No hay lemon. Pero este capítulo tiene calificación M. Hidan tiene la culpa, él y su floreada forma de hablar.
AU mundo ninja donde Yahiko vive y cumplió su sueño.
Bienvenido
El anaranjado comenzaba a teñir la parte oeste del cielo mientras el sol caía. Sólo habían pasado diez minutos de la hora acordada. En términos de Obito, eso equivalía a llegar temprano, era un hecho cierto e indiscutible. Calculaba que estaría allí en cinco minutos más. Nada mal. Nadie podía reprocharle nada.
Dejó el saco lleno de fruta recién recogida sobre la mesa de la cocina de la anciana con algo de nostalgia. Ese sería su último recado. Al caer la noche se habría ido de la aldea como miembro de Akatsuki y no sabía cuando sería la próxima vez que volvería. Minato-sensei ya había aprobado su traslado a Amegakure.
—Eres muy amable Obito —dijo ella con una reverencia—. Vamos a extrañarte por aquí.
Abriendo su bolso, extrajo de él varias piruletas y se las puso en la mano. Una propina mucho más generosa que de costumbre.
—No hay de qué, siempre lo hice encantado —respondió, aunque la recompensa tenía algo que ver también. Obito se había mal acostumbrado a sus dulces.
—De verdad es una pena que vayas a irte. ¿Podrías hacerme un último favor y ayudarme a mover unos cuantos muebles al piso de arriba? Con lo joven y fuerte que eres seguro que no te llevará mucho. No como a mí, que ya estoy vieja...
Obito consultó de nuevo la hora. Se sentía culpable por decirle que lo estaban esperando. Bueno, llegaría un poco más tarde de lo planeado, pero aún temprano en sus estándares. Relativamente hablando, por supuesto.
—Vamos allá pues —dijo con entusiasmo, en parte real, en parte fingido—. ¿Dónde están esos muebles?
Minutos después cuando vio el enorme piano, la mesa con sus respectivas sillas y las estanterías sin atornillar, Obito comprendió que los dulces de más habían venido con letra pequeña.
Deidara miró por encima de su hombro una vez más.
Intentó retrasar su orden todo lo que pudo, pero el apetitoso aroma del ramen que le habían servido a Yahiko, Konan y Nagato hizo que no pudiese aguantar mucho más. ¿Cuándo iba a llegar Tobi? Su impuntualidad no le era desconocida y ya tuvo en cuenta eso al hacer sus cálculos sobre a qué hora iba a aparecer, pero eso era demasiado tarde incluso para él. Una hora ya. Llevaban casi un mes sin verse. ¿A caso no tenía ganas de verlo?
Encima, tuvo que echar a Zetsu del asiento vacío que le había reservado dos veces, porque el hombre planta se había tomado la libertad de sentarse ahí sin preguntar, comiéndose una lata de comida para perros con los palillos. Preferiría evitar recordarlo antes de que se le fuera el hambre. Zetsu al final aprendió su lugar, y se sentó afuera a regarse con la leve llovizna que comenzaba a caer. Itachi y Kisame estaban afuera también, uno porque quería más privacidad para estar con su familia y el otro porque se sentía raro sin Itachi al lado. Bueno, que le cayera lluvia encima era algo que iba con la forma de ser melancólica del Uchiha. Seguro era más feliz así.
—Una ración de shoyu ramen —dijo, llamando la atención a la hija del dueño del establecimiento.
—¡Enseguida! —contestó ella educadamente.
Su estómago rugió. Yahiko tenía una pila de cuatro cuencos a su lado, Konan tenía tres y Nagato dos. Yahiko iba en cabeza, pero Deidara apostó a que Konan ganaría. Yahiko se llenaría pronto y ella con su velocidad más lenta pero constante llegaría más lejos. Sus diez ryo ya estaban a nombre de Konan en el monedero de Kakuzu, quien no se había pedido nada, pero que observaba el concurso de los tres miembros fundadores con interés.
—Sabía que no aguantarías.
Se volvió para mirar a Sasori, sentado al otro lado del asiento libre, apoyado en la pared. Había sustituido el índice de su mano derecha por un destornillador, con el cual estaba ajustando algo en su muñeca izquierda. Como no necesitaba alimento, estaba aprovechando la hora de la cena para hacer su mantenimiento diario.
—Es difícil aguantar cuando tienes hambre, todo aquí huele delicioso y el resto del mundo se está dando un atracón, hm. Lo comprenderías si hubieras conservado tu sentido del gusto y pudieras ser capaz de saborear este manjar. No sabes lo que te pierdes.
—Uno es esclavo de sus necesidades físicas, dominarlas es lo que te hace fuerte —respondió sin mirarlo, moviendo la muñeca en varias direcciones para comprobar que funcionaba bien—. Por suerte yo ya no lo soy, me ahorra perder el tiempo.
El gran cuenco de shoyu ramen humeante fue puesto frente a él, y Deidara tuvo que detenerse para no comenzar a comer ya y muy posiblemente quemarse la lengua.
—Qué tramposo eres, Danna. ¿No se supone que uno debe reprimir dichas necesidades mientras las siente en lugar de suprimir su origen por completo? ¿Dónde está el mérito?
—Nunca dije que quisiera ser monje.
—Bueno, yo tampoco quiero serlo, hm.
Si algo le gustaba, Deidara no iba a quedarse con las ganas. ¿Ayunar? Esa palabra no estaba hecha para él. Hundió los palillos en el caldo, sacó un puñado de fideos y se los llevó a la boca. El fuerte golpe en la espalda lo hizo atragantarse, y cuando se giró, tosiendo y con la cara roja, vio a Hidan sentarse en el asiento libre. La mirada de Sasori parecía decir "estas cosas no me pasan a mí" mientras lo veía toser como un condenado.
—¿¡Comiendo ramen, Dei-chan!? ¡Tira eso a la basura y bebe sake como un hombre!
Deidara no quería alterarse y perder su buen humor, pero en esos momentos sentía unas ganas terribles de clavarle un palillo en el ojo. Tal vez lo hiciera luego. No sería la primera vez que mataba a Hidan.
—¡Déjame cenar en paz imbécil, hm!
—No deberían dejarte acercarte a menos de cien metros de una botella —intervino Sasori, claramente asqueado.
Hidan se sentó junto a Deidara, mirando con furia a Sasori mientras lo señalaba. Nunca se habían llevado bien. Hidan pensaba que Sasori era el ser más sacrílego del mundo, inmune a su ritual. Sasori pensaba que Hidan era un bruto sin modales.
—¡Tú, muñeca marica, me comes el culo!
—El día menos pensado te envenenaré y pasarás el resto de tu existencia retorciéndote de dolor. Sin poder morir. Sin poder curarte. Vas a desear no haber sido inmortal.
—¡No tienes derecho a infligir en otros un dolor que tú no puedes sentir!
Perfecto, ahora Hidan se pasaría la hora citando al Libro de Jashin. Yahiko les había avisado sobre eso. No les iba a tolerar ese comportamiento antisocial mientras estuvieran en Konoha. Antes de que el jefe o la jefa se dieran cuenta, Deidara intentó atraer su atención.
—¡Eres insoportable cuando estás borracho, hm!
—Yo diría que es insoportable a secas —murmuró Sasori, volviendo a su tarea.
—Y levanta de ahí, ese sitio está reservado. ¡Ve a hacerle compañía a Zetsu, quizá le apetezca compartir contigo su comida de perros!
Hidan dio un largo trago a la botella y la dejó en la mesa con un fuerte eructo. Sasori no se molestó en disimular su cara de asco.
—¿Reservado para tu novio, Dei? ¡Qué bonito! —exclamó en tono burlón.
—¡Tobi no es mi novio! —se defendió, Hidan por lo visto, quería hacer katsu.
Deidara había querido distraer su atención del discurso que estaba por caer, pero no de esa manera. Hidan estaba bromeando, intentando molestarlo sin tener ni idea que había dado justo en el clavo. Tobi y él llevaban un tiempo saliendo juntos, aunque la versión oficial era que se habían hecho buenos amigos. Se conocieron en una misión conjunta entre Konoha e Iwa, y tras unirse Deidara a Akatsuki, un grupo en Amegakure cuyo objetivo era preservar la paz e invitar a solucionar los conflictos dialogando, no pudieron verse tan a menudo, por lo que Tobi decidió unirse también para estar cerca de él.
—¿No lo es? ¿De verdad? ¿Entonces cuando lo veas no vas a...?
Hidan arrugó los labios, haciendo todo el ruido que podía mientras besuqueaba el aire.
—¡Vete de aquí Hidan! —gritó Deidara—. ¡Eres peor que un dolor de muelas!
No podría hacerlo explotar allí, pero estaba barajando de nuevo la posibilidad de sacarle un ojo con los palillos disimuladamente. El jashinista le dio un codazo, alzando las cejas compulsivamente.
—No me pongas el chiste tan fácil. Aquí lo único que va a doler es tu culito esta noche.
Mientras se reía a carcajadas, Deidara lo sacó de la silla a empujones.
—Hey, no te enfades Dei-Dei, déjame que te prediga el futuro gratis —recuperando el equilibrio tras casi caerse, Hidan comenzó a golpear rítmicamente el asiento en el que se encontraba hace escasos segundos—. Mmm... Azótame Tobi... Más duro, hm... Párteme en dos...
—Oh, por favor —se quejó Sasori girando su cuello ciento ochenta grados en sentido opuesto—. Y cuando pensé que no podías ser más asqueroso.
—¡Yo no hablo así durente el...! —gritó Deidara, su cara completamente roja—. ¡Yo no hablo así, hm!
—Ya casi estoy... Ah... Ya casi... ¡Asfíxiame más, Tobi, hm...! —siguió diciendo, sin dejar de dar golpes.
—¡Ni siquiera me va eso de la asf-! ¡Hidan, voy a matarte, bastardo!
De una fuerte patada en el costado, Deidara lo apartó de la silla. Tras volver para agarrar su botella, Hidan se fue a la calle riéndose, fingiendo un grito orgásmico. Volviendo a su ramen, mientras oía al jashinista hablar con Zetsu sobre su dios, Deidara se dio cuenta que se le habían pasado las ganas, a pesar de que aún no se había enfriado. Se obligó a seguir comiendo solo para no desperdiciarlo.
—Que nadie haga ningún comentario —masculló al ver que Konan miraba en su dirección aguantándose la risa.
Una hora y veinte minutos tarde y encima llovía un poco. Bueno, podría ser peor, definitivamente, había sido mucho peor en otras ocasiones. Pero ya no importaba porque Obito pronto estaría en el puesto de Ichiraku y tras cenar dejaría Konoha atrás como miembro de Akatsuki. Extrañaba demasiado a Deidara, pero por fin estarían juntos todos los días, después de esa tortuosa relación a distancia.
—Mierda... —Obito se detuvo en seco—. ¡El uniforme de Akatsuki! ¡Olvidé ponerme el uniforme!
Dando media vuelta, echó a correr a toda velocidad hacia su casa en el barrio Uchiha. Tendrían que esperarlo un poquito más.
Cuando un cliente apartó la cortina para poder pasar, Deidara aprovechó para echar un vistazo afuera hasta el final de la calle. Aún no aparecía nadie. Ocho cuencos de ramen vacíos estaban apilados junto a Nagato, once junto a Yahiko, doce junto a Konan. Como predijo, Yahiko estaba a punto de colapsar, obligándose a comer fideo a fideo. Konan seguía a su ritmo constante, Nagato se veía como si no quisiera ver un tazón de ramen otra vez en su vida.
Otra mirada hacia atrás. Nada.
Sólo lo consolaba ver que Sasori estaba más aburrido e impaciente que él, aunque fuera por otras razones. Cuando los demás cenaban, él se quedaba sin nada que hacer. Pronto comenzaría a quejarse, Deidara ya conocía bien sus hábitos.
Maldito Tobi... ¿Cuándo iba a aparecer?
—Vendré a visitarte a menudo, tan a menudo como pueda, Rin. ¿Me extrañarás? —Obito no podía dejar de ir al monumento a los caídos, no importaba cuántos años pasasen—. Yo sí extrañaré venir aquí a hablar contigo, pero sé que estarás cuidando de mí, tú siempre decías eso.
Al menos había parado de llover.
Casi dos horas tarde. Pero si no hubiese pasado a decirle adiós a Rin una vez más, se habría sentido culpable y no se lo habría podido quitar de la cabeza hasta la próxima vez que visitase Konoha.
—Akatsuki cuidará que no haya conflictos de ahora en adelante. Gracias a esto, podremos evitar muchas muertes y mucho sufrimiento —Obito sentía como si estuviera a punto de llorar, por una vez, quería mantenerse fuerte—. Nadie más tendrá que morir.
Como tú lo hiciste.
—Estoy orgulloso... de trabajar para su causa. Sé que tú también lo estarías.
Hasta pronto, Rin.
Obito se alejó de allí, prefiriendo pensar que lo que resbalaba por las cicatrices de su rostro eran gotas de lluvia. Pero ya no llovía.
Dos horas.
—¡Otra ración de shoyu ramen, por favor! —dijo a Teuchi, el dueño del local.
Quería esperar a Tobi, pero ya venía demasiado tarde el muy idiota. ¿Cómo se atrevía a dejarlo plantado a él? Ojalá pudiera dejar de volver la cabeza compulsivamente y que viniera cuando le diera la gana, pero de vez en cuando sucumbía a la tentación, decepcionándose más y más. Podía notar lo molesto que estaba. En cuanto llegase, lo iba a regañar. Ese iba a ser su saludo después de tanto tiempo sin verse.
Al menos, el concurso de comida aún seguía en pie. Nagato descalificado con ocho tazones en total. Yahiko y Konan empatando a quince. Sasori se había resignado en su desesperación, dando vueltas enteras a su cabeza justamente como él le había dicho que no lo hiciera, preguntando a cada momento que cuando era la hora de irse. Itachi y Kisame seguían afuera, la familia Uchiha reunida, conversando. Hidan ya iba por su tercera botella, Kakuzu ya le avisó que esa sería la última que iba a comprarle.
—¿¡Pueden creerlo!? —gritó el jashinista torpe y atropelladamente, apoyando una mano en el hombro de Deidara y la otra en el de Sasori—. Tanto sake desperdiciado y todo porque este roñoso no quiere comprarme más... ¡Se me va a pasar la borrachera y será su culpa!
Antes de que pudieran decirle que se fuera de allí, Hidan ya lo había hecho. Ahora estaba molestando a Nagato, que descansaba sobre la barra debido a su sobredosis de ramen, gritándole algo sobre que lo había decepcionado.
—En serio. ¿Cuándo nos vamos? —preguntó Sasori con impaciencia.
Deidara ya hacía rato que dejó de responder a esa pregunta, el concurso aún no había acabado así que al menos se iban a quedar ahí media hora más, si es que Tobi aparecía a tiempo. Atrapó un puñado de hongos con los palillos y se los echó a la boca, sorbiendo un fideo que quedó colgando en el aire. Era el mejor ramen que había tomado últimamente. Lo único que lo arruinaba era que él no estaba ocupando aquel asiento vacío.
—¡Buenas noticias! ¡Está a punto de llegar tu novio, Deidara! —oyó decir a Zetsu.
—¿¡Cuántas veces tendré que repetir que Tobi no es mi novio!?
Los tres fundadores no parecieron haberlo oído, demasiado ocupados en su competición y distraídos por las molestas carcajadas de Hidan y su discusión con Kakuzu, pero Deidara, atento a cualquier movimiento detrás de él, se volteó, una irreprimible sonrisa comenzando a formarse en sus labios. Cuando lo vio apartar la cortina y pasar al local vistiendo por primera vez la túnica negra con nubes rojas, todas las cosas que quería gritarle, todo su enojo se esfumó. Deidara sonrió más aún. Tobi no se veía en ese momento como la persona más feliz del mundo, pero cuando hicieron contacto visual, le devolvió la sonrisa.
—Siento llegar tarde.
—¡Tobi! —dijo, levantando la mano a modo de saludo—. Ven aquí y cena algo, hm.
Dio unas cuantas palmadas al asiento vacío para indicarle que se sentara ahí. Antes de hacerlo, Tobi señaló a los demás. Sólo Sasori parecía haberse dado cuenta de su llegada.
—¿No debería saludarlos primero?
—Mejor después del concurso de ramen, no les gustará que los distraigas.
Hidan estaba animando a Konan a comer más a voz en grito. El dueño del local no parecía ofendido por el sucio vocabulario del jashinista. Tras ordenar su tazón de ramen, Tobi no pudo resistirse más a su cercanía, y le agarró la mano disimuladamente bajo la barra. Deidara notó de inmediato lo fría que estaba, pero en ese momento era lo que menos le importaba de todo.
—¿Por qué tan apagado? ¿No te alegras de verme, hm?
—Me alegro de verte como no te lo imaginas. Es solo que... Me puso triste pensar que me voy a ir de Konoha.
Deidara acariciaba con el pulgar el revés de su mano. Tobi giró la muñeca, entrelazando sus dedos con los de él.
—Siempre dijiste que odiabas estar aquí y que nunca encajaste. No me digas que te vas a arrepentir.
—Claro que no —respondió algo ofendido—. Jamás me arrepentiría de tomar esta decisión, pero extrañaré algunas cosas. Esta aldea es mi hogar.
—Pues ya no lo es —replicó Deidara—. Ahora Akatsuki es tu hogar.
"No me llames Obito, ese nombre me trae mala suerte. Llámame Tobi." Fue una de las primeras cosas que Tobi le contó sobre sí mismo. A Deidara le pareció bien, le gustaba más Tobi en verdad. Y que prefiriera usar el nombre que él decidió sobre uno que su familia le impuso, fue lo primero que le gustó de él. Lo vio sonreír, ya no había tanta tristeza ahí.
—Así que... ¿No soy tu novio? Es bueno saberlo —bromeó.
—¿Y qué querías que le dijera, hm? A nadie le importa lo que seamos.
El ramen de miso recién hecho que la hija de Teuchi puso frente a Tobi desprendía un olor delicioso. Él lo dejó enfriar un rato, mientras observaba a los demás, cada uno ocupado en sus asuntos.
—Nadie está mirando —susurró, pegando los labios a su oído.
—¿Y? —contestó, fingiendo ignorar lo que implicaba.
—Quiero un beso de reencuentro ahora mismo.
Deidara no podía dejar pasar un desafío así. Sabía que tendrían todo el tiempo del mundo ahora, pero no quería esperar. Su pulso se aceleraba sólo con pensar en ese beso en público, pero a escondidas a la vez. Era un shinobi, ambos lo eran. No debería ser muy complicado. Los labios de ambos se unieron brevemente, desesperados por algo de contacto. Pensó que con una vez bastaría. Pero después de ese beso vino otro, y otro, y otro... Después de tanto sin verlo no parecía ser capaz de separarse de él.
El local entero estalló en aplausos. Avergonzado, Deidara miró hacia atrás, relajándose cuando se dio cuenta que ellos no eran el blanco de los mismos. Respiró hondo. Konan acababa de ganar el concurso de comer ramen. Yahiko estaba recostado sobre la barra, lloriqueando, abrazado a su propio cuerpo. Ya ajustaría cuentas con Kakuzu sobre lo que había ganado luego. No le importaba. No tanto como haberse reunido con Tobi. Ambos se miraron, ajenos a lo demás, sus manos aún entrelazadas. Un suspiro involuntario escapó de su garganta.
—Bienvenido a Akatsuki, Tobi.
Ok esto fue muy cursi pero ¡feliz año! Es época de cursiladas. ¿Quién sabe si el próximo capítulo sea algo mega trágico? Traté de hacer a todos los Akatsuki buenos aquí. "Buenos". Sí, Hidan también lo es. No asesina gente, aunque sí sacrifica sangre a Jashin, la suya, y la de algún voluntario que quiera rendirle culto. Imagino. Sasori no mata gente para hacerlos marionetas, las crea él desde cero, sigue teniendo al tercer kazekage, pero es una réplica del de verdad. Zetsu es un ser planta sin más aspiraciones, algo caótico y se alimenta de comida para perros. ¡Yahiko está vivo, yay! :D Qué monos son todos juntos. Disfruten porque cosas tan animadas no se ven a menudo.
Lybra, cámaras en los árboles, cámaras en todas partes, sobornar a Konan para que nos cuente sus vivencias en primera persona como papelito pegado a la pared. (Hay que documentarse). Ese oneshot se me ocurrió hablando contigo y te lo fui mandando conforme escribía jaja tuve que hacer scroll hacia arriba bastante antes de encontrarlo pero me alegra haberlo rescatado y que te haya gustado tanto. Escribirlo fue un babeo total. En público sabe mejor. *-* Ahora para ideas futuras, un limón donde rompan muchas cosas, no se, un jarrón, una lamparita, una cama, una silla, una mesa. Todo lo anterior... :D
Mochi, kashskgkljh me alegra tanto verte! Debo contestarte al privado, pero mañana tengo que madrugar. Se entiende que la universidad es muy estresante, a mí me pasó, compaginada a tiempo parcial T_T una no tiene tiempo para nada. Se me quita un peso de encima saber que estás bien, por septiembre fue aquel temblor y pensé de todo. D: En temas más alegres, me gusta como has descrito a Tobi y Obito, y amo ambas descripciones mucho también. Dei tiene un novio bipolar, pero ambos lo aman muuucho a su manera :D Tienes mucho para ponerte al día *-* Comienza por el limón, la recomendación del chef.
XD
Un año más con esta pareja, publiqué mi primer tobidei el 3 de enero del año pasado. ¡Feliz aniversario! :D Gracias por acompañarme en esta aventura.
