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El mejor jutsu del mundo
—¡Kage bunshin no jutsu!
Un primer testeo de la técnica produjo como resultado un clon de Obito. A veces, mientras espiaba lo que ocurría en Konoha, cosas interesantes pasaban. Como por ejemplo, copiar la técnica estrella del jinchuuriki del kyubi.
Asintió, observando satisfecho a su réplica. Era en verdad exactamente como él, incluyendo cada pequeño detalle de su rostro, su atuendo y su máscara. Increíble.
—Esto me podría ser útil algún día —dijo distraído, su voz con un deje de curiosidad.
—No dudo que sí —respondió el clon, volteándose y alejándose.
—Eh, ¿a dónde vas? —le preguntó el verdadero Obito, no conociendo aún demasiado sobre la técnica en sí.
Se dio cuenta inmediatamente de lo raro que sonaba hablar consigo mismo.
—¡Tobi quiere enseñarle la técnica a Deidara-senpai! —canturreó.
Y por primera vez, su propio personaje le irritó. Corrió hasta él y le dio un puñetazo en la nuca que lo hizo desaparecer. Si ya era raro hablar consigo mismo, haber tenido un pequeño episodio de celos de su misma persona lo era aún más. Le iba a llevar un rato acostumbrarse. Sólo eran clones. Sólo eso. Pero la idea era brillante, y se enorgulleció de su clon por proponerla.
Algo interesante iba a salir de ahí. Eso era seguro.
Con una risita terminó de dibujar el último corazón en la nota en la que le pedía a Deidara no hacer planes para el resto del día e ir corriendo a verlo en cuanto estuviera libre. La dobló y la metió por debajo de la puerta del taller, tras lo cual se alejó de allí dando saltitos de emoción de esa manera en que sólo Tobi sabía hacerlo, y no sólo porque su personaje requiriese que se comportara así, algo en ello era real y reflejaba su estado de ánimo en ese momento.
Pasó el resto del tiempo nervioso, esperando a su senpai con impaciencia. No tenía nada mejor que hacer de todos modos. Cuando sabía que él estaba a punto de llegar, creó un clon y le ordenó que se quitase la máscara, los guantes, la túnica, el suéter y el pantalón. A Deidara le gustaba verlo así, lo sabía. Pusieron una silla a unos metros de la puerta de entrada y el clon se sentó ahí a esperarlo mientras que el verdadero Obito fue a un extremo de la habitación para no perderse detalle.
En efecto, el artista no tardó demasiado en llegar. Alzó una ceja al ver a Tobi en ropa interior sentado frente a la puerta, uno de sus brazos pasado por el respaldo de la silla en la que estaba.
—Es curioso... Hoy me han dejado una nota con una proposición indecente. Me pregunto si será tuya, um.
—Tobi puede o puede no ser culpable de eso —dijo el clon, cuya naturaleza Deidara aún desconocía.
—Tobi es culpable. Definitivamente culpable —dijo el verdadero, no queriéndose arriesgar que su senpai pensase que había sido otro miembro de Akatsuki.
Ahí fue cuando Deidara lo vio, sus ojos abriéndose mucho ante la inesperada visión de dos Tobis.
—¿¡Q-qué...!? Oh. Perfecto. Por si un solo Tobi no fuera suficiente para darme dolores de cabeza —se quejó.
El Tobi real, aún vestido y con máscara, caminó hacia él y levantó su máscara sólo lo suficiente para que sus labios rozasen su oído.
—Acabo de aprender a replicar el kage bunshin no jutsu. Ayúdame a comprobar si son tan realistas como dicen, senpai.
Pudo sentir cómo él se interesaba por la idea, sabiendo que había cumplido las espectativas creadas por la nota. Deidara asintió despacio, una sonrisa juguetona en sus labios.
—¿Cuál de los dos es el clon? —respondió en su tono más seductor.
—Lo he dejado listo para ti en la silla. Trátalo bien —dijo pasando un pulgar enguantado por sus labios.
Por su expresión, el clon parecía estar más impaciente aún.
—Ven aquí senpai. Tobi tiene una cosita para ti —dijo la réplica acariciando su boxer para incitarlo, su timbre grave y varonil a pesar de estar usando el estilo de hablar de Tobi.
—No te preocupes. Voy a tratarlo tan bien que te va a dar envidia verme cabalgarlo, hm —respondió, volteando la cabeza mientras se alejaba.
Fue un momento hasta el armario, de donde sacó una botella transparente con un líquido de igual características dentro.
—¿Qué es eso?
Pensó al principio que era lubricante, pero ahí no era donde lo guardaban, era la primera vez que veía esa botella.
—Lo guardaba para una ocasión especial —explicó.
—¿Con mi clon? ¿Y por qué no conmigo?
Deidara entrecerró los ojos, encogiéndose de hombros.
—¿No me acabas de decir que lo trate bien?
Caminó hasta su réplica y se situó sobre su regazo sin llegar a sentarse.
—Quítame la ropa —dijo en su oído. El clon intentó besarlo pero él se apartó—. Más despacio, si quieres un beso tendrás que ganártelo, hm.
Siempre olvidaba lo sensualmente cruel que podía llegar a ser Deidara de proponérselo. Al menos era su clon sufriéndolo y no él.
—Oh vamos... —protestó.
—La ropa, Tobi.
Lo vio apoyar las manos en el respaldo de la silla mientras el otro Obito lo agarraba de la camiseta, tocando más de la cuenta y comenzaba a subirla. Deidara subió los brazos y la prenda salió, despeinándolo un poco. Admirándolo, el clon parecía haberse quedado sin habla y el dueño del mismo también, que ya comenzaba a sentir calor bajo toda esa ropa.
—Te ves... increíble...
Cuando se inclinó sobre él, posiblemente para lamer su pecho, Deidara volvió a retirarse, dejándolo con la miel en los labios. Ante su mirada desconcertada, el artista se dio la vuelta y se agachó un poco, acercando su trasero a él.
—Falta el pantalón —dijo en tono sensual, moviendo un poco su pelvis para incitar al otro.
El verdadero Obito se quitó la máscara y llevó una mano a sus labios, su temperatura aumentando aún más. Tragó saliva, hipnotizado, mientras bajaba la cremallera a su pantalón para dejarle espacio a su erección. Aunque sabía que era él mismo, no pudo evitar sentirse celoso al ver que el clon agarraba sus nalgas aún cubiertas por la tela, para juguetear con ellas. Descubrió, que no le gustaba que nadie más tocase a Deidara, ni siquiera una copia suya.
Una vez en ropa interior, lo vio volver a su regazo, agarrar el respaldo de la silla para mover sus caderas provocativamente simulando embestidas, aún sin llegar a rozarlo. Distraídamente, su mano viajó al bulto bajo su ropa interior buscando un poco de alivio para su creciente deseo. A unos metros de él, su senpai agarraba las manos del clon para evitar que tocara.
—Dime primero cuánto te pongo... —susurró, sus labios casi rozando los de él, casi, porque luego se retiró otra vez.
—Lo puedes sentir tú mismo si te sientas de una vez.
—Las cosas se piden por favor —exigió.
—Por favor, Deidara-senpai —dijo la réplica, casi con desesperación.
Vio a Deidara descender lentamente hasta apoyar el peso de su cuerpo en sus piernas, justo sobre su erección. La cara del clon delataba lo placentero que debía estar siendo. Incapaz de resistirlo más, liberó los brazos de su agarre, para rodearlo con un brazo y agarrar una de sus nalgas antes de comenzar a apretarla con la mano bien abierta, como queriendo abarcar la mayor cantidad de piel posible una y otra vez. Con la otra mano, recorría cada milímetro de su torso, su concentración en lo que hacía interrumpida de tanto en tanto cada vez que Deidara decidía dar un brusco movimiento de pelvis.
—Mmmhh...
Oír a su senpai hacer un sonido tan sexy y saber que no había sido por él lo puso de mal humor. Frunció el ceño, en conflicto entre lo sensual de verse a sí mismo con él encima, sus celos y su envidia por no estar viviéndolo en primera persona.
—¡Deja de tocarlo así! —exclamó en un acto reflejo.
La pareja lo miró sorprendida.
—No le hagas caso, senpai —dijo el clon, observándolo con desdén un momento antes de devolver la mirada tiernamente al artista que tenía encima suyo.
—Sí, tienes razón —contestó Deidara, rodeando su cuello con sus manos mientras su nariz rozaba la del otro.
—¡No lo llames senpai! ¡Sólo yo puedo llamarlo así!
Él se volteó enojado, sin que el clon dejase en ningún momento de besar y lamer su cuello y su pecho, ni de pasarle las manos por la espalda con avaricia.
—¡Eres tú mismo idiota, hm!
—Eso es verdad, pero...
—¡Además, fue tu idea!
Su réplica colocó sus manos a ambos lados del rostro de Deidara, obligándolo a volver a fijarse en él.
—¡Préstame atención! —dijo haciendo un puchero antes de sonreírle.
Y él le devolvió la sonrisa. En serio que lo hizo. No podía creerlo. Ni podía más de la rabia.
—¿¡Y por qué a mí nunca me sonríes así!?
—Cállate... —murmuró Deidara sin mirarlo, porque estaba demasiado ocupado mirando embelesado al clon, sonriéndole al clon, acercando su rostro al de él hasta besarlo.
Un beso de tornillo, lento y sensual. Casi le dio algo. No supo si del subidón de temperatura o de los celos. O ambos. Se cubrió el rostro con las manos para no verlo, para reprimir las ganas de ir ahí y hacerle un amaterasu al bunshin. Pero luego dejó un hueco entre su ojo para mirar, porque incluso sintiendo celos, no dejaba de ser él mismo y esa era la manera en la que se veía cuando besaba a su senpai. Quizá podía acabar acostumbrándose y dejar de sentir celos tontos.
Pensó, que en realidad se veía bien besándolo. Aún detestaba la forma en la que él jadeaba cada vez que le apretaba las nalgas, interrumpiendo el beso unos instantes, pero se acostumbraría.
Con expresión desvergonzada, Deidara le susurró al clon algo al oído que no consiguió oír, y vio cómo el otro se sonrojaba, riendo como un bobo.
—¿¡Qué le has dicho!? —exclamó, apretando los puños, su resolución anterior olvidada.
—Nada de tu incumbencia, Tobi —dijo en su dirección antes de girarse hacia el clon—. ¿Verdad que no?
—¡Lo estás haciendo a propósito lo sé!
Volvió a acercarse a ellos con la intención de hacerlo desaparecer y tomar su lugar, pero el artista extendió un brazo hacia él, y parecía molesto.
—¡Como des un paso más me visto y me voy a dormir, hm!
—¡NOOO! ¡Senpai no hagas eso! —lloriqueó el clon, abrazándolo tan fuerte que Deidara casi parecía tener problemas para respirar—. ¿¡Has visto lo que has conseguido!? ¡Tonto!
—¡Tú eres el tonto! —replicó el verdadero Obito.
El artista se veía como si quisiera golpearse la cabeza contra algo. La réplica de su compañero aún lo agarraba como si fuera a salir corriendo en cualquier momento y no volver.
—Le están quitando todo lo sexy a la situación. ¿Vas a volver a tu sitio, Tobi, para que nosotros podamos seguir? Bien.
No le quedó más remedio que obedecer a su senpai.
—¿Por dónde nos quedamos? —dice el clon, la amplia sonrisa volviendo a su cara.
—Dijiste que me ayudarías con cierta cosita.
Y Obito odió que lo estuvieran manteniendo en secreto, pero sabía que no era buena idea interrumpirlos otra vez, a pesar de que se moría por hacerlo, porque Deidara estaba actuando más sensual que nunca, y sabía que era para provocarlo y darle envidia. Pero se iba a quedar él sin su turno después si protestaba, y no dijo nada.
Lo vio desprenderse de su última prenda. Tragó saliva, al ver que su hermoso cuerpo quedaba entero al descubierto, ambos, el original y la copia estaban como en trance. Deidara tomó la botella de contenido desconocido y se la puso en la mano al otro Obito. Luego apoyó una rodilla en la silla, entre sus piernas.
—Ayúdame a ponerme aceite de masaje por todo el cuerpo, Tobi.
El tono en que lo dijo casi hizo sangrar su nariz por el repentino subidón de deseo. Al clon también le había dado un cortocircuito, pero él era el afortunado. El que tenía al senpai encima y permiso para manosearlo hasta hartarse.
—No es justo, conmigo nunca has hecho eso —protestó, sin poder evitarlo, aunque esa vez no se acercó.
Si se podía uno morir de celos, él a ese paso iba a hacerlo.
—Deidara-senpai... Haré cualquier cosa que tú me pidas. Cualquier cosa.
Su suertuda réplica parecía temblar de emoción mientras se echaba aceite en la mano y lo extendía por su hombro, siguiendo hacia su pecho. Repitió sus palabras con tono burlón. En voz baja, porque ya estaba tentando demasiado a la suerte. Deidara desvió su mirada una fracción de segundo para ver lo que hacía, sonriendo con malicia. Luego siguió en su papel, y a Obito le pareció demasiado hipnotizante como para concentrarse en nada más, incluso sus celos. Aún sabiendo que estaba exagerando, era una visión cautivadora. Como todo él.
—Ahh... Tobi...
Arqueó la espalda, inclinando la cabeza hacia atrás cuando su otro yo puso especial empeño en trazar círculos con el dedo en uno de sus pezones. No pudo ni culparlo cuando se arrimó a él para lamer su garganta, sin dejar de extender el aceite por su pecho. Sinceramente, él tampoco habría podido resistirse, igual que ahora no podía apartar la vista de la expresión de placer de su senpai, de sus ojos cerrados y su boca entreabierta mientras una réplica de él mismo le comía el cuello cada vez con más ansias, haciendo aumentar proporcionalmente el volumen de sus gemidos.
—Mierda... —dijo el verdadero Obito, llevando una mano a su erección para acallar su líbido.
—Mmmhhh... No pares... Ah... Tobi, muérdeme...
Eso los volvió más locos aún, al original y a la réplica, que pasó a devorarlo con un frenesí que no era normal mientras el otro se retorcía en su agarre. No fue del todo dueño de sus propias acciones cuando empezó a tocarse mientras los miraba. Deseaba tanto ser él el que le estuviera haciendo eso que se sintió patético teniendo que consolarse así. El clon sonreía sin dejar de lamer su cuello, el muy...
—Te gusta un poco brusco, ¿verdad? —susurró contra su piel.
...bastardo.
—Sabes que sí —respondió.
De nuevo se besaron con desesperación, el clon pasando ahora sus manos por la espalda de Deidara, dejando la piel brillante a su paso. Le pareció ver que su senpai miraba de nuevo en su dirección, sonriendo al verlo tocarse mientras observaba el espectáculo que él había montado solo para tentarlo, porque él bien sabía que eso iba a pasar, y que él iba a acabar tan duro que aunque hubiera querido evitar aliviarse no lo habría conseguido. La lujuria del momento no lo dejaba pensar bien, y cuando el odioso clon llegó a sus nalgas, aumentó la velocidad al oír aquellos jadeos amortiguados por el beso.
Su cuerpo ya estaba completamente cubierto de aceite de masaje, desprendiendo un brillo más que apetecible.
—Como te corras se acabó todo por hoy, Tobi —dijo de repente, mirándolo de reojo.
Él se detuvo, sintiendo la enorme frustración sexual acumularse ante la súbita falta de estímulo.
—¿Cuándo me vas a hacer caso a mí? —se quejó.
Le dedicó una mirada inocente.
—Sólo hago lo que me dijiste que hiciera. Tratar bien a tu clon, hm —sin romper el contacto visual, agregó—. Y mejor no te pierdas detalle de esto.
Colocó sus manos una frente a la otra a cada lado del miembro de la réplica de Obito, las lenguas fuera. Poco a poco las fue juntando, enroscándolas alrededor del glande. La cara de sorpresa y placer del clon hablaba por sí sola.
—¡A mí nunca me has hecho eso!
—Lo sé, Tobi. Cierra la boca un rato.
Deidara entrelazó los dedos de sus manos formando un cuenco con el que dejó aprisionada su erección. Los sonidos húmedos que se sumaron a los rítmicos gemidos del clon cuando el artista comenzó a subir y bajar ambas manos por toda la longitud de su aparato, no contribuyeron a aliviar su abrumante urgencia.
—Mmh... Estás lubricando mucho. Sabe bien —le susurró, y Obito sintió más ganas que nunca de interrumpirlos, tenía que estar probándolo a él y no al clon, el cual se estremeció entero al oír esas palabras, jadeando con fuerza—. Estoy impresionado por el realismo de la técnica... Hasta el tamaño es idéntico.
—S... Ah... Senpai...
Aumentó la velocidad, sabiendo que era una copia suya, Obito supo inmediatamente que Deidara se lo estaba poniendo difícil para aguantar. Su propia entrepierna ardía de necesidad. Como no sabía que hacer, comenzó a desvestirse para estar listo para luego.
—Y vaya tamaño. No me digas que no tengo suerte, hm.
—Es... tuya... Deidara-senpai —dijo con dificultad el clon.
Él sonrió, satisfecho.
—Mía, eso es... Y la quiero adentro... Bien adentro en mi culito... Mmmh... Tobi...
Eso fue todo lo que su réplica pudo soportar. Con una secuencia de gemidos amortiguados, se vino en sus manos, algunos de los calientes hilos de semen cayendo en su pecho, escurriéndose hacia abajo. La sonrisa casi malvada de su senpai se ensanchó al ver a su otro yo perder la compostura por completo mientras temblaba de placer, con los dedos clavados fuertemente en sus nalgas. Lo dejó aún más ansioso, pero por fin venía su turno. Por fin ese culito sería suyo y en primera persona. El clon se había corrido demasiado rápido, como buen seme, siempre estuvo orgulloso de su aguante, pero Deidara lo había puesto difícil.
—No podrás quejarte de lo bien que te he tratado, hm.
La réplica seguía en proceso de recuperar el aliento. Aún no lo soltaba, pero Obito se encargaría de que lo hiciera.
—Deidara-senpai —dijo, agarrando su rostro entre sus manos y mirándolo con adoración absoluta.
POOF
Deidara tuvo que agarrarse al respaldo de la silla para no caer. El clon se había desvanecido, dejando de nuevo a solas a él y al verdadero Tobi.
—No sabía que se deshacían tras hacer katsu, hm —murmuró.
—Yo tampoco. Nunca había probado esta técnica an... —su frase quedó a la mitad porque de repente, algo inesperado ocurrió.
—¿Tobi? ¿Qué pasa?
Pudo sentir cómo sus ojos se abrían desmesuradamente ante la sorpresa mientras memorias de él con su senpai encima, su peso en su regazo, su calidez, memorias del sabor de sus labios, del increíble tacto de su piel con el aceite, memorias de un placer indescriptible y un intenso orgasmo. Estaba jadeando. Podía ver a Deidara desnudo, sentado en sus piernas, sus manos alrededor de su erección mientras eyaculaba sobre él. No eran sus memorias, sino las del clon. Y estaban volviendo a él tras haberse disipado.
—Nnnh...
Y era asombroso. Lo mejor que había hecho nunca. Se sentía como si acabase de tener un orgasmo, solo que no lo había tenido. Su miembro seguía duro como un palo... Y él estaba más caliente que nunca.
—¡Tobi contéstame! ¿¡Qué te pasa!?
—Esta es la mejor técnica del mundo —respondió asombrado.
Usando su rapidez propia de un shinobi, se colocó tras Deidara y lo agarró, por fin sintiendo en primera persona sus manos deslizarse con suavidad por su cuerpo embadurnado de aceite.
—Creo que ya entiendo lo que te ha pasado —dijo con una sonrisa—. Los clones de arcilla funcionan igual.
—¿Oh, sí? entonces creo que podrás hacerte una idea de lo duro que necesito darte ahora mismo —Se aseguró de hacer que sienta la dureza de su miembro en sus nalgas mientras lo decía—. Culpa tuya por calentarme tanto.
Luego las separó y colocó su erección en el centro, para inmediatamente apretarlas contra el mismo y darle unas cuantas embestidas con tanta fuerza que Deidara se agarró a la silla para mantener el equilibrio, los sonidos de placer que él hacía contribuyendo a su descontrol.
—Esto es lo que pasa cuando tientas a la suerte —susurró, jadeando por las sensaciones que le reportaba esa forma de estimulación, aunque tras recuperar las memorias de su clon, le sabía a poco.
También quería ver a Deidara pasarlo bien y lo iba a hacer. Iba a hacer que se lo pasara el doble de bien. Creó otro clon, que se quedó mirando con interés cómo se cogía las nalgas de su senpai por un rato.
—¿Algo que pueda hacer para ayudar?— se ofreció con fingida inocencia.
Tobi se detuvo, obligando a Deidara a erguirse tirando hacia atrás de sus hombros.
—Ocúpate de la parte de delante —le ordenó, y tras decirlo volvió a apretar sus nalgas, resbaladizas y brillantes por el aceite—. Yo me ocuparé con mucho gusto de la parte de atrás.
—Vaya... ¿A dónde se fueron esos estúpidos celos hacia ti mismo?
—Silencio —dijo Obito, dándole un firme azote—. Cada vez que hables pienso azotarte. Eso te enseñará a no tentarme como hiciste antes.
—No me creo que no lo disfrutases— replicó él.
Otro sonoro azote lo hizo reprimir un quejido.
—Estabas advertido —susurró, apartando su cabello a un lado para descubrir su cuello y seguir hablando contra la piel del mismo—. Quédate quieto, senpai.
Deidara parecía a punto de decir algo a pesar de todo, pero las atenciones que el clon estaba dedicándole a su garganta y pecho no lo dejaron proseguir. Obito le dio un pequeño apretón en advertencia, sonriendo, sabía que fuera lo que fuera a él le gustaría, gentileza o salvajismo, o una mezcla de ambos. Ya conocía la proporción exacta de dicha mezcla que él prefería. Tomó la botellita de aceite y cubrió dos dedos con su contenido, presionando primero contra su entrada trasera a la vez que trazaba círculos con lentitud, concentrado en estimularlo exteriormente. La copia parecía profundamente concentrada en succionar y mordisquear su pezón derecho y Deidara gemía, aunque haciendo bastante obvio que intentaba reprimirse sin conseguirlo. Al apartarse, Obito vio que se lo había dejado morado y un poco de envidia volvió a él. Sí, seguía siendo ambicioso y no se acostumbraba a aquello del todo.
Siguió masajeando su entrada. Por la forma en que sus caderas se contraían, sabía que le estaba gustando. A la vez, el clon recogió con los dedos restos de semen que habían quedado en su pecho del anterior y se los dio a probar a Deidara. Incluso así, a su completa merced, siempre lograba encontrar una nueva manera de ponerlo aún más caliente, esa vez metiéndose los dedos del clon en la boca, haciendo ruido al chuparlos mientras su copia los hacía entrar y salir de su boca. El clon lo miraba hacerlo como en trance, de la misma forma que él lo estaría probablemente de tener ese ángulo de visión de la escena.
—¿Quieres más, senpai?
No esperó a que él contestara, sino que recogió un poco más del líquido blanquecino y volvió a acercar los dedos a su boca, observando cómo los lamía. Distraído por la obscenidad de aquel acto, Obito a penas registró cuando comenzó a introducirle los dedos hasta que oyó a Deidara gemir más fuerte de lo normal. Él y su clon cruzaron miradas, y el último sonrió como queriendo darle envidia.
Sin dejar de entrar y salir de él con sus dedos, Obito lo obligó a girar el cuello usando su mano libre.
—¿Cuál de los dos lo está haciendo mejor?
Besó sus labios para afirmar su dominancia sobre su propia réplica, pero fueron interrumpidos por el mismo clon, que hizo volver a Deidara a su posición normal.
—La parte de delante es mía —dijo alegremente, besándolo.
Deidara se agarró a él mientras lo hacía, y a él no le quedó más que decirle lo que iba a pasar si se ponía demasiado rebelde.
—Puedo hacerte desaparecer cuando yo quiera.
—¿Aún peleándote contigo mismo, Tobi? —azote—. ¡Eres un cabeza hueca! ¡Tú mismo comenzaste esta conv-!
El siguiente fue más fuerte, y Obito aumentó la velocidad al darse cuenta que había dejado impresa en sus nalgas la huella rojiza de su mano.
—Cuando yo te ordene que te quedes callado, te quedas callado, senpai.
Hacerlo perder la concentración para que dejase de besarse con su réplica, ese era su plan. Pero aparentemente, él mismo se conocía demasiado bien como para adivinar sus propias intenciones, porque en seguida cambió de táctica.
—Deidara-senpai me prefiere a mí porque lo trato mucho mejor. Tan bien como él lo merece —su mano fue desde su barbilla hasta su miembro, Obito sintió su cuerpo sacudirse nuevamente cuando el otro lo agarró—. Mmmh... Así me gusta, bien lubricadito. Debo probar eso.
El clon se agachó, lamiendo por un rato la punta de su miembro para luego tomarlo en su boca. Cuando el cuerpo de Deidara se retorció a la vez que él dejaba escapar un gemido de placer, consideró que había llegado el momento de hacer las cosas mejor para él. Giró los dedos, curvándolos para rozar su próstata antes de comenzar a mover el brazo a gran velocidad con movimientos muy cortos. Quería recrear una sensación vibratoria más que de vaivén. Con su mano libre tuvo que sujetar a su senpai para que no se resbalase al suelo cuando el placer que recibía por parte de ambos se hizo demasiado para poder soportarlo, haciendo sus piernas ceder.
Él estaba intentando decir su nombre, entre sonidos sin significado alguno que sólo dejaban ver lo mucho que aquello le estaba afectando. Le encantaba verlo así, la persona más sexy que había conocido en su vida, rendido a él, abandonado al éxtasis absoluto que él le brindaba.
—¿Estás bien, senpai? ¿Prefieres sentarte?
Le hizo saber con su tono de voz que era una burla, no era como si él esperaba que contestase tampoco, viendo su estado. Lo sentía apretarse con desesperación alrededor de sus dedos, gimiendo con tanta pasión que Obito se preguntó si ese era el límite. Agregó un dedo más sin dejar de hacer su mano vibrar. Con otro prolongado gemido, se arqueó hacia atrás, su cuello expuesto a él. No pudo evitar darle pequeñas mordidas sin dejarle marcas.
Entre gemidos, Deidara dijo su nombre y él sonrió mientras seguía besando su cuello.
—Dime cuánto te gusta lo que te hago.
—Mmmmh... ¡Calla y... sigue!
—Pero si no puedes ni tenerte en pie... ¿Estás seguro? —lo dijo mientras le daba con más energía, para demostrarle que él estaba ahora a cargo.
Pero por desgracia, ponto tendría que hacerlo. No quería que acabase en la boca del clon. Podría ser un kage bunshin, pero Deidara-senpai era sólo suyo, y eso incluía sus katsus. No mucho después, cuando leyó en su lenguaje corporal que estaba cerca de acabar, salió de él y le pidió al clon que se detuviera. El artista no se lo tomó demasiado bien.
—¡Te dije que no pararas! ¿¡Estás... Estás loco!? —dijo volteándose y agarrándolo de los hombros—. ¡Están locos, ambos!
Su expresión indignada y frustrada era divertida.
—Quiero que dures un poco más.
—¡No!
—Qué impaciente —dijo, dándole un beso en la frente y apartando el cabello de su cara con ternura.
—¡¿Impaciente!? ¡No tiene gracia, Tobi!
Él lo ignoró. Se volvió hacia el clon, lo señaló y apuntó hacia abajo para indicarle que volviera a ponerse de rodillas, hizo a Deidara darse la vuelta y arrodillarse también, empujándolo y ejerciendo presión sobre sus hombros.
—Ahora al revés —explicó, mientras acariciaba la línea de su mandíbula a la vez que el clon guiaba su miembro hacia su boca luciendo impaciente—... Lo que no significa que vaya olvidarme de ti. Déjame a mí el resto.
Lo dijo a la vez que le metía los dedos de nuevo y la cálida cavidad volvía a apretarse en torno a ellos. Oyó de él un gemido amortiguado, por tener la boca llena, e inmediatamente después otro de su réplica.
—Oh... Mhh... Senpai... Qué bien lo... ah... ¿P-puedo... Acabarle en la boca? —le pidió, abriendo los ojos un momento para buscar su mirada.
Obito frunció el ceño. Quería ser el único en hacer eso con Deidara, pero también quería las memorias del clon, que parecía realmente feliz con la idea. Tras pensarlo un momento, decidió permitirlo.
—Puedes —dijo—, pero el senpai escupirá todo luego. Esa boquita solo puede tragar lo original.
—¿Desde cuándo... decides tú eso, hm? —preguntó Deidara, interrumpiendo la felación para quejarse.
Rozar sus dedos de nuevo contra la zona sensible lo libró de tener que contestar. El clon volvió a indicarle que siguiera mientras él terminaba de dilatarlo para por fin entrar en él. No podía soportar más verlos gozar a los dos mientras su cuerpo entero le pedía a gritos satisfacer esa violenta necesidad. Con su mano libre, agarró su miembro y empezó a tocarse, saboreando las placenteras sensciones mientras no se perdía detalle de lo que ocurría frente a él.
—Ah... S-sí... Sí... Así... Mmmh... Hazlo así...
Su mano alcanzó un ritmo mayor al que buscaba, sólo con verlos. Cuando fue consciente de ello, se detuvo, sacó los dedos y cubrió su erección con aceite de masaje. Deidara se tensó en el momento en que colocaba su miembro, duro como nunca en su entrada trasera. Lo sujetó de las caderas antes de empezar a introducirse en él, algo más rápido de lo normal, pues no estaba totalmente en control de sus actos. Lo hizo tensarse aún más, pero al sacudir las caderas en un movimiento involuntario, sólo consiguió clavárselo aún más.
—¡Ow... Senpai, no me muerdas! —se quejó el clon y él sonrió—. Sabes que estas memorias irán a ti luego, ¿verdad?
Pero a él no le importó. Encontrar su interior tan caliente y apretado siempre conseguía volverlo loco, no tenía lugar para preocuparse por nada más. Con unos cuantos empujones más, quedaron completamente conectados. Le dio un momento para que se acostumbrase a la intrusión, en el cual se dedicó a observarlo, de espaldas a él, tomando a la copia de sí mismo en su boca. Ambos gimiendo de puro placer.
—Ojalá pudieras verte... Lo sexy que estás así. Lo mucho que me pones... ¿Cómo lo consigues?
Con la primera embestida, lo empujó hacia delante. Lo oyó atragantarse pero siguió en cuanto vio que se había repuesto. Llevó una de sus manos a su hombro para poder sujetarlo mejor contra su cuerpo y llegar más profundo, mientras la otra permanecía en su cadera. El clon comenzaba a sobrar, pero visto que parecían estar gustándole demasiado esos empujones extra, sabía que tardaría poco en evaporarse y poder quedarse con su senpai a solas. Se conocía bien, después de todo. No obstante, ver en tercera persona cómo su senpai se comía sin a penas rechistar todo su aparato, era una visión a tener en cuenta, y que estaba contribuyendo a ponerlo más bruto que de costumbre. Era lo único que podía hacer cuando la intensidad habitual le sabía a poco para acallar el apetito voraz que la situación le había generado.
—Esto es... —dijo su réplica—... Tan... Ah... Lo haces... Tan bien... Ya... No aguanto más... Mmmhh... Senpai...
Se echó sobre su espalda para ver mejor, pero era indudable que acababa de llegar al orgasmo. Reconoció la reacción. Bien. No podía esperar a tener las memorias de ese punto de vista. Trató de imaginarlo. Su miembro aún en su boca, recibiendo chorro tras chorro de semen... O mejor dejaba de pensar en eso. No iba a aguantar nada.
Cuando se recuperó del estallido de placer, el clon tomó la cara de Deidara entre sus manos, su cara reflejando absoluta felicidad.
—Es cierto que te ves bien con la boquita manchada por mí...
Y justo ahí, desapareció.
Obito se echó hacia delante sin detenerse, para agarrar la mandíbula de Deidara.
—Escupe —le ordenó—... Vamos... Escupe ahora mismo...
Pero él desobedeció su orden, se giró especialmente para mostrarle cómo tragaba y se pasaba la lengua por los labios para limpiárselos.
—Tú no... Mandas en mí.
Sus palabras hicieron que sintiese ganas de darle una lección, aunque no supo lo efectiva que iba a ser.
—Te vas a enterar...
Lo agarró más firmemente con el propósito de aumentar la fuerza de sus embestidas hasta hacer que su cuerpo ceda. El sonido de piel chocando contra piel amortiguando un poco los gemidos de ambos. Y ahí fue cuando las memorias comenzaron a fluír y Deidara, a tiempo real gimió muy alto, sintiéndolo contraerse y hacer que su miembro se sintiera aún más apretado. En su mente se implantaron visiones y sensaciones que no ayudaron en absoluto a prolongar su aguante. Luego el orgasmo. Los dos, mejor dicho. El que tuvo el clon y el que estaba teniendo él en ese preciso momento. Cerró los ojos, jadeando con energía y cayendo hacia delante, hasta que su cuerpo quedó sobre el de Deidara. Fue su cuerpo al final el que cedió ante un orgasmo tan fuerte que nubló su entendimiento y lo paralizó entero.
Casi no pudo reaccionar cuando Deidara hizo rodar su cuerpo hasta darse la vuelta. Estaba demasiado débil como para moverse, sus extremidades tan relajadas que ni siquiera sentía deseos de ponerse en pie.
—¿Sigues vivo, hm? —se mofó su senpai, riendo—. Miren quien está demasiado aturdido como para moverse.
Quería trepar sobre él y hacerle cosquillas sin piedad pero era cierto, las fuerzas lo habían abandonado. Sólo una agradable sensación de relax permanecía.
—Mmmmm... —murmuró perezosamente, haciendo un esfuerzo para abrazar al artista sobre él—. Esta es la mejor técnica del mundo. El doble de recuerdos de mi senpai...
Se recreó unos segundos más en los recuerdos adquiridos. Se sentían tan vívidos como si de verdad los hubiera experimentado en primera persona. Una técnica verdaderamente asombrosa y la cual iba a usar más a menudo en el futuro. Ver hasta donde Deidara podría aguantar. Sonaba divertido.
—No parecías pensar lo mismo cuando estabas celoso de ti mismo.
—Oh eso. Creo que ya lo he superado —la sonrisa no se iba de su cara.
Deidara lo miraba como si tuviera en el fondo un poco de envidia. Quizá en el futuro, él pudiera hacer algún clon también. Le gustaba la idea de tener dos senpais solo para él.
Le costó moverse hasta el futón para dormir una siesta y recuperarse, estaba demasiado relajado como para aguantarse en pie. Ya tenía a Deidara descansando sobre él cuando se le ocurrió una idea.
—¡Kage bunshin no jutsu!
—¿¡Otra vez!? —dijo en voz alta.
El nuevo clon se puso al otro lado de él, quedando Deidara entre ambos.
—Así podré tener el doble de recuerdos de abrazarte mientras dormimos —explicó.
—¡No vas a tener recuerdos si te duermes!
Ambos Tobis se durmieron demasiado rápido como para contestar, Deidara rodó los ojos, apoyado en el pecho de uno mientras el otro le pasaba el brazo por la cintura. No se lo admitiría, pero era en realidad bastante cómodo. Suspirando una vez más, cerró los ojos e intentó dormirse antes de que ambos comenzasen a roncar.
¡Clones!
Ah, me costó escribir este, por miedo a nosebleedear y eyebleedear en mi teclado, pero lo conseguí. Viva.
No hay mucho que explicar. Un trío con Tobi, Dei y Tobi, una silla que al final no pude romper (queda pendiente para futuros fics), aceite de masaje, Obito celoso de Obito... Bueno, eso xD
La idea salió de un fanart en pixiv y fue tomando forma con conversaciones locas , un comic donde Naruto usaba su sexy no jutsu en Tobi y se transformaba en dos Deidaras que le decían cosas sexys. Tobi murió desangrado. Fin de la serie.
Lybra, llevaba la idea de hacer POV de ambos desde el primer beso, la otra vez me dio flojera, pero aquí si pensé que sería interesante ver las dos caras de la moneda. Porque lo que dices es cierto, acostumbrado a evadirse, está en una situación en la que ya no puede, ni en su tsukuyomi, ni escudándose tras Tobi. Inicialmente era Tobi el que adoraba al senpai a la vez que Obito lo detestaba, y se fue filtrando en él, algo así quería dar a entender. Compartir dangos es lo que tiene, llega un momento en que te enamoras. Que Dei sea sexy y Obito tenga cuerpazo ayuda. En resumen que ha perdido la cabeza por un terrorista. Habrá segunda parte del incauto y el cobarde, y habrá murciélagos y por supuesto, Tobi colegiala "ayúdame, senpaaaaaaai" *se le tira a los brazos temblando* "Enmascarado, te doy media hora para soltarme" jajaj pena de no haber caído. *-* A ver qué respondía Tobi a eso xd
Mochi, ambos acabaron quemados jajaj, no recuerdo quién comparó a Obito con una polilla acercándose a una farola y quemándose. Es así tal cual. Dei es demasiado luminoso, es atraído por él y luego bzzzzz. xD Ese jubi, es cierto que es bien deforme, el viejo hizo bien partiéndolo en fragmentos. Kurama de bebé es lindo. Si alguna vez voy a japón, algún día muy lejano, buscaré un doujin tobidei a ver si puedo dar con uno, los japoneses no lo quieren subir a internet T_T Por supuesto lo compartiré con ustedes ;D
Ale, es así tal cual, que aún se debe al plan, desconcertado porque no debería tener deseos propios pero los tiene, "no soy nadie" es su escudo para no pensar demasiado en las cosas malas que hace y no sentir remordimientos si es por el bien del proyecto, la base de todo, y se le está derrumbando sin que pueda hacer nada. Fue frustrante lidiar con toda esa tensión sin resolver, y dejarlos así (por suerte los clones vinieron en mi ayuda) aún con el toqueteo del final, que es muy cierto eso, Obito sin toquetear a Dei no es Obito, ah imagina que solo se hace el dormido y tiene que continuar con su acto mientras el otro le acaricia la espalda por debajo de la camiseta. ¿Aguantaría sin delatarse? xDDD
¿Qué les parece más lemon la siguiente actualización? He ido alternando pero no me gusta seguir patrones.
¡Gracias por leer y hasta el siguiente!
