Limonada
Nuevo amanecer
El cielo ha pasado de ser completamente negro a azul oscuro. La conversación nocturna de lechuzas y lobos hace rato que se ha ido para dar paso a la canción matinal de los pájaros que recién despiertan.
Obito ha estado toda la noche vigilando, y como no hay nada más en lo que fijarse, ha notado el cambio. Reconoce algunas de las canciones, la del mirlo por ejemplo. Fue Rin quien le hablaba de ellas hace mucho, durante los relevos al montar guardia en misiones de rango C, antes del comienzo del conflicto. Le parece curioso que más de la mitad de las cosas que memorizó en la academia para poder pasar los exámenes, siempre con un aprobado justo, las haya olvidado, pero lo que ella le explicaba lo recuerda. Aún le duele al pensar en ella, ese hecho jamás lo abandonará, pero ya no siente ese angustioso anhelo de volver a verla, ni la necesidad imperante de revertir su muerte. Algunos días, ya ni siquiera recuerda lo desdichado que es, o lo equivocado que está al decidir ignorar lo cruel que es el mundo y lo cruel que seguirá siendo si él no detiene ese círculo vicioso de miseria. Porque Deidara le recuerda algo que había olvidado: que no todo lo que ocurre tiene por qué ser malo.
Su compañero artista está dormido, apoyado en su hombro y cubierto con la túnica de Akatsuki como si fuera una manta. No hay posadas en ese remoto lugar de la geografía por lo que una superficial cueva bajo una cornisa sobre un escarpado desfiladero tuvo que servirles de refugio. A Obito le encanta ver a Deidara dormir en su presencia. En realidad, le encanta ver a Deidara, a secas. Pero lo hace feliz saber que se siente lo suficientemente cómodo con él como para quedarse dormido mientras él vigila, o que lo encuentra lo suficientemente atractivo como para desearlo.
Él lo hace querer olvidarse de todo, preocuparse por el futuro o lamentarse por el pasado. Quizá sea que su filosofía sobre la fugacidad del momento está empezando a afectarlo. Quizá esté empezando a pensar que no está tan mal después de todo.
Cuando recorre su mejilla con el pulgar, Deidara no se inmuta y él sonríe. Y suspira. Porque es el único momento en que puede verlo con el rostro sereno. Ya conoce todo el abanico de expresiones que se manifiestan en él, pero la calma es el más raro de todos. Se pregunta si está soñando con él, y si es así qué es lo que está pasando.
Tras unos minutos distraído mirándolo con la misma sonrisa boba que se niega a irse, empieza a frustrarse porque no esté despierto. Se quita el guante y su mano comienza a bajar, de su cara a su cuello, y de ahí a su cuerpo sobre la camiseta de red, hasta que llega al borde, mete la mano bajo la misma y comienza a subir. Su cuerpo entero se estremece ante las sensaciones que el tacto de esa piel en las yemas de sus dedos siempre le provoca. Y la mano sube y sube, lenta pero firme hasta su pecho, donde comienza a trazar círculos en su areola derecha.
Ahí, Deidara gruñe, lo agarra del brazo y un repentino dolor hace que retire la mano. Se remanga para descubrir la rojiza marca de dientes en su antebrazo, visible en la tenue luz del nuevo día a punto de despuntar.
—¡Ow... Senpai! —se queja.
Él parece haberse dormido de nuevo y no le responde. Con una risilla traviesa, Obito se quita la máscara y vuelve al ataque. Mete la mano bajo la túnica que lo cubre y su camiseta una vez más. Suspira. Qué suave está, jamás va a superar eso. Esta vez, lo pellizca. Deidara vuelve a hacer el ademán de agarrarlo otra vez para morderlo, pero él le gana en rapidez y atrapa su muñeca antes de que pueda llegar a hacerlo. El artista forcejea en vano.
—¡Déjame dormir, hm! —exclama, abriendo los ojos un segundo para dedicarle una mirada cargada de furia.
Se retira, intimidado por la orden y Deidara se da la vuelta. Aún más frustrado que antes por perder el contacto físico con él, Obito se acopla a su espalda, aparta su melena a un lado y besa su nuca. Él se deja hacer. Sabe que si insiste lo suficiente, al final el otro se resignará, siempre sucede. Ambos son obstinados cuando se proponen algo. Obito nunca se conforma sólo con un poco, y pronto quiere más. El sabor de ese cuello lo hechiza, o eso le parece. Cierra los ojos, atrapando con suavidad la piel entre sus labios, recorriéndola con su lengua. Escucha a Deidara murmurar algo, pero esta vez no lo echa. Sintiéndose valiente, se mueve hacia su oído, incorporándose un poco.
—Relájate, Deidara-senpai. Deja a Tobi hacer las cosas.
Lo susurra suavemente con su voz auténtica. Lo siente estremecerse, y un murmullo se le escapa, Obito sabe que tiene vía libre. Deidara debe estar cansado. No ha dormido mucho, pero a él no le importa mimarlo en absoluto. Últimamente vive para eso. Muerde con cuidado la piel detrás de su oreja, sin dejar marca.
—Mmmm Tobi —murmura con pereza lasciva, sin abrir los ojos, a la vez que arquea su espalda hacia atrás buscando más contacto.
Qué nervioso estaba la primera vez que hizo eso, y qué seguro está ahora de lo que hacer y lo que quiere conseguir. De dónde tocar, lamer y morder.
Posa su mano en su cadera, adentrando los dedos sólo un poco adentro del pantalón.
—¿No prefieres... Que te deje dormir? —se burla, y hace avanzar su mano sólo unos centímetros más, sabiendo demasiado bien la respuesta a esa pregunta.
—Quiero dormir... —contesta y Obito va a protestar cuando lo oye proseguir—. Pero quiero más. Continúa.
Cualquier orden suya lo hacía alcanzar un nuevo nivel de calentura. Obito termina por quitarse el suéter en un intento por rebajar su creciente temperatura, envolviendo su cuerpo con su brazo izquierdo, lo atrae hacia él. Su mano derecha sique adentrándose en el pantalón en dirección a su muslo, incapaz de parar ya.
—Entonces, déjame darte más.
Estruja su muslo entre sus dedos, a la vez que sigue lamiendo su cuello con avaricia, pronto mueve la mano sobre su ropa interior para sentir cómo su miembro comienza a tomar vigor. Deidara respira con fuerza, retorciéndose un poco y él lo estrecha contra su cuerpo aún más.
—¿Por qué será que siempre acabamos así cada vez que estamos a solas? —dice, un pensamiento en voz alta, pero que debe sacarse de dentro.
—Porque eres un pervertido, hm.
Deidara sonríe con los ojos cerrados, dejándose hacer sin protestar.
—¿Oh? —él se hace el indignado masajeando su miembro semi erecto por encima de la ropa—. ¿Y quién tomó la iniciativa anoche? ¿No fuiste tú, senpai?
Aún tiene la espalda algo dolida. No es el lugar más cómodo del mundo, y de ninguna manera lo iba a dejar lastimarse. Por eso prefirió montarlo sobre él, dejar que él mismo cargara con la frialdad y dureza del suelo mientras Deidara se agarraba a sus rodillas flexionadas para poder botar mejor sobre su miembro, mientras él desde abajo lo taladraba sin piedad, sus cuerpos en sincronía, chocando con fuerza a mitad de camino en cada embestida. Gemidos de placer sin reprimir amplificados por el leve eco de la pequeña hendidura donde estaban...
Tan sólo rememorar lo que hacía algunas horas había ocurrido basta para ponerlo otra vez duro como una roca. Pega su erección a él para hacerlo sentir lo que le está provocando. Él lo nota, y comienza a frotarse. Obito no quiere dejarlo hacer esfuerzos, su senpai necesita descansar. Así que saca la mano de nuevo, escupe en ella y esparce la saliva por su palma y sus dedos. A continuación vuelve a agarrar su pene que ahora está completamente erecto.
Y él vuelve a retorcerse en su firme agarre, murmurando su apodo, lo cual hace que él pierda la cabeza y su mano cobre rapidez. Le gusta tanto sentirlo temblar, ver las sutiles expresiones faciales que delatan el placer que está sintiendo, u oír los pequeños gemidos y jadeos que salían sin fuerza que le resulta difícil controlar sus movimientos. El muy condenado es demasiado sexy.
—¿Cómo puedo conseguir estarme quieto cuando te tengo todo el día a mi lado, senpai?
Obito siente que su mano no estaba lo suficientemente lubricada y vuelve a humedecerla con saliva. A Deidara parece gustarle el cambio, lo cual sólo contribuye a ponerlo a él más caliente.
—Sería un buen momento para hacerte mío aquí y ahora otra vez... —prosigue, Deidara le contesta con un lujurioso y débil gemido—. Pero estás cansado. Necesitas... Reponer fuerzas primero.
Aprieta su mano más, mientras sube y baja, el líquido lubricante resbalando por la misma.
—Mmmh, me estás poniendo perdido senpai. ¿Tanto te gusta lo que te hago?
Deidara se echa tanto hacia atrás que su cabeza acaba encajada en su hombro, su cuello quedando expuesto a él, en la postura perfecta para seguir lamiéndolo.
—Eres irresistible —susurra en su oído, sabe que se derrite cuando le habla así—. Si no te conociera, diría que es imposible serlo tanto.
Aunque lo intentase, no podía ser objetivo con él, pero tampoco es que últimamente estuviese esforzándose en serlo. Eso quedó atrás. El nuevo plan era, consentirlo, mimarlo y adorarlo todo lo que él deseara. Le había salido caro el artista. Ni más ni menos que los esfuerzos de más de media vida dedicados a su viejo plan, y él, tras pasar la fase de negación y remordimientos, había pagado el precio muy gustosamente. Ahora, Obito no puede ni quitar los ojos de encima de la visión ante sus ojos. Deidara medio dormido, totalmente rendido al placer que le da, suspirando con leves gemidos, moviendo sus caderas casi por instinto. Tensándose en sus brazos...
—Estás cerca...
Ralentiza un poco el ritmo y Deidara protesta gruñendo y moviéndose un poco contra su mano. Cuando ve que su amante se ha resignado a ese pequeño castigo, vuelve a aumentar la velocidad al doble que antes. Él gime con fuerza y se muerde el labio, amortiguando los sonidos de placer que se le escapan.
—Me encanta verte así. Me encanta, me encanta verte así... —tanto que hasta su imaginación deja de funcionar, y lo único que puede hacer es repetir la frase una y otra vez para enfatizar más su punto.
Arqueándose hacia atrás una última vez, se corre, y Obito no se quiere perder ni un detalle del momento, el cual va a durar muy poco. Siempre logra cautivarlo su rostro perdido en la explosión de placer, en las blancas gotas de semen cayendo en su camiseta, o en el que resbala por su mano que aún sujeta su miembro, en su respiración agitada en proceso de calmarse. Ha perdido las pocas fuerzas que le quedaban y ahora está completamente apoyado en él. Sus ojos azules se abren a la mitad, buscando su mirada y el artista sonríe. Obito aún no comprende cómo un gesto tan simple puede seducirlo tanto. Le sonríe de vuelta, como hechizado.
—Buenos días, senpai.
—Buenos días, Tobi.
Se inclina sobre él y sus labios se juntan en un beso tierno y calmado en el que vuelve a sentir esa abrumante calidez en su pecho que ha sentido desde la primera vez que sus bocas se unieron.
Cuando se separan, Obito mira hacia atrás, su atención atraída por un resplandor. El sol está empezando a despuntar por entre las montañas, un halo dorado envuelve el minúsculo punto incandescente que asoma. Un nuevo día, un nuevo comienzo, un nuevo camino.
—¿Vas a dejarme dormir ahora, hm? —dice con un falso tono de reproche.
—Tal vez —lo molesta.
Deidara suspira.
—Tobi.
—Era broma, senpai.
Estira el brazo hasta una de las bolsas de cuero que hay junto a la pared y saca unos pañuelos de papel con los que limpia a ambos. Luego vuelve a cerrarle el pantalón y Deidara se incorpora para doblar su túnica y apoyar la cabeza en ella. Obito lo cubre con la suya, pensando en echarse otra siesta. Las células Senju hacen que no necesite dormir tanto como una persona normal, y eso a veces interfiere en su dinámica. En ocasiones siente como si el resto del mundo se pasase el día durmiendo. Por mucha ventaja que eso suponga, a veces le gustaría renunciar a esa rareza suya y ser como todo el mundo.
—Luego me ocuparé de ti —dice Deidara, mientras Obito masajea distraidamente su espalda—. Pero primero voy a descansar.
—Está bien —contesta.
No estaba pensando en él mismo cuando decidió prender la mecha.
—Y si no lo estuviera, la próxima vez no te pongas caliente cuando estoy cansado.
—¡Dije que está bien! —responde con firmeza haciéndole cosquillas en el estómago.
Deidara le vuelve a morder el brazo usando ambas manos.
—¡Ow, ow, ow, senpai, no te enojes!
Pero una fugaz sonrisa del artista antes de cerrar de nuevo los ojos le hace saber que todo está bien. Obito suspira de nuevo, el sol ya ha salido completamente y por alguna razón, ese hecho tan cotidiano lo reconforta.
—Hay mucha luz —se queja Deidara en contraste.
—¿Te molesta el sol? ¿Quieres que lo destruya ahora mismo?
Suelta una débil carcajada.
—Eres un cabeza hueca...
No mucho después, se duerme. Y como siempre, Obito se queda guardando su sueño muy gustosamente.
Otro lemon, como les dije, no quería estar siguiendo un patrón de M alternos y quise romperlo. Y bueno, dos M es mejor que lo contrario. Solo un pequeño momento de Obito y su senpai, en una misión. Ya está empezando a aclarar sus ideas, dejar el pasado atrás y ser feliz. Los besos en la nuca se me hacen super tiernos. Asdf, se aman. Cásense ya.
Seguro Dei piensa "si alguien tiene que destruir el sol, ese seré yo" (?
Lybra, aquí está el más lemon! Dei hará kage bunshins organizados, Obito deberá reunir todo su poder seme para no morir por nosebleed. Estos clones saben muy bien lo que hacen y van a pasar a la acción desde el primer momento, no como Tobi que quería mirar y dejar al clon todo el trabajo (y luego se enfada, ojo). Dei va a tener que poner orden en ese futón con dos Tobis dentro, discusiones, peleas territoriales, Dei dándole al clon un golpe que lo desaparece, luego dándole otro a Tobi (¡Ouch senpai yo soy el de verdad! "precisamente!"). Me alegra que te haya gustado, fui muy despacio escribiendo porque era demasiado sexy todo.
Mochi, creo que lo mejor (suculencia a parte) es ver a Obito celoso de sí mismo jajaj, esa discusión fue de lo más divertido. Deidara provoca a Tobi siempre que puede, y al revés, todo es más divertido si se hacen perder un poquito los nervios primero. Me gustaría repetir con clones más adelante, fue divertido xDD. Obito polilla chamuscada pero feliz, eso resume bastante bien su relación con Dei. Algún día encontraré un doujinshi bien sexy para fangirlear todas. Lo juro. :D
¿Siguiente? No sé. Tengo un par empezados. Veamos por cual me decido.
¡Gracias por leerme y hasta el siguiente!
