¿Follamos o no?

—Juro que voy a asesinarte.

— ¿Se puede saber qué hice yo ahora, Ichi?—bufó Kensei, poniendo los ojos en blanco. Siempre había alguna razón por la que Ichigo quería asesinarlo, así que de hecho no era nada nuevo.

—Seguí tu consejo—siseó el peli naranja, ignorando el sonrojo que se le esparció por la cara—, y me acosté con Grimmjow. Y ahora no tengo idea de lo que pasa.

—Espera, para un momento—chasqueó Shinji, entornando sus ojos hacia Ichigo y frunciendo sus perfectamente depiladas cejas al medio de su frente—. ¿Estás diciéndome que tú y Blue lo hicieron?

—No, Shin, nos acurrucamos y dormimos toda la noche—dejó salir el muchacho, cruzándose de brazos y dedicándole a su amigo una rodada de ojos tan magistral como su ceño fruncido. El sarcasmo en sus palabras era un poco excesivo, pero a Ichigo no le importó demasiado. Estaba demasiado molesto con Kensei por haberle sugerido dormir con Grimmjow (y consigo mismo por creer que de hecho esa idea era buena) como para calmarse—. Es lo que acabo de decir. Tuvimos sexo. Fue de otro planeta, el mejor orgasmo de mi vida. ¿Podemos continuar con mi dilema personal, por favor?

—Oh, no, ni lo sueñes—chilló Shinji por lo bajo, obligando a Ichigo a sentarse en la silla del comedor. Era demasiado temprano como para almorzar, pero habían salido antes de sus clases (excepto Shuuhei, que seguía en su aula) y habían decidido desperdiciar su poco tiempo libre antes del almuerzo… esperando por el almuerzo—. Cuéntame todos los detalles sucios.

— ¿Qué quieres, escribir un relato erótico? No voy a darte material de masturbación, Shinji.

—Eres un completo aguafiestas, Ichigo, ¿te lo habían dicho?—dejó salir Shin, poniendo los ojos en blanco y cruzándose de brazos. Le clavó a Ichigo sus penetrantes ojos de color caramelo, extendiendo por su cara aquella sonrisa de oreja a oreja que, al igual que con Nnoitra, parecía devorar toda su cara—. Pero en fin. Después de dormir con semejante espécimen, ¿qué dudas te puede haber quedado?

— ¿Recuerdas que dije que estaba confundido porque no sabía qué sentía por él?—canturreó el peli naranja, delicada y lentamente, sonriéndole con dulzura al rubio. Las cejas doradas de Shinji subieron casi hasta la línea de su cabello ante tal cantidad de burla en la voz de Ichi—, pues ahora estoy peor.

— ¿Y él?—inquirió Kensei, apuntalando su codo en la superficie blanca de la mesa y apoyando su mentón en la palma de la mano. Parecía aburrido, aunque el brillo en sus ojos mostraba que estaba completa y absolutamente interesado por el relato—. ¿Qué pasa con Blue?

—No es por halagarme a mí mismo, Kensei, pero soy bastante bueno en la cama—murmuró Ichigo, ácidamente—. Quedó tan tirado como yo.

—Pues eso significa que se gustan. Al menos físicamente. ¿Quién sabe si a través del mejor sexo de toda tu vida no terminas enamorándote de él?

El peli naranja dejó salir una risita sin alegría. No, gracias. Su única incursión en el terreno amoroso había terminado con Byakuya botándolo porque se había aburrido de lo excesivamente frígido que era en la cama. Y es que al mayor de los Kuchiki le gustaban cosas que, luego de ahondar más en el terreno de las relaciones sexuales, Ichigo descubrió que realmente no eran lo suyo. Sí, podía hacer del pasivo de vez en cuando, ¿pero sumisión? ¿BDSM? Que le gustara el sexo rudo de vez en cuando no significaba que lo pusieran los látigos.

—No, Ken, no me interesa tener relaciones sentimentales con nadie. Y lo sabes. De haber estado interesado, seguramente habría invitado a Hanatarou a salir en algún momento, ¿no?

Hanatarou Yamada era un chico de su clase, un bajito muchacho de cabello oscuro y enormes ojos tristes que estaba irremediablemente enamorado de Ichigo. Se le había declarado a mitad del primer año en la universidad, y aunque fue una de las cosas más tiernas que el peli naranja había visto jamás, tuvo que rechazarlo. ¿Para qué iba a darle esperanzas si no estaba interesado?

—Lo sé, Ichi—suspiró Kensei, frunciendo el ceño—. Pero dime, ¿hace cuánto que no te gustaba tanto alguien?

— ¿Tanto?—repitió Kurosaki, alzando las cejas.

—A mí no me engañas—apuntó Shinji, inclinándose hacia delante sobre la mesa, casi en tono de confidencialidad—. Ni a Kensei, ni a Shuuhei, ni a ti mismo. Blue te gusta. ¿Por qué no intentas ver cómo van las cosas… fuera del sexo? Porque ya estamos claros que eso fue asombroso.

Si la conversación con sus amigos supuestamente debía despejar algo las dudas de Ichigo, está demás decir que no lo hizo. A cada minuto que pasaba, a cada segundo que se caía del reloj, se sentía más y más confundido con respecto a Grimmjow. Era imposible que se sintiera tan atraído por alguien a quien no había conocido ni por una semana.

Y sin embargo, ahí estaba la corriente eléctrica, el vuelco en el estómago que lo dejaba sin resuello cada vez que se cruzaba con el peli azul. Era una tortura tenerlo viviendo en su propia casa, con tan sólo un muro de separación entre ellos.

Cerró con fuerza la canilla, cortando el flujo de agua. Alzó la cabeza, las gotas frías del líquido transparente cayéndole por el rostro y calentándose rápidamente al contacto con su piel. Tenía el cabello pegado a las sienes y los costados de la cara, las patillas naranja rizándose debido a la humedad.

Sus ojos marrones y almendrados le devolvieron la mirada desde el espejo, mostrándole que lucía exactamente igual que como se sentía. Un rubor de frenesí le coloreaba las mejillas, los ojos brillantes como si tuviera fiebre, ligeras marcas de dientes sobre su labio inferior de tanto mordérselo. Introdujo su dedo por el cuello de la camiseta, apartándola ligeramente para poder observar nuevamente la marca violácea que había quedado impresa en su hombro.

Grimmjow Jaegerjaquez se había atrevido a dejarle un chupetón.

Ichigo dejó salir una exhalación a través de sus dientes apretados. ¿En qué momento? ¿Durante la tercera o cuarta vez que lo hicieron?

Jamás se había sentido tan sexualmente atraído hacia alguien. Antes de acostarse con él eran simples mariposas en el estómago; ahora era todo un enjambre de avispas enojadas. No podía evitar la inyección de sangre directamente a su pelvis cuando lo veía, recuerdos de la forma casi animal en lo que lo había poseído. Era simplemente ridículo.

Volvió a dar el agua y se volvió a mojar la cara. Toda el agua fría del océano ártico seguramente no serviría para apagarle la calentura.

La puerta del baño de hombres de la universidad se abrió suavemente, e Ichigo casi dio un bote en su lugar.

Se giró sobre sus talones para dedicarle una mirada asesina a la persona que casi lo había hecho saltar fuera de su piel, solamente para que una inyección de fastidio le llegara directamente al cerebro. Ichigo no sentía animosidad hacia muchas personas. De hecho, si alguien no era de su agrado, prefería simplemente ignorarlo y seguir con su vida. Pero para toda regla hay una excepción, y la persona frente a él era una de ellas.

Ichinose Maki podría haber sido realmente guapo de no haber sido por la mierda de personalidad que acarreaba. Era más o menos de la misma altura que Ichigo, con el cabello negro y los ojos castaño oscuro, piel ligeramente bronceada y un excelente físico. Sin embargo, la forma en la que despreciaba a los demás solía poner al peli naranja de los nervios, algo bastante difícil de lograr. Así que cuando los ojos marrones del chico se clavaron en los oscuros de Ichinose, dejó salir un bufido de fastidio.

Tenía la mala suerte de compartir carrera y año con Ichinose. En cada lectura, cada cátedra, cada clase, allí estaba el bastardo. Y no contento con ponerle los pelos de punta, parecía no entender que cuando Ichigo decía que no, era porque realmente no quería. Incontables veces, Ichinose lo había invitado a salir, insistiendo a lo largo de todo el tiempo en el que se habían conocido.

El peli naranja había intentado salir con él una vez, solamente para comprobar que lo que él pensaba al principio era básicamente todo lo que había con Ichinose. El tipo era un dolor en el culo; no había nada más allá de eso.

—Kurosaki—se sorprendió Ichinose, alzando las cejas hacia el peli naranja.

—Ichinose—murmuró el peli naranja, dedicándole un seco movimiento con la cabeza al otro chico.

— ¿Qué haces aquí?

Ichigo soltó una risita amarga.

—Buscando la Cámara de los Secretos—bufó él, poniendo los ojos en blanco. Se secó las manos en los vaqueros, inhalando profundo para no soltar el veneno que le subía por la garganta. Por mucho que le desagradara la presencia de Ichinose, tampoco podía ir por la vida echándose a perder el día por algo tan básico como su existencia.

—Vaya, eso es mucho sarcasmo para una frase tan corta—comentó Maki, frunciendo el ceño y metiéndose las manos a los bolsillos de los vaqueros. Si Ichigo no lo hubiese conocido mejor, habría pensado que se veía de hecho incómodo. Dios gracias que lo conocía.

—Pues es una de mis habilidades—rió Ichigo por lo bajo, enderezándose y girándose hacia la puerta.

Cuando estaba a mitad de camino, Ichinose lo detuvo con una mano en la muñeca. Parecía decidido a intentar nuevamente invitar al peli naranja a salir. Cosa que no podía haber sido en peor momento.

— ¿Qué quieres?—inquirió el muchacho, soltándose de un tirón y dedicándole su ceño fruncido de marca registrada.

—Sabes lo que quiero.

—Que salga contigo—exhaló Ichigo, poniendo los ojos en blanco.

—Pues sí, pero no tienes que decirlo como si fuera el fin del mundo, Ichigo—masculló Ichinose, frunciendo el ceño. El peli naranja se preguntó a sí mismo cómo era que el tipo tenía la desfachatez de verse molesto y herido cuando era él el que tenía que soportar sus constantes avances. Sería todo muchísimo más simple si Maki solamente aceptara las constantes negativas.

Kurosaki—siseó Ichigo, mirándolo entre sus párpados entrecerrados—. No te he dado la confianza de llamarme por mi primer nombre.

—No estamos en J…

Una corriente de viento avisó al peli naranja que la puerta se había abierto detrás de él. Fue como un escalofrío que recorrió desde su coronilla hasta el coxis, contrayendo todos sus músculos a medida que se hacía su camino hacia abajo. Las sirenas de alerta estallaron en su cerebro, su cabeza maquinando las teorías más ridículas.

¿Y si esta vez su negativa llegaba a mal puerto, e Ichinose decidía cobrarse la pésima situación?

Sin embargo, un destello azul celeste en el espejo del baño, impecablemente limpio, provocó que toda esa tensión que se había reunido en sus miembros desapareciera como si nunca hubiese existido. Fue como un respiro de aire fresco, y tuvo que luchar contra la sonrisita de superioridad que tironeó de las esquinas de sus labios cuando una grave y seductora voz se esparció por la fría estancia igual que el chocolate derretido:

—Ah, Lil' Pumpkin, que bueno que te encuentro. Estaba pensando en que podríamos…—se detuvo momentáneamente, tanteando la atmósfera pesada que colgaba sobre sus cabezas, para luego soltar con muy poca educación—: ¿y quién diablos eres tú?

Los ojos azules de Grimmjow se clavaron en Ichinose, sus cejas alzadas con tanta fuerza que profundas arrugas llenas de desdén se hundieron en su frente broncínea. El cambio en su expresión hizo parecer que de la nada, alguien había puesto algo que olía como los mil demonios bajo su nariz.

— ¿Disculpa?—tartamudeó el muchacho, dirigiéndoles a Grimmjow e Ichigo una mirada confusa.

— ¿Estoy hablando en chino mandarín?—exhaló el peli azul, poniendo los ojos en blanco. Adelantó un paso para ponerse a la altura de Kurosaki, dándole una mirada de soslayo al chico que aún se esforzaba por no sonreír como si hubiese ganado el Nobel de ciencias—. Pumpkin, ¿estoy hablando en otro idioma?

—No que yo sepa.

— ¿Entonces?—inquirió, dirigiendo sus ojos de nuevo hacia Ichinose. Su ceño se frunció, sus labios levantándose sobre sus dientes en una mueca depredadora—. ¿Quién rayos eres?

—Compañero de Ichigo—contestó Ichinose, envarándose. Cuadró los hombros, intentando verse imponente, pero no podía contra la notoria diferencia de altura entre él y Grimmjow. Ichigo sintió de inmediato cómo la atmósfera cambiaba, cargándose de electricidad y algo que identificó como testosterona. Mucha de ella. Tanta que casi parecía ahogarlo—. ¿Tú?

—Te he dicho que no me llames por mi nombre—gruñó el peli naranja.

—Compañero de piso. Y actual novio. Así que, por favor, un par de pasos atrás y mantente lo más lejos posible de Pumpkin, ¿estamos claros? No es que te considere competencia, es que lo pones incómodo.

Un silencio sepulcral siguió a las arrogantes palabras del peli azul, que ahora sonreía como un sicópata. Le dedicó a Ichinose su sonrisa de medio lado de marca registrada, sus afilados caninos haciendo su aparición tras sus labios. Sus ojos destellaron con un odio visceral hacia el otro tipo, instintivamente dando un paso al frente y poniendo a Ichigo detrás de él.

No es que Grimmjow estuviera acostumbrado a sentir que debía proteger a los demás, era simplemente que Ichigo despertaba en él algo que le era desconocido. Y hasta no entender qué era, iba a mantenerlo lo más tranquilo posible para poder descubrir la razón de ese afán protector que nacía en su interior.

Mientras tanto, los ojos marrones de Ichigo se clavaron en Grimmjow. Incapaz de hablar debido a la sorpresa, simplemente atinó a abrir la boca, como si intentara decir algo. Su boca colgó abierta por unos segundos, antes de que la cerrara y apretara los dientes con fuerza.

¿Novio?, se dijo a sí mismo, en estado de shock, ¿acaba de decirle a Ichinose que soy su maldito novio?

—Mira, Lil' Pumpkin. Te salvé el trasero. Se notaba a la legua que ese tipo te pone los pelos de punta, así que realmente no le veo el problema. No es como si fuera verdad tampoco, así que…

—Grimmjow—exhaló Ichigo, pasándose una mano por el pelo—. ¿Tienes idea de quién es ese tipo?

— ¿El peor vestido del campus?—aventuró el aludido, apoyando el mentón en la palma de su mano. Le dedicó a Ichigo una sonrisita satisfecha.

—El más cotilla del campus—lo corrigió el peli naranja. Algo en su cabeza le decía que debería sentirse más molesto por el hecho de que Grimmjow se haya proclamado su novio (incluso aunque era mentira), pero lo cierto era que no podía encontrar el enojo en su interior. Era simplemente frustración—. Ahora todo el mundo va a creer que estamos juntos.

— ¿Y cuál es el problema?—preguntó, poniendo los ojos en blanco. Su mano libre se asió alrededor de su frapuccino de Starbucks, y se llevó el popote a los labios, dándole un largo sorbo a su bebida. Ichigo sintió una envidia terrible por aquel popote—. ¿Te avergüenza que te vean conmigo? Eso hiere, Ichigo.

—Claro que no—bufó el muchacho, dándole un trago a su chocolate caliente—. El problema es que ahora no voy a poder ligar con nadie.

En medio del ambiente caldeado del Starbucks cerca del campus universitario, con la gente yendo de acá para allá, las risas explotando en todos lados y los hipsters fotografiando sus vasos y sus tazas, Grimmjow sintió que se quedaba boquiabierto. Ya había asumido que Ichigo no era el santurrón que él había creído al principio, pero no se esperaba una respuesta como esa.

Los ojos azules Jaegerjaquez analizaron al peli naranja a fondo. Desde su ceño fruncido hasta la pequeña gota de chocolate que había quedado sobre su labio superior, de cuando se había llevado el tazón a la boca. Entendía cómo era que Ichigo tenía tanto éxito, ya fuera entre hombres como entre mujeres, porque el tipo realmente era guapo. Con ese color de cabello vibrante que parecía un faro y ese rostro francamente impactante, no era difícil entender que no tenía problemas encontrando aventuras de fin de semana.

Pero que se corriera el rumor de que uno de los chicos más deseados de la universidad estaba saliendo con otro de los más populares, francamente les mataba el juego a los dos.

Y Grimmjow acababa de darse cuenta de eso.

¿Qué estupidez acababa de hacer? Había dos opciones: o alguien terminaba creyendo que le estaba poniendo los cuernos a Ichigo y acababa sus días como el más odiado del campus, o viceversa. Si Ichigo encontraba material de aventura y se acostaba con alguien, todo el mundo iba a despreciarlo. De la misma forma, si Grimmjow llegaba a encontrarse en esa situación, seguramente la totalidad de la universidad iba a despreciarlo.

Acababa de cortarse las alas solito.

—Oh, mierda—masculló, dejando caer la cabeza—. ¿Qué hacemos?

— ¿Que qué hacemos?—repitió lentamente el muchacho, casi acariciando las palabras con su lengua—. Eso me sonó a manada.

—Pues es problema de ambos.

—Problema en el que me metiste, Kitty.

— ¿Vas a dejarme solo?—inquirió Grimmjow, alzando las cejas hacia él. Los ojos de Kurosaki estaban fijos en los suyos, y una pequeña sonrisita de superioridad tironeaba de la esquina izquierda de sus labios. El peli azul se encontró mirando fijamente, como en un trance, el hoyuelo que se le había hundido en la mejilla.

—No, claro que no. Vivimos juntos, así que nunca vería el fin de e…

Se detuvo a antes de terminar la frase cuando su celular vibró furiosamente en su bolsillo. La alerta de mensajes sonaba una y otra vez a través de los parlantes del aparato, con tanta fuerza que se sobreponía incluso al barullo de la cafetería. Muchísimos pares de ojos se clavaron en la pareja, algunos ceños fruncidos dedicados hacia ellos.

No es como si a ninguno le importara, aunque a Grimmjow sí le molestaba un poco el exceso de ruido tecnológico.

Cuando el peli naranja extrajo el teléfono de su lugar de descanso y desbloqueó la pantalla, el número de mensajes en su casilla casi lo hizo caerse de su asiento.

~Nell [04:20 PM]: ¡¿ESTÁS SALIENDO CON KITTY?!

~Pirata (aka Nnoitra) [04:20 PM]: quiero por-me-no-res. No vas a poder vivir tranquilo, Lil' Pumpkin

~Mr. Chicle (aka Szyael) [04:19 PM]: uuff, así que por eso oí crujir tu cama…

~Shuu [02:59 PM]: el papel tapiz, ya, claro

~Shin [02:37 PM]: eres una zorra, ¿te lo habían dicho? No, mentira, eres mi héroe

~Ken [02:39 PM]: tuve la peor idea del mundo, ¿eh?

~Hanatarou [02:39 PM]: felicidades, Ichi, Jaegerjaquez parece un buen tipo

~Matsumoto R. [02:35 PM]: KUROSAKI

~Shiro [02:34 PM]: que te aproveche, aibou!

—Estás oficialmente muerto, Kitty.

— ¿Qué?

— ¡Incluso mi primo cree que…! Oh, no importa. Da lo mismo. Mi vida social está capút. No me queda nada excepto mi carrera.

El tono de voz mortificado de Ichigo hizo que Grimmjow soltara una risita. No era muy común en él ir riéndose como una chica por la vida, pero es que la reacción de Pumpkin realmente era exagerada. Después de todo, él no era el único que iba a tener que controlarse de ahora en adelante. La perspectiva de pasar por la fase de «te explico que solamente le dije a Ichinose que soy el novio de Kurosaki para que lo dejara tranquilo» con cada affaire que tuviera, le atraía tanto como recibir el mordisco de una serpiente cascabel.

Viéndole el lado bueno, por lo menos ahora podría concentrarse en sus exámenes sin tener que preocuparse de mantener a su amiguito dentro de sus pantalones. El rumor de que tenía novio seguramente era anticonceptivo suficiente.

—Podríamos sacar algo de provecho de la situación—comenzó el peli azul, lentamente, mientras hacía subir sus ojos por la camiseta blanca de Ichigo. Se recreó en la visión de aquellas afiladas clavículas, en la nuez de Adán que se marcaba contra la piel de su garganta y en aquellos labios que eran básicamente el pecado hecho carne—. ¿Follamos o no?

Ichigo se atragantó con su chocolate caliente.

— ¿Te estás ofreciendo para ser mi fuck buddy?—consultó el muchacho entre toses.

— ¿Por qué no? Es decir, eres el mejor que he tenido. Seguramente soy el mejor que has tenido. Nos llevamos bien en la cama y eres flexible como una maldita maestra de yoga. ¿Qué más se puede pedir? Sin mencionar que lo que dices en la cama francamente me vuelve loco.

—Tu autoestima da miedo, Grimmjow—comentó Ichigo, casi cansinamente.

El aludido se encogió de hombros, como quitándole importancia al asunto.

— ¿Y qué me dices? ¿Amigos con beneficios?

—Ni siquiera sé tu color preferido—bufó el chico, pasando su dedo suavemente por el borde de la taza. El calor irradiando de la loza se impregnó a su yema, aunque Ichigo era incapaz de notarlo. El calor que navegaba por su cuerpo y que activaba el sonrojo en sus mejillas se lo impedía.

—El azul. Duh. Creí que era obvio. ¿El tuyo?

Ichigo suspiró con cansancio.

—El negro.

— ¿Ves? Ya nos conocemos lo suficiente. ¿Le entras o te da miedo enamorarte de mí?

Ante aquel desafío, Kurosaki alzó las cejas con tanto ahínco que casi se salieron de su frente. El problema con Ichigo era, además de que era testarudo, ligeramente promiscuo, arrogante y obsesivo con la limpieza, que los desafíos encendían en él la competitividad innata que yacía dentro de su alma. Si Ichigo Kurosaki tenía un defecto mortal, ése era la necesidad de siempre ganar, de tener la última palabra.

—Bien. Le entro.

—Ese es mi novio.

—Cierra el pico, Jaegerjaquez—se carcajeó.

—Entonces…—comenzó Grimmjow. Su voz bajó un par de octavas, sonando ronca, sensual y peligrosa, y una ola de calor decantó en la pelvis del peli naranja. La forma en la que él lo miraba lo hacía sentir vulnerable, y todavía no terminaba de decidir si le gustaba la sensación o no—… ¿tu casa o la mía?

—Jesucristo, eres un idiota…

—Con una condición, claro—murmuró de repente Kitty, alzando las cejas. Parecía que acababa de ocurrírsele una idea dorada—. El que se enamora pierde.

Ichigo lo sopesó por unos momentos. ¿El que se enamoraba perdía? ¿Qué clase de ridiculez era esa? Ichigo no se enamoraba. Se lo había prohibido a sí mismo. Después del fiasco con Byakuya, después de dar todo lo que tenía incluso si no estaba de acuerdo con ello y perder al único hombre que había amado, había adquirido la norma de no sentir nada por nadie en el ámbito romántico. Una de las razones por las que no dormía dos veces con la misma persona.

Sin embargo, eso parecía una competencia. Y como Shiro solía decir, «los Shiba nunca rechazan un desafío».

—El que se enamora pierde—confirmó, sonriendo con arrogancia.

Ninguno de los dos lo sabía, pero acababan de meter la pata hasta el fondo. Nuevamente.