Cuando después de mucho acepté salir con el modelo Agreste de manera "oficial" el menor de mis problemas era lo que más tarde me depararía y que me perseguiría a mí y a mis hijos con él en un futuro hasta el final de mis días.
Y si…era el poder de la fama.
Estaba tan acostumbrada a terminar mis labores como Ladybug y destransformarme librándome de la presión de los medios que nunca le tomé importancia al hecho de ser famosa porque nunca me importó o quise serlo. No fue hasta que empecé a salir con el rubio de ojos esmeralda que me percaté de lo realmente molesta que era la prensa…tanto en una de mis identidades como en otra.
El paso de los años ayudó un poco a aliviarlo junto con el hecho de que Adrien parecía tolerarlo más porque eso en su vida siempre había sido como el padre nuestro de cada día…Pero para mí aquello no era normal. Me sentía de cierta forma incómoda presionada. Antes no me preocupaba querer salir con mis amigos o simplemente el hecho de salir de casa para ir a la escuela.
Desde que asistí a una pasarela de modelaje para ver a Adrien por primera vez en acción desfilando, las cámaras empezaron a percatarse de mi presencia en ese tipo de actos más a menudo junto a él.
El "boom" del asunto llegó cuando en una sesión de fotos que tenía programada el rubio a la que yo había ido porque pillaba cerca de mi casa y a donde le había llevado un par de croissants de sus favoritos de parte de mis padres a escondidas de Nathalie, se dio el infortunio de que una compañera suya de modelaje iba a modelar con él avisó repentinamente de que no se presentaría ante la histeria del fotógrafo a cargo. Cuando me vieron en el descanso charlando con Adrien entre risas y vieron nuestra "química juntos" no hubo comentarios o dudas que valieran. Me arrastraron sin previo aviso y en una cabina aparte me pidieron que me cambiara de ropa y les dejara que me maquillaran. Al principio estaba indignada por aquello de forma tan repentina y nerviosa por el hecho de que me estuvieran obligando sin yo quererlo a participar en una sesión. Pero cuando vi la cara de asombro de Adrien…creo que valió la pena la histeria. Se quedó mudo durante el resto de la tarde excepto en los momentos en los que me apretaba de la mano con complicidad transmitiéndome una confianza que pensaba que no tenía frente a la cámara. Según el cámara, Adrien nunca había estado más deslumbrante que en aquella sesión. Él mismo se animaba a tomar más poses nuevas conmigo porque a mí me resultaba imposible negarle algo frente a todos y aún más ante esa cercanía y el fotógrafo, entusiasta, no iba a interponer queja alguna ante ello, por supuesto, al ver a su modelo favorito más colaborativo que nunca.
El problema después no fueron las fotos de aquella vez en sí, sino una en específico. El muy astuto gatito aprovechó la temática que había elegido su padre para aquella sesión para hacer algo que me molestó bastante y a la vez me encantó y no estaba previsto en la sesión.
La temática era "amor primaveral" y cómo no, en un parque y aparentemente solos, dos jóvenes en un parque y enamorados se daban su primer beso. El beso que me robó fue tan inesperado y a la vez tan endemoniadamente demoledor con esos ojos que le brillaban como mil soles y me atravesaba pareciendo querer atravesarme el alma misma que no pude resistirme en aquel momento y acabé correspondiéndole.
No le tomé importancia en ese momento pensando que la sesión había acabado. Pero grande fue mi sorpresa al ver que la portada de la revista de aquel mes era nada más ni nada menos que una foto nuestra de ese beso mientras él me abrazaba en volandas por la cintura y yo me sujetaba de sus hombros. Todavía me sonrojo ante el recuerdo de lo que sentí la primera vez que lo vi ante mis ojos. En una de las páginas del interior había nada más ni nada breve entrevista descrita por un periodista en la que el rubio admitía tener sentimientos sinceros por mí desde el momento que nos conocimos en la escuela.
Aquello me maravillo por dentro por cada una de las palabras que leía…No entraba en muchos detalles sobre mi personalidad porque decía que solo los más cercanos a mí tenían el privilegio de conocer realmente a la asombrosa chica que era por dentro y que todos los halagos que podía procesarme se los guardaba para decírmelos únicamente frente a frente.
Quería enfadarme…Qué demonios… ¡Estaba enfadada porque no me hubiera dicho de todo aquello y aquella maldita entrevista demostraba que él estaba al tanto de la portada que saldría en la revista de su padre!
Cuando lo acorralé aquella noche en la torre Eiffel esperando un cruel interrogatorio para él por mi parte, no pude evitar sonrojarme y sorprenderme ante varias cosas que logré que confesara amenazándole con miradas frías, frases cortantes y afiladas como un cuchillo y con amenazas tendiéndole de la torre Eiffel con mi yo-yo y su bastón.
Él no supo de las fotografías hasta unos días antes de su publicación cuando su padre lo hizo llamar a su despacho para hablar con él sobre el asunto. Sorprendentemente parecía bastante contento e incluso fue suya la idea de la entrevista para que el modelo por supuesto diera declaraciones fiables que no comprometieran su vida personal con lo laboral.
-No vi nada malo en hacer esa entrevista porque no dije ninguna mentira. Solo dije la verdad y es que estoy tan loco por ti que no puedo soportar estar un segundo separado de ti. Por no hablar de que tus besos acaban por matar cada neurona viva en mi cabeza.-Confesaba el molesto ante mi innecesario enfado ante el asunto.
-No tiene nada de malo Chat…pero…-Dije yo aún acalorada por sus confesiones anteriores sumado a todo lo que leí aquella tarde en la revista- Tampoco era necesario que lo gritaras a los cuatro vientos en una revista para que todos se enteren…
-¿Y qué pasa si quiero que todo el mundo se entere?- Dijo alzando mi mentón para que viera su sonrisa calmada y tranquilizadora de repente para después besar mi frente y acariciar mi mejilla colocándome un mechón rebelde tras la oreja- My lady…lo eres todo para mí…Lo mismo que no dudo en declararte mi amor todos los días con o sin la máscara también quiero que lo sepa todo el mundo para que sepan que nunca me voy a separar de la asombrosa chica que tengo a mi lado…ni por nada ni por nadie…Es solo una demostración más de lo muy perdido que me siento por ti con o sin la máscara bugaboo…
-Adrien…-Susurré mientras me besaba acallando cualquier posible queja y demostrándome que no habría nada más que hablar sobre ese asunto.
En el fondo también supe con el tiempo que era su modo de marcar su territorio cuando en un ataque de rabia de los que le entraba a Plagg en mi habitación cuando él venía a verme y él no le daba su queso me dijo que estaba celoso de todas las miradas de modelitos que me echaban el ojo cada vez que iba a verle al trabajo o de los posibles que me vieran en esa revista con él o en cualquier otra futura entrega de la marca Agreste.
Sus ataques de celos serían constantes durante toda la vida aún siendo unos ancianitos, pero lo que más adoraba eran sus ataques de sinceridad cuando me confesaba sus sentimientos sin tapujos.
Era algo que verdaderamente me dejaba sin aliento cada vez que lo hacía. Siempre tuvo el don de la palabra para intervenir en cualquier situación compleja, de hacerme callar cuando más molesta me sentía o de enamorarme con unas simples palabras de amor.
Desde que nos conocimos siempre fue así. Cuando lo conocí como Chat siempre iba con la verdad por delante y cuando me dio aquel paraguas en la entrada de la escuela podía ver en sus ojos que todo venía desde el fondo de su corazón…
Mi gatito…ante todo…era la honestidad personificada. Porque nunca había osado mentirme ni ante la situación más tonta de todas en nuestro día a día. Siempre me evadía la mirada pero cuando cometía alguna metedura de pata nunca era capaz de mirarme a los ojos y mentirme.
Recuerdo que hubo una temporada en la que le dio por visitar muy seguido junto con Emma la panadería de mis padres para comer juntos croissants después de que ella saliera de la escuela y él fuera a recogerla en lo que yo cuidaba de Hugo recién nacido. Luego era normal que la pobre no tuviera mucha hambre a la hora de llegar a casa. Cuando cuestioné a Adrien sobre el asunto de la poca hambre de ella no tuve más que mirarlo una vez para saber que él estaba detrás de todo. A modo de castigo yo decidí recoger a Emma durante un par de semanas después de la escuela y le hice la ley del hielo a Adrien durante un tiempo…hasta que el muy astuto logró encandilarme una semana después de una manera muy "perrrsuasiva"
¿Qué puedo decir ante mi defensa?
Que cada vez que él habría la boca para predicarme palabras de amor no había forma humana de que le pudiera ignorar y mi corazón descongelara el poco hielo con el que intentaba rodearlo para ignorarle por un motivo u otro.
Su don de la palabra también hay que decir que lo ayudaba más tarde en los negocios porque era capaz de convencer de que la operación más disparatada e imposible era posible y factible. Transmitía una confianza y seguridad que eran indudables a la hora de la verdad. Todo lo que prometía lo cumplía, tanto fuera de casa como dentro.
Sabía por Nino que esa era la cualidad que más apreciaba de su amigo de siempre porque hasta en la cosa más absurda se podía confiar en él porque siempre cumplía su palabra, te ayudaba o iba con la verdad ante todo.
-Marinette…
-¿Sí Adrien?- Le dije tumbados a la luz y el calor de la chimenea, abrazados, mientras nos abrazábamos y me acariciaba la panza ya crecida embarazada de Emma.
-¿Qué es lo que más te gustaría que heredaran nuestros hijos en carácter de nosotros?
No pude evitar reírme ante mis pensamientos ante su pregunta y con la sonrisa más dulce del mundo acerqué su rostro a mí para besarle la mejilla y decirle en susurro al oído.
-Tu sinceridad y honestidad, gatito. Sin duda tu corazón de oro.
