampoco sé muy bien hasta donde llega tu nivel. Y no me digas que no sabes mucho porque no hay quien se lo crea. Sólo hay que mirarte.

Tobi sólo asintió, frustrándolo más.

Idiota, te estoy piropeando, no me hagas esto. Nadie ignora un piropo mío.

—Tobi hará lo que digas, Deidara-senpai.

En lugar de contestar, se quitó la túnica y la tiró a un lado, adoptando la pose inicial más básica del estilo de lucha típico de Iwa. Pies separados, alineados con los hombros, pierna dominante al frente, rodillas ligeramente flexionadas, ambos puños alzados a la altura de los ojos. Se sorprendió al recordar las instrucciones que volvían a su cabeza tras años criando polvo en algún rincón de la misma. Durante su corta pertenencia a las Bakuha Butai, no pudo seguir huyendo del taijutsu. Tener nociones básicas era un requisito para todos los miembros, sin tener en cuenta su especialización.

—¡Vamos, pues! Muéstrame lo que tienes.

La pose que adoptó Tobi era tan absurda como lo hubiera esperado de él. Como si no se lo estuviera tomando en serio, colocó sus manos en su nuca y apoyó el peso de su cuerpo en un pie, comenzando a balancear el otro de atrás hacia delante.

—Tobi está listo, senpai —dijo alegremente.

Deidara no se iba a poner a discutir con él, iba a atacar y no era asunto suyo si él no estaba preparado.

Comenzó con patadas a media y baja altura, que Tobi bloqueó usando su rodilla. Paró unos cuantos puñetazos con su antebrazo, y cuando deliberadamente, él dejó algún punto desprotegido para incitarlo a contraatacar y Tobi no lo aprovechó, la fuerza de sus ataques aumentó al descargar su rabia en cada golpe. Su discípulo retrocedía a la par de sus ataques, bloqueando cada uno de ellos con movimientos tan efectivos como patéticos, más propios de un niño inexperto y nervioso que acierta por pura suerte que de cualquier estilo de lucha reconocible.

—Atácame —ordenó con sequedad.

Su furia creciendo, intentando ahora sí, golpearlo antes de que estuviese fatigado por el esfuerzo, hacerle al menos un poco de daño para que al otro le llegara en forma de dolor cómo se estaba sintiendo. Tobi no obedeció, sólo rió mientras continuaba bloqueando y esquivando sus ataques. Debió haberlo sabido.

—¡Hazlo! —insistió.

Recordó de repente por qué el taijutsu no era lo suyo. Demasiado rígido, demasiada disciplina y control... Justamente esas cosas que a él no le gustaban. Sus ataques se volvieron más desesperados, perdiendo el compás de los mismos hasta que de un salto, Tobi desapareció.

Adoptó una postura de contraataque, girando sobre sí mismo, prestando atención a las ramas de los árboles sobre su cabeza. Transcurrió un minuto, tras el cual se le pasó por la cabeza que su discípulo lo había dejado plantado. No había ni rastro de él, y su chakra parecía haberse evaporado.

Pero no. No podía ser. Si algo podía admitirle a Tobi, era que la parte combativa se la tomaba en serio. A su manera, pero en serio.

Cuando ya estaba pensando en ir a buscarlo, su máscara naranja apareció sobre su hombro izquierdo, sus brazos a cada lado de su cintura cerrándose en un abrazo que conectó su espalda con el cuerpo de Tobi. Eso. Eso era más como lo que iba buscando. Llevaba días buscando la maldita excusa. No obstante, aunque sentirse envuelto en su agarre lo relajó y excitó a la vez, no consiguió deshacerse de la sensación de que estaba perdiendo la cabeza. Si él se descubriera más, si él se dejara, podría ser más directo, dejar de dar tantos rodeos para llegar a donde quería.

—Quedas capturado por el malvado ninja enemigo —se burló—. ¿Cómo vas a salir de esta, Deidara-senpai?

Buena pregunta. ¿Cómo iba a salir de esa? Quizá lo mejor era rendirse y dejarlo. El taijutsu sólo había sido un medio y ya tenía lo que quería. Más de lo que había pensado poder lograr, visto lo distante que había estado Tobi días atrás. Su objetivo era un poco de roce que tanto añoraba, no un abrazo de oso tan apretado.

—Amenazarte con explotar si no me sueltas, hm.

—No sé si eso convencerá al ninja malvado. Es un tipo muy, muy cruel, senpai.

A la mierda con el ninja malvado. Deidara giró sobre sí mismo sin soltarse, giró la máscara de Tobi a un lado de su cabeza y lo besó. Recordó cómo lo atrapó de las muñecas la primera vez, cómo lo empujó contra la pared de la vivienda, con una avidez que lo pilló desprevenido. No tocar el tema crispaba sus nervios. No era justo. Quería más. Y justo cuando parecía que Tobi también era de la misma opinión, se cerraba a él.

Deidara fue esa vez el más apasionado, con Tobi casi dejándose hacer. Casi. Porque de haber estado completamente pasivo no le habría acariciado el cuero cabelludo como lo hizo. Aún así, un gesto demasiado gentil para él, que quería algo más fuerte. Como arrancarle la ropa a zarpazos y tocar ese cuerpo cincelado por dioses de una maldita vez.

Estoy perdiendo la cabeza...

Cuando se separaron, pudo ver que Tobi estaba sonriendo un poco, pero ni un segundo más tarde casi se choca con la máscara naranja siendo devuelta a su posición habitual. Se sintió como si le hubieran cerrado la puerta en las narices. Ese muro insalvable de nuevo entre ellos. Ya lo detestaba. No dijo nada, porque quería ver si era él quien hacía algún comentario, pero ambos quedaron en esa posición en silencio durante un rato, aún abrazados e inmóviles, el ambiente volviéndose más y más incómodo.

—¿Seguimos entrenando? —dijo él al fin, una pregunta calculada posiblemente.

Si aquello seguía estancado ahí iba a explotar un día, muy pronto. Quizá ni derecho tenía, pero lo haría. Ese comportamiento escapaba a su poder de comprensión, por mucho que se hubiera quejado de verlo pregonar por toda una aldea que lo había besado, prefería eso a obtener silencio y un cambio de tema.

—Descansemos un rato, hm.

No estaba acostumbrado a tanto esfuerzo físico, y mentalmente debía serenarse también. Esto no estaba llegando a ninguna parte.

—¡Podemos tomar una siesta! ¡Hace tan buen día!

Sin esperar por su respuesta, lo llevó al límite de la arboleda, donde estaban a la sombra y tenían buenas vistas de la pradera y la laguna. Sí, descansar le vendría bien. Ya no iba a intentar más acercamientos por una temporada. No estaba de humor.

—Mejor voy por mi túnica, podría usarla de almohada —dijo, caminando hacia el lado contrario para usarlo como excusa y soltarse de su agarre.

Para su sorpresa, Tobi lo agarró aún más fuerte, tirando de él de nuevo.

—¡Tobi será la almohada del senpai!

—¿¡Q-qué!?

Esperaba algún tipo de explicación pero él no le dio ninguna. Tan sólo se tumbó en el suelo y le hizo una seña para que se apoyase sobre él. Cada vez entendía menos lo que estaba pasando, pero no lo cuestionó. No tenía ganas, y pronto descubrió que Tobi era además una almohada confortable. Y sus latidos se oían tan rápidos... ¿Por qué estarían así? ¿Sería por él?

—Hey, Tobi. Hazme eso de antes, lo del pelo.

—Lo que diga Deidara-senpai —canturreó.

—Sin guante, me gusta más, hm.

Ahí los sintió acelerarse otra vez. La respuesta se hizo esperar unos segundos más de lo apropiado.

—Lo que diga Deidara-senpai —repitió él con idéntico tono de voz, quitándose el guante.

Él cerró los ojos al sentir su mano en su cabello, con la certeza de que sí. Era por él. Una reacción muy sutil para su gusto, pero que lo llevaba a cuestionarse varias cosas.

Quizá no era él el único que sentía que estaba perdiendo la cabeza.


...


¿A qué demonios estaba jugando?

Obito no pudo soportar más aquella situación. Esa pugna entre sus impulsos y su raciocinio. Abandonó la pelea y usó el kamui para meterse en su mundo privado. Sentado al borde de un cubo, se agarraba el cabello con ambas manos, respirando profundamente en un intento por calmarse.

¿Por qué lo permitió?

No se suponía que era eso lo que debía pasar. Se suponía que iba a desmoralizarlo, a romperlo, a ridiculizar su pasión por el arte, hacerle ver al muy necio que no podría aferrarse a nada cuando las calamidades se le echasen encima, a fastidiarlo, a enojarlo, a hacerle perder la cabeza cada uno de los días en los que lo tuviera como compañero...

¿Por qué no lo vio venir?

O tal vez lo hizo y no hizo nada. No. No hizo nada cuando surgió aquel primer arrebato de posesividad, cuando con voz lasciva y ebrio como se hallaba, le pidió meterse en su futón para hacerlo explotar. De hecho, fue a asegurarse de que Deidara no tuviera otro compañero en Akatsuki mas que él, pues no lo quería hablando sobre él a los demás, en caso de que el artista hubiera conseguido ver a través de su acto. Eso se dijo a sí mismo. Pocas pistas le dio por aquel entonces lo que esas palabras despertaron en él, lo que aún despertaban como si las acabase de oír.

Saber que a Deidara le gustaba su cuerpo lo llevó a descubrirse más a menudo delante de él. Lo tentó más de lo que pudo llegar a pensar el saberse admirado. Fue un error, ahora lo sabía. No pensó en el bien de sus proyectos mientras tomaba esa decisión ni una vez. No pensó en su propósito de despojarlo de todo lo que le apasionaba en la vida. Pensó en él mismo. Estaba siendo egoísta, cuando él ya no era nadie, lo cual era en sí una paradoja.

Ahora que lo pensaba mejor, también había sido egoísta el salirse de su camino sólo para sumirlo en la desesperación y demostrarle que la vida es en realidad un infierno. Debía haber hecho uso de él sin más. Como sirviente y ejecutor de sus propios planes despojado de cualquier tipo de individualidad y deseos propios, debió haber pensado que todo caería en su correspondiente lugar una vez activado el genjutsu infinito. Una vez más, se hacía evidente lo inutil que era. Lo inutil que sería siempre.

No era tarde para enmendar el error. De hecho, ya había empezado con ello. Era difícil sumir a alguien tan vivaz como él en la desesperación siendo Tobi, un bobo que nadie se tomaba en serio. Ni siquiera comprendía qué tipo de milagro había ocurrido para que él lo encontrase atractivo, ni que estuviera dispuesto a tomarse tantas molestias sólo por tener una excusa para que él lo tocara. No tenía sentido, ni se lo ponía más fácil a él.

Principalmente porque aún en contra de su misma voluntad, encontraba confort en el hecho.

Siempre fue una debilidad suya el saber que alguien lo apreciaba y se interesaba por él, incluso ahora que no debería ser así. Especialmente ahora que sólo era un muerto en vida al servicio del bien superior. Ya no quería romperlo. Ya no quería hacer de su vida un infierno. Ahora... Él le importaba y eso era un problema del que estaba una vez más huyendo en lugar de enfrentarlo. Para variar.

Qué egoísta...

Volvió afuera con el kamui en un arrebato irracional. Vio a Deidara aún buscándolo y se teleportó detrás de él. Cerró los ojos con fuerza mientras lo abrazaba, sorprendido y aterrado a la vez ante el alivio de la aparente necesidad de tenerlo entre sus brazos. Estaba perdiendo la cabeza.

—Quedas capturado por el malvado ninja enemigo —dijo, necesitaba a Tobi para hacerle ver que sólo estaba jugando un poco—. ¿Cómo vas a salir de esta, Deidara-senpai?

¿Cómo iba a salir él? ¿Cómo si en lugar de deshacer el enredo se lanzaba de lleno en el mismo?

—Amenazarte con explotar si no me sueltas, hm.

Pero a pesar de la amenaza, él no se movió. Hubiera deseado que lo hiciera. Parte del problema era también culpa suya y Obito prefería cargar a Deidara con toda la culpa. Imaginar que era suya al cien por cien por no pararle los pies.

—No sé si eso convencerá al ninja malvado. Es un tipo muy, muy cruel, senpai.

Deidara no parecía estar muy dispuesto a hacer eso último, para consternarlo aún más, giró sobre sus talones, puso su máscara a un lado para descubrir sus labios y lo besó. Aquellos labios que había decidido no probar nunca más, de nuevo sobre los suyos. Sus piernas debilitándose al sentir la fiereza con la que lo hacía.

Detente.

Quiso decir, mas no le salieron las palabras. Se lo estaba poniendo demasiado difícil, y a pesar de no haber querido aumentar el contacto físico más aún, una de sus manos subió por su espalda hasta perderse entre esas hebras doradas, tan embriagado por el divino sabor de sus labios, que cuando se vino a dar cuenta estaba pasando. Temblando por sus propias dudas, pero lo estaba haciendo. Deseaba haber podido experimentar también la suavidad de su pelo, pero los guantes no lo dejaban. Ese muro insalvable siempre interponiéndose. Solía aportarle consuelo saberse a salvo tras el mismo, pero en ese preciso momento lo detestó.

Reaccionó rápido para cubrir de nuevo su delatadora sonrisa cuando todo acabó. Deidara debió haberla visto, no había duda de eso. Esperó el reproche, la pregunta, lo que fuera, pero no se produjo. Y él no pensaba decir nada tampoco. No sobre el tema. Su única esperanza para salir aquello era Tobi, el cual también parecía haberlo abandonado, dejándolo ahí solo a enfrentarse al problema y a Deidara.

—¿Seguimos entrenando?

Obito tenía esa fea costumbre de huír de los problemas. No importa cuántos años pasasen. Se preguntó, si eso no iría a ser la última gota para su senpai. Él que tanto detestaba la apatía y la falta de reacción.

—Descansemos un rato, hm.

Sonaba decepcionado. Casi hubiera preferido que le hubiera gritado, sacando todo lo que llevase dentro. No... Detestaba hacer sentir así a la gente. Esa mirada que tantas y tantas veces había visto en otros, en sus instructores, en Minato-sensei, en Kakashi, en miembros de su clan y hasta en Rin alguna que otra vez. Era la primera vez que la veía en él y le dolió especialmente.

—¡Podemos tomar una siesta! ¡Hace tan buen día!

Deja de mirarme así. Lo odio. Esto era lo que tú querías, ¿no es así?... Esto era...

Por suerte, a diferencia de él, a Tobi no le importaban ese tipo de cosas, dejando que su personaje guiase sus actos, lo tomó de la mano alegremente y lo condujo hacia un lugar con sombra y hierba donde pudieran tener una vista agradable. Casi a punto de llegar, Deidara intentó soltarse de su agarre.

—Mejor voy por mi túnica, podría usarla de almohada.

Él no lo dejó. En cuanto cuanto notó sus intenciones y la ansiedad derivada de ellas, lo agarró incluso más fuerte.

—¡Tobi será la almohada del senpai!

—¿¡Q-qué!?

Voy a darte lo que buscas. No puedes negarte. Tobi no va a permitirlo.

Por una razón u otra, Deidara no se negó, y cuando apoyó la cabeza en su pecho, la felicidad y la preocupación, la última consecuencia de la primera, lo abrumaron de tal manera que hasta se le dificultó el respirar. Cómo le gustaría poder llegar a un acuerdo consigo mismo sobre lo que en realidad quería.

No había conseguido recuperarse aún cuando él habló de nuevo.

—Hey, Tobi. Hazme eso de antes, lo del pelo.

—Lo que diga Deidara-senpai— contestó, sin perder tiempo, sin titubear y sin que se le notase su lucha interior con el dilema que estaba haciendo tambalear su vida entera, su futuro. Todo.

—Sin guante, me gusta más, hm.

No era justo. Estaba condenado a sufrir pasase lo que pasase, si dejaba de hacerle caso, porque no se habituaría a que le arrebatase la atención que le dedicaba de repente, si comenzaba poco a poco a deshacer las barreras entre ellos, porque sentía que le estaba faltando a su deber. Lo único que tenía claro en ese momento era no quería que se moviera de esa misma posición en la que estaba, y para ello debía acceder.

—Lo que diga Deidara-senpai.

A veces lo que uno pide se cumple, eso es lo que él deseó hacer antes y estaba pasando. Su senpai recostado en su pecho, sus dedos perdidos en su rubia melena, sin guante de por medio. Le pareció como si el ambiente tenso e incómodo se hubiera desvanecido, a pesar de que no estaban hablando. Él también cerró los ojos mientras acariciaba su cabello, perdiendo la noción del tiempo. Cuando los abrió de nuevo, la expresión relajada de Deidara le indicaba que se había dormido.

—¿Senpai?

Él no respondió.

—Tu arte es tan malo que no asustaría ni a un gatito.

Confirmado. Estaba durmiendo. Se permitió pues el bajar la mano por su espalda, bordear su camiseta y volver a subirla bajo la misma, con una triste sonrisa que nadie habría podido ver de todos modos.

—Te dormiste... Debes confiar mucho en mí para bajar la guardia así. Pobre senpai.

Usó su otro brazo para estrecharlo contra él y sentirlo aún más. Si estaba dormido no había peligro. Pues no importaba que a él no le fuera indiferente, eso iba a acabar de todos modos cuando supiera quién era. Iba a ser así. Se acordaría de ese intento fallido por enmendar el error cuando Deidara descubriera la verdad y lo odiase sin remedio, y todo resultase aún más doloroso...

—Y pobre de mí, también... —murmuró, resignado a su derrota.

Su espalda tenía el tacto más sublime que cualquier otra cosa que jamás hubiese tocado en su vida, algo más que recordar en futuros momentos de alivio en solitario. Debería dejar de hacerlo antes de que Deidara despertase y le pidiese que siguiera. Era ya demasiado tarde para fingir que no pasaba nada, por lo mismo, ya no importaba seguir un poco más. Sólo un poco más... Unos segundos tan sólo. Interesante manera de engañarse a sí mismo. Se distrajo tanto dejándose seducir por él que no vio el lío en el que se estaba metiendo. Había estado tan ocupando detestándolo que no se dio cuenta que se había enamorado.


Raios. No sé lo que he escrito, beso en los labios otra vez, aunque no primer beso ya. Tenía en mente un capítulo con algo más de introspección. Temas que ya han salido, como su desdén, o la atracción mutua que hay y que por el momento se habían dejado llevar ambos, yendo un poquito más lejos cada vez, hasta que a Obito le entraron remordimientos y Dei pensó que estaba jugando a hacerse de rogar.

Sí. Deberían sentarse y hablar del tema como personas civilizadas, Dei aún no considera que sea tan grave como para tomar esa medida, muy digno él, y cuando lo considere no va a ser hablando precisamente, sino a gritos. Y con bombas, muchas bombas. Y a Obito le gusta demasiado como para hacerse el duro. Fue frustrante escribirlo. Pero eh... También es divertido ver como la frustración se acumula más y más, será bueno verla estallar. #artisabang

Nos compramos el Tekken 7, y estuve jugando bastante estos días. De ahí se me ocurrió la idea de agregar taijutsu como excusa para que Deidara vaya indagando un poco sobre el cambio de actitud de Tobi con él. Para los movimientos me basé en un personaje llamado Brian Fury, creo que su estilo de lucha (kickboxing) le pega a un lugar como Iwa, aunque a Deidara no le pega porque no es lo suyo.

En cuanto a Obito, sabe que va a caer, aunque sepa también que no deba. En cuanto Deidara pareció un poco como "bah, ya no me molesto más contigo hay más tipos en el mundo" no tardó ni un segundo en cambiar. Así normal que le lleguen mensajes mezclados. T_T

Lybra, habrá continuación :D de hecho ya se me ocurrió una idea que incluye una cueva porque Tobi #estimido, no es fijo, tal vez, me gusta la idea de la oscuridad pero y si el eco del escándalo que armen asusta a los murciélagos y les corta el rollo? El beso ahí en ese sitio, por supuesto.

Ero, Deidara no debió haber ignorado a Tobi, pero se metió con su arte y eso es muy grave, lo que se perdió.

Mochi, con Dei ahí distrayendo no hay quien invoque al jubi en paz. Y ni ganas, que bicho más feo, con lo sexy que es él... No hay comparación. Estuve viendo que agregaste fanarts nuevos, yay :D hay unos cuantos en pixiv tambien, bastante monos. Al menos yo no los vi la última vez. Hay una chica vendiendo doujinshis, pero los vende en japón y en persona, están bien dibujados T_T ojalá pudiera echarles un vistazo.

Alest, "recuerdo cuando era niño y jugábamos a explotarnos, los niños de hoy no saben de eso", grité mucho cuando vi esa escena en el anime por primera vez, quería hacerle mi homenaje personal, y mejorarla con suculencia, bueno pues aquí está. Y esto aún no ha terminado, habrá continuación ofc, ya que uno se convierte en el incauto lo debe hacer con todas las de la ley. ¿Y el sanbi? ¿Le importa a alguien?

Bueno habrán visto que estoy subiendo una historia llamada "Lienzo en blanco", una traducción de esta genial historia de 3dgy. Como solo debo corregir, estoy actualizando a menudo. Gracias por soportar el spam que les pueda llegar de las actualizaciones.

Eso es todo de momento. Les dejo con un adelanto del próximo episodio, rated M. Ofc.

¡Gracias por leerme y hasta el siguiente!


-¡Kage bunshin no jutsu!

Un primer testeo de la técnica produjo como resultado un clon de Obito. A veces, mientras espiaba lo que ocurría en Konoha, cosas interesantes pasaban. Como por ejemplo, copiar la técnica estrella del jinchuuriki del kyubi.

Asintió, observando satisfecho a su réplica. Era en verdad exactamente como él, incluyendo cada pequeño detalle de su rostro, su atuendo y su máscara. Increíble.

-Esto me podría ser útil algún día -dijo distraído, su voz con un deje de curiosidad.

-No dudo que sí -respondió el clon, volteándose y alejándose.

-Eh, ¿a dónde vas? -le preguntó el verdadero Obito, no conociendo aún demasiado sobre la técnica en sí.

Se dio cuenta inmediatamente de lo raro que sonaba hablar consigo mismo.

-¡Tobi quiere enseñarle la técnica a Deidara-senpai! -canturreó.

Y por primera vez, su propio personaje le irritó. Corrió hasta él y le dio un puñetazo en la nuca que lo hizo desaparecer. Si ya era raro hablar consigo mismo, haber tenido un pequeño episodio de celos de su misma persona lo era aún más. Le iba a llevar un rato acostumbrarse. Sólo eran clones. Sólo eso. Pero la idea era brillante, y se enorgulleció de su clon por proponerla.

Algo interesante iba a salir de ahí. Eso era seguro.