¡Hola! Siguiente capítulo por aquí. Espero que os guste :)
Disclaimer: Todo lo reconocible de Harry Potter es de JotaKá.
D de duro.
Había muchas cosas que molestaban a Sirius Black; algunas insignificantes e ilógicas y otras que parecían más razonables y comunes entre las personas. Pero si había una que se coronaba como la molestia número uno de Sirius Black era la manía que tenía Remus Lupin de complicarle las cosas. Todas las que podía.
Para Sirius era duro ver como Remus se estiraba todas las mañanas, enseñando que tan largo y esbelto era su cuerpo. Era difícil no sucumbir a la tentación de acorralarlo en una pared y besarlo hasta quitarle todo el aire de los pulmones cuando se mordía el labio. Era complicado para él mantener sus manos alejadas del cuerpo del otro chico cuando se cambiaba de ropa en la habitación que compartían.
O esas veces que decidía que en junio hacia demasiado calor como para llevar la camisa perfectamente abrochada: ¡el maldito inconsciente dejaba los dos botones superiores desabrochados y se subía las mangas hasta dejar parte de sus brazos descubiertos!
También suponía un arduo trabajo no dejar marcas en todas las zonas de su cuerpo que pudiese porque el chico se cabrearía con él y le diría algo como: «Sirius, no me dejes marcas porque la gente va a comenzar a hacer suposiciones y sabes que odio los rumores y más si el tema de conversación soy yo.»
Una tontería, en opinión de Sirius, es decir, ¿quién no hablaría de Remus Lupin? Era perfecto. Inteligente, organizado, responsable y lo más importante de todo, era amigo de Sirius. No podía existir alguien como él.
Aunque claro, la gente no veía lo malo que también había en Remus. Esas cosas que hacía y que complicaban tanto la vida de Sirius. Esas acciones que hacían sus días tan duros.
Y es que Sirius no comprendía como alguien que parecía tan bueno podía albergar tanta maldad en su cuerpo y encima fingir que no sabía qué hacía. Porque siempre que Sirius le reclamaba a Remus sobre alguna de esas acciones este se desentendía o miraba a Black como si le hubiese salido otra cabeza.
Sin embargo Sirius sabía que Remus era consciente de las cosas que hacía y que alteraban su mundo. Después de todo, Lupin siempre sonreía cuando llevaba a cabo la peor de sus acciones. Esa que paraba el mundo entero de Sirius y que lo reducía a nada.
Porque cada vez que Sirius tenía una erección por culpa de Remus, cada vez que Lupin decidía que era gracioso jugar con él hasta que jadeaba su nombre y los pantalones le apretaban dolorosamente; el hombre lobo sonreía y se alejaba, murmurando una excusa poco creíble y dejándolo con su problema.
El problema más duro al que se tenía que enfrentar cada día.
El que más le cabreaba.
El que más le jodía.
Y el que más le gustaba.
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Besos y abrazos,
AliciaBlackM.
