E de esgrima
¡Campeonato nacional de esgrima!
¿Quién me iba a decir hace años que mi compañero gatuno, a quién cada dos por tres en las batallas contra akumas se le escapaba el bastón de las manos o se caía enredándose con su propia cola, iba a llegar hasta aquí?
A mis quince años la vida cambió por completo con la llegada de Tikki y unos pendientes de mariquita en una cajita en el escritorio de mi cuarto. Ahora, a mis recién dieciocho años, no podía estar más feliz y pletórica.
-¡Marinette! ¡No te quedes atrás! ¡Hay demasiada gente y nos podemos perder!- Gritaba Alya un par de pasos adelantada mientras yo seguía contemplando asombrada la entrada del recinto donde se celebraría el campeonato.
Adrien estaba de los nervios. Apenas los chicos y yo habíamos podido verle durante las últimas semanas por culpa de los intensos entrenamientos a los que el mismo se sometía, la escuela, sus clases extracurriculares y las rondas a las que debía asistir en el campeonato junto con las sesiones de fotos. Llegó un punto en el que ni siquiera dormía porque insistía en seguir adelante con todo incluyendo su labor como superhéroe y hacer las patrullas nocturnas conmigo como siempre. Sabía que insistía más en esta última labor porque era el único tiempo "libre", por así decirlo, que tenía y que podía aprovechar para pasar rato conmigo.
Con el tiempo había aprendido a ver por mí misma que ser Chat Noir lo liberaba de su estrés diario. En su forma civil tenía demasiadas responsabilidades con las que cumplir y su identidad heroica le daba cierta libertad para desfogarse y sentirse un chico normal con una vida normal (aunque ser un héroe gatuno con poderes para destruir cualquier cosa no era nada de normal). Ninguna de sus personalidades tenía nada de malo, pero me alegraba verlo en paz y sentir el mismo cada vez que se transformaba ante mí, vigilábamos la ciudad saltando de edificio en edificio o sentados viendo las vistas de la ciudad de París desde la Torre Eiffel. Egoístamente me fascinaba contemplar cierto aspecto de él que nadie además de mí, como Ladybug, tenía el privilegio de ver.
Yo fui la que le prohibió estas dos últimas semanas asistir a nuestras patrullas quitándole el anillo sin que se diera cuenta en uno de los recesos de la escuela mientras almorzábamos con Nino y Alya. Me miro con pánico y molesto cuando se dio cuenta de mi acción, pero sabía que no podía decir nada delante de los morenos. En cierto momento en el que los morenos se alejaron por otro motivo, el rubio aprovechó para recriminarme aquello y recuperar su anillo. Decía que estaba siendo injusto con él…pero lo que no sabía es que a mi incluso me iba a doler más que a él no patrullar esos días con él en las noches.
Para mi suerte, Plagg se puso de mi parte puesto que también estaba preocupado por el cansancio del chico, a quién ya se le notaban las ojeras por el agotamiento. Ambos portadores sabíamos en el fondo que eso le beneficiaba al kwami porque conmigo siempre se aseguraba un suministro asegurado de queso de cualquier clase al día al mismo tiempo que entretenimiento con mi kwami. Al final el modelo acabó accediendo con reticencias. Sabía que le iban a hacer falta sus escapadas como héroe conmigo, pero también sabía que echaría en falta a su kwami en casa. Si yo hubiera estado en su situación y hubiera tenido que estar separada de Tikki me hubiera sentido más sola que nunca. Tikki ya era parte de mi vida y no me podía imaginar sin ella a mi lado.
Durante los días siguientes él me pedía su anillo aunque sin insistir mucho para no demostrar su preocupación o bien en los descansos de la escuela o bien por mensajes de texto cuando podía. Nuestro contacto se hizo mínimo sumándole la semana de exámenes en la escuela. Por las noches mientras patrullaba sola por París siendo Ladybug y en compañía de Plagg, flotando a mi lado, me sumía en una melancolía dolorosa, y sin poder evitarlo, siempre acababa por llegar a los edificios frente a la mansión Agreste para asegurarme de que mi cometido se cumplía. Veía a través de los ventanales de su cuarto, por cierto rato, a Adrien, ya dormido o intentando dormir, y con una sonrisa más relajada me marchaba a mi casa para yo también descansar algo.
Él nunca supo esa semana de mis "visitas" y Plagg nunca me dijo nada al respecto o le comentó a él nada. Sabía que al pequeño y perezoso kwami también le preocupaba y se quedaba más aliviado cuando pasábamos por la mansión Agreste.
Más que verlo ganar hoy en el campeonato, porque estaba convencida de que lo haría, estaba deseando que todo aquello acabara para devolverle su anillo y volver a la rutina de siempre para pasar más tiempo con él. Me sonrojaba al pensar en ello, puesto que me creía demasiado desesperada por estar con él a pesar de que lo veía en la escuela y nos saludábamos a diario. Pero para mí ese trato no era suficiente…nunca lo había sido y nunca lo sería.
Para cuando dejo de estar en las nubes y me concentro en mi entorno y en la voz de Alya, que me llamaba antes, ya la he perdido de vista; a ella y a Nino.
Ellos tenían los boletos con los asientos en primera fila para el campeonato… ¿Cómo sabía a dónde tenía que ir ahora?
Dios… ¿Por qué era tan despistada?
No…no me lo digáis…
En fin…
Intento orientarme entra la multitud de gente en el recinto. Por suerte hemos llegado con tiempo de sobra para acomodarnos y no tener que ir con las prisas y perdernos los turnos en los que compite Adrien.
Para cuando visualizo las compuertas de entrada a las pistas donde se jugaría la competición siento como alguien me jala del brazo de manera muy brusca. Con tanta gente estoy a punto de caerme al tropezarme con mis pies, pero me han agarrado por la cintura apretándome contra el cuerpo de otra persona y otra mano está sobre mi cara, tapándome la boca y dificultándome la visión.
Intento forcejar con mi presunto captor, pero a los segundos me encuentro detrás de uno de los puestos publicitarios o quiosquillos del campeonato y siento un aliento cálido y suave en mi nuca junto con ciertas coquillas en el cuello por ciertas hebras rubias a mis espaldas. No hacía falta ejercer más resistencia de la ya ejecutada.
-Nena, ¿Qué hace una chica tan sola por un lugar como este?-Susurraba con coquetería y de manera bravucona mientras apartaba su mano de mi rostro y me acariciaba lentamente el cuello por delante y el mentón.
-Busco a mis amigos- Dije igualmente haciéndome la desentendida y siguiéndole el juego…aunque se me dificultaba aquello por su toque.
-Oh vaya…¿Te has perdido?- Dijo volteándome para que esta vez le encarará, pero sin frenar su toque por mi cuello y mentón…estremeciéndome sin que él lo supiera.-Si quieres, puedo acompañarte. Ya sabes…tú…y yo…juntos…dando un paseo por el lugar y viendo a tontos chicos compitiendo con una espada y luego compartiendo juntos un helado…o lo que tú quieras…
Me acarició el flequillo apartándomelo tras la oreja con delicadeza…
A ese juego podíamos jugar dos…
-Lo siento. Eres muy amable…Pero tengo que rechazar tu invitación…Mi novio compite y para tu salud es mejor que no lo provoques- Dije con burla poniendo un dedo sobre su frente, separando la repentina cercanía que se había formado entre ambos mientras me deleitaba con los primeros indicios de la cara de estupefacción de "mi novio"- Es demasiado celoso y bueno con la espada para bien de tu integridad física.-Solté con burla enseñándole la lengua mientras me volteaba para salir de nuestro improvisado escondite.
-¡¿Qué QUÉ?!
Me desternillé sin remedio mientras me encogía y sostenía la barriga ante las carcajadas de risa y las lágrimillas que escapaban de mis ojos mientras veía su cara de estupefacción, nerviosismo y con un notable sonrojo digno de los tonos escarlata del traje de mi alterego.
-¿Có-co…cómo que tu no-novio?
Aún no me lo había pedido formalmente, a pesar de que ambos actuábamos como si lo fuéramos. Y después de todo este tiempo sin tratar con él como me gustaría, se me hacía más desesperante la idea de que me lo propusiera de una vez.
¿Había que dárselo por escrito?
¿Qué mejor momento que este para restregárselo de una manera "sutil"?
Mi lado juguetón salía a la luz mientras que el me mostraba su lado más introvertido de sí mismo.
-Ups…perdón. Se me olvidaba que aún no lo somos porque "él" no me lo ha propuesto enserio, así que…bueno…quizás acepte tu propuesta o la de "otro" si me aburro una vez acabe el campeonato…
-¡De eso nada!-Dijo de sopetón agarrándome del brazo antes de que saliera y pegándome contra su pecho.
Nunca me cansaría de estar así…junto a él…Adoraba cuando me mostraba su lado celoso y protector conmigo.
-Dame mi miraculous Marinette. Dijiste que me lo entregarías una vez acabara lo del campeonato.
-Y aún no has acabado- Dije con sorna mirándole a los ojos- una vez acabe la competición te lo daré. Tal y como prometí. ¿Por qué tan insistente ahora, minino?
Aumentó más nuestra cercanía susurrándome lo siguiente al oído y estremeciéndome:
-Porque con mis poderes podré más que asegurarme de que una pequeña Catarina no se me escape una vez acabe la dichosa competición.
Ahora fui yo la que se sonrojo y tembló entre sus brazos. Sentí que todas mis neuronas se desintegraban mientras acariciaba una de mis mejillas y depositaba un dulce y delicado beso en la comisura de mis labios…dejándonos con las ganas a ambos.
-Gana-Dije en susurro sin poder alzar la voz- Una vez que ganes será todo tuyo…
-¿Todo mío?
-Todo tuyo…
-Mío…
Nuestras palabras daban a entender mucho más que "el miraculous"…Era una confesión indirecta…
"¿Toda mía?"
"Toda tuya"
"Mía"
Ninguno pudo soportar las ganas y finalmente nos besamos con la premura que demostraba nuestra desesperación acumulada por tanto tiempo sin permanecer como deseábamos.
Toda nuestra burbuja se vio interrumpida cuando una sirena y aviso de encuentro se escuchó entre los altavoces del recinto. Pronto empezarían los sorteos para las primeras rondas.
Nuestras frentes descansaban la una sobre la otra.
-Tienes que irte-Dije apenas sin aliento.
-Lo sé…pero no quiero…
-Ve…Te estaré esperando- Dije para yo acariciar esta vez con cariño su rostro y cabello rebelde.
-¿Me lo prometes? Tengo preparado algo para los dos. Esta vez será algo especial My lady…Quiero sorprenderte…
-Siempre lo haces Chaton…Ahora sal ahí y demuéstrales que no hay nadie que maneje mejor la espada que Chat Noir.
Con una sonrisa cómplice entre ambos y tras apartarse para besar como un caballero mi mano al igual que su alterego, se marchó presuroso; aunque no sin antes volverse sobre sus pasos antes de que yo también saliera por el lado contrario y tirando de nuevo de uno de mis brazos para volver a besarme de manera fugaz con una sonrisa traviesa digna de un felino.
Agh…Silly Kitty…
¿Cómo no podría resistirme?
