Capítulo VI.
-0-
Temari se paseaba por el cuarto de estar, intentando no mirar la prueba de embarazo sobre la mesita de café.
–Aún no –dijo Hinata por cuarta vez.
–¿Por qué tarda tanto? –pregunto ansiosa la rubia.
Estaba deseando saberlo. Las últimas semanas habían sido estresantes, con Shikamaru preguntándole cada día si sabía algo.
La última vez que preguntó había estado a punto de decirle que la dejase en paz. Y tal vez había entendido la poco sutil indirecta porque no había vuelto a llamarla en un par de días. Pero lo importante era que se mostraba preocupado. Parecía convencido de que su misión era llamarla frecuentemente para ver si estaba bien. Aunque eso la estaba volviendo loca.
–Solo han pasado dos minutos –dijo Hinata–. Y no vale de nada mirarlo fijamente, eso no hará que vaya más deprisa– Temari se dejó caer sobre el sofá.
–Tienes razón, me estoy volviendo loca. Pero es que lo intuyo, estoy embarazada–Hinata rio divertida– Y no me digas que estoy imaginando los síntomas, te digo que me siento diferente. Mis pechos son más grandes, me mareo por las mañanas. Me molestan muchos olores... las magdalenas, por ejemplo. ¿Quién siente náuseas por el olor de las magdalenas? – Hinata sonrio..
–No creo que estés imaginando nada. Vamos a esperar los resultados y luego hablaremos, ¿de acuerdo? – Temari cerró los ojos.
Las últimas semanas habían sido una tortura. Había cambiado de opinión un día sí y otro no. Un día pensaba que tener un hijo sería genial y al día siguiente que era una locura. Además, se sentía como una tonta. Ella no era una adolescente atolondrada que tenía relaciones sin preservativo. Siempre había tenido cuidado. ¡Siempre! Nunca se había considerado a sí misma anticuada, pero preferiría tener un hijo dentro del matrimonio o al menos en una relación consolidada.
–Bueno, ya puedes mirar.
Las dos miraban la varita sobre la mesa de café como si fuera un bicho repugnante al que no quisieran acercarse.
–Mira tú, yo no puedo –dijo al borde del colapso– Hinata le apretó la mano.
–Recuerda que sea lo que sea, está bien. No va a pasar nada, te lo prometo. – Ella asintió, cerrando los ojos para no ver su reacción.
–Tienes razón, tengo que enfrentarlo por mas asustada que este.
Tomando la prueba de las manos de su amiga, y sin ver el resultado hizo una respiración profunda y asi encontrar un poco de paz interior, fijo su vista en el espacio donde debería estar el resultado que daría un punto final agonía.
–¿y bien, estas embarazada o no? – pregunto emocionada su amiga al ver que en el rostro de Temari no se plasmaba alguna emoción que le diera una pista sobre el resultado de la prueba.
–Según esta prueba, lo estoy– su voz sonó tan mecánica y sin emoción que Hinata no supo cómo reaccionar.
Entonces después de darle la noticia a su amiga Temari apretó la varita, donde en un movimiento rápido la coloco delante de sus ojos para comprobar el resultado por sí misma. Y allí estaba, un enorme punto rosa que decía claramente: sí, estás embarazada
.
–Dios mío... – en esta ocasión Hinata estuvo más que segura de que aquella respuesta era real, su amiga estaba embarazada.
–No vas a desmayarte, ¿verdad? –Temari intentó negar con la cabeza, pero no podía moverse. Era como si estuviera teniendo una experiencia extra corpórea. Todo parecía ocurrir a cámara lenta.
Embarazada.
De Shikamaru Nara.
El que no quería saber nada de relaciones ni compromisos.
El que no llamaba al día siguiente.
–¿Qué voy a hacer? –murmuró–. A Shikamaru le va a dar algo. Me dijo que él no quería saber nada de compromisos, que solo era sexo… Y un bebé es un compromiso muy grande.
–Espera unos días antes de hablar con él –le aconsejó su amiga.
–Tengo que hablar con él ahora mismo.
–Temari, estás alterada. Lo último que necesitas ahora mismo es discutir con Shikamaru.
–Aparte de mí, es a él a quien más le afecta esta situación y tiene que saberlo para... para que pueda actuar en consecuencia. Además, lleva semanas llamándome. No tiene sentido esperar. –Hinata suspiró.
–No quiero que hagas nada de manera impulsiva. Yo sé que Shikamaru puede ser muy persuasivo cuando quiere... no, más que eso. Shikamaru puede ser implacable.
–No te preocupes, no me da miedo. Esto es tanto su problema como el mío y no quiero pasarme una semana angustiada por el futuro. Si yo voy a sufrir, él también. –su amiga soltó una risita.
–Creo que acabas de convencerme.
–Si pretende decirme lo que debo hacer no tendrá que preocuparse por concebir más hijos, te lo aseguro– Hinata rio de nuevo, abrazándola.
–Todo va a salir bien, Tem. Estaremos embarazadas a la vez, al menos durante unos meses. Naruto y yo haremos todo lo que esté en nuestra mano para ayudarte y, además, tienes a Ino y a mi Madre. Cuando sepa que estás embarazada, te envolverá entre algodones y no podrás respirar.
–Adoro a tu madre.
–Y ella a ti. –Temari suspiró mientras se levantaba del sofá.
–Tengo que hacer esto antes de perder el valor.
–Muy bien, ponte el abrigo. Le diré al chófer que te lleve a la oficina de Shikamaru y luego me iré a casa.
–Gracias por todo, Hina. Por apretar mi mano y por estar conmigo en este momento. –Hinata la abrazo de nuevo.
–Creo recordar que tú hiciste lo mismo por mí hace poco.
0o0o0o0o0o0o0o0o0o0
Cam veía caer los primeros copos de nieve por la ventana de su oficina. Pronto el suelo se habría cubierto de un manto blanco... y su estado de ánimo era tan sombrío como el tiempo.
No era capaz de concertarse en el trabajo. Se sentaba en las reuniones con Devon y sus otros dos socios y amigos, Rafael de Luca y Ryan Beardsley, pero no prestaba atención.
La fusión entre Tricorp y Hoteles Copeland estaba resolviéndose a toda velocidad y debería estar contento, pero las últimas semanas habían sido un infierno para él, torturado por la idea de que Pippa estuviese embarazada. Le daba miedo que no estuviera cuidando de sí misma, que le pasara algo... La preocupación, el sentimiento de culpa y la ansiedad lo abrumaban durante el día y también por la noche, haciendo que no pudiese dormir.
Y la culpa era suya. No debería haberse dejado llevar por la tentación, debería haber tenido más cuidado... debería haberse marchado de la fiesta sin acostarse con Pippa.
Entonces no estaría tan angustiado o temiendo perder algo precioso por segunda vez en su vida.
Claro que Pippa no lo había llamado, de modo que tal vez estaba preocupándose por nada. Si estuviera embarazada lo habría llamado. Había prometido hacerlo y confiaba en ella. Pero cuanto más tiempo pasaba, más angustiado se sentía.
Desde esa noche, se había convertido en un hábito abrir el cajón del escritorio, el único que permanecía cerrado con llave, para sacar dos fotografías, una de Elise y otra de Colton. Las miró en aquel momento, trazando con los dedos la sonrisa de Elise. Colton tenía un día de vida en esa foto y era un ser diminuto, arrugado y con la carita roja, pero Cam nunca había visto nada más hermoso en toda su vida.
Tantos años después, mirar el retrato de las dos personas a las que más había querido en el mundo y a las que había perdido seguía dejándolo sin respiración.
No podía hacerlo otra vez, no podía pasar por eso. No quería sufrir esa agonía. Y nunca había deseado nada tanto como que Pippa no estuviese embarazada... Su secretaria lo llamó por el intercomunicador, interrumpiendo sus pensamientos.
–Señor Hollingsworth, una joven quiere verlo. Pero no tiene cita.
–¿Quién es? –preguntó él, impaciente.
–Pippa Laingley. Y parece convencida de que usted querrá verla.
–Dile que pase inmediatamente.
Cam se levantó, mirando la puerta con el estómago encogido. Un momento después, Pippa entraba en el despacho y Cam la observó detenidamente, buscando alguna señal, algo que le dijera si estaba o no embarazada. El instinto le pedía que diera un paso adelante y la abrazase, que le prometiera que todo iba a salir bien, pero había aprendido mucho tiempo atrás que nadie debía hacer esas promesa porque no podría cumplirlas.
Y tenía que disimular su agitación si quería que aquel encuentro fuese agradable.
–Hola, Pippa. Siéntate, por favor. ¿Quieres tomar algo?
Estaba pálida, tenía ojeras y parecía más delgada que la última vez que se vieron. Las últimas semanas habían sido más estresantes para ella que para él, pensó, sintiéndose culpable
.
–Espero no interrumpir algo importante, pero tenía que verte de inmediato.
Cam tuvo que tragar saliva.
–No, en absoluto. ¿Qué querías decirme?
–Estoy embarazada –dijo ella por fin.
Algo dentro de él se marchitó y murió en ese momento. Cuando por fin consiguió recuperar la compostura le preguntó:
–¿Estás segura? – Pero él sabía que era así, podía verlo en sus ojos.
–Tan segura como puedo estarlo después de hacerme una prueba de embarazo. – Cam se aclaró la garganta.
–Sabíamos que era una posibilidad. – Pippa asintió con la cabeza, las manos metidas en los bolsillos del abrigo.
–¿Te encuentras bien? Odiaba parecer tan distante, aunque quería que fuera así. No deseaba la intimidad que dos personas que habían concebido un hijo deberían disfrutar, pero no le hacía ninguna gracia que ella hubiera rechazado su oferta, o más bien su exigencia, de que se mudase a su casa.
Pero aunque no quería ninguna intimidad con ella, tenía que asegurarse de que Pippa tenía el mejor tratamiento médico, además de apoyo económico y emocional. No podía pasarle nada a su hijo. Otra vez no.
Tal vez era su frialdad lo que había hecho que Pippa lo rechazase. Quizá quería algo más. ¿Pero casarse? La idea lo horrorizaba, pero tal vez sería la solución. Una solución práctica. De ese modo, Pippa se beneficiaría y él tendría lo que más anhelaba: un poco de tranquilidad.
–Estoy cansada y preocupada –le confesó ella–. Pero es un alivio saberlo por fin, así podremos tomar decisiones.
–¿Qué tipo de decisiones? –le preguntó él, alarmado.
Pippa se encogió de hombros y Cam deseó que se quitase el abrigo. No quería que se quedase, pero tampoco que se fuera.
–Deberíamos decidir dónde vas a vivir.
–Me niego a hablar sobre mi futuro o el futuro del bebé en una oficina donde a saber quién podría escuchar la conversación. Aún tengo que hacerme a la idea... podríamos hablar más tarde, cuando los dos hayamos tenido tiempo de pensar. Solo he venido a decírtelo.
–No creo que...
–Me da igual lo que creas –lo interrumpió ella–. Si quieres que hablemos de esto, puedes ir a mi apartamento más tarde. Yo me voy a comer... sola. Estaré en casa a partir de las seis.
Quería mostrarse antipática, pero lo que Cam veía delante de él era una mujer intentando ser valiente a pesar de las circunstancias. Estaba nerviosa y angustiada, tanto como él. No podía presionarla, pensó. Sería absurdo y no valdría de nada, de modo que asintió con la cabeza.
–Estaré en tu apartamento a las seis. No te preocupes por la cena, yo llevaré algo.
