CAPÍTULO V – QUÉDATE CONMIGO HOY

Una pareja de magos se apareció en una casa antigua. La estancia era un poco tétrica, pero acogedora. Algunos muebles habían sido reemplazados por otros más modernos, los cuadros habían sido reemplazados por fotografías que se movían, en algunas fotografías se podía observar al trío de oro, en otras a Sirius, Dumbledore, los padres de Harry, Snape, la familia Weasley, Tonks y Lupin y en un cuadro enorme en el centro de la sala todo lo que un día fue la Orden del Fénix y el ED.

–¡Kreacher! –llamó Harry con urgencia mientras intentaba tomar asiento en un sofá junto a Hermione, pero la chica no dejaba de llorar aferrada a él y como no podía caminar, tuvo que arrastrarla.

–¿Llamó amo Harry? –dijo roncamente un elfo que apareció rápidamente en la sala.

–Sí, necesito que me traigas urgentemente el botiquín de primeros auxilios, tanto el muggle como el de magos. Y ¿podrías preparar algún te o infusión calmante? –dijo Harry al elfo, mientras a duras penas lograba que Hermione lo soltara y se sentara.

–Inmediatamente amo –dijo el elfo y salió corriendo de la habitación a buscar y preparar lo que su amo le había ordenado.

–Hermione, ¿Cómo estás? ¿Cómo te sientes? Háblame por favor –le rogó Harry.

El chico se arrodilló frente a la castaña y le levantó el mentón, la chica miró sus perfectos ojos verdes que reflejaban preocupación. Harry vio como los ojos miel de Hermione se encontraban rojos por llorar y el agua acumulada en sus orbes hacia que sus ojos se vieran fascinantes a la luz de la luna. También, notó que la castaña tenía algunos cortes de vidrio en la cara pero, especialmente tenía un horrible corte que sangraba a nivel de su labio inferior y esa zona se estaba poniendo morada. Prestó más atención al resto del cuerpo de la chica. No andaba la capa que usaba horas antes, quien sabe dónde quedó perdida, por lo que se veía su vestido blanco un poco sucio y hecho jirones en algunas partes. Tenía un pequeño corte en el brazo derecho, nada profundo al parecer; además, tenía los dedos de la mano derecha muy morados, probablemente alguien recibió un buen puñetazo de parte de la castaña, Harry esperaba que no tuviera los dedos fracturados o peor aún quebrados. Por otro lado, también tenía unos cuantos moretones donde su piel dejaba ver. Al bajar a chequear las piernas de su amiga, Harry abrió los ojos como platos y tragó grueso, no esperaba toparse con aquello. La pierna izquierda de la chica se encontraba empapada de sangre, para ser precisos, en el muslo se encontraba incrustado profundamente un pedazo de vidrio. Harry no sabía cómo retirar aquel vidrio sin lastimar a Hermione pero debía hacerlo para detener la hemorragia y curarla.

–Hermione –Harry volvió a mirar los ojos miel de la castaña.

–Harry...- susurró Hermione intentando no llorar de nuevo–, Harry... Mrs. Jennings... ella... ella esta... muerta.

Hermione no se pudo contener y empezó a llorar nuevamente. En ese momento, el elfo domestico hizo su aparición cargando dos cajas de madera cerradas con candados. El elfo se acercó a Harry, depositó las cajas cerca de su amo y salió en dirección a la cocina a preparar algún calmante.

Hermione, escúchame – Harry levantó un poco la voz para que la chica lo escuchara por encima de sus sollozos–. Hermione sé cómo te sientes pero aún no es momento para llorar la muerte de Mrs. Jennings, tienes una herida horrible en tu pierna y debo parar la hemorragia y curar todas tus heridas para evitar cualquier tipo de infección.

Hermione en su yo interno sabía que Harry tenía razón, ya que podía sentir el sabor salado de la sangre en su boca, sin mencionar que sentía que su labio inferior estaba partido en dos. Además, ya había pasado la adrenalina y el susto de lo ocurrido, por lo que su cuerpo ya empezaba a pasarle la factura de todos los dolores que ignoró durante la batalla.

–Hermione –volvió a llamar a su amiga al notar que ella no respondió–, sacar el vidrio que tienes en tu pierna va a ser difícil, debo llevarte a San Mungo...

–¡No! –Hermione se aterró ante la idea e intentó incorporarse, cosa imposible ya que el dolor en su pierna se lo impidió al igual que Harry.

–Hermione, es necesario que... –intentó explicar Harry pero Hermione lo interrumpió.

–¡Harry no quiero ir! Entiéndeme, me harán miles de preguntas, esto será la noticia de mañana y muchas personas querrán que les responda y yo...–su voz se quebró. No es que ella quisiera huir de sus responsabilidades, solo que no se sentía apta para explicar lo sucedido, menos después de ver como Mrs. Jennings utilizaba su cuerpo como escudo para proteger a la Ministra y moría frente a sus ojos.

Harry comprendió que su amiga se encontraba en una montaña rusa de emociones en ese momento y él no quería presionarla, pero la herida debía ser tratada con urgencia. Él podría hacer el trabajo perfectamente pero sería bastante doloroso para la mujer.

–Entiendo, pero ¿sabes que dolerá insoportablemente? –le preguntó Harry a Hermione viéndola directamente a los ojos, la chica tragó y luego asintió levemente–¡Kreacher! –llamó Harry.

–¿Sí, amo? –llegó corriendo el elfo con los botiquines.

–Sostén a Hermione fuertemente de los brazos, ponle un almohadón en la boca y por nada del mundo permitas que se mueva –aquella orden parecía extraña pero el elfo asintió e hizo lo que su amo le ordenó–. Hermione, respira profundamente y trata de no moverte para que la hemorragia no sea peor. A la cuenta de tres, sacaré rápidamente el vidrio. ¿Lista? Vamos... uno... dos... ¡Tres!

Hermione gritó con todas sus fuerzas al sentir que un dolor intenso atravesaba su pierna y subía hasta su pecho y se liberaba en aquel grito desgarrador, no pudo evitar llorar del dolor al sentir que aquello le dolía como si mil estacas la estuvieran atravesando. Escuchó como el vidrio chocaba contra el suelo y el tintineo de botellitas al ser movidas con urgencia. Sentía que se iba a desmayar cuando un nuevo dolor la atravesó haciéndola gritar e intentar zafarse de aquellos menuditos brazos que la aprisionaban. El ardor que sentía penetraba su piel como si un fuego estuviera creciendo en su pierna, aquello era demasiado. Sintió como las manos de Harry enrollaban sobre la herida algún tipo de venda mientras el dolor disminuía poco a poco. Cuando Harry notó que su amiga se había tranquilizado, le ordenó a Kreacher que alistara una habitación para su amiga y llevara ahí la infusión calmante. Después, Harry comenzó a revisar nuevamente los frasquitos llenos de medicina mágica y pociones con propiedades curativas. Luego de seleccionar un par de frascos, extrajo unas gasas de la otra caja de madera y se dispuso a desinfectar y curar el resto de las heridas de Hermione, en especial la de su labio que parecía bastante profunda.

–¿Harry? –preguntó Hermione mientras intentaba calmar su respiración.

–¿Si?

–¿Qué me pusiste en la pierna? – cuestionó la chica.

–Soy un auror, tuve que sacar un curso intensivo de primeros auxilios para cuando tenga misiones largas, así que tengo autorización de tener en mi casa cualquier tipo de medicina o poción curativa que combino con alguna que otra medicina muggle –explicó Harry mientras continuaba en su labor de curar a Hermione.

–¿Sanará pronto? Mi pierna... –preguntó Hermione pensando en lo que esa herida podría atrasar su trabajo y la despedida a Mrs. Jennings, aquello era doloroso de pensar.

–Por supuesto, soy buen enfermero aunque no lo creas. Déjame curar tu labio –ordenó Harry–. Esto volverá a doler pues es la misma poción que utilice en tu pierna, sé fuerte ya solo falta tu labio y podrás descansar.

Hermione asintió y volvió a respirar hondo. Sentir nuevamente aquel ardor no era agradable pero sabía que Harry estaba haciendo lo mejor que podía y todo iba a estar bien. Harry al notar la cara de dolor Hermione intentó bromear para relajarla.

No te preocupes, mañana no tendrás ningún rasguño y podrás seguir mostrando tu hermoso rostro al mundo, así que tranquila, soy bueno en esto y no habrá cicatrices, lo garantizo. De lo contrario, puedes demandarme por estafador y propaganda engañosa –dijo Harry mientras finalizaba de curar a Hermione y se levantaba. La chica rió ante el comentario del ojiverde.

–Amo, todo está listo según lo que me pidió –dijo el elfo mientras hacía una profunda reverencia.

–Gracias Kreacher, puedes retirarte –el elfo se retiró del lugar dejando a Harry de pie junto a Hermione.

–Vamos, hoy dormirás aquí, tu habitación está lista, mañana podrás ir al ministerio y arreglar todo, pero ahora es momento de descansar. ¿Te puedes levantar o necesitas ayuda? –preguntó el azabache.

Hermione tomó fuerzas e intentó ponerse en pie, a duras penas lo logró pero al intentar dar un paso resbaló y estuvo a punto de caer de no ser por los rápidos reflejos de Harry que la atrapó justo a tiempo.

–Creo que no podrás caminar, menos subir gradas –señaló Harry lo evidente –Ven, te cargaré.

–¡¿Qué?! No, ni de broma Harry, me has ayudado mucho y estás cansado. Puedo dormir en el sofá, estar... –Harry interrumpió a la castaña.

–No seas terca, es mi casa y hago lo que quiero. Ahora agarra fuerte mi cuello para que no te resbales –le ordenó Harry.

Hermione iba a protestar pero no tuvo tiempo, ya que Harry la levantó sin mucho esfuerzo y la cargó como si fuera una novia, ella se aferró al cuello del pelinegro para no caer. En ese momento percibió un aroma a lima y levemente a sudor, de inmediato supo que ese olor lo desprendía la piel de Harry, era agradable aquella mezcla. Ella también podía sentir los brazos fuertes del chico, aunque no era un físico-culturista, Harry tenía unos músculos bien desarrollados que siempre ocultaba bajo sus ropas anchas. Su espalda ancha y su duro pecho la hacían sentir protegida. Hermione nunca imaginó que su amigo la cargaría de aquella forma, de hecho solo imaginaba que eso ocurría el día de su boda pero había descartado esa idea al pensar que iba a quedar solterona toda su vida. La castaña iba absorta en sus pensamientos que ni sentía el dolor de sus heridas cuando Harry subía cada peldaño, tampoco notó cuando el azabache entró en una habitación y la recostó en la cama.

–Servida Madame –dijo Harry como si se tratara de una princesa.

–Gracias Harry –logró articular Hermione saliendo de su ensoñación.

–Descansa todo lo que puedas, mañana será un nuevo día y estarás muy ocupada, toma esta infusión te ayudará a calmarte. Si necesitas algo solo llámame, mi habitación es la de enfrente –dijo Harry sonriéndole cálidamente–. Buenas noches.

Harry acababa de dar media vuelta cuando sintió como Hermione jalaba de uno de sus brazos, se volvió lentamente para ver que quería su amiga intentando quitar su cara de asombro ante la reacción de la chica.

–¿Necesitas algo más? –preguntó Harry.

–Quédate... –fue lo único que dijo Hermione.

–Está bien, me quedaré hasta que te duermas –dijo Harry amablemente sentándose al borde de la cama.

–No..., quédate conmigo hoy, toda la noche –susurró Hermione, un leve sonrojo apareció en sus mejillas. No era una propuesta indecente, solo tenía miedo y al estar cerca de Harry sentía la paz que necesitaba. Harry comprendió que su amiga lo necesitaba, por eso no dudó en quitarse su chaqueta y sus zapatos para acostarse al lado de la castaña.

–Pero debes beber la infusión, sino me iré –amenazó el ojiverde, aunque en el fondo sabía que no se iría. Hermione asintió y tomó el contenido que tenía la taza de té que se encontraba en la mesita de noche junto a su cama, cuando terminó se recostó en el pecho de Harry e inspiró nuevamente su fragancia.

–Gracias –fue lo único que articuló decir, no quería romper en llanto otra vez.

–No hay de que, eres muy importante para mí. Daría hasta mi vida por ti, así que no agradezcas –dijo Harry mientras besaba el cabello despeinado de la chica.

Ese pequeño gesto, acompañado de esas dulces palabras penetraron el corazón de la castaña. Nuevamente se encontraba con su mejor amigo, solo ellos dos como en aquella navidad en la tienda de campaña cuando Ron los abandonó en la búsqueda de los Horrocruxes.

–¿Harry? –preguntó Hermione. El pelinegro simplemente hizo un sonido para hacerla comprenderle que le escuchaba– ¿Por qué ya no usas lentes?

Aquella pregunta no se la esperaba. Harry cerró los ojos y meditó que responderle a la castaña, no es que no quisiera hablarle de su vida, era que no sabía cómo abordar el tema sin sonar estúpido.

–Una chica me dijo que era tiempo de que hiciera un cambio de look, que mis lentes eras anticuados y solo me hacían ver mal, me regaló lentes de contacto y desde entonces los usó –respondió sinceramente aunque de forma breve la situación.

–Entiendo, que lástima que la chica que te dijo eso no viera más allá de sus narices –dijo Hermione, Harry rió ante el comentario–, porque se habría dado cuenta que tus lentes eran tu distintivo y uno de tus atractivos, me gustabas con lentes –dijo la bruja.

Harry se sonrojó ante el piropo de su amiga, la abrazo fuertemente contra su pecho. El simplemente usaba los lentes de contacto la mayoría del tiempo; sin embargo, aún guardaba sus lentes en su cuarto, los usaba cuando estaba en casa.

–Gracias Herms –dijo Harry pronunciando por primera vez después de mucho tiempo el diminutivo de Hermione.

Hermione simplemente se acurrucó en el pecho de Harry e inspiró nuevamente aquella mezcla de lima y sudor, no porque fuera una pervertida, sino porque aquel olor la inundaba de paz. Y ahora, ese olor la llenaría por completo en medio del dolor que tendría los días siguientes. La lima y el sudor le repetían en su mente que Harry ya no era un niño sino un adulto que la estaba cuidando y queriendo en ese momento. La soledad que había sentido tiempo atrás estaba quedando en el pasado gracias a la presencia de un par de ojos verdes y un par mercurio.