Í de inteligente

¿Inteligente? ¿Adrien Agreste inteligente?

Ese rubio podía ser todo lo torpe que tú quisieras como superhéroe, pero nadie, absolutamente nadie lo ganaba en eso…en inteligencia.

¿Acaso un chico tonto daría clases de chino, piano, baloncesto, esgrima, sesiones de modelaje y estudiaría para la escuela sacando notas de matrículas sin desentenderse de su deber de héroe?

Ya os contesto definitivamente que no.

Si a eso se le sumaba el hecho de que ahora era mi nuevo "profesor de refuerzo" asignado por la maestra para mejorar en materias de ciencias ya sí que absolutamente lo negaba.

Nos quedaban apenas un par de meses para acabar con los exámenes finales y acabar la escuela graduándonos al fin. ¿Cuál fue la grandiosa idea de nuestra profesora de hacer que mejorara mi media en las materias de mayor dificultad para mí? Sí, una ayuda del alumno más sorprendentemente inteligente del grupo y un expediente intachable.

¿Problema? Aparentemente ninguno según la profesora Bustier, quién prácticamente nos dio clase casi todos los años de secundaria. Pero sí que había un gran problema, y muy gordo señoras y señores.

-Marinette, ¿ya lo tienes?

¿Quién narices podía concentrarse en aprobar una asignatura teniendo a tu lado a quién es la causa de que tus notas sean bajas por no atender en clase como es debido? ¿Qué chica toleraría pasar más de dos o tres horas seguidas con el chico más guapo, tierno y encantador sin perder la concentración de los malditos apuntes de química? ¡Cómo si todos los de nuestro curso no supieran ya que estábamos saliendo! ¿Es que la maestra no pensó eso cuando me asigno a Adrien como tutor? ¡Ni que fuera esto una serie anime!

-Emmm…bueno…verás…

-¿Otra vez estabas distraída?- Ante su comentario resignado no hice más que encogerme de hombros mientras alzaba los brazos en alto impotente con una mueca.- Marinette, ¿cómo te las arreglas? Se te ocurren las ideas más locas ante los akumas resolviendo el problema del día, ¿y no eres capaz de resolver una sencilla formulación?

-Las ciencias me odian- dije resignada volteándome en la silla rotatoria volviendo a intentar centrar mi mente en los malditos números mordiendo la punta del bolígrafo.

-¿Te odian o es que tú te distraes con "algo" en especial?

-¡Tikki!- Reclamé a mi pequeña kwami por su comentario. Mientras, se reía levemente volando a mi alrededor para después retirarse a la parte alta de la habitación junto a Plagg, quién estaría recostado entre alguno de los libros de la gran estantería de la habitación de Adrien en la parte superior con un trozo de queso entre sus pequeñas patitas.

Para cuando me disponía a ir en busca de mi kwami por comprometerme con ese comentario me fije que Adrien se había reincorporado de su cama, donde estaba leyendo un libro mientras yo hacía la tarea, y ahora se dirigía hacia mí, colocándose después junto a mí y analizar las actividades que yo llevaba tanto rato intentando resolver.

-Vamos a ver…-Dice empezando a analizar mis apuntes pasando el dedo por encima de las letras o números a medida que leía. Yo por el contrario perdí de vista los números para intentar analizar sus rasgos mientras pensaba…

En momentos tan cercanos con él era cuando me daba cuenta de por qué lo llamaban las revistas de moda "el ángel de París". En esta ocasión habíamos quedado en su casa para estudiar para una próxima prueba de nivel en clase en pocos días. Él tenía más libres que podía consultar con toda libertad cuando me encontrara en dificultades y por supuesto no teníamos la continua interrupción de mis padres con bandejas de postres. Desde que supieran que salíamos oficialmente no hicieron más que aumentar su cariño hacia el rubio hasta considerarlo su propio hijo también. No niego que me encantaba aquello puesto que Adrien muchas veces echaba en falta ese calor familiar que tanto se vivía en mi casa. Pero también me disgustaba el hecho de no poder tener un momento privado en mi habitación con mi novio a solas a no ser que sea cuando ha venido por sorpresa a verme en las noches siendo Chat Noir y sin que ellos los sepan.

-…y estos números solo te habían salido mal por añadir un cero más en el segundo número de la fracción de…

Me encantaba escucharle aunque no lo entendiera. Sus ojos parecían brillar como un niño con un juguete nuevo cada vez que conocía algo nuevo. Le encantaba aprender, y creo que es por eso por lo que realmente es tan habilidoso en todo lo que hace. Mientras te guste lo que haces, al fin y al cabo, todo te acabará saliendo bien.

-¿Has entendido lo que te he explicado, my lady?

-Sí…-Dije medio suspirando volviendo a intentar prestar oídos a sus palabras.

Pero para mi sorpresa todo se vuelve patas arriba una vez veo la sonrisa juguetona de mi novio. Me quita de mis manos el bolígrafo cuya punta aún mordía de vez en cuando depositándolo sobre el escritorio y antes de poder decir nada, me sostiene de la nuca con una mano, se apoya con la otra en uno de los antebrazos de la silla donde estoy y me besa.

Fue tan de sorpresa y tan corto, que no me dio tiempo a reaccionar. No solo se quedó en un beso corto en los labios sino que sin darme tiempo a respirar profundamente ante su acción volvió a besarme esta vez de forma más profunda, acariciando con sus labios el mío inferior y después darme una leve mordida que me produjo un agradable escalofrío por todo el cuerpo incapaz de poder evitar agarrarme a sus hombros y sostenerme a pesar de estar sentada. Los mechones rebeldes de su flequillo acarician mi frente produciéndome leves cosquillas pero que resultan agradables junto con las caricias circulares que hace Adrien con sus pulgares sobre la piel de mi nuca y cuello lentamente a medida que posa esa mano ahora en mi mejilla y corriendo uno de mis mechones de pelo tras la oreja. Acabo agarrando con una mano alguno de sus mechones al alcance de mis manos en su nuca y eso provoca una pequeña exclamación y quejido agradable en mi boca por su parte.

Aquello se estaba yendo de las manos. No solo estábamos solos en su habitación, sino que toda la mansión Agreste estaba a nuestra disposición debido a que el padre del rubio y su asistente estaban fuera por un viaje de negocios ese fin de semana. Eso solo llevaba a mi mente a pensar en cosas que…

-Para…-Logré decir levemente en un momento que nos tuvimos que separar para recuperar el aire y que quedó en el intento cuando me atropelló con su lengua de nuevo sin poder resistirme a seguir su ritmo como tantas veces cuando arrasaba conmigo por sorpresa.

-¿De verdad quieres eso?- Dijo después dejándome con una respiración profunda intentando recuperar el aire mientras daba pequeños besos por mi mejillas, párpados, en las sienes o en la frente, haciéndome sentir flotar sobre una nube.-Estabas tan distraída viéndome que ni te diste cuenta de cuando te dije que te iba a besar hasta dejarte sin respirar y tú inocentemente me dijiste que sí- Dijo empezando a descender la mano sobre mi mejilla y nuca por mi cuello hombros y por mis brazos. Acarició levemente una de mis manos logrando atraparla y estrechar sus dedos con los míos aún entretenidos en su nuca. Sus ojos parecían demasiado penetrantes como para mantenerla firme sin derretirme por su intensidad. Era una auténtica mirada gatuna; burlona e irresistible…o al menos para esta mariquita.

-Tú…tú ti-tienes la cul…-Intenté formular de forma inútil mientras acababa cerrando los ojos ante su cercanía y sentía que a cada palabra que decía sus labios volvían a rozar los míos…tentándome como si supiera que lo deseaba tanto como él.

-Acepto la culpa gustoso- Dijo ahora susurrando sus palabras en mi oído y trayendo consigo hacerme perder la cabeza del todo al sentir su aliento contra mi oreja…estremeciéndome y haciendo que ocultara mi cabeza contra el hueco de su hombro.-Acepto ser el causante de tus distracciones si eso implica pasar más ratos como este contigo…princess…

Y es que Adrien no solo era listo en el ámbito académico…sino también en otros muchos ámbitos que fui aprendiendo con el paso del tiempo. Porque si bien Ladybug siempre sabía jugar bien sus cartas cuando estaba con Chat Noir, Adrien Agreste, cuando se lo proponía, podía resultar bastante "inteligente" a la hora de querer obtener lo que deseaba de Marinette

Éramos el contrapeso el uno del otro. Nos buscábamos el uno al otro y nos resistíamos el uno al otro…pero al final acabábamos rindiéndonos al otro como era en esta ocasión.

Él sabía que no me resistiría: porque no podía estudiar más y no aguantaría demasiado tiempo tampoco sin interactuar con él llevando tanto tiempo a solas. Pero yo también sabía que él no se resistiría a hacer de las suyas y meterme en una encrucijada para mostrarse superior ante mí e impresionarme.

Era astuto como un felino e inteligente como nadie.

Era al fin y al cabo…mi chico listo.