Vamos a lanzar una moneda.
—No tengo idea de cómo vamos a solucionar esto.
— ¿Lanzamos una moneda?
Ichigo se atragantó con su propia saliva y Grimmjow dejó salir una risita burlona. Le encantaba poner a la calabacita en situaciones comprometedoras, sobre todo porque se sonrojaba con una facilidad alarmante. Además, ese ceño fruncido era francamente temible.
— ¿De verdad no te interesa ir arriba o abajo, Grimmjow?
—Lo cierto es que no—se encogió de hombros, como quitándole importancia al asunto. No quería decirle a la cara que se moría por ser él quien llevara la batuta: parecer desesperado no iba a ayudarlo en nada.
—Bien, supongo que es lo justo—murmuró el muchacho, metiéndose la mano al bolsillo y extrayendo un centavo. Miró la moneda sobre la palma de su mano con atención crítica—. ¿Qué escoges?
—Cara.
—Vamos allá.
Ichigo lanzó la moneda al aire, los ojos de ambos fijos en la forma en la que se alzaba sobre sus cabezas, girando sobre sí misma. El peli azul sintió su estómago retorcerse en anticipación, rogando a todos los dioses que conocía que, por una vez, le regalaran algo de suerte.
Cuando el pequeño disco cayó en la palma abierta del muchacho y sus ojos marrones le dieron una mirada al símbolo en su superficie, Grimmjow casi gritó de emoción. Por la cara, parecía que le tocaba ir por debajo.
No es que a Grimmjow le molestara recibir en vez de dar. Pero desde que había puesto sus ojos en ese trasero francamente de otro planeta, no había habido otro pensamiento más que el de tirárselo hasta olvidarse de su propio nombre. Y era graciosa la situación, porque en un principio se había convencido a sí mismo que Ichigo no era más que un niñito de mami.
Y que equivocado había resultado estar: demás está decir que no se esperaba, bajo ningún concepto, el encontrarse al peli naranja casi follándose a aquel chico contra la puerta de su habitación. Ya se había sentido algo fuera de balance con los planes que tenía aquella noche pero ¿encontrárselo en una situación así? Pues impensado, y eso era decir poco. Sin mencionar que Grimmjow dudaba profundamente que Ichigo jugara para el equipo de local.
¿Quién diría que al final el mundo iba a ser tan pequeño?
— ¿Y?
—Salió cara—refunfuñó el muchacho, rodando los ojos—. Este turno es tuyo.
— ¿Estás diciendo que esta no va a ser la última vez?—se burló el peli azul.
—Oi—reclamó Ichigo, frunciendo el ceño hacia él—, si sigues con esas puedes irte a la mierda.
—Oh, planeo irme—murmuró Grimmjow, sonriendo de medio lado y acercándose un paso hacia el joven—. Solo que no voy a decirte dónde.
Aquella frase causó el sonrojo más brillante que Grimmjow había visto en la cara de Kurosaki. Fue como si de pronto el muchacho metiera la cabeza dentro de un horno encendido a toda potencia; se veía simplemente apetecible, parado allí, todo sonrojado desde el cuello hasta la raíz de su pelo naranja, con los ojos brillantes y el ceño fruncido hacia él.
—Así que—murmuró el peli azul, dando un paso hacia él—. ¿Vamos a ello?
La pregunta había sido por cortesía, más que nada. Porque mientras decía aquello, se deslizó más cerca de Ichigo, cerrando el espacio entre ellos con una larga zancada. En el momento en que invadió el espacio personal del otro joven, el aroma que se desprendía de su cuerpo llenó sus fosas nasales, haciendo que un escalofrío le bajara por la espalda y la sangre caliente se decantara entre sus piernas.
Ichigo alzó la mirada para clavarla en los ojos azules de Grimmjow, sorprendido por la rapidez con la que el otro se había acercado. Lo dejó sin aliento la profundidad de aquellos ojos, como zafiros, que parecían contener todo el mar Caribe dentro de ellos y que daban la impresión de poder ver a través de él con una facilidad alarmante.
Sin embargo, aunque el primer pensamiento del peli azul fue que iba a tener que tomar la iniciativa, Ichigo lo sorprendió cerrando su puño en el cuello de su camiseta, tirando de ella y estampando su boca contra la suya. El contacto de inmediato borró cualquier pensamiento de las cabezas de ambos, enviando corrientes eléctricas por el cuerpo de Grimmjow y haciéndolo gruñir bajo en su garganta.
Ichigo sonrió contra sus labios; le encantaban las parejas expresivas. ¿Cuál era la idea de irse a la cama con alguien que no hiciera ni un solo ruido? Simplemente inútil.
Grimmjow sintió que el peli naranja lo coaccionaba a moverse, empujándolo suavemente hacia atrás. La parte trasera de sus rodillas dio contra el borde del colchón, y con una suave y grácil mano puesta en su pecho, el muchacho ejerció la cantidad necesaria de fuerza para obligarlo a sentarse en la cama.
Trepó hábilmente, sin dejar de besarlo siquiera, sentándose a horcajadas en su regazo y apoyando las rodillas contra el colchón. Solamente rompió el contacto para echarse hacia atrás y asir el ruedo de su camiseta, tirando de ella hacia arriba y quitándosela por la cabeza. La dejó caer al suelo, sin siquiera fijarse en el sitio donde descansaba ahora la prenda.
Los ojos azules de Grimmjow recorrieron la piel de su torso desnudo. Bajo la suave luz de la mesita de noche, su pecho y su abdomen parecían dorados. La extensión de piel tenía un precioso color broncíneo, que lo hacía parecer besado por el sol como un modelo californiano adicto al surf. Los músculos estaban suavemente marcados, ondulando y moviéndose igual que los componentes de una máquina perfectamente engrasada, los tendones corriendo como serpientes entre los músculos de sus brazos como las cuerdas tensas de un violín.
Con la yema de los dedos, dibujó el borde de sus abdominales. Sintió bajo su toque la forma en la que Ichigo se estremecía, cómo los ralos, delgados y casi invisibles vellos que se extendían por su tronco se erizaban sobre su carne. Un suspiro profundo y anhelante dejó los labios del peli naranja cuando la mano de Grimmjow pasó rozando delicadamente sobre uno de sus pezones.
El calor se extendía por todo su cuerpo, decantando en su pelvis. La erección, dura como una roca, luchaba y se retorcía dentro de la ropa interior del menor, ahogándolo y rozando cada vez con más frecuencia la sensible zona de su glande.
—Quítate eso—comandó el muchacho, frunciendo el ceño hacia la camiseta de Grimmjow—. La igualdad de condiciones es necesaria.
Dejando salir una risita burlona, Grimmjow lo imitó, quitándose la camiseta y con ello robándole el aliento a Ichigo. El cuerpo del otro era muy diferente al suyo: mientras sus músculos se marcaban suavemente contra su piel, los de Grimmjow se notaban trabajados y bien cuidados, un estudio de claroscuros dibujándose con los bordes definidos de sus abdominales y su torso. La extensión amplia de sus hombros era angulosa y la clavícula se marcaba sensualmente contra su piel, el hueso afilado como una cuchilla amenazando con cortarle los labios cuando se inclinó y trazó un camino de besos húmedos que lo guió lenta y sensualmente hacia su cuello.
Cuando los dientes del peli naranja rasparon sobre el pulso de la yugular de Grimmjow, este dejó salir un gruñido gutural. Ichigo fue capaz de sentir el latido desenfrenado de su corazón lanzarse a una carrera frenética ante su caricia, y sonriendo como si hubiese ganado un premio, lo empujó para que se recostara sobre el colchón.
Desde su nueva posición, Grimmjow pudo sentir el peso del joven sobre su pelvis. Cada vez que se movía, el roce en su extensión hacía que el placer se extendiera por todo su cuerpo, como si hubiesen prendido fuego en su ingle. Era capaz de ver, también, al joven en todo su esplendor; el rostro sonrojado, los ojos brillantes pero seguros, y esa sonrisita de medio lado que curvaba sus labios rosados e hinchados por la fuerza del beso que se habían dado hacía tan sólo unos momentos atrás. El cabello despeinado que se levantaba en punta alrededor de su cabeza, un desastre suave en el que Grimmjow se moría por enterrar los dedos.
Cuando la presión en el miembro del peli azul se aflojó considerablemente, éste salió de su estupor y parpadeó ligeramente confuso hacia el muchacho. Un hoyuelo se había hundido allí donde su boca se levantaba, la esquina de su labio mostrando una sonrisa casi malévola.
¿Qué había hecho? Había despertado a un monstruo que estaba a punto de devorarlo hasta los cimientos, eso es lo que había hecho.
¿Le importaba a Grimmjow?
Ni una mierda.
Cuando Ichigo quitó la tela de los bóxers de Grimmjow del camino, y el aire fresco de la habitación golpeó contra su extensión caliente y palpitante, él dejó salir un jadeo gutural. Sus cejas fruncidas al medio de su frente, casi en gesto de concentración, mientras sus ojos seguían paso a paso los movimientos del peli naranja.
Ichigo observó momentáneamente el miembro de Grimmjow, como si estuviera analizándolo, o preparándose para dar una crítica casi profesional. Sus ojos marrones, dilatados de lujuria, miraron desde la cabeza hasta la base, donde rizos de color azul celeste se repartían por su pelvis formando un perfecto triángulo.
— ¿Disfrutando de la vista?—tentó el peli azul, apoyándose en los codos para poder alzar el torso y mirarlo con más comodidad.
—Mierda, eres… grande—masculló el muchacho, frunciendo el ceño como si aquello fuera una complicación.
—No tienes que halagarme, Pumpkin, no es necesario…
—Cierra la boca, Kitty—chasqueó Ichigo, rodando los ojos.
Grimmjow estuvo a punto de comentar algo más, de hacer una broma sucia y reírse del peli naranja, cuando él cerró sus dedos alrededor de su miembro y deslizó hábilmente su mano hacia arriba. Su boca colgó abierta ante la estimulación, la presión y el roce tan milimetrados que servían para causar placer pero no para volverlo loco debido a eso. Onduló sus caderas dentro del puño de Ichigo, rogando silenciosamente por más fricción, su cabeza cayendo hacia atrás y sus brazos de pronto demasiado débiles como para sostenerlo.
— ¿Ibas a decir algo?—murmuró el peli naranja. Su voz sonó burlona, sabiendo que tenía el control completo de la situación.
—Ahh… mierda—siseó Grimmjow, justo en el momento en el que el pulgar del muchacho dibujaba un círculo sobre su glande, ayudándose del líquido pre seminal para lubricar el movimiento—. Eres jodidamente bueno en esto, Pumpkin…
—Te advertí que no te dejaras guiar por las apariencias, Grimmjow.
La forma en la que el muchacho dijo su nombre mandó su cabeza a nadar entre pensamientos tan libidinosos que casi sintió que terminaba allí mismo. Un estremecimiento le bajó por la espalda, latiendo directamente en su miembro endurecido como una roca.
Al parecer, Ichigo lo notó también. Sus ojos brillaron ante el descubrimiento que acababa de hacer, y mientras su mano ascendía y descendía lentamente, los clavó en la cara del peli azul, buscando signos en sus expresiones para poder guiar sus movimientos. Los ojos nublados de placer de Grimmjow estaban clavados en el techo, su respiración rasposa y difícil en su pecho mientras gruñidos guturales se le escapaban de los labios a medida que el ritmo de su puño aumentaba gradualmente.
Y justo cuando estaba a punto de llegar al orgasmo, con el nudo tan apretado en su bajo vientre que casi dolía, la milagrosa mano de Kurosaki se detuvo y de los labios de Grimmjow salió una maldición que se confundió con un rugido de molestia.
Solamente para ver a Ichigo inclinarse sobre él, alargar la mano, y meterla bajo la almohada. Cuando se enderezó y su mano retrocedió, los ojos azules de Jaegerjaquez notaron al paquetito plateado de un preservativo y la botella de lubricante.
—Ahora—murmuró Ichigo, dedicándole una mirada tan lasciva que Grimmjow lo desconoció por un momento—, ¿lo hago yo, o te doy el honor a ti?
Grimmjow estuvo a punto de preguntar que qué mierda quería decir, cuando la botella de lubricante golpeó alguna campana en su cabeza.
—Supongo que es mi turno de divertirme un poco—ronroneó hacia él, su voz baja y seductora retumbando en su pecho. Aquello hizo que un sonrojo varios tonos más oscuro se alzara en las mejillas de Ichigo, que dejó salir una exclamación ahogada cuando Grimmjow usó sus caderas para hacerlo perder el balance.
La espalda del peli naranja dio contra el colchón, el aire escapándose de sus pulmones con un "oof". Ubicándose entre sus piernas, Grimmjow recorrió lentamente su torso y su abdomen con la mano completa. La piel de Ichigo se sentía caliente contra su palma y las yemas de sus dedos, la carne de gallina levantando sus vellos como agujas contra la carne.
Sus dedos bajaron, y bajaron, y bajaron…
… y el botón del vaquero se desprendió del ojal como si una fuerza mágica lo hubiese empujado. Pero no, simplemente fueron los hábiles dedos de Grimmjow, que con una sonrisa de medio lado, enganchó los dedos índices en la cinturilla de los jeans y en la banda elástica de la ropa interior de Ichigo, tirando de las prendas hasta que pudo por fin liberar sus piernas.
Y vaya que el chico japonés tenía unas piernas de ensueño.
Parecían infinitas, bien torneadas y suavemente musculadas, como todo su cuerpo. Y con lo elegantes que se veían, también parecía que podían quebrar el cráneo de alguien.
Sin embargo, ninguno de los dos tenía el tiempo (o la paciencia) para preocuparse por cosas tan triviales como si Ichigo era capaz o no de matar a alguien usando solamente su cuerpo. Porque viéndolo desde la perspectiva de Grimmjow, sí que lo era. Y la causa de muerte sonaba demasiado placentera como para ser legal.
Después de todo, «muerte por lascivia» podría atraer a cualquiera.
Sentándose sobre sus talones, el peli azul empujó la tapa de la botella de lubricante con el pulgar, y dejó caer una cuantiosa cantidad del fluido sobre los dedos de su mano derecha. Por muy apresurado e impaciente que estuviera, sabía que preparar a Ichigo era fundamental. Tampoco es que Grimmjow se preocupara mucho de sus parejas, pero por alguna razón, sentía que no estaba bien dañar al chico solamente por su incapacidad de auto controlarse.
Así que cuando deslizó su primer dedo y escuchó el siseo de placer que salió de los labios de Ichigo, se sintió lo suficientemente seguro como para añadir un segundo. Las caderas del peli naranja empujaron de vuelta, buscando fricción, mientras Grimmjow intentaba encontrar a tientas ese lugar donde el placer era más intenso.
Cuando su tercer dedo siguió el camino de los dos primeros y los arqueó ligeramente, el maullido que se elevó desde la boca de Ichigo le dijo todo lo que necesitaba saber. Al echar una ojeada rápida hacia él, lo descubrió con los puños apretados en las sábanas, con la cabeza echada hacia atrás y la boca abierta. Tenía los ojos cerrados, las cejas fruncidas con tanta fuerza al medio de su frente que pensó que iban a tocarse.
Sonriendo casi engreído, retiró sus dedos del calor asfixiante de la entrada del joven, solamente para romper el envoltorio del preservativo, deslizarlo por su propio miembro, y alinearlo con aquel pasaje que sabía de antemano iba a ser una tortura que felizmente tomaría por el resto de sus días.
Tuvo cuidado de hacerlo despacio, o al menos eso intentó. Porque realmente no contaba con que Ichigo envolviera sus piernas alrededor de sus caderas y lo empujara, recibiéndolo completamente con un gemido que se dividía entre el placer y el dolor.
— ¡Nhn! Dios…
Grimmjow no puedo evitar soltar una risita ronca ante el sonido. Maldita sea, el bastardo sonaba como una jodida porno, y eso que ni siquiera había llegado a moverse. Si continuaba con eso, seguramente el peli azul no iba a durar ni la mitad de su tiempo promedio.
Tal como lo esperaba, el calor de la entrada de Ichigo lo asfixiaba; estaba tan apretado, tan exquisitamente ajustado alrededor de su miembro que pensó que podría terminar solamente con estar quieto. Dejó salir una respiración ahogada a través de sus dientes apretados, sus ojos tan dilatados que casi parecían negros fijos en Ichigo.
Su expresión era básicamente una obra de arte; los ojos cerrados con tanta fuerza que nimias arrugas se extendían por la piel frágil de sus párpados, el ceño fruncido, los dientes encajados con violencia en su labio inferior. La respiración agitada que retumbaba en su caja torácica parecía un silbido, un siseo que lo hacía parecer una serpiente a punto de encerrarlo en sus anillos y devorar hasta la médula de sus huesos.
Y Grimmjow estaba de lo más feliz dejándose devorar, cómo no.
Cuando Grimmjow retiró ligeramente sus caderas, apretando los dientes ante la oleada de calor que se extendió desde su pelvis y sobrecargó todo su sistema, las uñas de Ichigo recorrieron su espalda desde la curva de los hombros hasta la cintura estrecha, recreándose en los músculos flexibles y bien cuidados que ondulaban bajo la piel bronceada del peli azul.
En el momento en el que volvió a entrar en él, los ojos de Pumpkin se abrieron, clavándose en los de él. Grimmjow jamás había visto ojos como los de Ichigo; el cálido marrón clavado irremediablemente en él, las pupilas dilatadas por el placer opacando los irises y haciendo parecer que el negro era rodeado por un aro de color chocolate. Lo miraban como si no hubiese nada más en el mundo, tan penetrantes que casi sintió que podían ver a través de él.
Aquello solamente hizo que sus caderas se estamparan con más fuerza contra las de Ichigo, que empujaba de vuelta.
El glande del peli azul se deslizó contra la próstata del peli naranja, que dejó salir un sonido simplemente lascivo. Todo lo que hacía parecía salido de sus más profundos deseos sexuales, como si hubiese sido hecho solamente para cumplir las fantasías que se escondían en el fondo de su mente.
— ¡Ah!—jadeó, cuando otra poderosa estocada golpeó justo su centro de placer—. ¡Justo ahí…! ¡Nhn…!
Grimmjow se inclinó y atrapó los labios de Ichigo con los suyos, gimiendo en su boca cuando los músculos alrededor de su miembro se contrajeron y lo llevaron a un nivel de placer que ni siquiera había pensado que existía. Sintió los dedos de Ichigo firmemente sujetos a su cadera, las yemas enterrándose con fuerza suficiente para dejar moretones. Y mientras más detalles notaba acerca de la forma en la que Ichigo se retorcía debajo de él, cómo gemía y lo alentaba, el nudo en su estómago se calentaba y se ajustaba más y más, amenazando con despedazarlo por completo en el momento en el que se cortara.
Sus movimientos se volvieron más erráticos, maldiciones flotando desde los labios de ambos entre besos interrumpidos por las sensaciones que les nublaban los sentidos y la mente. Grimmjow salió de Ichigo completamente, gruñendo por lo bajo e ignorando la mirada casi de odio que le dirigió el peli naranja, volteándolo con una mano tras la rodilla.
Sin ceremonias, el peli azul asió las caderas de Ichigo y las levantó, obligándolo a apoyarse en las rodillas y las manos. Volvió a entrar en él, en aquel calor asfixiante que tanto había llegado a adorar en tan poco tiempo, gimiendo de vuelta cuando oyó el sonido ahogado que dejó los labios del otro.
Desde su nueva posición, el peli naranja era completamente capaz de sentir cada delicioso centímetro del miembro de Grimmjow. Cómo se retiraba, cómo volvía a entrar con fuerza, golpeando su próstata con la facilidad con la que se golpea una campana. Apenas podía pensar, apenas podía darse cuenta de lo que sucedía a su alrededor.
Así que cuando sus brazos cedieron bajo el peso de su cuerpo y su cara dio de lleno contra las sábanas empapadas de sudor, fue casi incapaz de darse cuenta que sus gemidos y gruñidos estaban siendo amortiguados por la tela bajo su cara. Sus dedos se enterraron en el género, sus puños cerrándose alrededor de la ropa de cama con la fuerza suficiente para romperla, intentando canalizar la enorme cantidad de sensaciones que sobrecargaban su cuerpo.
En la mente de Ichigo, no había absolutamente nada más que Grimmjow.
Grimmjow y la forma en la que las yemas de sus dedos se enterraban en sus muslos y en sus caderas. Grimmjow y la forma en la que su glande golpeaba justo el punto exacto para volverlo completamente loco. Grimmjow y los sonidos que estaba haciendo, absolutamente perdido en follárselo hasta el olvido.
Tras una estocada particularmente profunda que hizo que el cerebro de Ichigo se friera, el nudo en su estómago se cortó violentamente. El orgasmo barrió a través de su cuerpo con fuerza, tensando todos los músculos de su cuerpo y arrancando de cuajo el mundo a su alrededor. Con la garganta ronca, la boca colgando abierta y los ojos cerrados con una luz blanca iluminando el interior de sus párpados, el peli naranja dejó salir una exclamación ahogada, para luego proceder a morder con fuerza la sábana bajo su boca.
El clímax de Ichigo gatilló el de Grimmjow cuando los músculos de su entrada se contrajeron a su alrededor, ahogándolo por unos deliciosos segundos. Apretó los dientes, maldiciendo en su fuero interno, pero demasiado abrumado como para poder hablar. El mundo se detuvo por un segundo mientras su cuerpo completo parecía empequeñecerse hasta el tamaño de un átomo, para luego explotar de vuelta y abrasar todos sus nervios.
—Mierda—siseó Grimmjow, a través de sus dientes apretados. Ni siquiera fue consciente de su maldición en voz alta; su mente estaba demasiado borrosa como para ponerle atención a la conexión entre su cerebro y su boca.
Unos minutos más tarde, ambos yacían sobre la espalda, completamente desnudos. Miraban al techo, los ojos fijos en la superficie blanca mientras sus respiraciones se normalizaban con dificultad. Bajo la luz de la lámpara sobre la mesita de noche, sus pieles brillaban como si tuvieran diminutos diamantes incrustados en ellas, el sudor perlando con una fina pátina resbaladiza sus brazos, torsos, espaldas, sienes y cuellos. Ichigo tenía el pelo pegado a la nuca, y los mechones que caían por la frente de Grimmjow estaban rizados y medio pegados a su frente.
—Eso—comenzó Ichigo de pronto, rompiendo el cómodo silencio que se había depositado delicadamente sobre ellos— fue de otro jodido mundo.
—Diablos, sí—jadeó Grimmjow, asintiendo con la cabeza. Sus voces sonaban roncas, y el peli azul tenía la garganta y la boca secas como el hueso. No había nada que quisiera más que tomarse un vaso de agua helada y luego prenderse un cigarrillo—. Eres un video porno con piernas, ¿te lo habían dicho?
—No, pero me halagas—rió suavemente el muchacho, sentándose en la cama y estirando su espalda. Grimmjow no pudo evitar mirar más de la cuenta mientras la piel ondulaba al moverse los músculos debajo de ella, las cuchillas de sus omóplatos tan afiladas que parecían armas mortales. Se preguntó por un momento si había estado babeándose ante la visión de la espalda de Ichigo, y se sintió aliviado al comprobar que ni una gota de saliva había colgado de sus labios—. ¿Quieres algo? ¿Té, café, agua?
—Agua estaría bien—Grimmjow frunció el ceño ligeramente. Ichigo acababa de pasar de ser una masa de nervios expuestos tan hipersensible que casi parecía gracioso, al casero amable y cortés de todos los días. Era un cambio desagradable cuando todavía no se le secaba el sudor del cuerpo por la reciente actividad física—. ¿Te molestaría si me fumo un cigarrillo?
—No. Solamente abre la ventana, ¿si? El humo se acumula y apesta.
—Wow, gracias Pumpkin—se burló el aludido, alzando las cejas. Por alguna razón, no se sentía incómodo en su estado de desnudez. Por lo general, cuando terminaba de tener sexo con alguien simplemente se vestía y se largaba. Ahora, sin embargo, encontraba increíblemente cómoda la atmósfera que se había formado entre ellos—, me encanta la forma en la que me dices que apesto. Es muy sutil.
Ichigo rodó los ojos casi con hastío, y nuevamente, Grimmjow tuvo que reprimir las ansias de aplaudir.
—Simplemente…—dejó salir un suspiro, balanceando las piernas fuera del colchón y caminando hacia su closet. Ichigo tampoco parecía incómodo por el momento íntimo (incluso más que el sexo) que estaba compartiendo con el peli azul, y mucho menos parecía sentirse incómodo con su propio cuerpo. Grimmjow se preguntó a sí mismo quién podría sentirse mal con su cuerpo cuando se lucía como Ichigo Kurosaki—… abre la ventana. Voy por tu agua.
Luego de ponerse unos raídos pantalones de chándal que extrajo de uno de los cajones de su clóset, Ichigo se echó una camiseta encima y caminó descalzo hacia la cocina, cerrando la puerta de su cuarto tras de sí. Los ojos azules de Grimmjow lo siguieron, mirándolo con curiosidad hasta que la madera hizo que lo perdiera de vista.
Ichigo era un muchacho extraño. Por un lado, aparentaba ser esta criatura inocente que no rompía un plato, pero dentro del dormitorio, una persona diferente tomaba posesión de su cuerpo y derribaba todas las barreras que parecían levantarse a su alrededor. Era como si de pronto envejeciera dos o tres años al encenderse sus hormonas.
También, parecía que no siempre era el dominante de la relación. El hecho de que hubiesen lanzado una moneda para decidir quién dirigía había sido una clara evidencia de las preferencias de Ichigo. La perspectiva de ver al peli naranja en el papel del dominante hizo que el estómago de Grimmjow diera un brinco que habría hecho sentir envidia al más hábil gimnasta del mundo.
Se había acostado con Ichigo para descubrir por qué tenía esa insaciable necesidad de tenerlo cerca y saber más de él, para poder ayudarse a descifrar lo que pasaba por su cabeza cada vez que lo veía y tenía esa urgencia animal de destruir.
¿Había solucionado algo? Que gracioso. De hecho estaba más confundido que antes.
Sin embargo, había algo que Grimmjow sabía perfectamente. Y eso era que esperaba que esa no fuera la primera y última vez que tuviera a Ichigo en la cama, porque sentía que nunca iba a tener suficiente de él.
