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Aquel Momento
.:I:.
—Senpai... ¿Si Tobi muriera en la misión, llorarías por él?
No era el tipo de cosas que Tobi solía preguntarle, pero como ya tenía comprobado lo impredecible que podía ser, tampoco le sorprendió.
—Yo no lloro, Tobi.
—¿Te pondrías triste? —insistió.
—¿Me viste ponerme triste cuando mataron a Sasori no Danna, hm?
Su compañero entrelazó las manos bajo la máscara.
—¡Pero Tobi quiere ser más especial que Sasori para el senpai, y quiere que se ponga triste y llore por él si le pasa algo!
Lo cierto era, que Tobi ya era más especial para él, no era tan eficaz en la batalla, pero era obediente y su arte se llevaba siempre todo el protagonismo. Además, se sentía más cómodo junto a alguien que en verdad era humano. Por ejemplo, las horas de la comida junto a Sasori se resumían a él intentando comer en paz mientras el otro le decía desde el interior de Hiruko que se diera prisa y que estaba harto de esperarlo por culpa de los defectos de su cuerpo mortal. Ya ni recordaba lo bien que se sentía tomándose su tiempo. Comer para él no era una necesidad más, era un placer y Tobi lo entendía bien.
—¿Quieres que esté triste y llore? No te tenía por un sádico —lo molestó.
—¡Sí, si es por Tobi! —respondió con entusiasmo.
La misión tampoco era la gran cosa, sólo un ajuste de cuentas que alguien había encargado. Si Tobi moría en la misión sería demasiado estúpido. Comenzó a enojarse ante la idea.
—Escúchame bien —dijo, cortándole el paso—, si mueres en esta basura de misión de rango B me voy a cabrear no sabes cuánto, y como ni siquiera te tendré ahí para poder explotarte me enojaré más aún y tendré que destruír algo muy grande para calmarme. ¡Así que más te vale no dejar que eso pase!
Tobi rió inclinándose hacia él. Sentía una agradable ligereza en su cuerpo, como si fuera a comenzar a flotar de repente.
—Yo también te quiero, Deidara-senpai.
Y salió huyendo de ahí con el terrorista detrás, sus manos llenas de bombas.
.:II:.
Es uno de esos días.
A veces, ser Tobi es difícil. Fingir ser alguien tan sencillo y despreocupado le repugna. Ha pasado una noche terrible, una de las peores en meses. Lo dejó tan débil que ni siquiera pudo alcanzar la lucidez y detener la pesadilla. Pensar que debe recomponerse sólo para seguir haciendo de idiota lo pone aún de peor humor. Deidara lo debe estar buscándolo para entrenar, se fue huyendo del apartamento cuando el otro estaba aún dormido y probablemente esté pensando que intenta escaquearse. Obito no funciona, y si él no lo hace Tobi tampoco.
Se deja arrastrar más por su desidia, por la noche de sufrimiento que lo ha dejado sin fuerzas. Siente una molesta pesadez en su cuerpo y él sabe que deberá ponerse en pie por sí mismo si es que quiere seguir adelante. Como siempre. Tendrá que mentalizarse y reunir las fuerzas primero. Como siempre.
—Tirado en el pasto sin hacer nada productivo, qué raro en ti, hm.
Y por fin, el artista lo había encontrado. Obito observa unos segundos cómo el otro lo repasa con la mirada de arriba a abajo y se recuerda a sí mismo que eso es lo que el otro debe seguir pensando.
—Tobi está cansado... —se esfuerza por decir.
—Cansado de holgazanear querrás decir.
—¿Trajiste dango, senpai?
Le da una línea genérica, porque su mente no es capaz de ponerse creativa para una respuesta más elaborada que lo moleste o lo enoje.
—¿Y por qué iba a hacer eso? ¿Crees que somos amigos o algo, hm? -contesta, recostándose en el pasto perpendicular a él mientras lo dice.
Deidara no le está prestando atención, pero Obito no le quita el ojo de encima. Una fresca brisa mañanera agita su largo cabello por un breve segundo y no le pasa desapercibido que el maldito artista ha cerrado los ojos para recrearse en la sensación. Detesta cuando hace eso, pero se esfuerza en que no le afecte su irritante calma, le ha prometido a Zetsu que será un buen chico.
—De todos modos, si vamos a perder el tiempo, deberíamos hacer algo más divertido que quedarnos aquí tirados quitándonos hormigas de encima —agrega, poniéndose en pie y tendiéndole la mano—. Ven conmigo, te enseñaré algo.
Varios minutos después están en el aire montados en una de las aves de arcilla de su repertorio. Deidara no le quiere decir qué van a hacer, Obito no tiene ganas de socializar pero no se le ocurre ninguna excusa convincente para que su personaje se libre de tener que hacerlo.
—Espero que tu control de chakra sea bueno. ¿Estás bien sujeto, Tobi?
—¡Tobi estará bien, senpai! —exclama.
La primera vez que volaron juntos fingió que se caía y desde entonces Deidara se burla por eso. Sin aviso, el pájaro se lanza en picado en una caída casi vertical. Obito grita, casi olvidándosele usar la voz de Tobi para ello. Se agarra a su espalda por instinto mientras lo oye aullar y alza los brazos sobre su cabeza. Se detiene antes de llegar al suelo y al ascender, el pájaro traza un bucle en el aire. Tierra y cielo se invierten por unos segundos, su corazón late a mil por hora, demasiadas emociones fuertes para su estado mental, pero Deidara ríe como un demente, y la adrenalina que se dispara cada vez que el ave gira sobre sí misma o hace una pirueta hacia adelante o hacia atrás sólo parece dejarlo con ganas de más emociones fuertes. Obito está mareado, ya no sabe si está del derecho o del revés, pero al menos se ha acostumbrado a la sensación y puede seguir suplicándole a su senpai que pare.
—¿Asustado? —pregunta Deidara divertido mirando hacia atrás.
Su risa lo atraviesa como un puñal. Veinte años de miseria se sienten a veces como doscientos, pero Obito sabe que son demasiado pocos si aún no lo han dejado lo suficientemente insensible como para que su actitud le de igual. Se está agarrando al precipicio de la cordura con el dedo meñique y Deidara le está haciendo cosquillas en la muñeca. Al menos le concede que ahora está demasiado mareado como para seguir pensando en su porquería de vida.
—¡Claro que no, Tobi es valiente!
—Veamos si eso es verdad, hm.
Deidara conduce hasta el lago y Tobi cree que va a parar justo antes de llegar al agua pero no lo hace. Se sumerje en el agua asustando a bancos de peces de varios colores que corren a esconderse en la profundidad subacuática. Está loco de verdad, pero es una locura impulsiva y temeraria. Una que él disfruta. A Deidara lo atrae el peligro. Lo reafirma mientras el pájaro se deshace en pleno trayecto hasta la orilla, a la cual llegan casi de milagro.
Se levanta de inmediato y agarra por la cola un pez que ha quedado atrapado en la arcilla.
—Ya tenemos almuerzo, ve a buscar leña, cabeza hueca.
—Un... Un momento, senpai —aún le tiemblan las piernas y no comprende cómo el otro puede estar así de fresco—. Tobi no pensó que vería hacer algo tan infantil al senpai después de que él lo regañe siempre por ese motivo.
—¿Y qué pasa? ¿Demasiadas emociones para ti? —contesta, inclinándose sobre él—. Sólo te di un paseo y ya te ves como si necesitases reanimación cardiopulmonar.
—Ah... Sí por favor, Deidara-senpai —dice fingiendo entusiasmo para enfurecerlo—. Necesito un poco de eso.
En respuesta, Deidara le pone la boca del pez en la máscara.
—Vamos, quítate esa cosa naranja, estoy deseando verlo. ¿O acaso pensabas que te lo iba a hacer yo?
.:III:.
Qué suaves son sus labios. Obito se pregunta si Deidara encuentra los suyos demasiado ásperos siendo que no salieron indemnes del accidente, pero oh, ese sabor sublime y tacto aterciopelado merecen correr ese riesgo.
Se separa unos centímetros y ya los extraña. Su mirada azul celeste atrapa la suya y él suspira, necesita aire pero también necesita esos labios otra vez. Lo besa de nuevo, despacio, recreándose en su roce, en cómo Deidara se adapta al movimiento pausado y consciente que se niega a dejarse arrastrar por la pasión. Lo está dejando marcar el ritmo esta vez y Obito decidió que le apetecía tomárselo con calma. Está en el paraíso.
Hora de tomar aire otra vez, siempre que lo besa parece que se le olvida. Siente el empuje de la lengua en la palma de la mano entrelazada con la suya. Deidara tiene manos sensibles. Manos de artista. Lo comprueba una vez más lamiendo su índice.
—Mmm...
Le provoca un suspiro y Obito prosigue, juguetea un rato con la lengua inquieta en la palma de su mano haciendo que se acentúe su sonrojo. Se pregunta si tiene idea alguna de lo irresistible que se ve así, y él mismo se responde cuando lo ve abrirse la túnica y dejar la parte superior de su pecho al descubierto.
¿Qué clase de milagro ocurrió para que alguien así de perfecto exista y esté ahora mismo ahí entre sus brazos?
—¿Qué? —pregunta Deidara, con un deje de impaciencia—. ¿Es para hoy o no?
—Todo a su tiempo, senpai.
Besa su muñeca y otro suspiro escapa de sus labios rosados, la lame, la muerde, ahí le gusta. Deidara susurra una palabrota y cierra los ojos y Obito adora cuando hace eso. No hay por qué darse prisa cuando el tiempo no apremia. Va a memorizar cada una de las partes de su anatomía, su tacto, textura, sabor, la forma en que él reacciona... Todo. Lo quiere todo de él.
.:IV:.
Deidara sonaba a criatura celestial, demasiado bella para ese mundo de mierda. A algo extraterrenal que volvería a su plano de origen en cualquier momento. Así ocurrió. Y ahora Deidara sonaba totalmente distinto. Dolía como astillas de fuego clavadas en su misma alma.
Otra vez llegó tarde. Era su maldición. Porque Deidara en realidad era un fulgor en el cielo que vino y se fue, una fuerza destructiva que dejó un paisaje desolador de diez kilómetros de radio, una llamarada que encendió la mecha apagada de su alma y se fue estrujando la vela entera, lo que le hizo estar ahí ahora estrangulando al único superviviente de la masacre Uchiha, el desencadenante de aquel hecho.
La idea que no iba a verlo más le oprimía tanto el pecho que no veía cómo alguna vez iría a aliviarse. Si tan solo se hubiera dado un poco más de prisa él seguiría estando ahí. Fue ingenuo pensar que por fin le pasaba algo bueno, volver a enamorarse, volver a ver la vida más como su antiguo yo. Parecía como si cada vez que se levantase de un golpe, la vida lo golpeara con el doble de fuerza.
—Es tu culpa... —murmuró aflojando un poco.
Sasuke tosió. Obito quería hacerle desear que Deidara se lo hubiese llevado con él a la muerte. Rin lo hizo caer al infierno, y Deidara lo hará caer a un lugar aún más profundo, al tártaro temido por los mismos demonios. Porque no sólo está así por haberlo perdido, sino por muchos más motivos.
—¿Por qué...? ¡¿Por qué no me escogiste a mí!? —grita desesperado.
Ni siquiera para Deidara fue la primera opción. Se sentía un segundón con respecto al arte. Si de verdad sentía algo por él... Debió escoger quedarse con él pero no lo hizo. O tal vez fue ese bastardo quien le hizo perder la cabeza. Eso es. Deidara lo hubiera escogido a él. Fue Sasuke quien lo hizo enloquecer. Al caer en ese detalle, volvió a estrangularlo.
—Debiste haberme llevado contigo al menos...
El amor sólo servía para pintar el mundo de negro y rojo.
—¿¡Qué he hecho para que me pase toda esta mierda, maldita sea!?
La cara de su herramienta hacia el Kotoamatsukami se puso morada. Pero ya no necesitaba el poder de Danzo, porque ya no quería controlar a Nagato, ni usar el Samsara para traer a Rin. Ya no quería crear un mundo de paz, sin guerras, en el que nadie tuviera que morir. Nadie merecía tal regalo. Ahora iba hacer pasar a todas y cada una de las personas del planeta por lo mismo que él. Iba a terminar de corromperse entero, invocar al Jubi, tomar su poder, someter al mundo que se empeñaba en torturarlo a un sufrimiento sin igual.
Maldición de odio. Qué ridículo. Esto iba a ser mucho más que eso, la nueva era de un dios maligno, déspota y oscuro. En eso no iba a fallar.
Obito terminó de matar al niño que una vez fue junto con Sasuke, y arrastró el cuerpo sin vida del recién asesinado miembro de su maldita familia por el suelo, ensuciándolo más de lo que estaba. Le pidió perdón a Deidara por haberle fallado, por llegar tarde, por ser el incompetente definitivo. Se disculpó tanto que sus palabras se convirtieron en un trabalenguas fonético carente de sentido.
—¡Sasuke-kun! —oyó a una mujer gritar a lo lejos.
Se concentró en su chakra y apareció frente a ella usando su kamui. El miedo apareció en sus ojos rasgados color frambuesa.
—Akatsuki... —susurró casi con miedo a que él le oyera.
Obito le tiró a los pies a Sasuke y observó, ella gritó, jalándose del cabello del mismo color de sus ojos. Se agachó sobre él, llamándolo, poniendo su antebrazo lleno de marcas de dientes a la altura de su boca. La chica lloró desesperada, esa misma desesperación que él mismo sintió mientras sujetaba el cuerpo de Rin y que le llevó a renovar sus votos de odio en nombre de Deidara. No le hizo sentir mejor ni peor, ni más realizado, sobre todo porque sabía que con el tiempo ella lo superaría.
Se marchó de allí caminando, dejándola atrás. Sí, ella pasaría página, mientras que él seguiría anclado a esas muertes. Pero ya no quería superarlas tampoco.
Al final resultó ser verdad que no había esperanza.
.:V:.
"De acuerdo, creo que me gusta Deidara."
Se quitó la máscara, sólo para cubrirse la cara con las manos de la vergüenza. Quizá incluso andaba todo sonrojado, más como un adolescente que como el treintañero que se supone que era. Se volteó para ver a su compañero dormido en su futón e incapaz de soportar la evidencia que se manifiestó con un acelerón en su pulso, escondió la cabeza entre las sábanas.
No durmió mucho esa noche. Ni la siguiente.
Hasta las células Senju tienen su límite. Obito analizó como pudo esos sentimientos, pero su mente afectada por la falta de sueño no conseguía llegar donde él quería.
Gateó hasta su futón, en busca de respuestas. Ok, lo admitía, era bello, pero era un hombre y lo hacía sentir extraño haber comenzado a verlo con otros ojos. Deidara se dio la vuelta en sueños y verlo moverse lo asustó tanto que se metió bajo las sábanas y no salió de ahí hasta que en unas horas, lo sintió darle una suave patada.
—Deja de hacer el vago, cabeza hueca. Toca entrenar, hm.
Incluso para insultarlo, su voz sonaba bien.
—Ya voy sen... —Deidara tiró de la manta, estaba en ropa interior. Obito quedó sin habla, su garganta se había secado de golpe ante la inesperada visión que estaba por provocarle una hemorragia nasal y otra ocular.
Tragó saliva.
"Oh, mierda, esto es peor de lo que pensé... Mucho peor..."
—...pai...
.:VI:.
Lo siente ahí, justo en su nuca. Esa respiración tibia, pausada y rítmica de alguien que está dormido golpea contra su piel. Los párpados de Deidara caen, concentrándose en el hecho. Su cuerpo entero se estremece de placer. Tan cotidiano pero a la vez tan extraordinario...
Por fin Tobi accedió a quitarse la máscara para dormir. Fueron muchas veces las que se lo pidió, por las buenas y por las malas, con su mejor tono seductor y también con el más amenazante, con halagos e insultos, nada funcionó y ahora era él quien accedía así de la nada, por voluntad propia. Otra barrera más que se derrumba entre ellos. Deidara las quiere todas fuera pero con esta se contentará, de momento.
Tiene hasta miedo de moverse un poco por si Tobi cambia de postura y deja de abrazarlo tan apretado o de respirar contra la piel de su cuello. Por eso, aunque la parte derecha de su cuerpo comienza a estar entumecida, decide quedarse así, es lo más cómodo que ha estado nunca antes de todos modos.
Deidara cree firmemente que todo lo bueno es breve, pero esa noche traiciona su filosofía deseando con culpabilidad que ese momento no acabe.
.:VII:.
—¡¿Qué significa esta miseria de paga?! —gritó Deidara.
—Te he descontado los desperfectos que has causado en la guarida este mes. Y aún agregaré otro más a la lista si la puerta de mi oficina ha sufrido desperfectos por esa patada que acabas de darle -explicó el tesorero de Akatsuki.
—No me creo que haya sido tan caro, me estás timando, Kakuzu. ¿Crees que porque soy artista no llevo al día mi economía y me puedes engañar así?
Kakuzu le tiró un pergamino a la cara que Deidara a penas logró evitar que se estrellase contra la misma.
—Ahí tienes un informe de todos los gastos que tú solo ocasionas con tus explosiones. Te vendría bien leerlo antes de tener la osadía de ofenderme —Deidara lo abrió y le echó un rápido vistazo a los precios de los materiales y sueldos de personas contratadas para el trabajo, sí, tal vez se había excedido—. Y tápate el cuello, da mala fama a Akatsuki que vayas por ahí tan desaliñado, mostrando como trofeo las marcas que has permitido que te deje ahí cualquier fulana. Estos jóvenes...
—¿¡Cómo dices!?
...
Deidara entró hecho una furia a su apartamento, Tobi sólo necesitó sentir la intención homicida para comprender que estaba a punto de morir a manos de un terrorista furioso.
—¡Tobi es inocente, senpai! —exclamó protegiéndose con los brazos.
—¡Te dije que no me dejases marcas! —gritó empujándolo contra la pared.
—Oh... —Tobi rió—. Así que era eso...
Media hora después, en el cuello de Deidara había dos nuevas marcas más.
.:VIII:.
Takoyaki para dos. Compró la ración extra en un impulso. Era su día libre y no tenía por qué pasarlo con Tobi, pero justo cuando hacía el pedido se acordó de él y de que ahora tenía un compañero humano que podía comer como cualquier persona normal. Aunque puede que esa fuera solo una excusa, todo estaba ennervantemente silencioso sin el cabeza hueca a su alrededor.
—¡Tobi! ¡Se van a enfriar por tu culpa!
Tras un rato dando voces por la guarida, Zetsu apareció.
—¿Pasa algo, Deidara? —dijo el blanco.
—Busco a Tobi.
—Está ocupado —espetó Zetsu negro.
—¿Ocupado y no me ha dicho nada a mí? ¡Pues que venga! ¡Dile que deje la memez que sea que esté haciendo y que su senpai lo llama, hm!
—Como te he dicho, Tobi está ocupado hoy.
Pero antes de que su enojo ante esa respuesta pudiera manifestarse, Zetsu blanco se aclaró la garganta.
—¡No seas grosero con Deidara-san! ¡Estoy seguro que Tobi puede hacer un hueco en la agenda por él! ¡Iremos ahora mismo a buscarlo, no te preocupes!
Zetsu se hundió bajo el suelo, dejando a Deidara pensativo sobre qué podría mantener a alguien como Tobi ocupado. Aunque tampoco es que supiera mucho sobre lo que le gustaba hacer en su tiempo libre.
—¡Hola senpai! ¿Querías ver a Tobi? —dijo su compañero a sus espaldas.
Se volteó, mostrándole el paquete que desprendía un olor demasiado apetitoso.
—¿Has almorzado ya?
Tobi ahogó un grito, poniendo sus manos donde sus mejillas deberían.
—¡Deidara-senpai quiere pasar tiempo con Tobi!
—¿¡Has almorzado o no!?
—Aún no —dijo riendo.
—Ja. Lo sabía.
Sin saberlo, Deidara había frustrado los planes de Obito de vigilar la rutina del siguiente jinchuuriki en la lista, pero la sorpresa de saber que hasta cierto punto valoraba su compañía no le desagradó.
—¿Es eso para Tobi? —preguntó señalando el paquete.
—Eres un genio, hm —contestó el artista comenzando a caminar seguido por su alegre discípulo.
.:IX:.
—¡Senpaaaai! ¡Es horrible, es horrible! ¡Tienes que venir a ayudar a Tobi!
Deidara no sabía qué le cabreaba más, si que Tobi hubiera irrumpido en su taller mientras trabajaba en su arte o que se lo hubiera llevado arrastrando dando gritos.
—¿¡Qué mierda te pasa ahora!? ¡Mira que das trabajo, hm!
—¡Tobi necesita ir a la cocina pero no puede pasar! —se colocó tras él y lo empujó—. ¡Salva a Tobi, Deidara-senpai!
Vio inmediatamente qué era lo que lo estaba exaltando tanto. Una cucaracha caminaba por el suelo moviendo las antenas en todas direcciones. No podía creerlo, eso fijaba un nuevo récord a su estupidez.
—¿¡Y me llamas para esto!? ¿¡Es que no puedes darle un pisotón tú mismo!?
Su inútil compañero dio un grito tan agudo que le lastimó los oídos a la vez que se agitaba en exagerados movimientos.
—¡No! ¡Eso es asqueroso! ¡Tobi se va a desmayar!
—Sólo digo... Pein-sama te va a despedir si ve que no puedes matar ni a un maldito bicho, hm.
Y con eso, todo el susto de Tobi pareció volatilizarse.
—¡El senpai está preocupado por si despiden a Tobi!
Él se cabreó aún más. Tobi tenía una habilidad especial para retorcer sus palabras a su conveniencia y siempre acababa entrando en su juego sin darse cuenta.
—¡Yo nunca dije eso, de hecho, me alegraré cuando ocurra porque me das demasiados dolores de cabeza!
De repente, Tobi se veía cabizbajo como un cachorrito pateado. No lo iba a ablandar así. Un crujido detrás de ellos llamó la atención de los dos. Kisame estaba ahí masticando algo.
—Las marroncitas son las más ricas —explicó antes de seguir su camino.
Vio a su compañero juntar las manos emocionado, yéndose tras él.
—¡Espera, Kisame-san! ¿Quieres ser mi nuevo senpai?
Una vena se marcó en su frente, Deidara alargó la mano, agarrando a Tobi del cuello de la túnica antes de que pudiera irse más lejos.
—¡Hoy haces katsu!
—¿Q-qué? ¿Qué ha pasado ahora? ¡Tobi no entiende!
Deidara sacó una criatura redondeada de su bolsillo y la puso en su mano.
—Ahí tienes. La próxima vez que veas una condenada cucaracha le tiras esto y dejas de molestarme.
Obito puso él mismo esa cucaracha ahí porque se sentía con ganas de hacer una travesura. Lo que no se esperaba era esa reacción posesiva. Observó la figura de arcilla unos segundos, la cual era en realidad un diseño suyo. Pensó que Deidara se molestaría al entregarle el dibujo de un animal ridículo que ni siquiera existía y sugerirle que podía inspirarse en él. Tampoco se esperaba que hubiera llevado eso a la realidad. Lo abrazó bien fuerte, para que él no pudiera escapar a pesar de sus intentos.
—Era broma, senpai. No te pongas celoso —dijo sonriendo bajo la máscara.
Iba a hacer más, pero creo que de momento esas están bien. Me ha gustado escribir estas mini escenas, así que haré más en el futuro y les ha gustado a ustedes también entonces con más razón. Me gusta como queda este recopilatorio sin un formato definido. Casi todas de humor, alguna que otra más sensualona y la 4 que es como el "bad ending" de una aventura gráfica. Creo que a la 8 le tomé cariño ya que no suelo escribir cosas de amistad sin romance, que también me gusta. Los aprecio en todas sus facetas.
Lybra, me alegra saber que lo logré, porque sí, iba medio insegura por salirme de lo habitual. La poesía me estaba dando fuerte esos días, Machado y Lorca sobre todo. Fue un verano muy lluvioso, la mayoría de los días tenía que correr para no mojarme y bueno, la inspiración vino sola xDD Esa línea donde se sinceran sobre como querían que pasara no pude evitar ponerla, después de toda la montaña rusa de emociones, al menos tenían que dejar eso claro, la comunicación previa no fue la mejor. Al menos merecían saber lo que estaba pasando, y por qué y oírlo del otro sin tener que andar con adivinanzas xD. Me encanta escribir lemon en entornos acuáticos, y es bueno saber que se me da bien, porque habrá más muy pronto :D
Mochi, hay muchos memes con esa escena de "ya no siento nada", ahí estuvo inspirado Obito, es una canción de Green Day andante. Así es, ambos querían pero Obito necesitaba un poco más de persuasión. Si hubiera sido por Dei esto acaba en lemon mucho antes, pero la explosión de rabia y pasión y todo mereció la pena. Al final el lemon en cambiemos se hará esperar :x problemas técnicos. Ya comencé a escribirlo al menos.
No se que habrá en el siguiente. Lemon y hasta ahí sé.
¡Gracias por leer y hasta el siguiente!
