Un completo fiasco.
— ¡¿Ustedes qué?! ¡Shiro, ni siquiera sabía que eras gay!—chilló Ichigo, levantándose de su asiento.
— ¡Tienes que estar de broma!—gritó Nnoitra, alzando su única ceja visible.
—Oye, pero si ustedes dos harían una hermosa pareja…
Los parloteos no se hicieron esperar. Entre la sorpresa de Ichigo, la incredulidad de Nnoitra, el afán casamentero de Nelliel, los murmullos confusos de Ulquiorra, la risita maléfica de Shiro y el tartamudeo incómodo de Grimmjow, nadie entendía a nadie. Se había armado un pandemonio épico tras las palabras de albino, que parecía estar disfrutando a concho del efecto causado por sus palabras.
— ¡No nos acostamos!—Grimmjow alzó la voz para sobreponerse al ruido que los demás estaban haciendo. Un ligero carmín le había subido a las mejillas, algo que no era muy común—. Es… mierda, Shiba, explícaselos tú…
—Bien, bien, es que es tan fácil molestarte…—se burló el aludido—. Pasamos una noche en la misma celda hace unos dos años. Nos pillaron asistiendo a una pelea clandestina y nos metieron juntos al bote. Relájense…
Exhalando con alivio, Ichigo se pasó una mano por el cabello. Por un momento, casi había temido tener interés en alguien que ya había pasado por la cama de Shiro. Aunque por lo que sabía, su primo era estrictamente heterosexual, no podía estar completamente al tanto de cómo se comportaba su orientación sexual, ¿verdad?
Dirigiéndole una mirada de soslayo al peli azul, el muchacho se mordió el labio inferior. La duda había surgido de la nada, pero ya no se iba. ¿Qué pasaba si Grimmjow jugaba para el otro equipo y no de local? No es que Ichigo fuera a sentirse mal por algo así, pero realmente sería un balde de agua fría.
Para cuando Shiro se despidió, alegando que seguramente a esas alturas Kaien iba a querer asesinarlo por dejarlo solo tanto tiempo, los inquilinos de Ichigo lo despidieron alegremente. Los peores temores del dueño de casa se habían hecho realidad: su primo y sus huéspedes se habían llevado de maravilla, todo ello resultando en más problemas para él. No era demasiado agradable tener a un familiar contando historias vergonzosas de la niñez en frente de quienes viven con uno, ¿no es así?
En el momento en el que Ichigo imitó a su primo, dando las buenas noches y retirándose a su cuarto para poder ducharse y cambiarse de ropa, el reloj de su celular marcaba aproximadamente diez para las doce de la noche. A pesar de lo ridículamente cansado que estaba y de la cantidad exorbitante de dinero que habría pagado por echarse en su cama e hibernar, se había comprometido con sus amigos para salir durante la noche.
Y si Kurosaki Ichigo prometía algo, lo cumplía.
Así que haciendo caso omiso del grito exhausto de sus músculos cuando se desnudó de camino al baño, se dio una ducha para poder quitarse el sudor de todo el día, limpiando su cuerpo profunda y prolijamente. Se secó el cabello, se enfundó en unos vaqueros negros ajustados, una camiseta gris, y se echó encima una corta vientos negra.
Chequeó el resultado en el espejo, asintiendo con aprobación antes de deslizarse en unas Converse clásicas y salir de su habitación con los audífonos del iPhone colgándole por el cuello de la camiseta. Ignoró olímpicamente el desastre con las cajas de pizza y las botellas vacías de cerveza, dirigiéndose hacia la puerta.
Sin embargo, la luz del televisor lo distrajo. Desde la enorme pantalla de cuarenta y dos pulgadas, la iluminación se movía y cambiaba de colores y ángulos. Por el rabillo del ojo, captó un borrón azul bebé que atrapó su atención de inmediato.
Entornó la mirada hacia el sofá, donde Grimmjow yacía echado hacia atrás con un cigarrillo encendido colgándole de los labios y una botella de Corona a medio vaciar. Tenía el torso desnudo y unos pantalones de chándal, raídos y desvencijados, le colgaban de las caderas, el elástico justo debajo del inicio de sus oblicuos. Debido a la falta de luz, Ichigo se encontró incapaz de distinguir el color de los vellos que se rizaban suavemente bajo su ombligo, su camino de la felicidad perdiéndose en la banda elástica de los pantalones.
Tenía los ojos azules clavados en la televisión, mirando atentamente una repetición de The X Files en un canal del cable. Con las manos apoyadas despreocupadamente sobre el abdomen, la ceniza del cigarrillo se curvaba ligeramente hacia abajo, atraída irremediablemente por la gravedad.
—Eh—llamó Ichigo, frunciendo el ceño al notar lo peligrosamente cerca que Grimmjow estaba de quemar la alfombra con su cigarrillo—. ¿Podrías por lo menos fumar en el balcón? Se puede ver perfectamente la televisión desde allí…
Como si hubiese salido de un trance, Grimmjow inclinó la cabeza hacia un lado, clavando en el peli naranja sus penetrantes ojos. Lo observó de pies a cabeza, muy atentamente, tomando detalle de cada pliegue en las telas que cubrían su forma, de cada cabello que se levantaba alrededor de su cabeza. Parpadeó hacia el muchacho, casi inquisitivamente, antes de que en sus labios se ladeara una sonrisa depredadora que le mostró a Ichigo un afilado canino.
— ¿Temes que queme la alfombra, Pumpkin?—inquirió él, estirando la mano libre hacia el control remoto y silenciando los sonidos del televisor.
—Eso es exactamente lo que temo.
Lanzando el pulgar sobre su hombro, Ichigo apuntó hacia el pequeño balcón que yacía tras una cortina. No lo usaba demasiado porque no daba a una parte muy agradable de la ciudad, pero si Grimmjow iba a seguir fumando de esa forma, era el mejor lugar para evitar que quemara su casa.
—No te preocupes—con la mano libre, Grimmjow alzó un pequeño contenedor de vidrio cortado que el peli naranja reconoció de inmediato como un cenicero—. No soy tan estúpido como parezco.
—Nunca dije que parecieras…—comenzó el joven, frunciendo el ceño. Dejó salir un suspiro exasperado, pasándose los dedos por el cabello—. Como sea. Voy a salir.
— ¿Te vas de parranda, Lil' Pumpkin?—consultó el peli azul, quitando por fin el cigarrillo a medio consumir de sus labios y golpeándolo con gracia contra el borde del cenicero. La ceniza se desprendió del tubo, deshaciéndose al golpear contra la superficie plana del fondo del recipiente.
—Sí—confirmó el dueño de casa, girándose sobre sus talones y alargando la mano hacia el bol rojo. Introdujo el dedo índice por uno de los aros donde colgaban las llaves de su apartamento y su casillero en la universidad, y las alzó con un dulce tintineo—. Si oyes golpes durante la madrugada, no te asustes. Seguramente voy a ser yo.
— ¿Y eso?
—Planeo llegar muy ebrio.
— ¡Vaya!—se carcajeó Grimmjow—. Y yo que creía que eras un santurrón aburrido.
Con una sonrisa de medio lado, Ichigo tiró de la manija para abrir la puerta. Sus ojos marrones se clavaron en los del peli azul, entrecerrados y brillando con malevolencia.
—Pero bueno, Kitty—murmuró, un tinte de risita filtrándose en su voz alegre y dulce—, ¿de verdad vas a dejarte guiar por las apariencias?
El suelo retumbaba bajo las suelas planas de sus Converse, el bajo de un tema de Skrillex latiendo por la médula de sus huesos como el corazón de un gigante dormido bajo tierra. A través del ambiente viciado de humo de cigarrillo y clavo, las luces de colores se rompían en ángulos irregulares y en nuevos colores que iban desde el rosa fluorescente hasta el verde ácido.
Contra él, el delgado muchacho andrógino cuyo nombre no se había molestado en preguntar se movía con la flexibilidad de una serpiente. Una sonrisita satisfecha se deslizó por los labios de Ichigo mientras su mano se cerraba en un puño alrededor del cuello de la camiseta del chico. Unos enormes ojos violeta se clavaron en los suyos, un ligero rubor apenas visible bajo las luces que borraban el color del mundo.
—Así que—murmuró el peli naranja. Estaba tan cerca del muchacho que solamente necesitaba inclinarse unos centímetros para poder besarlo— ¿tu casa o la mía?
El viaje en taxi apenas se registró en la mente del peli naranja. El calor en su pelvis se extendía como fuego a través de sus venas y el alcohol le latía en la punta de los dedos, amortiguando cualquier otra cosa. Apenas había recordado enviarle un texto a Shinji para avisarle que se largaba del club con alguien que había conocido allí mismo, y lo hizo solamente cuando su celular vibró en su bolsillo con una alerta de un comentario en Facebook.
Mientras se inclinaba para mordisquear suavemente el lóbulo de la oreja del muchacho, cuyo nombre había aprendido era Luppi, el joven ignoró olímpicamente la mirada que el taxista le dirigió a través del espejo retrovisor. Hacía mucho tiempo que se había acostumbrado a las miradas extrañadas debido a su cabello: ¿creían las personas que su orientación sexual sería diferente?
Finalmente, luego de unos minutos, la pareja de jóvenes descendió del taxi e hizo el camino por las escaleras del edificio, deteniéndose apenas delante del departamento 1506. Mientras la espalda de Luppi se apretaba contra la puerta, las manos de Ichigo rebuscaban en sus bolsillos, intentando por todos los medios concentrarse en encontrar las llaves del apartamento a la vez que los dientes del muchacho se deslizaban por su labio inferior. Era algo difícil enfocarse en abrir la puerta, cuando ya los dedos habilidosos del chico estaban trabajando en la hebilla de su cinturón.
Sin embargo, poniendo toda su fuerza de voluntad, Ichigo logró por fin alcanzar su llavero y meter la llave en el mecanismo. Con un giro de muñeca, se oyó un amortiguado clic y la puerta cedió tras la espalda de Luppi, girando sobre sus goznes y dejándolo entrar por fin a su hogar.
Eran las cuatro y media de la mañana y el departamento estaba completa y absolutamente oscuro. Aunque, por supuesto, aquello no detuvo el peli naranja: incluso con los dedos aferrados a las caderas de Luppi y los labios enganchados con los de él, era perfectamente capaz de encontrar el camino hacia su cuarto sin siquiera chocarse con la esquina de una mesa. Luppi gimió contra su boca cuando sus dedos deshicieron la hebilla de sus vaqueros y empujaron el botón contra el ojal, buscando desesperadamente la cremallera.
Lo condujo por el pasillo hacia el fondo, sin separarse ni un solo momento de él. Mordisqueó su labio inferior, introdujo sus manos bajo la camiseta del muchacho. Bajo las yemas de sus dedos, la piel de su abdomen era suave como la seda; lo sintió estremecerse y gemir, retrocediendo según lo iba empujando.
Cuando la espalda de Luppi dio contra la puerta de Ichigo, el peli naranja abandonó los labios del muchacho más bajo, dejando un camino de besos húmedos por su quijada, dirigiéndose al hueco de su garganta. Mordisqueó el lóbulo de su oreja y el punto donde su yugular latía enloquecida, sonriendo contra la cálida piel cuando un gemido se escapó de sus labios.
—Shh—lo acalló, mordisqueando su labio inferior—. No vivo solo, así que hay que hacer poco ruido.
Luppi soltó una risita en voz baja.
— ¿La familia?—susurró.
—Inquilinos—contestó Ichigo, alargando la mano y asiendo el pomo de la puerta.
Se oyó un clic detrás de ellos y la luz dorada de una ampolleta se derramó por el pasillo. Ichigo se giró ligeramente hacia el origen de la luz, encontrándose cara a cara con Grimmjow. Estaba solamente en bóxers, con el cabello revuelto por el sueño y los ojos hinchados; sin embargo, incluso a contra luz y con legañas en el ángulo de los párpados, se veía absolutamente impresionante. Ichigo jamás había conocido a alguien que pudiera quitarle el aliento con esa facilidad.
Y de pronto, el chico entre sus brazos le pareció soso y desabrido.
Pero que patada en la libido.
Los ojos azules de Grimmjow parpadearon confusos hacia él por unos instantes, antes de entornarse al entender la situación. Una sonrisa sin humor se ladeó en sus labios.
—Miren a Lil' Pumpkin—susurró suavemente, un tono sarcástico en su voz tan ácido que el peli naranja casi sintió que le hervía la piel sobre la carne—. Ya veo por qué me alertaste de los ruidos.
— ¿Necesitas algo, Grimmjow?—bufó el muchacho, poniendo los ojos en blanco. Era apenas consciente de la mirada inquisitiva de Luppi pasando desde el peli azul hasta Ichigo, como preguntándose por qué había tanta electricidad en el aire.
—Solamente iba al baño.
—Pues continúa tu camino.
—No hagas mucho ruido, ¿si? Sé que mañana es día domingo y todo, pero…
—Cierra el pico—siseó el joven, empujando por fin la puerta de su cuarto.
Cuando la cerradura hizo clic tras su espalda, Grimmjow clavó sus ojos en la puerta. La iluminación tenue que procedía desde su habitación formaba un rectángulo dorado y difuminado sobre el suelo del pasillo y la pared de enfrente, irradiando tenuemente sobre el letrero del número quince colgado en la puerta de Ichigo.
Dejando salir un suspiro y sin saber por qué se sentía tan molesto, Grimmjow empujó la puerta del baño y se metió al pequeño y fresco cuarto, revolviéndose el cabello.
Mientras tanto, Ichigo empujaba a Luppi sobre el colchón. El delgado cuerpo del muchacho rebotó sobre su cama, el aire saliendo de sus pulmones con un tenue sonidito. Quitándose la camiseta por sobre la cabeza, el peli naranja se arrastró por la cama hasta quedar a su altura, inclinándose para poder atrapar de nuevo sus labios.
Había calor por todas partes, respiraciones agitadas y gruñidos en voz baja. Y no obstante todo ello, no podía encontrar esa excitación casi animal que lo había espoleado en el taxi, esa llama en su entrepierna que se había extinto en cuando sus ojos se posaron sobre el peli azul.
El problema era que no podía echarse para atrás ahora. Tenía la política de siempre terminar lo que empezaba, e incluso los encuentros casuales que se arruinaban por pequeños detalles caían dentro de ella. Pero parecía que mientras más se obligaba a concentrarse, menos resultado tenía en su cometido.
Finalmente, dejando salir un suspiro, Ichigo rodó sobre el colchón y se cruzó un brazo sobre los ojos. A la mierda todo.
—Lo lamento—murmuró, dejando salir un suspiro—. Creo que te di esperanzas vanas. La puerta está abierta…
— ¿Eso es todo?—murmuró el chico, sentándose en la cama. Su pecho desnudo parecía de marfil bajo la luz azulada de la farola que se filtraba por la ventana de su cuarto—. ¿Vas a echarme así nada más?
—Pues sí.
—Tsk. Como sea.
Bufando como un gato enojado, Luppi se puso la camiseta bruscamente y se bajó de la cama, cerrando la puerta tras de sí con un portazo. El sonido se repitió en la puerta de entrada, cuando la azotó con fuerza contra el marco, seguramente despertando a todo el mundo.
Ichigo alzó la cabeza con flojera desde la comodidad de su almohada. Podía oír los gruñidos de molestia de sus inquilinos, pero no podía simplemente preocuparse por ellos ahora. Lo único que rondaba su mente era cómo, sin siquiera quererlo, Grimmjow había arruinado una noche perfectamente agradable con simplemente aparecerse por allí.
Y lo que era peor: ¿por qué Ichigo había dejado que Grimmjow le afectara de esa forma? Era cierto, sí, el tipo estaba como quería y ciertamente el peli naranja tenía debilidad por los hombres guapos (¿y quién no, si vamos al caso?), pero aquella situación simplemente bordeaba el ridículo.
Maldiciendo por lo bajo, el muchacho se quitó los zapatos de un tirón y se metió bajo las cobijas, deshaciéndose de sus pantalones debajo de las mantas.
—Déjame entenderlo—comenzó lentamente Shinji, balanceando un trozo de carne en la punta de su tenedor. Sus ojos color caramelo se clavaron en los marrones de Ichigo, sus párpados entrecerrándose mientras trataba de entender lo que su amigo acababa de contarle—. Te llevas a un chico a casa. Un chico que es básicamente perfecto para algo de una noche. Aparece tu pedazo de inquilino, te interrumpe, ¿y así como si nada se te van las ganas?
— ¿Quieres que te haga un dibujo, Hirako?—siseó el peli naranja, golpeando con la uña de su dedo índice la página del atlas de anatomía que tenía abierto al lado de su almuerzo.
—Es que es insólito—murmuró Kensei, con el ceño fruncido—. Sé que no eres el más asiduo a ese tipo de salidas, pero cada vez que te encuentras con alguien que te gusta, simplemente te lo follas y ya. ¿Y me dices que el tal Jaegerjaquez te cortó la onda?
—Eso es exactamente lo que te digo.
— ¿No será que te gusta este tipo?—inquirió de pronto Shuuhei, alzando la mirada de su plato. Se había mantenido todo el almuerzo en silencio, simplemente escuchando a sus amigos diseccionar la desastrosa y decepcionante noche de sábado que Kurosaki había vivido—. Sin juzgar ni nada, Ichi, pero no sería nada raro…
— ¿Cómo va a gustarme alguien que ni conozco?—bufó el aludido, exasperado—. Que viva conmigo no significa nada. El tipo está ahí, como un maldito papel tapiz. ¿Modifica el papel tapiz tu vida? Pues no. Simplemente te alegra la vista…
—Pero parece que Grimmjow hace más que alegrarte la vista.
Soltando un gemido exhausto, el muchacho dejó caer la cabeza sobre las páginas satinadas de su atlas. El aroma a papel y tinta le inundó las fosas nasales, recordándole que tenía que terminar ese capítulo antes del examen que tenía esa misma tarde.
La misma pregunta le rondaba una y otra vez en la cabeza. ¿Por qué ese sacón de onda al ver a Grimmjow?
—Si te sigues torturando va a ser peor. Déjalo estar, Ichi, no sacas nada con sobre analizar el tema.
—Tengo que sobre analizarlo, Shin—murmuró el muchacho contra las páginas del libro—. ¿Se te olvida que vivo con él?
—Pues hay una solución muy obvia—comentó Kensei, casi despreocupadamente. Ichigo alzó la mirada del libro, clavando el mentón en la división de las páginas y dirigiendo sus ojos hacia su amigo de cabello gris—. Duerme con él y ve qué pasa.
Shinji alzo las cejas con tanto ahínco que casi tocaron la línea de su cabello. Se giró a mirar a Kensei, sorprendido, mientras Shuuhei se atragantaba con el bocado que acababa de llevarse a la boca.
Ichigo estuvo a punto de quedarse boquiabierto, con la mandíbula colgando. De no haber sido por el peso que ejercía su cráneo contra su mentón, seguramente se habría visto exactamente igual que la pintura de El Grito. Mientras las palabras de su amigo decantaban en su cerebro, la primera idea que se formó en su cabeza fue chillar «¡no!», como si alguien acabara de tirarle un fósforo encendido a un montón de dinamita mojada con gasolina.
Sin embargo, a medida que pasaban los segundos, la primera reacción fue retrocediendo, llenándole la cabeza con imágenes subidas de tono.
¿Acostarse con Grimmjow? Claro, la idea era tentadora. Pero, ¿qué hacer después de eso? Tendría que seguir viéndolo todos los días, y seguramente exponerse a pasar la vergüenza de su vida si sus demás inquilinos se enteraban. No quería ni imaginarse las burlas de Nnoitra si es que, por alguna razón, los posibles acontecimientos llegaban a sus oídos.
—Uh—exhaló Shinji, abriendo los ojos como platos—, Ichi, no quiero asustarte, pero… obra de arte en tonos azules a las nueve…
—Mierda…
— ¡Ey!—saludó la alegre voz de Nelliel—. ¿Qué tal, Ichi…? ¿Por qué parece que acabas de salir de un funeral?
—Quizás por el desastre del sábado—rió suavemente la voz de Grimmjow. Ichigo casi tuvo que morderse el labio inferior a oírlo, porque las vibraciones del sonido enviaron una inyección de sangre muy caliente a su entrepierna. Maldito Kensei y sus ideas… ahora su cabeza solamente tenía lugar para fantasías subidas de tono—. ¿Qué pasó al final, Pumpkin, el chico te botó?
—Yo lo boté a él—aclaró el muchacho, dejando salir un suspiro de cansancio—. Resultó ser aburrido.
Ignorando la forma en la que Grimmjow, Nelliel y Ulquiorra se dejaron caer en las sillas libres de la mesa, Ichigo se obligó a componerse a sí mismo. Se enderezó, cuadró los hombros, y dio una profunda inhalación. Por lo menos, se dijo, tenía que verse fresco delante de quienes no lo conocían tan bien.
Las presentaciones de aquellos que faltaban no se hicieron esperar. Como ninguno de sus amigos había visto antes a Nell y a Ulquiorra, no se tomaron siquiera un segundo para bombardearlos con preguntas. Tampoco fue como si Nell se viera muy incómoda con respecto a la atención, aunque la mirada de Ulquiorra sí decía que no gustaba nada del exceso de miradas puestas sobre él.
Entonces, de la nada, Grimmjow se inclinó hacia delante, acercándose a Ichigo con una sonrisita depredadora.
— ¿Seguro que botaste al chico porque era aburrido?—murmuró. A Ichigo no se le pasó desapercibida la mirada inquisitiva que le dirigió Shinji ante ese intercambio tan íntimo, pero le agradeció interiormente el hecho de que no hubiese metido la cuchara—. ¿Sacón de onda?
— ¿Si sabes, para qué mierda me preguntas?—siseó Ichigo hacia el peli azul, frunciendo el ceño. No pretendía reaccionar de esa forma, pero realmente nadie puede culparlo.
—Me gusta subirme el ego, ya ves.
— ¿Crees que tienes que ver con lo que pasó el sábado por la noche?—se burló el peli naranja, dedicándole una sonrisita ladeada. Alzó las cejas con desdén, sabiendo que estaba pisando hielo delgado; si Grimmjow sabía que había sido realmente él el culpable del fiasco de la otra noche, seguramente Ichigo nunca vería el fin de ello.
—No, no lo creo—dejó salir Grimmjow, su voz con fingida compasión. Negó con la cabeza, cerrando los ojos y componiendo una mueca de pena—. Estoy seguro de ello. Es que podrías ser un poco más disimulado, Ichigo.
— ¿Qué sabes tú?—bufó el muchacho, echándose hacia atrás en la silla.
—Pues sé esto—contestó Jaegerjaquez, sonriendo como un depredador—: te follaría contra la puerta de ese cuarto hasta dejarte inconsciente. ¿Te apuntas?
