Limón para todos

Cosas de mayores

Tobi le pedía abrazos de vez en cuando. Si era un buen chico, le pedía uno como premio. Si estaba alegre, quería uno para celebrarlo. Si estaba triste (aunque Deidara no se tragaba que Tobi estuviera triste de verdad), los pedía como consuelo. Su pueril compañero extendía los brazos invitándolo a ir a él, Deidara cruzaba los suyos y giraba la cabeza, él no daba abrazos. Ni siquiera a su familia cuando era pequeño, su madre solía llamarlo gatito enojón, mejor si Tobi nunca supiera ese dato.

Al final, era Tobi quien iba a él y lo estrechaba contra su cuerpo, Deidara quedándose obstinadamente de brazos cruzados. Tiempo después, comenzó a devolverlos aunque con algo de reticencia. A veces incluso era él quien iba al encuentro de Tobi y su compañero, feliz por encontrar respuesta, lo agarraba bien apretado y lo levantaba en peso, dejando sus pies en el aire. Deidara se quejaba por costumbre, porque en el fondo le gustaba ser abrazado por Tobi.

Pero mejor que él nunca supiera eso, tampoco.

Estaban tomando un descanso en el entrenamiento y Tobi acababa de pedirle uno porque según él, estaba agotado y eso le daría energías. A Deidara no le parecía agotado en absoluto, pero accedió.

Tobi estaba sentado y Deidara pensó que se levantaría para dárselo pero en su lugar, lo arrastró con él, quedando sentado en sus piernas dándole la espalda. Ninguno de los dos llevaba la túnica así que se sentía mucho más intenso que de costumbre, su espalda amoldada a su escultural torso. Suspiró fingiendo estar molesto, pero no tuvo esa vez valor para quejarse. Tobi era más cómodo que cualquier otra cosa que le pueda servir de asiento ahí en ese rincón de la montaña.

Pasó un rato y Tobi seguía sin soltarlo. Su cuerpo estaba ya unos grados más caliente. Si no lo hacía pronto, lo iba a poner en una situación incómoda. ¿Y cómo se iba a explicar luego? Deidara rodó los ojos, sintiéndose también un tanto culpable al ver su cuerpo reaccionar así por un simple y casto abrazo. Aunque ese en concreto no lo era tanto. No como otras veces, tal vez era la postura, nueva para ambos.

Y esperó y esperó, y los segundos pasaban, y una parte de él deseaba preocupantemente que durase más, hasta que Tobi por fin aflojó su agarre, pero sus manos no se separaron de su cuerpo sino que se movieron a sus costados a acariciar sus caderas. Quizá era por el giro inesperado de los acontecimientos, pero sintió que se sonrojaba. El calor que se fue acumulando en su vientre desde que empezó el abrazo pareció extenderse a todo su cuerpo. Al menos ya no se sentía culpable, porque ese gesto ya no es tan casto y no puede ser un malentendido ya que Tobi seguía tocando, lento pero firme. Reprimió un suspiro, y pasada la sorpresa inicial, casi le preguntó a Tobi qué es lo que estaba haciendo. Pero no hay necesidad, está más que claro lo que hace pero no deja de parecerle duro de creer. Puede que nunca fuera tan inocente y puro como aparentaba para empezar. También para el por qué tiene una respuesta, abrazo tras abrazo, algo fue mutando, al menos para él. Quizá para Tobi también fue así. Mucha gente le había dicho que era atractivo, Tobi podría pensar eso también. Sus dedos aún no se detenían y cuando el material suave y cálido de su guante entró en contacto con la piel de su cintura, ese suspiro que había estado aguantando se escapó. Todos sus sentidos estaban alerta y la novedad de ver a Tobi en esa nueva faceta estaba prendiendo la mecha. Avergonzado por la pérdida de control, giró la cabeza.

—Así que decidiste por fin dejar de hacer el crío.

Tobi debió tomar eso como el visto bueno para seguir, porque sus dedos perdieron la timidez y se adentraron sin pudor debajo de su camiseta. Ah, diablos... Tobi no se estaba portando demasiado bien, pero a Deidara no le importaba si lo seguía encendiendo así. La mano subió a su pecho, empujándolo hacia sí. Con la espalda tan pegada a él, Deidara no podía pensar en condiciones, y en contraste con su piel que ardía, la máscara fría se apoyó en su hombro.

—Hagamos cosas de mayores, Deidara-senpai —le susurró con un tono de voz nada puro e inocente.

En el tembloroso roce de sus dedos podía sentir su hambre carnal contenida. No es eso lo que Deidara planeó hacer en el descanso, pero le intrigaba saber a dónde les iba a llevar. Iba a estar interesante. Arqueó su espalda contra él, siente su pecho subir y bajar con cada respiración. Bajo la máscara, oyó un grave murmullo, casi un ronroneo mientras la mano en su pecho trazaba círculos en uno de sus pezones. Su otra mano, abierta con los dedos extendidos acariciaba su espalda de abajo a arriba, Deidara cerró los ojos y apoyó ambas manos en sus muslos.

—¿Te pone lo que te hago? —susurró, casi como si le diera miedo hacerlo, a él le costó un par de segundos entenderlo.

—¡Tú qué crees... hm!

Aún estaba algo cohibido, por la rapidez con la que iba todo , la falta de familiaridad con esa nueva situación y el peligro de que alguien los viera, pero no iba a dejar que eso lo frenase. Nunca había nadie en aquel remoto lugar, de todos modos. Se frotó contra su pelvis para sentir entre sus nalgas la erección que despertaba. Cuandoiba a retirarse, Tobi lo atrajo de nuevo a él, bien pegado. Pudo sentir el miembro aprisionado moverse entre los dos cuerpos, empujando hacia adelante como si hubiera cobrado vida.

Deidara no podía creer lo que pasaba. Su propia erección dio un espasmo de placer. El calor corporal de Tobi lo estaba sofocando y cuando sintió la mano enguantada deslizarse hasta su pelvis, tragó saliva con dificultad. Tobi se detuvo, como si no se decidiera a seguir.

—¿Te importa si...?

Su necesidad de roce iba en aumento, no podía retrasarlo sólo para darle permisos a Tobi, que había empezado a tocar muy seguro de sí mismo y ahora dudaba. Le tomó la mano con fuerza y la guió hasta el bulto en su pantalón, se mordió el labio inferior para reprimir sus jadeos cuando comenzó a frotar despacio, agarrando su aparato por encima de la ropa.

—¿Así? —preguntó.

Sintió su aliento cálido cerca de su oído. Se ha quitado la máscara.

—Mmm, qué atento —se burló él.

Tobi apartó su cabello a un lado y apoyó los labios en su cuello.

—Lo que sea por ti, senpai.

Nadie más había conseguido ponerle tanto en su vida. ¿Cómo era Tobi tan bueno en encenderlo así? Miró hacia atrás para encontrarse con una mirada lasciva y una sonrisa ladeada. La primera vez que le vio la cara fue por accidente, entró al baño sin saber que Tobi estaba ahí cepillándose los dientes. Se puso tan nervioso que Deidara no volvió a sacar el tema, pero aunque se decía que no le importaba, jamás pudo quitarse su cara de la cabeza.

Antes de que se fuera a dar cuenta, sus labios húmedos chocaron contra los suyos. Deidara abrió ligeramente la boca, invitándolo a entrar, Tobi no despercició la oportunidad. Sus lenguas se enredaron, ambos jadeando mientras Tobi agarraba el contorno de su erección sobre la ropa y lo frotaba y Deidara restregaba sus nalgas en la dura erección. A veces, su compañero le daba un mordisco en el labio y él gemía, cuando las sensaciones placenteras se iban directas a su entrepierna.

Otras, Tobi volvía la cabeza para prestar atención a los alrededores, sólo hasta que Deidara lo obligaba a volver a prestarle atención a él. Su compañero agarró la túnica que estaba doblada junto a ellos y cubrió a ambos de cintura para abajo.

—Así nadie verá lo que hacemos... ¿No es buena idea, senpai? Podemos decir que tenemos frío.

Tras la seguridad de la prenda que los tapaba, Tobi comenzó a bajarle el pantalón hasta las rodillas. Ahora, el tacto de sus dedos en su miembro era mayor. Mierda. Estaban ahí en medio del campo y no estaban preparados. Pero para él ya era demasiado tarde. Ya nadie lo iba a mover de ahí antes de hacer katsu.

—¿Qué crees que van a pensar si nos ven sentados el uno sobre el otro y tapados con una túnica en verano, hm?

El calor excesivo acabaría ganando al pudor. Ya se sentía incluso demasiado caliente, porque la falta de pantalón también había hecho que sintiera con más intensidad el bulto golpeando contra sus nalgas. Quería tocarlo. Quería ver la longitud de ese miembro que insinuaba ser enorme entre sus dedos húmedos, cubiertos de saliva y líquido preseminal. ¿Por qué estaba Tobi tan bien dotado? La posición se lo ponía difícil, pero mientras le restregaba su culo en la dura entrepierna, intentó bajarle el pantalón con una de sus manos.

—Senpai... Mmm... Creo que necesitas un poco de ayuda ahí...

—Puedo yo solo —contestó.

Tuvo que girarse un cuarto de vuelta para poder hacerlo bien. Tobi no colaboraba y para ponerle las cosas más difíciles, se quitó el guante, animándose al fin a meter la mano en su ropa interior y sacar su miembro de la tela.

—Ah... ¡Tobi!

Sus manos temblaban, su mente queriendo concentrarse más en el enorme placer que recibía del contacto directo más que en su labor. Le tomó más de lo esperado con un poco de ayuda del otro, que levantó su cuerpo un momento para que la prenda bajara mejor, junto con su boxer. Deidara no iba a pasar por lo mismo dos veces.

—Buen trabajo, senpai —susurró con un tono de voz que le provocó un agradable escalofrío.

Tobi dejó de masturbarlo y sacando lentamente su mano de la túnica, se la llevó a la boca y pasó la lengua por entre sus dedos. Deidara se humedeció los labios mientras lo observaba, demasiado distraído como para protestar por la falta de atención a su entrepierna. Su único ojo al descubierto estaba cerrado, como si no le interesase nada más en el mundo que eso. Al fin, sonrió con una mirada cargada de deseo y hambre voraz.

—Llevo un tiempo queriendo averiguar cómo sabías —confesó, antes de pegar sus dedos a los labios de Deidara—. Pruébate.

Dos entraron en su boca. Él obedeció y pudo detectar un ligero matiz amargo, en lo poco que debía haberle dejado Tobi. Mientras su lengua dejaba relucientes de saliva aquellos dedos, Deidara notó que la respiración de Tobi se estaba volviendo pesada. Con su mano libre, se abrazó a su cintura de nuevo y lo atrajo a él, al sentir el contacto directo con el duro miembro, Deidara perdió la concentración. Se estremeció cuando él siguió apretándolo contra su cuerpo, su pene empujando sin pudor, sintiéndolo pulsar en la parte baja de su espalda. Con cada segundo que pasaba, más aumentaba su necesidad, pero no contar con algo que hiciera de lubricante para ese tamaño de aparato y la falta de privacidad lo estaban frustrando. Una pena, la idea de estar gritando de ardor abrazado al árbol mientras Tobi lo empujaba sin parar contra el mismo se veía más que apetecible.

Se puso más cómodo para meter la mano entre ambos cuerpos y mostrarle a Tobi lo bueno que era con sus bocas extra. Agarró con desesperación la punta de su miembro sintiendo sus movimientos en la palma de su mano antes de comenzar a deslizarla arriba y abajo, la lengua en la misma no se había sentido tan inquieta en mucho tiempo. Tobi apoyó la frente en su hombro, emitiendo un grave gruñido que sólo avivó su deseo por él.

—¿Y ahora qué vamos a hacer, hm? —dijo en voz baja sin detenerse.

Con suavidad, Tobi atrapó su labio inferior entre sus dientes, lo cual desembocó en un sensual beso, a Deidara le avergonzaba su evidente aliento entrecortado, pero se consoló pensando que su compañero estaba teniendo el mismo problema.

—No sé. Tú eres el brillante de los dos, senpai —contestó con un evidente matiz burlón.

El problema era que se le hacía difícil pensar con esa enorme erección atrapada contra su culo. Tobi se deslizó un poco más hacia abajo, mientras lo apretaba un poco más contra él. Su pene se movió con él, la punta recorriendo la línea entre sus nalgas, haciéndolo jadear al acelerársele el pulso cuando pasó por su entrada trasera, siguiendo hacia adelante, a través del perineo, chocando contra sus testículos y deslizándose más y más hasta sobresalir por entre sus muslos. Las caderas de Tobi chocaron contra su culo y Deidara no podía apartar los ojos de la atrapante visión bajo la túnica.

—Tobi... ¿Cuánto tiempo dices que llevas queriendo hacer esto? —dijo, no pudiendo aguantarse la curiosidad.

Tras apartarle el pelo a un lado, sintió la lengua húmeda y cálida en su cuello.

—Demasiado —contestó él, juntando las piernas de Deidara y apoyando una mano en el suelo para embestirlo.

La fricción de su erección contra la de él era agradable, pero lo dejaba a la vez con ganas de más.

—¡Mm... Tobi...! ¿Cuánto exactamente?

Deidara agarró ambos miembros con una de sus manos, acariciándolos simultáneamente cada vez que Tobi lo embestía. El mundo había comenzado a agitarse a gran velocidad.

—D-dos... nhhh... semanas... senpai.

—¡Eso...! ¡Eso es poco tiempo, idiota! ¡Hn!

Tuvo que echar su brazo libre hacia atrás para agarrarse al árbol cuando el movimiento se volvió mareante.

—Para mí fue una eternidad.

Tobi apretó aún más sus piernas para aumentar la presión de sus muslos salpicados de líquido preseminal atrapando su miembro. Sintió cómo su cuerpo bajo él se tensaba y la velocidad aumentaba. La lengua en su mano lamiendo su miembro como si de un dulce se tratara. Los jadeos de su compañero aumentaron en intensidad, volviéndose más guturales con el golpeteo constante. Deidara miró hacia abajo cuando sintió que él se iba a correr y alcanzó a observar cómo tras una brutal embestida final, chorros de semen comenzaron a derramarse sobre sus muslos, su pene y su estómago.

No perdió ni un segundo más disfrutando de la sensación posterior. Tobi recogió en su mano el semen que había caído en su estómago y muslos y cubrió su miembro con ello antes de empezar a masturbarlo, rápido, con fuerza, sin delicadeza, mientras lamía y succionaba la piel de su cuello. Estaba usando su propia corrida como lubricante. El pensamiento le resultaba tan erótico que sintió su cuerpo calentarse súbitamente. Deidara jadeaba con cada exhalación, sentía el orgasmo aproximarse a gran velocidad, la tensión acumulándose en su cuerpo, el placer en la parte baja de su estómago. Se retorció en su agarre, maldiciendo entre jadeos. Sus piernas se frotaron la una contra la otra en un movimiento reflejo justo antes de que todo el placer acumulado estallase, poseyéndolo entero.

—Deidara-senpai... —dijo en su oído entre jadeos.

Se dejó caer hacia atrás, usando a Tobi de respaldo mientras él lo abrazaba. Deidara no quería moverse de ahí a pesar de tener la mitad de su cuerpo llena de salpicaduras del semen de ambos. O tal vez esa era una de las razones por las que no quería hacerlo. Le tomó unos minutos recuperarse y poder hablar otra vez con normalidad.

—¿Pensabas que ibas a morir virgen... hm? —dijo mirando hacia atrás.

Tobi se sonrojó, tensándose de golpe.

—¡Y-Yo ah... senpai! ¡¿Q-qué estás diciendo!?

Él ahogó una carcajada. Lo estaba diciendo de broma, pero parecía que había dado en el clavo. No parecía un inexperto del todo, pero tal vez dos semanas daban para darle muchas vueltas a la imaginación.

—Sólo te tomo el pelo, cabeza hueca. Aún no tengo ni idea de lo que acaba de ocurrir. Pero me has sorprendido.

—Bien —murmuró, más relajado ya.

No se dio cuenta en qué momento exactamente sus manos se entrelazaron, pero al ser consciente, un silencio corrió entre ellos. Ambos se miraron como hipnotizados y Deidara sonrió al darse cuenta de lo sexy que era Tobi en realidad. Estaba orgulloso de sí mismo por haberlo intuido. Le gustó comprobar que era así.

Cansado, apoyó su cabeza en su pecho y Tobi se llevó el revés de su mano a los labios antes de estrecharlo fuerte contra él. Su imaginación se puso a trabajar de inmediato en pensamientos nada puros, y se preguntó si su compañero estaba pensando lo mismo.


Tanto tiempo sin actualizar. Aquí les traigo el limón que les prometí. Seguiré actualizando este recopilatorio, pero ya no periódicamente, pero como no es más que un recopilatorio, no importa. Este no es canónico en mi verse, solo un poco de porno gratuito que llevaba tiempo queriendo escribir. Obito está menos emo aquí, bueno como estarlo jaja xD

Lybra, debo repetir con los drabbles cortitos. Ya tengo unas cuantas ideas más. A ver qué sale. :D El de Deidara arrancando la sábana en calzoncillos fue divertido jaj, pero creo que mi favorito fue el de Obito durmiendo sin máscara. Definitivamente este pairing me inspira como nada lo hizo antes, amo escribir de ellos, y para ellos, y para quienes los shipeamos. *-*

Mochi, hace mucho que no sabemos de ti. ¿Estás bien? Espero que sí. Andamos preocupadas. Por supuesto, Tobi es buen chico, él nunca hace nada malo. No, no xD Lo de green day lo decía por Boulevard of Broken Dreams, la canción de la gente sad como Obito. XD

Ha pasado mucho tiempo así que no se qué decir. Fue la Tobidei Week en octubre y hay fics nuevos. Vayan a leer los de Lybra98, vayan a leer el lemon de Alest. Vayan a leerlo todo! :D

No sé qué habrá en el siguiente. No sé a dónde me llevará el viento.

Gracias por leer como siempre ^^